
El frente de la tienda por la calle Galiano muestra los destrozos del sabotaje. Foto: Archivo
Durante los primeros meses de 1961 las actividades subversivas contra Cuba, especialmente contra objetivos civiles, se habían incrementado. Para los grupos terroristas que actuaban en las ciudades, todo lo que estuviera relacionado con la economía y el comercio clasificaba entre los objetivos a destruir. En zonas rurales las bandas terroristas de alzados continuaban utilizando las armas y los explosivos que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) les enviaba de forma clandestina, principalmente por vía aérea y marítima, para afectar la Reforma Agraria y frustrar la Campaña de Alfabetización.
Todo formaba parte de una peligrosa escalada de agresiones, con la que intentaban intimidar a los cubanos, y crear un escenario propicio para desencadenar una invasión militar. No valoraron que la Revolución disponía del apoyo ampliamente mayoritario de un pueblo inspirado en el liderazgo de su Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias.
El 4 de marzo de 1961, durante el acto central por el primer aniversario de la explosión de La Coubre que causó 101 muertos y alrededor de 400 heridos, Fidel expresó: “…Y es un hecho verdaderamente vergonzoso, si es que pudieran ser capaces de concebir la vergüenza, tanto ellos como los que están vendidos a ellos, que actualmente sea precisamente el Servicio Central de Inteligencia yanqui, es decir, que sean agentes yanquis los que manejen todos los hilos de la subversión, de los abastecimientos de armas y de explosivos, con que han estado tratando de promover bandas contrarrevolucionarias y con las que han estado llevando a cabo actos de asesinatos, o actos tan salvajes de terrorismo, como el de hacer estallar una potente bomba en un aula o en una escuela repleta de alumnos.”
Con estas palabras el máximo líder de la Revolución hacía referencia al sabotaje realizado por un grupo terrorista el 28 de febrero anterior, en la Escuela de Secretariado Comercial Nobel Academy, de La Víbora, donde una maestra y siete alumnas resultaron heridas, y se reportaron cuantiosos daños materiales.
A principios de abril, la situación interna en Cuba era muy compleja a causa del incremento de las agresiones que llevaban a cabo un grupo de organizaciones contrarrevolucionarias dirigidas, financiadas y abastecidas por los servicios de inteligencia norteamericanos. Pero nuestro pueblo, organizado en las milicias, las fuerzas armadas, los órganos de seguridad, los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución, no se dejó amedrentar, y cerró filas apoyando la Revolución en todos los frentes.
El 6 de abril estalló un artefacto explosivo en la fachada de la emblemática tienda por departamentos El Encanto, ubicada en la calle Galiano entre San Miguel y San Rafael, en plena zona comercial de La Habana, que también causó daños materiales en las vidrieras de centros comerciales cercanos como El Bazar Inglés, Los Reyes Magos, el Ten Cents, la peletería La Moda, y la joyería Casa Quintana. Como consecuencia de este sabotaje resultó herido de gravedad el ciudadano Miguel Arias Rosáirez.
Tras este primer acto terrorista, El Encanto se convirtió en una obsesión para los contrarrevolucionarios, quienes se propusieron destruirla. El 13 de abril, poco después de las seis de la tarde, en el Departamento de Sastrería ubicado en el segundo piso, entre los rollos de tela fueron colocadas dos petacas incendiarias de fabricación norteamericana, que unos minutos más tarde reaccionaron provocando un incendio de grandes proporciones. En unas horas el edificio de seis pisos quedó prácticamente demolido a causa de la intensidad del fuego, solo quedó intacta en la fachada del edificio nuestra bandera cubana como símbolo de la rebeldía de nuestro pueblo. Los daños materiales causados se calcularon en veinte millones de dólares.
En ese hecho terrorista murió carbonizada Fe del Valle Ramos, de 43 años, empleada del Departamento de Niños, cuando penetró en la tienda desafiando las llamas, con el propósito de rescatar la recaudación de una delegación de la Federación de Mujeres Cubanas existente en el centro. También se reportaron 20 heridos (16 hombres y 4 mujeres). Imágenes de los bomberos luchando contra este y otros hechos similares en grandes tiendas habaneras, fueron filmadas para la televisión cubana y han sido expuestas en diferentes eventos para denunciar el terrorismo.
A partir de ese momento otra familia cubana se sumó a la larga lista de víctimas que desgraciadamente continuaría creciendo durante decenas de años hasta nuestros días. Fe del Valle, madre de dos jóvenes que en ese momento estudiaban en Checoslovaquia, esposa, federada, miliciana y trabajadora ejemplar, desde entonces se convirtió en un eterno símbolo de valentía y heroísmo para nuestro pueblo.
Cuando se realizaron las investigaciones los terroristas fueron descubiertos, sometidos a juicio y sancionados a la pena de muerte. El principal responsable de la destrucción de la tienda fue identificado como Carlos González Vidal miembro de la organización contrarrevolucionaria Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), a quien le fue muy fácil ejecutar la cobarde acción aprovechando su condición de empleado del Departamento de Discos.
De acuerdo con el testimonio del coronel Oscar Gámez Ávila quien fuera uno de los instructores del caso, el terrorista fue detenido por una patrulla de milicianos dirigida por el teniente Pena, en la playa de Baracoa, al oeste de la capital, cuando hacía señales de luces en espera de una lancha que debía conducirlo hacia la Florida. Los otros sancionados fueron Carlos Manuel Calvo Martínez y Delio Antonio Torres Hernández.
La situación interna en Cuba se agudizaba. Era evidente que se aproximaba una agresión militar contra nuestra patria, pero nadie sabía cuándo, cómo, ni por dónde se produciría. Los cubanos desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, incluyendo la Isla de Pinos, se mantuvieron unidos y alertas para derrotar cualquier agresión por donde quiera que se produjera.
El 15 de abril, apenas brotaron las primeras luces del alba, ocho aviones B-26, procedentes de la Base Aérea de Happy Valley, en Puerto Cabezas, Nicaragua, con falsas insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria, atacaron por sorpresa el aeropuerto internacional “Antonio Maceo”, de Santiago de Cuba y los aeródromos de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en La Habana. En este último lugar hubo ocho muertos y 53 heridos. En representación de los caídos, cada año los cubanos recordamos al miliciano Eduardo García Delgado, quien mortalmente herido, utilizó sus últimas fuerzas para escribir con su sangre un nombre que es símbolo de lucha y de victoria: FIDEL.
Al día siguiente, en la esquina de la Avenida 23 y 12, en el Vedado, frente a la Necrópolis de Colón, durante el sepelio de las víctimas de los bombardeos, al pronunciar un discurso en homenaje a los caídos, ante una concentración popular donde se destacaban miles de milicianos armados, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y declaró el Estado de Alerta. En este momento los cubanos estaban actuando en defensa de su soberanía, su libertad y su independencia, pero también defendían su derecho a construir una sociedad socialista.
El día 17 se desencadenó la invasión de la Brigada de Asalto 2506 por Playa Larga y Playa Girón, al sur de la Ciénaga de Zapata, donde esta poderosa fuerza aeronaval que había sido entrenada durante cerca de un año y medio en campamentos de la CIA en Centroamérica y en la isla Usseppa al sur de la Florida, fue derrotada por nuestro pueblo en apenas 66 horas. Las bajas en las filas revolucionarias ascendieron a 176 muertos y unos 300 heridos, de ellos 50 incapacitados de por vida.
De acuerdo con documentos desclasificados treinta años después por el Gobierno de los Estados Unidos, entre septiembre de 1960 y abril de 1961, la CIA había introducido clandestinamente en Cuba unas 75 toneladas de explosivos y armamentos mediante operaciones aéreas, y 46,5 toneladas de material bélico a través de infiltraciones clandestinas por vía marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas.
El coronel Jack Hawkins, jefe de la Sección de Personal Paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA en la denominada “Operación Cubana”, aseguró que en este período en Cuba se perpetraron 110 atentados dinamiteros, se colocaron más de 200 bombas, se descarrilaron 6 trenes, se provocaron más de 150 incendios en grandes objetivos estatales y privados, incluyendo 21 viviendas y unos 800 en plantaciones de caña. En estas informaciones no aparece ninguna valoración sobre la cantidad de víctimas civiles que ocasionaron.
El sabotaje a la tienda El Encanto como preludio de la invasión mercenaria, no constituyó un hecho aislado, formó parte de una larga historia de agresiones fomentadas y dirigidas por los servicios de inteligencia norteamericanos, que han continuado causando demasiado luto y un dolor infinito a nuestro pueblo durante los 65 años transcurridos desde entonces. Frente a las constantes convocatorias de los enemigos de la Revolución exhortando a nuestro pueblo a olvidar el pasado, las actuales generaciones continúan adelante defendiendo el proyecto socialista iniciado en abril de 1961 con la victoria de las armas revolucionarias en las arenas de Playa Girón.