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Umberto Cerutti: De Turín a La Habana, un viaje de conexión y apoyo a Cuba

Umberto Cerutti 📸: Leonardo Calas Rojas

Umberto Cerutti es italiano, de Turín. Su historia con Cuba comenzó mucho antes de pisar el archipiélago, en los libros. De niño, la figura del Che Guevara lo apasionó y despertó en él un amor por América Latina que con los años se convertiría en destino.Pero el encuentro real con Cuba llegó en 2020, en plena pandemia.

 

Una brigada de médicos cubanos llegó a su ciudad y él, sin saberlo, estaba a punto de encontrarse con lo que marcaría el rumbo de su vida.

A través de la asociación AICEC, conoció a aquellos hombres y mujeres que habían dejado su tierra y su familia para ayudar a otros.

“Yo nunca vi en mi vida gente con esa valentía”, recuerda. Ese ejemplo de solidaridad lo transformó.

En agosto de 2021 viajó por primera vez a Cuba. Fue parte de una misión humanitaria que logró llenar un avión con medicinas y donativos en medio del recrudecimiento de la pandemia.

Él fue uno de los cinco pasajeros que acompañó la carga. No hubo tiempo para mojitos ni playas; pero sí para conocer al presidente, para visitar institutos de investigación, para ver de cerca la capacidad de un país bloqueado que había logrado producir cuatro vacunas.

Aquel viaje, raro y único, lo enamoró de Cuba, de su pueblo, de su historia.
Desde entonces, Umberto no se ha detenido. Trabajó varios años en la asociación, siempre especializado en solidaridad con Cuba.

Hasta que hace un año, la empresa mixta cubana-italiana radicada en Cuba, “BiocubaCafé” le propuso mudarse a Santiago de Cuba. Aceptó. Dejar a su familia y sus amigos no fue fácil, pero tampoco lo sintió como una ruptura: “era como algo escrito, como si fuera mi destino”.

Umberto Cerutti 📸: Leonardo Calas Rojas

Hoy su vida transcurre entre carreteras y montañas, atendiendo a productores en Granma, Santiago y Guantánamo. “Mi vida es de mucho trabajo, de muchas vueltas, siempre en los montes, pero es la parte que más me gusta”. La cotidianidad lo ha ido cubanizando: la comida, la música, leer solo en español, mirar televisión cubana.

 

Aunque confiesa entre risas que aún no tolera la pasta con mayonesa o con piña: “Creo que me quitarían el pasaporte italiano”.

Pero su vínculo con la solidaridad no se ha roto. Recientemente formó parte del Convoy Nuestra América, una iniciativa global que reunió a más de 100 asociaciones para llevar ayuda humanitaria a Cuba.

Él ayudó a coordinar la parte europea, con 110 personas que viajaron en avión, mientras que una flotilla simbólica —tres barcos— cruzó el mar para romper, aunque fuera en gesto, el bloqueo.

“Simbólicamente es muy fuerte ver un barco que rompe el bloqueo físicamente entrando aquí en la bahía”, dice.

La travesía fue dura: corriente en contra, viento adverso, días de espera. Pero también fue un laboratorio de humanidad. En un barco pequeño, 32 personas de distintos países aprendieron a cooperar, a cuidarse. Y en medio del mar, Umberto cumplió 30 años.

“Fue maravilloso. Me cantaron canciones, hicimos una pequeña fiesta como se puede hacer en un barco”.

Cuando llegaron a La Habana, la emoción explotó: “Tanta gente a recibirnos con sonrisas, con banderas… fue difícil explicarlo con palabras”.

Al cierre de la misión, entregaron los donativos en el Hospital “William Soler”. Ver a los médicos felices, a los niños pacientes, y saber que todo el esfuerzo de meses culminaba allí, le llenó de orgullo.

“Poder ver con tus ojos la ayuda concreta que estás haciendo… te da ganas de seguir”.

¿Por qué lo hace? Umberto responde sin dudar: “Cuba siempre fue el país más solidario en la historia. Siempre ayudó a todo el mundo”. Él lo vive como una forma de agradecer a aquellos médicos cubanos que en 2020 le mostraron lo que significa la verdadera entrega.

Y aunque sabe que hay quienes desde fuera critican estas iniciativas, lo tiene claro: “Si uno quiere hacer turismo político, no se pasa estos días en un barco, no trabaja meses recogiendo donativos”.

Para él, el cambio no se logra con bombas ni invasiones, sino con actos concretos de solidaridad, con el esfuerzo cotidiano por hacer mejor el pedacito de tierra que nos rodea.

Ahora, la misión sigue. Desde la campaña Let Cuba Breathe, ya planean nuevas delegaciones. La idea es clara: no dejar que el fuego que se encendió con el Convoy Nuestra América se apague.

“La acción principal es no parar”, dice Umberto, con la mirada puesta en el camino, en los montes del oriente cubano, en la certeza de que cada granito suma.

(Tomado de Naturaleza Secreta )