
En junio de 1993 los investigadores José Manuel Hernández y Adrián Álvarez Chávez, descubren el basural colonial Las Palmas, localizado en la barriada de El Naranjal, en las afueras de la ciudad de Matanzas. A partir de ese momento acometieron una serie de investigaciones sobre más de un centenar de evidencias colectadas en el mencionado lugar: botellas de cerveza en gress, tinteros, loza inglesa y holandesa, pipas o cachimbas de fumar tabaco y otras evidencias.
En ese contexto arqueológico fueron detectados varios frascos medicinales del siglo XIX y primeras décadas del XX; incluidos tres frascos medicinales de extraordinario valor por corresponder a una farmacia matancera, en aquel entonces desconocida para un buen grupo de investigadores y no estudiada con anterioridad.
Con estos descubrimientos se iniciaba la investigación histórica de la farmacia San Jorge, emplazada en la calle Medio esquina Dos de Mayo.

Frascos hallados.
La primera referencia sobre este establecimiento se remonta a una comunicación aparecida el 10 de octubre de 1832 en el diario matancero La Aurora, referido al recibo de semillas frescas de hortalizas en la botica de la calle Medio esquina Puente Nuevo o Carnicería, perteneciente a Don Ezequiel de la Calle (4), considerado su fundador.
El 8 de marzo del siguiente año, el mismo diario anunciaba la venta en dicha farmacia de frotaciones contra el cólera morbo, que azotaba con fuerza la ciudad. El 24 de diciembre se recibe un lote de medicamentos de Europa y Estados Unidos, consistente en Aceite del Calvo (para restituir el cabello) y la Melaza Vermífuga (purgante), unido a la venta de sustancias para limpiar metales, paqueticos de polvo para tinta de escribir, hortalizas y cebollino fresco.
En noviembre de 1837 el establecimiento informa, a través de La Aurora, la venta de una negra joven, sana y con abundante leche, junto con su robusta cría, situación propia del injusto sistema social esclavista imperante. En febrero de 1839 de la Calle se muestra preocupado al conocer que le plagiaban un medicamento contra la sífilis, que había creado y aplicado con éxito en personas contagiadas. Por ese motivo orienta elaborar los envases del medicamento de su invención en el extranjero. Para la fecha el producto de referencia solo se podía vender en su farmacia, hasta que él mismo autorizara su expendio en otros centros de la ciudad.
En 1852, también ofertaba Pomada Laccia a dos pesetas el pote y Agua Angélica para limpiar el cutis a dos pesos el pomo. El 26 de octubre de 1860, ya fallecido el dueño, La Aurora informaba sobre la venta de productos en una tienda ubicada frente a la botica de Ezequiel, que en realidad debería estar en manos de sus descendientes y que aún era conocida por la población como la farmacia de la Calle.
El 1 de enero de 1868 el centro -remozado desde 1865- se encontraba muy bien surtido y contaba con un nuevo propietario: el Dr. Joaquín Barnet. El día 5 una gacetilla del diario Aurora del Yumurí afirmaba que Barnet había adquirido la propiedad de la farmacia, que aparece por primera vez denominada San Jorge. En este propio mes los laboratorios del centro preparan el aceite de almendras dulces, que se vende en pomos de una libra, al tiempo que el Dr. Barnet es electo vocal de la mesa facultativa de la Sección de Ciencias del Liceo de Matanzas. Esta designación obedeció a que el mismo es considerado un relevante farmacéutico y a la fama ganada por el establecimiento que él dirige.
Durante 1874 la farmacia ofrecía los productos médicos más actualizados e incluso aparatos quirúrgicos. Además, contaba con laboratorios químicos y farmacéuticos, capacitados para efectuar análisis de orina y de sangre. También se preparaban jabones medicinales y se les aseguraba a los hacendados que efectuaran pedidos para su finca la calidad de los productos; lo que prueba la capacidad de gestión de ventas de dicho propietario.
El 13 de noviembre de 1875 Barnet le vende la farmacia a Don Juan Francisco de Michelena y él adquiere una en Gelabert 58. En el período que Michelena es dueño de la San Jorge, logró acrecentar el prestigio del establecimiento.
En 1880 la San Jorge junto a La Central (6) ofrecen licor de brea usado para aliviar la tos y el aceite de hígado de bacalao para el asma, época en que la botica pertenece al Dr. Domingo Lecuona Madan.
Al siguiente año el diario Aurora del Yumurí insertaba nuevos anuncios de la san Jorge que aseguraban que el bien montado establecimiento ofrecía polvos de americanos de Morell y bálsamo universal del mismo fabricante. A treinta centavos el pomo. El centro, que poseía patentes de toda clase, fue premiado en la importante Exposición Internacional celebrada ese año en Matanzas. Un producto de San Jorge fue presentado en la sección de industrias del cónclave donde alcanzó Medalla de Oro, en una difícil competencia con varios productos de probada calidad en Cuba y el extranjero. En esta época la farmacia constaba con un inmueble de sólida construcción de mampostería, coronada por un bello pretil y puertas de arco de medio punto. Según el único grabado localizado, la entrada principal se encontraba por la calle Ricla y en la fachada se anuncia el nombre de Antonio Zanetti como dueño y la dirección de Ricla 23, todo lo cual consideramos un error en la impresión del grabado, pues la dirección corresponde al 123 y el dueño es el mencionado Dr. Lecuona.
En 1887 contaba la ciudad de Matanzas con diez boticas, incluyendo la de nuestro interés. El prestigio alcanzado por el centro en esa época quedó plasmado en el siguiente anuncio publicado por la Aurora del Yumurí:
Colocada a la altura de los más antiguos y acreditados y acreditados establecimientos ofrece a los señores facultativos un constante surtido de los nuevos medicamentos usados en medicina. Se utilizan productos puros no adulterados. Ofrece vinos de quina simple y ferruginoso, aceite de bacalao blanco y oscuro en pomos y medios pomos. Jarabe de protoioduro de hierro de dupasquier, polvos dentífricos, etc. Especial esmero en el despacho de los señores facultativos.
Entre 1887 y 1895 el Dr. Lecuona continúa al frente de su establecimiento, pero hasta 1898 no hallamos datos del dueño ni del centro, el motivo de la ausencia de información obedece —sin dudas— a las actividades revolucionarias de este farmacéutico: en 1895 el Dr. Lecuona integra el Comité Revolucionario de Matanzas y es detenido al cruzar la invasión mambisa por la provincia. A la llegada del sanguinario Valeriano Weyler se libra una orden de captura contra su persona, por lo que es obligado a emigrar hacia México. En 1896 arriba por Pinar del Río en una expedición mambisa, incorporándose ese año a la Primera Brigada del Sexto Cuerpo del Departamento Provincial. Un año después se desempeña como jefe de la Tercera División del Cuerpo de Sanidad del Ejército Libertador con los grados de Capitán, culminando la guerra como Coronel.
El 28 de abril de 1898, día del bombardeo norteamericano a la ciudad de Matanzas, el general Don Luis Molina y Olivera ordenó el cierre de la San Jorge, siendo autorizada su apertura a las tres de la tarde del 10 de mayo por el citado general.
En enero de 1899 Lecuona residía muy cerca de su botica en Independencia 130, y su centro ofrecía vino de kola fosfatado a 85 centavos oro la botellita, preparada en ese lugar, donde también radicaba el almacén central del tónico vino de naranja, considerado un buen aperitivo.
A partir de 1900 el Dr. Lecuona se convierte en una de las principales figuras políticas de la provincia. Resultó el primer alcalde municipal y ocupó en varias ocasiones el cargo de Gobernador Provincial. Fue electo representante a la Cámara, a propuesta de diferentes partidos políticos.
El 18 de enero de 1902 el licenciado Arturo Llorente le envió una denuncia la Secretario de Gobernación de La Habana, quejándose de lamentables situaciones que ocurrían en farmacias de Matanzas. Solicitó se aplicara en esta ciudad el sistema de inspección que regía en la capital. El denunciante se mostraba pesimista en cuanto a la solución del problema, ya que según su parecer al señor sub-delegado de farmacias de la ciudad no le convenía tocar el asunto, ya que era dueño de una droguería. Su escepticismo era mayor cuando planteaba que el gobernador, Lecuona, también violaba la ley, ya que regenteaba él mismo su farmacia y culminaba afirmando que en Matanzas no se cumplía aquello que rezaba La justicia entra por la casa.
El 24 de abril de 1906, el señor Salvador Tomás, apoderado del Dr. Lecuona, solicitaba permiso al alcalde municipal para ocupar una parte de la vía pública con andamiajes, con el objetivo de reparar la fachada, el pretil y la azotea del inmueble ocupado por la farmacia. Dicho permiso se otorgó con posterioridad.
El 14 de mayo de ese mismo año el señor Tomás le solicitaba al ayuntamiento que le informara de que forma le pagarían a Lecuona el dinero que se le adeudaba en concepto de entregas de medicinas a pobres con anterioridad a 1899. Recibió una respuesta negativa, aduciendo que debía efectuar primero la liquidación general de créditos del municipio anteriores a esa fecha.
El 13 de agosto de 1907 vuelve Tomás a solicitar un atestado del dinero adeudado, reclamo repetido por el propio Lecuona en 1910. Aunque desconocemos si al final el municipio pagó, lo cierto es que en el período comprendido de 1888 a 1895 las entregas a medicinas a pobres en San Jorge alcanzaron la cifra de 993.69 pesos oro, siendo octubre del primer año el de mayor entrega con 69.11 pesos y diciembre de 1895 el de menor contribución con 5.30 pesos.
Por otra parte, el 29 de julio de 1909 el Dr. Lecuona solicita al Gobernador Provincial y a la Oficina Nacional de Propiedad Industrial, Marcas y Patentes, una inscripción para distinguir todos los envases y productos de su establecimiento. El 13 de mayo del siguiente año, recibe el certificado de aprobación número 28193.
El diseño propuesto y aprobado representa una figura caprichosa formando un triángulo con tres eslabones y argollas. En los lados se lee: Farmacia San Jorge. Matanzas. Dentro de cada eslabón se observa Labor-omnia Vincit, y al centro del triángulo, las iniciales del dueño en dos letras entrelazadas: DL.
El 2 de marzo de 1915 el Dr. Ernesto Valdés Figueroa adquirió la farmacia, traspasándole Lecuona los derechos de arrendamiento del inmueble que le correspondían hasta 1917, por lo que Valdés le pagó 100.00 pesos oro.
El Dr. Valdés es nieto del fundador de la Botica Francesa Don Juan Fermín Figueroa. Formaba parte de una prestigiosa familia de renombrados farmacéuticos, que mantendrían el prestigio de San Jorge, que al siguiente año obtiene medalla de oro en una exposición celebrada en La Habana.
El 31 de octubre de 1917, Valdés solicitó al alcalde municipal un permiso para pintar la fachada de su botica, obteniendo el permiso del arquitecto municipal y de la Junta de Sanidad, quienes le recomendaron que utilizara colores claros, como establecían las ordenanzas municipales.
En 1948 el mismo dueño contaba con los servicios del mensajero Orlando Miranda de la Oz y el técnico Rafael Sánchez. Los encargos a domicilio eran solicitados directamente al teléfono 601. En este período se brinda expendio de martes a sábado en el horario de ocho de la mañana a doce del día, y de las dos de la tarde a seis. Los lunes y algunos domingos se hacía una guardia de 24 horas. Estos datos son indicativos de la popularidad alcanzada y mantenida por la farmacia San Jorge.
El 12 de febrero de 1955 la farmacia fue comprada por el último de sus propietarios durante la república neocolonial. El Dr. Alfredo García Díaz, dueño de varias boticas en la capital y vecino del reparto Almendares, responsabilizó en la administración del centro al señor pedro Luis Moleiro.
Con la adquisición de esta propiedad por García, se efectuaron labores de reparación, en lo fundamental el repello de exteriores y el mantenimiento de la estantería de maderas preciosas. Los surtidos se ampliaron y actualizaron con medicamentos importados de Francia, Estados Unidos y laboratorios de La Habana. Una muestra de lo anterior es que, en mayo de 1955, las ventas ascendieron a poco más de mil pesos. En esta etapa continuaba el servicio de mensajería a domicilio y se ofrecían productos de perfumería y quincallería
El 30 de junio de 1961 el Gobierno Revolucionario intervino la san Jorge y poco después García emigró a los Estados Unidos, donde continuó al frente de farmacias hasta su jubilación.
Comenzaba otro período de desarrollo para la centenaria farmacia, que constituye uno de los establecimientos más antiguos y en activo de la provincia y el país. En el nuevo milenio se alza activa y desafiante, testigo de la vida de una ciudad que en muchos casos ignora su antigüedad y, sin desesperar, aguarda porque se le restituya su nombre original.