- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

Norge Marrero: Del Puerto de Carúpano a remar por Cuba (+Fotos y Video)

Norge Marrero González, gloria del deporte cubano. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Pocas veces ejercer el mejor oficio del mundo depara tanta satisfacción. Llegar hasta el Casino Deportivo para entrevistar a Norge Marrero González significó mucho más que un intercambio de preguntas y respuestas. Desde el instante en que cruzamos el umbral de su casa, se reveló como un ser humano excepcional, de una humildad intacta pese al enorme palmarés que atesora una vida consagrada por entero al deporte y a la Patria: primero como atleta, después como directivo desde los años fundacionales del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER).

Un cálido saludo y un café acompañaron el viaje por sus memorias. La complicidad se instaló enseguida, acaso porque compartíamos la condición de coterráneos y la ilusión de ver a Las Tunas alcanzar el tricampeonato en esta Serie Nacional. Este hijo de Puerto Padre, que trascendió a fuerza de paletadas hasta convertirse en el primer atleta tunero en pisar una cita olímpica —Tokio 1964—, nos abrió las puertas de un pequeño cuarto de su vivienda. Allí, en esa suerte de santuario íntimo, reposan sus medallas, sus memorias, viejas revistas, pero sobre todo se percibe un amor infinito por Cuba y la Revolución.

De aquellas paredes emana también el recuerdo vivo del Comandante y de otros dirigentes de aquellos tiempos fundacionales, cuando se trataba de impulsar el deporte como derecho del pueblo y llevarlo tan lejos como fuera posible.

Diplomas y reconocimientos que reflejan décadas de entrega y logros en el deporte cubano. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

La conversación comenzó entre las páginas de su libro sobre la historia del remo y las regatas en Varadero, y ni siquiera el apagón que nos sorprendió aquella mañana logró interrumpirla.

¿Podría compartirnos cómo era su niñez en el Puerto Padre de los años 40 y 50? ¿Qué recuerdos guarda de su hogar, de sus padres, Abdón y María, y de ese entorno que, sin duda, forjó el carácter del futuro atleta?

—Mi papá trabajaba en el puerto de Carúpano, antes de que existiera Cayo Juan Claro; y mi mamá, ama de casa, era española, originaria de las Islas Canarias. Quedé huérfano muy joven: mi madre murió cuando yo tenía apenas nueve meses de edad. Me crió mi abuela paterna. Desde pequeño me incliné por los deportes que se practicaban en mi pueblo, Puerto Padre: la pelota, algo de boxeo, un poco de baloncesto y tenis de campo. Esos eran los deportes más comunes allí. Y desde muy joven me dediqué a trabajar.

“Tuve varios empleos. Empecé en una ponchera de un tío mío. Después trabajé en un jardín frente a mi casa, llamado Jardín Perla de Cuba, propiedad de Jorge Bolaños (padre de Jorge Bolaños, quien fue juez de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, embajador en México y actualmente asesor del ministro de Relaciones Exteriores). Luego, ya en los años cincuenta, siendo muy joven, empecé a trabajar en el puerto. En aquel entonces, para trabajar allí era necesario heredar el puesto: había que ser hijo de trabajadores. Así que, cuando llegó el triunfo de la Revolución, yo ya estaba trabajando en la calle y jugando pelota.

“También muy joven integré un equipo juvenil que se formó en Puerto Padre, con los muchachos de Raúl. Y así fui ascendiendo. Luego jugué en el equipo grande de Puerto Padre, en Las Tunas, y participé en la primera regional que convocó la primera Serie Nacional de Béisbol. A principios de la Revolución, en 1961, llegó un entrenador de remo desde La Habana.

Su formación deportiva comenzó en disciplinas colectivas como el béisbol, el sóftbol y el baloncesto. ¿Qué factores lo llevaron a abandonar el deporte nacional y dedicarse de lleno al remo en 1961?

—Me motivó el remo porque, cuando llegó el entrenador a Puerto Padre, buscaban muchachos jóvenes y altos. Yo era uno de los más altos del pueblo. Había otros más altos que yo, pero me hablaron, probé y me dijeron: “ Se va a formar un equipo aquí en Puerto Padre, para las competencias nacionales”. Ahí me seleccionaron para venir a La Habana, al equipo Pescadores, que Fidel creó y apadrinó.

“Al intervenirse los clubes de la burguesía, en 1960 se celebró la última regata del capitalismo y se organizaron los equipos por instituciones. Fue un acontecimiento tremendo, por eso Fidel asistió a la regata de Varadero. Se sabe que el 26 de julio de 1953, cuando se asaltó el Moncada, él pidió a los combatientes que dijeran en sus casas y centros de trabajo que iban para la regata de Varadero. Ese domingo, mientras Batista asistía a la regata, se enteró del suceso. Así fue mi salto del béisbol al remo.

Aunque nunca dejé la pelota —como todo cubano, seguí jugando—, me dediqué de lleno al remo en el equipo nacional. Siempre con el anhelo de jugar béisbol, pasé muchos años remando y después me incorporé al sóftbol, ya en 1968 en Cienfuegos, siendo todavía atleta de remo. Así se dio el cambio.

¿Fue consciente inmediatamente de su potencial para este deporte? ¿Cómo describiría esa primera conexión con la disciplina del remo?

—No, en aquel momento no pensé que tenía condiciones. El verdadero potencial lo descubrí después, ya en La Habana, cuando gané mi primera competencia nacional. A partir de ahí se conformó el equipo nacional y me quedé definitivamente en el deporte.

“Siempre mantuve la aspiración de jugar béisbol, porque tuve la posibilidad de participar en una Serie Nacional, algo que me hubiera gustado mucho. Pero ya para entonces me había retirado, tenía 27 años. Recuerdo que el entrenador de los equipos orientales vino a verme a mi casa, acompañado por Alfredo, quien era entonces director del INDER en Oriente.

“Cada vez que iba de vacaciones a mi provincia me entrenaba con los Orientales, con Serranos, con Mineros, con toda esa gente. Tenía allí un amigo muy íntimo, uno de mis mejores amigos, que aún vive. Es un profesional de Puerto Padre muy reconocido, pues fue entrenador de los equipos orientales durante unos 30 años. Él también me visitó en aquella época, pero yo ya me había retirado del remo.

Colección personal de credenciales de Norge Marrero, testimonio de su papel como atleta y líder deportivo. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

¿Hubo alguna medalla o victoria que destacara por su significado personal o deportivo?

—Yo creo que los éxitos en los campeonatos nacionales de aquel momento se debieron a que teníamos un bote muy fuerte. Ganábamos casi todas las competencias, aunque siempre detrás de nosotros estaba Varadero, que también tenía un bote poderoso. Pero fuimos imponiéndonos y acumulando victorias.
En el plano internacional, la medalla que más valoro es la primera que obtuvimos en 1967. Fue una regata tremenda.

“El día antes de la final, nuestro entrenador abandonó la delegación. Como capitán del equipo, asumí la responsabilidad de organizarlo. En esa competencia logramos dos medallas de bronce, las primeras de la historia del remo en Juegos Panamericanos. Por eso las recuerdo con tanto cariño y orgullo: no solo por ser las iniciales, sino por las circunstancias en que se consiguieron.

“Los Juegos Panamericanos fueron en Winnipeg. Nosotros estábamos alojados lejos, en la Universidad de Manitoba, a unos 20 kilómetros de la villa donde se encontraba la delegación cubana. Estábamos prácticamente solos. Coincidió que la noche del 25 de julio se celebraba el 26 de Julio en la villa, y el comisionado había salido para allá. No estuvo presente al día siguiente en la competencia.
Fuimos totalmente solos a la regata, por iniciativa mía. El entrenador no nos llamaba, ya eran las siete de la mañana y la competencia estaba fijada para las nueve. Entonces reuní al equipo y nos preparamos.

“En la competencia todos me preguntaban por el entrenador, porque ya circulaban noticias de que se había asilado. Nosotros, al margen, no sabíamos absolutamente nada. Así fue aquella regata de Winnipeg, que quedó marcada para siempre en mi memoria.

¿Cómo fue el proceso de adaptar su mentalidad de competidor a la de estratega y formador? ¿Qué principios quiso imprimir en la nueva generación de atletas?

—Yo pienso que conmigo ocurrió algo insólito, algo que quizás no haya sucedido en otro deporte. Sin saberlo, me fueron preparando para ser entrenador.

“Cuando llegamos a los Juegos Olímpicos de Tokio, el viaje nos llevó primero a Moscú. Allí no pudimos entrenar en el agua porque no nos prestaron botes, debido a las tensiones políticas de aquel momento tras la Crisis de Octubre.

“Mientras tanto, yo me mantenía activo jugando baloncesto, disciplina en la que me desempeñaba bastante bien. Esa experiencia me marcó, porque me mostró la importancia de la preparación física y de la versatilidad del atleta.

“Más tarde, estando de vacaciones en Puerto Padre, me buscaron de urgencia para incorporarme al equipo nacional de baloncesto. Yo me negué, porque mi compromiso era con el remo. Entonces me asignaron como preparador físico de los equipos masculino y femenino de baloncesto. Eso significaba entrenar a las cuatro de la mañana en la bahía y, después de desayunar, trasladarme a la Ciudad Deportiva para trabajar con los equipos de baloncesto. Fue un sacrificio enorme, pero también una escuela de disciplina y entrega.

“En las clasificatorias de Yokohama se evidenció que la preparación física era deficiente. Cuba perdió una ventaja de 12 puntos frente a Filipinas y terminó derrotada. Esa experiencia reforzó la necesidad de un trabajo físico sistemático y riguroso, y me permitió transmitir esos conceptos a los atletas.

“Así me fueron formando como entrenador. Cuando Alemania concluyó su primer período de colaboración en Cuba, me pidieron que me retirara como atleta para asumir el rol de entrenador del equipo nacional de remo. Junto a Manuel Espadrón comenzamos esa etapa. En Cali 71 duplicamos las medallas obtenidas anteriormente, lo que confirmó que el camino era el correcto.

“Más tarde, por razones personales y de vivienda, me trasladé a Santiago de Cuba. Allí formé un equipo que ganó 25 competencias nacionales consecutivas, y tuve la oportunidad de entrenar a decenas de atletas que luego integraron el equipo nacional. En Santiago incluso construimos la primera piscina de remo en Cuba, para enseñar la técnica en tierra.

“En 1973 me propusieron ser comisionado nacional, pero poco después sufrí un grave accidente: una lancha se incendió y quedé con quemaduras en el 76% del cuerpo. Aun así, en 1976 asumí finalmente como comisionado. Permanecí en ese cargo durante 40 años. Después fui director de Alto Rendimiento durante dos ciclos olímpicos.

“En ese período logramos resultados notables: una medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1975, nueve en La Habana 1991, otras nueve en República Dominicana 2003, cinco en Mar del Plata y muchas más. En total, acumulamos  41 títulos panamericanos.

Norge Marrero González, gloria del deporte cubano. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

¿Qué valores éticos y profesionales considera indispensables en un entrenador deportivo?

—Yo creo que quien se dedica al deporte tiene que ser un ejemplo. El deportista es referente para la nueva generación, para la juventud. Por eso debe mantener una disciplina intachable: sin disciplina, jamás habrá resultados duraderos, solo éxitos efímeros.

“El entrenador, además, no es únicamente quien prepara físicamente al atleta. Es también un educador, alguien que forma en lo mental y en lo humano. Debe orientar al deportista en todos los aspectos de la vida. Esa es, en mi opinión, la base para llegar a ser un gran formador y para que el atleta alcance su mejor versión.

“La disciplina está por encima de todo. Claro, también son necesarias las condiciones físicas, porque para ser campeón hay que tenerlas, pero lo esencial es desarrollarlas con rigor y constancia. Ningún atleta se ha formado solo y ha alcanzado resultados de nivel sin la guía de un entrenador.

“La mayor virtud de un buen formador es precisamente esa capacidad de educar y acompañar. En Cuba tenemos muchos ejemplos: Eugenio George en el voleibol, Alcides Sagarra en el boxeo, Pedro Val en la lucha, entre otros. Ellos demostraron que el verdadero legado de un entrenador no son solo las medallas, sino los valores que transmiten a sus atletas.

Su contribución a los programas de estudio y manuales de remo ha sido vital para sistematizar la enseñanza de esa disciplina deportiva. Desde su experiencia, ¿cuáles son los pilares que debe sustentar cualquier programa de formación para este deporte en Cuba?

—En aquella época elaboramos manuales para el equipo nacional, pero más tarde, ya como comisionado, logré unificar el deporte a nivel nacional. Cada entrenador y cada provincia diseñaban sus propios planes de entrenamiento, pero nosotros los supervisábamos centralmente. Cuando detectábamos problemas, había que ajustar el plan. Era imprescindible garantizar una carga adecuada en cada especialidad, tanto en la preparación física como en la técnica del remo.

“Para ello establecimos un sistema riguroso: cada atleta y cada escuela debían entregar semanalmente un informe de cumplimiento del plan. Además, realizábamos visitas periódicas a las provincias —cuatro veces al año— para evaluar directamente el trabajo. De esa manera llegamos a estructurar los primeros planes de preparación del deportista. El primero lo elaboramos junto a un colega que luego obtuvo el grado de Doctor en Ciencias, y posteriormente lo fuimos perfeccionando.

“Considero que esos planes sentaron las bases de la formación en el remo cubano y, aunque ya llevo muchos años fuera de la práctica directa, estoy convencido de que aún permanecen como referencia. Durante mi etapa como director de Alto Rendimiento y después en la jubilación, siempre defendí que la enseñanza del remo debía sustentarse en tres pilares fundamentales: disciplina, sistematicidad y evaluación constante.

Colección de credenciales que resumen años de participación en eventos deportivos internacionales. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Como fundador del INDER, su vida está ligada a la institucionalización del deporte en la Cuba revolucionaria. ¿Cómo recuerda ese período fundacional? ¿Qué significado tiene para usted haber sido partícipe de ese proyecto histórico?

—Como se conoce, la DGD —Dirección General de Deportes— era la entidad que regía el deporte en Cuba. En 1959 estuvo dirigida por Felipe Guerra Matos. Ya en 1961, el 23 de febrero, cuando se funda oficialmente el INDER, se designa como presidente a quien había sido alcalde de La Habana.

“Entre los primeros dirigentes se encontraba Anuncio, un basquetbolista olímpico que había competido en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. También Fabio Ruiz, que fue vicepresidente; Jorge Gaciabango, vinculado a la actividad deportiva; y otros atletas destacados, como remeros del Vedado Tennis Club. Era, en esencia, una generación de deportistas que asumieron la conducción del deporte cubano.

“Un papel fundamental lo desempeñaron los consejos voluntarios, porque la mayoría de los entrenadores en Cuba eran voluntarios. Había muy pocos profesionales, y muchos de los de mayor categoría emigraron del país. Fue necesario entonces impulsar una formación masiva: primero con la creación de la Escuela Piti Fajardo, en el nivel medio y medio superior, para preparar profesores de Educación Física; y después con la universidad, donde se comenzó a impartir la licenciatura en Cultura Física. Ese proceso fue decisivo para formar un semillero de entrenadores: más de 20 000 o 30 000 licenciados en deporte en Cuba.

“Ahí radica la clave de los grandes resultados que se alcanzaron posteriormente. Fue un sueño de Fidel, que ya en 1956 había escrito un artículo visionario sobre el futuro del deporte cubano, donde imaginaba equipos integrados por jóvenes blancos y negros practicando juntos en las escuelas. Ese sueño se convirtió en realidad.

“El INDER fue, en verdad, una familia. La mayoría de sus presidentes habían sido atletas destacados, y lo mismo ocurría en las provincias: muchos directores provenían del deporte. En Santiago, por ejemplo, estaba Víctoriano Moreno, vinculado al voleibol. Los primeros entrenadores y managers de béisbol también fueron peloteros profesionales, como Fermín Guerra y otros que dejaron una huella profunda.

¿Cómo evalúa la trayectoria y el estado actual de la disciplina en el país? ¿Qué desafíos estructurales considera que aún deben abordarse para competir al más alto nivel?

—El remo, como cualquier deporte de alto rendimiento, requiere recursos. Un atleta que entrena todo el año pero no compite, no puede alcanzar resultados sólidos: necesita la experiencia que solo brindan las competencias. Además, es imprescindible garantizar una adecuada alimentación. Cada disciplina demanda un nivel distinto: un remero necesita entre 8 000 y 10 000 calorías diarias; un gimnasta, entre 5 000 y 6 000; y un atleta de tenis de mesa, alrededor de 3 000. Esa preparación nutricional es compleja y costosa.

“Los implementos también juegan un rol fundamental. Son caros en todos los deportes: desde el esquí, la jabalina, el remo, la vela y el canotaje, hasta el béisbol, con sus bates y pelotas. Todo requiere recursos significativos. Lamentablemente, la industria deportiva nacional dejó de funcionar como antes, cuando abastecía a las EIDE, a las áreas especiales y a los equipos nacionales. Esa industria fue clave para el impulso del deporte masivo en Cuba, y considero que es necesario rescatarla.

Norge Marrero González, gloria del deporte cubano. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

“También creo que se debe escuchar más a quienes tienen experiencia acumulada. En Cuba hay muchas personas jubiladas que aún poseen conocimientos valiosos y podrían aportar mucho. En el mundo entero existen asesores deportivos, y su papel es fundamental. Sin embargo, aquí no se aprovecha ese caudal de saberes. Yo mismo, tras 40 años en el remo y una experiencia internacional extraordinaria, nunca he recibido una consulta sobre el deporte desde que me jubilé.

“Se pierde mucha gloria que podría ayudar en las provincias y a nivel nacional. Estoy convencido de que, si se le entrega un equipo a cualquier gloria deportiva, luchará por llevarlo a los primeros lugares, porque son quienes más experiencia tienen. El licenciado en deporte posee conocimientos teóricos, pero si no ha sido atleta carece de la práctica necesaria. No es fácil pasar de una escuela a una Olimpiada o a un Panamericano sin haber vivido esa experiencia.

“Todavía existen grandes atletas y entrenadores en Cuba. Pero es necesario luchar por mantener vivo el sueño de Fidel, quien desde 1959 —recién llegado de la Sierra— afirmó que llevaríamos el deporte tan lejos como fuera posible. Y lo cumplió. Su visión fue increíble, no solo en el deporte, sino también en las escuelas, los campos deportivos y la ciencia. Hoy debemos aplicar más ciencia al deporte, como hacen los países desarrollados, porque tenemos las condiciones para hacerlo. Fidel lo creó, lo vio y siempre lo analizó con profundidad.

¿Pelotero que remó?

—El sueño de mi niñez siempre fue ser pelotero. Mi papá había sido jugador de béisbol: fue cátcher del equipo de Puerto Padre, con grandes condiciones, según me contaban quienes lo vieron jugar, porque yo no llegué a verlo. Él falleció en 1959, cuando yo aún era un niño. Me decían que había sido muy bueno, incluso receptor de lanzadores famosos de aquellos primeros tiempos.

“Lo que yo conocí desde pequeño fue la pelota, y me encantaba. Tuve posibilidades: en la primera regional me seleccionaron para la preselección oriental. Pero ya estaba en La Habana, dedicado al remo, y era difícil dejarlo. Aun así, creo que hubiera llegado lejos en el béisbol.

Después, por casualidad, empecé a jugar sóftbol en 1968, en Cienfuegos. Cerca del antiguo Yacht Club había un terreno iluminado donde se jugaba por las noches. Un día me invitaron: “¿Quieres jugar?”. Acepté, y comencé como tercera base.

“Luego me pidieron que lanzara, y terminé pitcheando en ocho campeonatos nacionales de sóftbol, incluso siendo comisionado nacional y con más de 50 años. Todavía juego: soy el pitcher del equipo Cuba de veteranos.
Con ese equipo hemos tenido un intercambio con Estados Unidos durante 17 años. Íbamos a jugar a Boston, Miami, Sarasota, Naples y otros lugares, hasta que las visas se complicaron. Ellos también venían a Cuba: estuvieron en noviembre y en enero, y yo lancé todos los juegos.

“Si no se hubiera cruzado el remo en mi camino, estoy seguro de que hubiera llegado a la pelota

En video, Norge Marrero: Del Puerto de Carúpano a remar por Cuba:

Vea además:

Hilvanando sueños: La historia del emprendedor que vistió el orgullo patrio en Asunción 2025 (+Fotos y Video)