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Celia… de verde olivo

Cada 11 de enero, desde 1980, el Panteón de las Fuerzas Amadas Revolucionarias de la Necrópolis de Colón, recibe el homenaje del pueblo a su heroína querida: Celia Sánchez Manduley. Hace ya 46 años de su partida física pero su presencia se hace más necesaria a medida que pasa el tiempo; y esa necesidad está marcada por los retos continuos de la Revolución de la cual ella es parte indispensable.

Cuando apenas faltaban unos meses para su cumpleaños 60, iniciando el año 1980, los combatientes, los revolucionarios, el pueblo, tuvimos que aprender a vivir con sus enseñanzas y sus recuerdos, porque su salud le impidió seguir siendo cada madrugada la veladora de los detalles y las obras inmensas, la mejor comunicadora entre Fidel y su pueblo. “Comandante entre comandantes”, como la reconocen los combatientes de la Sierra Maestra a pesar de que ella no ostentó grados, tuvo toda la confianza de Fidel al comprobar su capacidad, su entrega y su sensibilidad. Por eso tenía, como él, la cualidad de tener todas las autoridades morales para pedir cualquier sacrificio en nombre de la Revolución.

La flor más autóctona, definida así por Armando Hart en su despedida de duelo, fue Carmen, Lilian, Caridad, Norma y Aly en la lucha clandestina y la Sierra; vínculo fundamental entre Frank País y Fidel; la organizadora del aseguramiento logístico para la lucha armada del Ejército Rebelde en los primeros momentos y luego en el Primer Frente José Martí; la madrina  para todos aquellos combatientes que veían en ella el apoyo y la seguridad para continuar la guerra en condiciones difíciles… Después del triunfo de 1959, fue mano derecha de Fidel, y mano izquierda también; construyó sueños, fue la esperanza y la realidad feliz de muchos niños, y de todos los humildes que acudían a ella.

Celia hace honor a su nombre: Celia Esther de los Desamparados…y así fue durante toda su vida. Mujer hecha de amor y también de disciplina, inteligencia, lealtad inquebrantable y valor. Por eso es la confianza de Fidel.

Legado verde olivo

“Sierra Maestra, 5 de junio de 1958

Celia:

(...) Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero. Fidel." [1]

Este párrafo de la carta que Fidel le escribió en plena ofensiva de la tiranía batistiana contra los rebeldes de la Sierra, ha circulado mucho en las redes sociales en estos días difíciles para nuestro continente, en los que 32 hermanos nuestros cayeron combatiendo heroicamente por la soberanía y la dignidad de Venezuela. Definida por muchos como testamento político de Fidel, es prueba de la identificación de pensamiento entre ambos revolucionarios, de confianza absoluta en ella, a quien podía revelarle preciados y profundos pensamientos.

Un antecedente documental menos conocido de esta carta lo es la enviada por Celia desde la Sierra, el 9 de diciembre de 1957, a María Antonia Figueroa Araújo, destacada combatiente clandestina en Santiago de Cuba:

“(…) Hoy sí tomo un ratico para trasmitirte un recado de Fidel sobre el asunto en contestar a los artículos de el “Time” y el “Wall Street” sobre la nacionalización de servicios públicos; dice que en estos momentos no le conviene aclarar nada público sobre eso.

Hace unos dos meses que por Daniel[2] recibió el artículo que mandaste y ahora con carta de Darío[3] le llegó otro; la demora en contestarte ha sido que Fidel quería escribirte pero él no tiene libre ni un minuto, mucho más en estos dos últimos meses que la ofensiva del ejército ha sido una invasión a la Sierra[4] pero nuestros muchachos han sabido rechazarla heroicamente.” [5]

Y en la posdata, agrega: “Dice Fidel que te añada que ya los americanos lo tienen muy cansado con tanta suspicacia acerca de la naturaleza de nuestro Movimiento, que no está dispuesto a estar haciendo todos los días aclaraciones sobre los mismos puntos (…).” [6]

El interés imperialista ya histórico de los gobiernos estadounidenses sobre Cuba, que se manifestó también en nuestras contiendas del siglo XIX, que marcó el inicio de una neocolonia luego de tantas luchas de nuestros mambises, se hacía sentir de disímiles maneras en la guerra de los rebeldes. De ahí que Fidel, conocedor de aquellos antecedentes, comprobaba continuamente en la Sierra que aquella terminaría siendo no solo su propia guerra, sino la guerra de todo un pueblo.

A Celia había escrito también Fidel desde la Sierra, el 31 de julio de 1957, al conocer la noticia del asesinato de Frank País en las calles de Santiago de Cuba: “Te ruego hagas llegar de cualquier modo a todos los cuadros de nuestro Movimiento esta exhortación que no es mía personal sino de todos los que estamos aquí con las armas en la mano, rabiosos de no haber podido estar al lado de Frank cuando esos cobardes lo asesinaron en pandilla, lamentándonos de no poder estar también en las calles de Santiago, la Habana cazando esbirros, y  a punto de hacer aquí cualquier disparate….[7]

De lo escrito por Fidel, ¿cuántos no hemos sentido en estas jornadas, como ellos en aquel momento, la misma sensación de haber querido estar junto a nuestros 32 compañeros, corriendo la misma suerte, combatiendo de frente a los cobardes agresores? La historia, con combates en momentos diferentes pero por los mismos ideales, nos hace conocer de qué raíz venimos, qué sentimientos y valores corren por nuestra sangre que nos legaron nuestros padres y abuelos; qué tradiciones de lucha se mantienen y compartimos, no importa que hayan pasado 69 años o apenas una semana. Esa es la estirpe de nosotros los cubanos.

La misma estirpe de la que habla Celia a Darío[8], el 7 de diciembre de 1957, sobre el combate de El Salto. En ella le narra que la batalla fue un derroche de valor y disciplina por nuestros muchachos, a pesar de que muchos de los fusiles no se pudieron utilizar y otros tenían muy poco parque, y aun así combatieron toda la madrugada hasta que al amanecer llegó la aviación enemiga; y cómo una patrulla de seis combatientes al mando de Rafael Castro que se quedó en la zona, por poco rinde a los 300 soldados, de no ser porque el propio Rafael fue herido, y ella escribe irónicamente a Darío: “La herida vino muy a tiempo, porque de no haberle sucedido se le rinden a Rafael y a los otros cinco, los 300 soldados, y si se encuentran rendidos con seis muchachos… los ahorcan...”[9]

Así es…el asombro por la subvaloración del poder de un soldado cubano cuando defiende una causa, cuando no tiene parque en el fusil pero sí en el cerebro, es la misma que provocó las expresiones de los yanquis al ver la manera de combatir de los cubanos en el ataque a Venezuela en días pasados.

Otro documento de Celia en el que se evidencia el arrojo de los nuestros, es una carta a René Ramos Latour, Daniel, el 22 de enero de 1958, cuando le expresa: “(…) puede más el amor a la Patria y a la libertad que todos los fusiles automáticos, todos los aviones, morteros, etc, todo ese poderío de Batista.” [10]

Y le agrega elementos sobre la decisión y el valor de los combatientes cubanos para pelear en situaciones de desventaja numérica y de armamento: “Fíjate, Daniel, que cuando la emboscada de Ciro éramos 30 y la fuerza que se sorprendió era de siete camiones, nosotros escopeteros. Mira ahora la emboscada que nos hacen, 80 con su poderío de armas, un camión y escopeteros; nada nos hicieron.”[11]

Celia estaba convencida, así lo escribió también, de que todo sacrificio que se haga por esta revolución vale la pena y que el tiempo nos lo demostrará. Y por eso, ella fue rebelde, clandestina, la primera mujer en empuñar un fusil en el Ejército Rebelde cuando el combate de Uvero; el alma de la labor de retaguardia, como la llamara Fidel; fue enlace, fue jefa, amiga, madrina, hermana de balas y de sueños también; fue y es la protectora del pueblo; la que, como Fidel, hizo de la modestia y la sensibilidad un aspecto ético esencial en la dirigencia de la Revolución; una mujer de actos gigantes y de obras humanísimas más íntimas, personales; militante fundadora del Partido Comunista de Cuba… ejemplo queridísimo.

Por eso hoy me permito recordarla vestida de verde olivo, pero no el de la Sierra precisamente, sino el que llevó a Angola en marzo de 1977, cuando combatientes cubanos cumplían honrosa misión internacionalista. Hoy la recuerdo así, como homenaje a los caídos de entonces y a los 32 hermanos de estos días; y el orgullo de saber que formamos parte de un ejército rebelde de pueblo del que ella sigue siendo alma, flor y fusil.

En el año del Centenario de Fidel, con el yanqui al acecho como desde aquellos días de la Sierra, Celia regresa a nosotros este 11 de enero para recordarnos, desde sus propias palabras y escritos que, mientras haya un cubano con un fusil y un ideal, nosotros venceremos: “vale la pena todos los sacrificios por el triunfo de esta revolución que con gusto han dado su vida tantos de estos muchachos; aún el que muere cae con una sonrisa, orgulloso de morir por esta causa justa”.[12]

[1] Carta de Fidel a Celia, 5 de junio de 1958. Fondo documental Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.

[2] Se refiere a René Ramos Latour.

[3] Se refiere a Armando Hart.

[4] A finales de 1957, el ejército batistiano había creado un plan con diferentes fases para garantizar la zafra azucarera y cercar a los rebeldes, dejarlos sin abastecimientos hasta extinguirlos. Estas fases llamadas R1, R2, R3 y R4, se extendieron desde septiembre u octubre hasta febrero de 1958, cuando con el segundo combate del Pino del Agua, se dan cuenta de que la guerrilla ha adquirido mayor experiencia y ha aumentado en número y calidad. El Plan FF (Fase Final o Fin de Fidel) u Ofensiva de Verano de la tiranía batistiana, sería para el mes de mayo de 1958.

[5] Carta a María Antonia Figueroa Araújo, 9 de diciembre de 1957. Fondo documental Celia Sánchez Manduley. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.

[6] Idem.

[7] Carta de Fidel a Celia, 31 de julio de 1957. Fondo documental Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.

[8] Se refiere a Armando Hart.

[9] Carta a Armando Hart Dávalos, 7 de diciembre de 1957. Fondo documental Celia Sánchez Manduley. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.

[10] Carta a René Ramos Latour, 22 de enero de 1958. Fondo documental Celia Sánchez Manduley. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.

[11] Idem.

[12] Carta a Elsa Castro, 29 de noviembre de 1957. Fondo documental Celia Sánchez Manduley. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos.