
Cuba —país observador de la Unión Económica Euroasiática— participó en la última cumbre de este mercado común integrado por Rusia y sus vecinos regionales: Armenia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán.
En un videomensaje, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, no solo presentó las ofertas de la nación caribeña, sino también dejó clarísimo que la gravitación de La Habana hacia el bloque, con el propósito de “lograr una colaboración más amplia y efectiva”, es una forma de superar el bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU, así como de oponerse a su nueva Estrategia de Seguridad Nacional.
“De manera descarnada, el Gobierno estadounidense intenta imponer la idea de que el hemisferio occidental es su zona exclusiva de influencia”, denunció el mandatario.
En este contexto, reafirmó el carácter soberano de la política exterior cubana, es decir, su derecho de ir construyendo relaciones con aquellos actores internacionales con los que comparte “posiciones en defensa de un nuevo orden comercial y financiero mundial, más justo, equitativo y favorable para el desarrollo de nuestros países y en especial para la cooperación y el intercambio entre las naciones del sur”.
Y así es el caso de la Unión Económica Euroasiática, que, en palabras de presidente ruso, Vladímir Putin, se ha consolidado como “uno de los centros independientes y autosuficientes del emergente mundo multipolar”.
De casi 200 millones de habitantes, los países del grupo ocupan un 15% de la superficie terrestre global, mientras que crece su participación en el PIB planetario.
La dinámica del intercambio comercial dentro de la unión también es impresionante: está a punto de alcanzar los 100.000 millones de dólares, mientras que, en 2021, se situó en 73.000 millones, lo cual, a su vez, significó un aumento del 30% respecto al año anterior.
A propósito del dólar, su participación en las transacciones entre las naciones del grupo es mínima. Y es que hasta el 93% de los pagos no se realizan en dólares, sino utilizando canales inmunes a los abusos externos.
En otras palabras, el monopolio de la arquitectura financiera occidental ya es pasado. Cabe señalar que sus lazos económicos y comerciales van mucho más allá de intercambiar materias primas y productos básicos, sino que también incluyen un fuerte componente tecnológico.
Por ejemplo, Rusia está construyendo en Kazajistán la primera central nuclear en el país vecino, clave para abastecer de energía su creciente sector industrial, así como a su población en aumento. Otro ejemplo son los proyectos de plantas conjuntas, en particular, para la producción de fertilizantes.
Entre las prioridades de la Unión Económica Euroasiática se encuentra el desarrollar relaciones con países fuera del bloque. En mayo de 2025 entró en vigor el acuerdo de libre comercio con Irán.
En este mes de diciembre, se firmó otro con Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo, con casi 300 millones de personas.
Cuba, por su parte, se ofrece como una puerta de entrada a toda la región de América Latina y el Caribe, según se desprende de las declaraciones en la cumbre de Miguel Díaz-Canel.
La Habana también ofrece a la unión el desarrollo de su industria biotecnológica y farmacéutica, cuyas capacidades “ofrecen posibilidades para el desarrollo de alianzas estratégicas, combinándose con el financiamiento, las tecnologías y el mercado del espacio euroasiático”.
Las ofertas de la Mayor de las Antillas incluyen el “desarrollo del turismo, incluido el de salud y el corporativo”, así como “el intercambio cultural, académico y también deportivo”, entre otras propuestas destinadas a “ampliar el comercio, atraer inversiones y diversificar sectores de colaboración”.
“Desde su condición de Estado Observador, Cuba reitera su voluntad de tener una mayor participación en los mecanismos de la Unión y aspira al fortalecimiento de esta categoría de miembros para maximizar las contribuciones de los países al desarrollo de la Unión Económica Euroasiática”, enfatizó Miguel Díaz-Canel.