
La tecnología rusa para propulsar sus nuevas armas Burevestnik y Poseidon —sin límites en cuanto a su alcance y duración de vuelo— es la misma que se emplearía para abastecer de energía a la futura Estación Internacional de Investigación Lunar, uno de los proyectos más ambiciosos entre Moscú y Pekín.
Así se desprende de unas recientes declaraciones del jefe del Kremlin, Vladímir Putin. Explicó que se trata de reactores nucleares que, a pesar de su tamaño ultrapequeño, cuentan con una impresionante potencia, mientras que pueden ponerse en marcha en cuestión de segundos. Adelantó que también podrían servir para mover las naves espaciales de transporte de carga pesada entre la Tierra y su satélite natural.
Estos son los últimos detalles sobre la base lunar que pretenden construir Rusia y China, un compromiso que se reitera en un comunicado conjunto emitido tras la última reunión de los jefes de Estado de ambas naciones, este mes de noviembre. Según recoge el documento, las partes acordaron seguir desarrollando la cooperación espacial, algo que implica “la ejecución de proyectos a gran escala”, entre ellos la Estación Internacional de Investigación Lunar y una central eléctrica que le provea energía.
Dado que la noche en la Luna dura 15 días y las temperaturas bajan hasta 173 grados centígrados bajo cero, no existen alternativas a instalar un reactor nuclear, sostienen desde la corporación atómica rusa Rosatom. Señalan que, “para vivir, trabajar y realizar experimentos allí, los paneles solares no son suficientes”. “Para extraer hielo del agua de los cráteres polares, obtener oxígeno e hidrógeno para combustible de cohetes y proveer de energía a los sistemas de láser (empleados en la cohetería y astronáutica), se necesita un reactor nuclear”, enfatiza Rosatom.
De acuerdo con el director general de la corporación, Alexéi Lijachev, crear la central supondría resolver una serie de tareas nunca antes vistas por la humanidad. En particular, por sus características: con una capacidad de hasta 10 megavatios y una vida útil de 10 años, el peso total no debe superar las 1,2 toneladas.
Entre los retos principales también está el sistema de acondicionamiento. Y es que las condiciones de la Luna no permiten el tradicional método que comprende el uso de grandes cantidades de agua y aire. Otra de las cuestiones clave es llevar el reactor al satélite natural de la Tierra, así como los elementos necesarios para la creación de la Estación Internacional de Investigación Lunar.
De hecho, el plan incluye la creación de cohetes superpesados con una capacidad de carga impresionante, así como equipos e infraestructuras, tanto para asegurar la conectividad entre la Tierra y la base lunar como también para la exploración de la superficie de la Luna, incluidos astromóviles.
Se tiene previsto completar el proyecto para el año 2036, mientras que se van sumando los países que buscan ser partícipes del mismo: ya son 13.
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