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Los que hicieron el Capitolio

Capitolio Nacional. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

No son pocos los que a lo largo de los años se han preguntado cuántos obreros y técnicos laboraron en la construcción del Capitolio de La Habana. Se dice que, a punto de finalizar el edificio, unos 5 000 obreros cubanos, españoles y de otras nacionalidades trabajaban allí a pie de obra como capataces, carpinteros, albañiles, electricistas, jardineros, escultores, cerrajeros, cocineros, peones y personal de apoyo.

La cifra incluía a cientos de trabajadores que ya habían concluido su tarea y a los especialistas de una veintena de empresas cubanas y extranjeras contratados para el acabado. Pero la cosa no es tan simple porque la cifra dejaba fuera a otros tres mil trabajadores que nunca vinieron a La Habana y tributaron esfuerzos para el edificio desde talleres de Italia, Francia e Inglaterra creando estatuas y cuadros o fabricando herrajes, cortinas y decorados…

El dato, interesante de por sí, está matizado por la anécdota. Sucede que Carlos Miguel de Céspedes, secretario (ministro) de Obras Públicas del presidente Gerardo Machado y máximo impulsor de la edificación “quiso reunir en la escalinata a todos los constructores que, día a día, con su esfuerzo creador, levantaron esa obra faraónica y retratarlos a todos juntos como documento y recuerdo”.

La escena en cuestión fue captada al mismo tiempo por unos 30 fotorreporteros de la prensa nacional, algún que otro corresponsal extranjero y algunos fotógrafos profesionales. La imagen atrapada por las cámaras se considera la fotografía “donde mayor número de personas ha posado en Cuba”, escribió José Oller en “El multitudinario retrato de los constructores del Capitolio” que hace ya bastante tiempo dio a conocer en la columna que mantenía en el sitio digital de cubapriodistas.cu.

Recuerda Oller que Rafael Pegudo, que había sido reportero gráfico del periódico El Mundo y profesor de Fotografía de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling, le contó en 1980 que cuando la construcción del Capitolio estaba a punto de finalizar, el “Dinámico, que era como apodaban a Carlos Miguel, pidió al arquitecto Eugenio Rayneri, director técnico y artístico de la obra, que tomara las medidas pertinentes para que la fotografía se realizara según sus indicaciones. Quería Carlos Miguel la disposición ordenada en la escalinata de todos los trabajadores. Rayneri y su equipo entonces levantaron un plano, precisaron el número de trabajadores que prestaba servicio en cada área y calcularon a partir de ahí el espacio que ocuparía en la escalinata cada sector o frente de trabajo. En el centro habría un lugar de honor para Carlos Miguel y el presidente Machado. Rayneri y su equipo calcularon que unas 5 000 personas posarían para la foto.

Rayneri y Manuel Martínez Illa, jefe de Fotografía de la Secretaria de Obras Públicas, estudiaron la posición del sol en distintos horarios y determinaron que la foto debía hacerse entre las 10 y las 11 de la mañana. Acordaron también la altura y ubicación de una plataforma que ubicarían frente a la escalinata para que fotógrafos y camarógrafos tuvieran una mayor visualización. Los ejecutivos de la empresa Purdy&Henderson, encargada de la construcción del edificio, ofrecieron un premio al fotógrafo que captara la mejor imagen del grupo.

El sábado 9 de febrero de 1929 fue el día escogido para la foto; el Capitolio se inauguraría el 20 de mayo siguiente. Muy temprano en la mañana obreros, técnicos y dirigentes fueron ocupando las posiciones que tenían asignadas en la escalinata. Arribó también la prensa. Pegudo, que trabajaba entonces para la revista Carteles, rememoraba, en su conversación con José Oller, la presencia de los reporteros gráficos de El Mundo, Bohemia, Diario de la Marina, Heraldo de Cuba, Excélsior, La Prensa… Federico Gilbert, jefe de Fotografía del periódico El País, llegó con todo el personal de su departamento. Al pie de la plataforma los saludaba el jefe de Fotografía de Obras Públicas, a quien Carlos Miguel confiara la atención a los periodistas. Llegó además el hermano de dicho jefe, Arturo Martínez Illa, que recorría la Isla con su cámara panorámica y atrapaba imágenes de industrias y centrales azucareros, así como de grandes concentraciones de personas. Manuel lo había invitado a participar en la mega foto porque la Secretaría carecía de una cámara como la suya. Todos los fotógrafos subían a la plataforma e instalaban sobre trípodes sus enormes cámaras, preparados para captar el acontecimiento.

Escribía Oller en cubaperiodistas.cu:

“A las 10:30 de la mañana un locutor anunciaba por unos altavoces colocados en los alrededores de la escalinata la llegada del presidente Machado y Carlos Miguel de Céspedes. Después de los saludos y las aclamaciones se situaron todos en sus posiciones. De nuevo se escuchó la voz del locutor indicando a los que serían fotografiados que los fotógrafos estaban listos y que debían permanecer quietos y mirando a las cámaras. De inmediato los obturadores de unas 30 cámaras comenzaron a funcionar. Diez minutos después Machado alzó los brazos para saludar a los fotógrafos y después a los obreros que estaban a los lados y al fondo. Hubo más aplausos y aclamaciones y en unos 20 minutos la escalinata quedó vacía; en la plataforma algunos fotógrafos rezagados recogían sus cámaras y placas”.

El premio a la mejor foto (150 pesos y diploma) correspondió a Octavio de la Torre, fotógrafo de Obras Públicas, y el segundo (75 pesos y diploma) fue para la foto panorámica de Arturo Martínez Illa. Cada uno de los fotografiados recibió una copia de la fotografía, como recuerdo y homenaje por haber dedicado unos tres años a la construcción del Capitolio. Una tarea enorme cayó sobre Manuel Martínez Illa y su ayudante Octavio de la Torre por las numerosas fotocopias que Carlos Miguel pedía para regalar, aparte de las 5 000 de los fotografiados.

Precisaba Jorge Oller que cinco trabajadores perdieron la vida mientras laboraban en la construcción del Capitolio, y concluía:

“El talento de todos estos hombres se recuerda en una sencilla y hermosa placa situada en una de sus paredes: Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu”