- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

Inspiración martiana en la obra de Armando Hart Dávalos

Armando Hart, el máximo responsable del Movimiento 26 de Julio en presidio. Foto: Archivo del autor

1.Réquiem

El 26 de noviembre de 2017, Armando partió a la inmortalidad, y para mí, todo sigue inundado de Él. Pero no me siento y nunca me sentí desconsolada, porque aquel vacío y dolor sin fin desde aquellas primeras horas sin Él, se fueron llenando sutilmente de su extraordinaria presencia, de su maravilloso recuerdo… Sé que también se comprenderá que el sufrimiento, la aflicción y la angustia tras su partida son temas sobre los que no quiero ni puedo hablar.

Por todo ello, les pido permiso para hablarles de Él, del hombre que terminé de comprender en aquella trágica noche en la que Fidel partió a la inmortalidad. Y no me pregunten por qué ni cómo, pero en esos días de tristeza, supe que el final estaba cerca. Lo conocía tanto que lo pude intuir… Y así fue, se fue justo un año y un día después que Fidel.

Entre Fidel y Hart se dieron hermosas coincidencias, pues en ambos la impronta martiana definió sus febriles existencias, y ambos sintieron la política como la mayor motivación de sus vidas. Armando solía afirmar con orgullo que su vida estaba dividida en dos etapas fundamentales: antes y después de conocer a Fidel. Para él, Fidel llevó en su conciencia toda la ética y la sabiduría política que faltó en el siglo XX y aún falta en el XXI.

Pero créame que fue solo después de aquella aciaga noche en la que Fidel se fue, y en los conmovedores días de duelo subsiguientes, cuando terminé de comprender muchas cosas de Armando. ¿Qué no sabré de él, cuando nunca más me moví de su lado y Él del mío? Todos estos años estuvimos ahí, así, el uno para el otro, siempre; en cada alegría y en cada pena de la vida, que ni la una ni la otra son pocas en un lapso de tiempo como este.

Pero solo entonces vislumbré que Fidel fue la persona por la que Armando vivió. Y solo entonces terminé de entender las razones por las que Haydée, que era una verdadera iluminada lo amó así. Porque Él, como Abel y Boris, vivió para que Fidel viviera, y ella lo supo desde el principio; que Armando también le había entregado su vida. Lo demás fue cosa o cuestión del destino de cada quien, y un poco del azar que siempre hace lo suyo. Por eso creo que cuando se fue con Fidel –a esa otra dimensión en la estrella que me decía mi madre muy cerca del Señor y del Apóstol– lo hizo con serenidad y con la misma lealtad en la que vivió toda su vida; por eso se fue tranquilo y en paz.

Armando se refugió toda la vida en el mundo de las concepciones y en su inmensa pasión por la abstracción porque, como éll decía, cuando se siente pasión por una causa, por un valor abstracto como es la Justicia, todo hombre honrado debe darse a él “y es honor al que no se renuncia y deber ante el que no se debe claudicar”. 

He reiterado más de una vez, que los papeles escritos por Él, lo que es a mí, me han hablado y me lo han dicho casi todo, perdón, me lo han dicho todo… Y justamente, en esos papeles, florece esa decisiva arista temática que prevalece en la obra que nos legó, de la que emerge su noción y discernimiento de una Cuba cubana y plenamente martiana, desde una perspectiva antimperialista, en cuya base y trasfondo se encuentra la esencia puramente martiana de sus ideas y pensamientos; la que en mi opinión, viene a tener en su enfoque ideológico una propuesta que está marcada por esa “forma abierta, creadora, antidogmática, crítica y culta que tiene Armando de ver y entender la historia, la cultura y la política”.

Soñaba que debía trabajar para transformar la realidad a partir de la ética y la justicia. Eligió la carrera de Derecho pensando que así podría encauzar sus ingentes inquietudes políticas y su vocación de lucha por la justicia. Deseaba ejercer una Cátedra como profesor universitario de Derecho Constitucional, lo que no llegó a realizar porque pasó directamente a servir a la patria, en la primera trinchera de la lucha insurreccional contra la dictadura de Batista, desde el mismo 10 de marzo de 1952.

Cuando se conoce su trayectoria ideológica y política, resulta muy elocuente su afirmación: “Mi integración al Movimiento 26 de Julio fue el resultado de un proceso natural. Para mí todo empezó como una cuestión de carácter ético moral”. Esta frase demuestra el enorme peso que tuvo la ética en la formación de su carácter y a lo largo de toda su vida. Para Él, la Ética es el tema central de la política.

Por más de cincuenta años, el Dr. Hart consagró su existencia a la defensa de las ideas cubanas con intensa pasión revolucionaria, en las diversas circunstancias históricas que le tocó vivir; dedicó cada instante de su existencia a luchar con lealtad y consagración a la causa de la libertad junto a nuestro pueblo y contribuyó también, al rescate de la memoria histórica, recreándola teóricamente, porque siempre fue un soldado de la intelectualidad cubana, dispuesto a la búsqueda y el enriquecimiento constructivo de ese pensamiento. Las figuras y los hechos relevantes de nuestra historia y la cosmovisión que él nos ofrece, aparecen en sus reflexiones, interrogaciones y propuestas a lo largo de su obra; en notas, discursos, artículos, folletos, colaboraciones, libros y proyectos, convertidas en una valiosa fuente teórica que fue enriquecida a partir de su propio quehacer.

El contenido y alcance de su pensamiento fue distinguido por el singular vínculo que estableció entre filosofía, política, ética, educación, cultura y ciencia, lo cual le ofreció a sus ideas una fuerza y originalidad inagotables y, le permitió asimismo, realizar decisivos aportes y contribuciones a las exigencias de la nación. Para comprender como pudo llegar a estas esencias, es imprescindible recorrer la larga evolución del pensamiento filosófico, político y pedagógico de más de dos siglos de historia que, desde José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero, y José Martí, entre otros, han conducido a las ideas que expresaron de modo ejemplar el carácter singular del proceso revolucionario cubano y su vocación profundamente latinoamericana y universal. En el caso de Hart, toda la experiencia que atesoró, forma parte de la fuente filosófica, teórica y política que se debe investigar para conocer más profundamente la historia y el devenir de las luchas de nuestro pueblo por su liberación, algunas de las particularidades del pensamiento cubano y la singularidad del proceso de emancipación en nuestra Isla a partir de 1952.

Es conocido que estamos en presencia de un abogado de profesión, que entregó su vida a la política desde que se integró al combate contra la tiranía en la primera fila insurreccional inmediatamente después del golpe de Estado de marzo de 1952 y, también es cierto que no es un filósofo profesional al modo clásico occidental, por cuanto no existe una obra suya sistematizada a la manera de los tratados filosóficos tradicionales, no creó un sistema filosófico propio y no estudió ordenada y metodológicamente la filosofía; pero Hart sí es un pensador auténtico desde lo nuestro cubano, caribeño y latinoamericano, porque expuso sus ideas, pensamientos y conceptualizaciones en un discurso reflexivo y transformador, que nos permite una mejor comprensión del pensamiento filosófico cubano, desde una perspectiva que va de lo nuestro nacional a lo nuestro latinoamericano y caribeño, a lo nuestro universal.  Recordemos que nos legó un valioso cuerpo de ideas y una obra avalada por el resultado de sus actos, contentiva de sus preocupaciones y propuestas como sujeto transformador de la realidad, desde una perspectiva propiamente filosófica, que va desde lo ontológico y epistemológico a lo axiológico y sus mediaciones, todo ello a partir de un discurso transdisciplinario, pleno de sensibilidad ecuménica; en cuyo centro está el hombre, su cultura y todo su universo circundante.

Cuando fue nombrado Ministro de Educación solo tenía 28 años de edad y sentía un profundo respeto por la tradición patriótica de los maestros cubanos; pero él provenía de las luchas políticas estudiantiles, del combate contra la dictadura en todos los frentes. Y para poder encarar el enorme desafío educativo que tenía por delante, solicitó la cooperación de los especialistas más prestigiosos y competentes, de los pedagogos y maestros, técnicos y profesionales de la Educación que en nuestro país constituían la vanguardia. Sobre este particular afirmó con orgullo que, desde su función de ministro tuvo el privilegio de convertirse, de hecho, en alumno de los mejores maestros de Cuba. Para él, la Universidad de Oriente se convirtió en el centro más importante del país en relación con estos propósitos, porque desde la época de la clandestinidad, e incluso antes, conocía muy bien a sus alumnos y profesores, pues había mantenido allí magníficos vínculos. La primera tarea que acometió fue llamarlos a su lado para trabajar y, de hecho, el Ministro se colocó bajo sus orientaciones, experiencias, apoyo teórico y profesional. Aquellos calificados profesionales de la Educación constituyeron el núcleo inicial de los expertos que tuvieron la responsabilidad de ayudarlo a forjar: directrices, métodos, objetivos, fines, programas y actividades, así como el proceso general que se emprendió en la verdadera transformación y revolución de la Educación cubana, por eso Hart consideraba que ellos fueron son los verdaderos protagonistas y artífices de la Revolución Educacional que tuvo lugar en el país. Ese fue uno de los principales aspectos que influyó decisivamente en el éxito de su trabajo al frente del Ministerio de Educación.

En la formación de este hombre de acción y pensamiento está la huella del rico entramado histórico y sociocultural de Cuba en la primera mitad del siglo XX y del entorno familiar donde creció y se educó. En su formación como revolucionario y en su exquisita sensibilidad está la huella indeleble de Enrique y Marina, sus padres, de los cuales aprendió los estrechos vínculos entre el Derecho y la Moral, principios esenciales que sustentaron su Educación. Ellos fueron, como él afirmó, seres humanos generosos y solidarios que le enseñaron a sus hijos desde el hogar, las razones que inspiraron siempre su actuación en la vida: el amor, la justicia, el derecho y la ética.

II Raíces y antecedentes familiares

Armando Hart. Foto: Casa de las Américas

Al evocar a sus padres, su primera asociación era el respeto, el pleno rigor y la exigencia, mezclados con el amor, la bondad y la justicia, sentimientos y valores que relacionaba con el estricto cumplimiento de las normas y la ley. Les agradeció la educación que le brindaron, porque empezó con la prédica de su intachable ejemplo. De Marina y Enrique, sus padres, conservó vivencias entrañables, de ellos aprendió los estrechos vínculos entre el derecho y la moral, principios esenciales que sustentaron su educación; a él le gustaba recordar que en su hogar, cuando querían distinguir a alguien por sus cualidades, decían: “esa es una persona decente y honesta”.

La familia del padre procedía de Georgia, Estados Unidos. Su bisabuela paterna Mary Ballot, la americana, fue parte de las emigraciones que desde aquel territorio empezaron a recalar en nuestra Patria a finales de la década de 1860. Ella vino a residir a Cuba, cuando se quedó sola y a cargo de dos niños pequeños, como consecuencia de sus trágicas vivencias en la Guerra de Secesión en el sur norteamericano. Su abuelo paterno ―Frank Hart Ballot― fue uno de esos dos niños que más tarde se hizo cubano y se integró a la vida de nuestro país. Por parte de su madre, su ascendencia es asturiana. Su abuelo materno fue el científico Juan Nicolás Dávalos y Betancourt; quien es reconocido como un eminente médico y el precursor de la bacteriología cubana, rama en la que logró descubrimientos notables.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban en la Universidad de La Habana, ella se hizo doctora en Farmacia y él en Derecho. Se casaron el 23 de enero de 1926, en la iglesia del Ángel en la capital cubana. Su padre tuvo una extensa y fructífera carrera judicial, desde que ingresó en la Judicatura el 27 de enero de 1926, como Juez Municipal en la ciudad histórica y colonial de Trinidad. Durante la tiranía de Batista, como resultado de la actividad insurreccional que Hart llevó a cabo junto a su hermano Enrique, su familia fue castigada y por ello objeto constante de arbitrarias persecuciones, órdenes de allanamientos y detenciones, a los que Marina y Enrique respondieron con gallarda actuación. Su padre fue un jurista que supo unir a su competencia y sabiduría la conducta intachable de honestidad profesional y personal. Su talento y cualidades los puso al servicio de nuestro pueblo. En 1980, fue el primer cubano a quien se le otorgó la Orden José Martí, dando cumplimiento a una propuesta realizada por el Comandante Fidel Castro.

El ambiente hogareño de su numerosa familia, fue afectuoso y acogedor; allí aprendió el significado y el alcance de los valores que guiaron su actuación en la vida. Este es un detalle clave para entender el origen de sus ideas, porque como afirmó: «si entendí la Revolución Cubana, el socialismo y tomé partido por las causas justas, fue porque siempre aspiré a ser una persona decente y honesta». Acerca de sus padres con gran cariño dijo: Es a mis padres a quienes debo la sensibilidad jurídica y ética que tengo. Mi  madre  poseía  una  inmensa  generosidad  y  a  ella  debo  los  ejemplos de solidaridad humana con que siempre he aspirado a actuar en la vida. Cuando trato de encontrar el momento en que nació en mí esa sensibilidad jurídica, el recuerdo se me pierde en la infancia porque la viví intensamente desde el hogar. Después pude aprender que la justicia era, al decir de Luz y Caballero, “ese sol del mundo moral”. Mi padre se hizo revolucionario porque era un hombre de Derecho y de Ética y nosotros hemos intentado siempre seguir el camino que él nos enseñó.

Armando nació en la casa de sus abuelos maternos, en la calle Porvenir, reparto capitalino de Lawton, Víbora, el 13 de junio de 1930. Fue el tercero de siete hermanos. Vivió su primera infancia al centro de la Isla, porque su padre en aquellos años, ejerció como Juez en Trinidad, Colón y Sancti Spíritus. Por la misma razón, nueve años de su adolescencia y primera juventud transcurrieron en la ciudad de Matanzas, culminó sus estudios de Bachiller en Letras con resultados notables en el Instituto de Segunda Enseñanza de esa ciudad, en el que se graduó en 1947. En esa fecha su familia se trasladó a Santiago de Cuba, donde su padre ocupó el cargo de Magistrado de la Audiencia Provincial. Y ese mismo año, Hart se instaló en la casa de sus abuelos paternos, en la capital cubana, para iniciar sus estudios universitarios.

Desde su hogar tuvo la impronta patriótica, que viene de los orígenes de la cubanía. Afirmaba que la cimiente de esta pasión y su vocación latinoamericana y revolucionaria, unido a todo aquello que significa justicia, se le perdía en los recuerdos más remotos de su familia y, sobre todo, en las enseñanzas éticas y patrióticas que recibió de sus padres y de los maestros cubanos desde la primera escuela a la que asistió.

Tuvo un temperamento rebelde que se volvía explosivo ante la menor injusticia. La lectura fue su principal distracción y, también le gustaban algunos deportes. Estudió fecundamente en la vasta biblioteca de su padre; escuchó mucho la radio y leyó profusamente la prensa de la época. La historia, la flosofía, la sociología y la cívica fueron invariablemente sus materias favoritas.

III. Hitos de su trayectoria como protagonista en la lucha insurreccional contra la tiranía 1952 ̶ 1959

Fidel y Armando Hart, entonces Ministro de Educación, el 22 de diciembre de 1961, en la Plaza de la Revolución. Foto: AP

Ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana en el curso 1947-1948. Desde su entrada a la casa de altos estudios, se vinculó a la política como miembro de la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y también como militante de la Juventud Ortodoxa. Fue un alumno perspicaz y aplicado con buen desempeño académico y con dotes de orador y comunicador social. No había terminado sus estudios universitarios y fue aceptado como pasante en el despacho de abogados Gorrín Mañas Maciá y Alamilla, ubicado entonces en la calle Obispo No. 61, el cual se consideraba uno de los bufetes más encumbrados de La Habana.

Cursaba el quinto año de su carrera cuando el 10 de marzo de 1952 ocurrió el golpe de Estado. De inmediato comenzó a defender jurídicamente la acción violenta de las masas contra aquel acto criminal, en tanto que este era el quebrantamiento de la norma constitucional vigente. Ese mismo día, fue uno de los organizadores de la gran concentración en repudio al golpe en la Universidad; esa protesta cívica tuvo lugar en el techo de la antigua librería Alma Mater donde colocaron grandes altoparlantes para lanzar arengas contra la opresión. Junto a sus compañeros de la FEU, suscribió el 14 de marzo 1952, la Declaración de Principios contra el golpe de Estado.

El 6 de abril la FEU realizó la jura y entierro de la Constitución de 1940, en defensa de los principios democráticos refrendados en la citada Carta Magna, los cuales habían sido pisoteados por el dictador. Él fue uno de los principales organizadores de aquel histórico suceso, que se convirtió en el primer acto público de repudio al régimen dictatorial y punto de partida del proceso de lucha que se abrió en el país. Con el texto de la Constitución en su pecho, marchó en la línea de vanguardia de aquel nutrido grupo de manifestantes que bajaron por la escalinata hasta llegar a la Fragua Martiana. Y en ese sagrado recinto realizaron el entierro simbólico de la Constitución del 40.

El domingo 4 de mayo, el día en que se trasmitía el curso “Saldo del Cincuentenario”, en el Estudio 15 de Radio centro CMQ fue golpeado salvajemente, víctima del atropello que llevó a cabo la porra batistiana en el brutal ataque que realizaron contra la Universidad del Aire.

Al concluir su último examen en la universidad en julio de 1952, a nombre de la FEU, viajó a México, para asistir al V Concurso Internacional de Oratoria que fue convocado bajo el auspicio del diario El Universal de ese país. Su discurso consistió en una diatriba contra Batista que no se conservó, pero sí guardamos los testimonios que hablan del espíritu guerrero y levantisco de la singular y valiosa pieza oratoria que fue premiada con una mención.

Toda la vida recordó con orgullo la mítica primera Marcha de las Antorchas, liderada por Fidel Castro, en homenaje al Apóstol de la libertad de Cuba, en la escalinata universitaria, en la media noche del 27 de enero de 1953.

En los inicios de ese año, el joven Hart se había convertido en uno de los más destacados protagonistas de la agitación estudiantil universitaria contra la tiranía y su acción insurreccional se había incrementado a tal punto que ya estaba fichado como un individuo muy peligroso por las fuerzas represivas de la dictadura. Se incorporó al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) desde que fue creado por el Dr. Rafael García Bárcena ―su maestro y mentor―. Esa organización se convirtió en su bautismo de fuego. Como resultado de la actividad que ya desplegaba, comenzó a sufrir sistemáticas detenciones y arbitrarios arrestos.

El 5 de abril de 1953, tuvo lugar la conocida conspiración del Domingo de Resurrección, intento insurreccional cívico-militar contra la dictadura, bajo la dirección del profesor García Bárcena; pero fue abortada por una delación en las flas de los complotados. Aunque Hart era solo un joven de 22 años de edad y acababa de terminar sus estudios universitarios, el jefe del MNR lo nombró su defensor en el célebre juicio en el que fue encausado como el principal responsable por los sucesos descritos. En su alegato de defensa denunció la ilegalidad del régimen; sostuvo los fundamentos jurídicos de la acción insurreccional contra la tiranía como un principio irrenunciable y logró convertir aquella causa en un verdadero proceso político contra la dictadura, tal como lo deseaba el propio profesor García Bárcena. Así, en el Castillo del Príncipe, convertido para ese momento en “Sala de justicia”, pues la tiranía no quiso trasladarlo a la antigua Audiencia Provincial; el joven abogado no solo denunció la ilegalidad del régimen, sino también defendió el derecho a conspirar contra la tiranía. Estos relevantes acontecimientos lo dieron a conocer en todo el país.

En el mes de mayo de 1953 compartió con Fidel durante los encuentros que  sostenían  los  jóvenes  ortodoxos  en  el  local  de  ese  partido  situado  en Prado 109. De igual modo, junto a Faustino Pérez, Rafael Dujarric, Eloy Abella y Fermín T. Portilla, firmó el texto en el que confirmaron el nacimiento de los Grupos Doctrinales de la Revolución Nacional a partir de los Grupos de la Propaganda Doctrinal Ortodoxa. Con su hermano Enrique y otros destacados jóvenes rebeldes, comenzaron a actuar con gran fuerza dentro del MNR y lograron un fuerte vínculo con revolucionarios de otras provincias, que tenían como su objetivo principal llevar adelante la insurrección en todo el país. Los sucesos de la calle Salud 222, son un ejemplo notable de aquellas acciones, por las que el 10 de octubre de 1954 fue detenido y conducido al temible Buró de Investigaciones del régimen, para luego ser trasladado al Vivac de La Habana, radicado en el Castillo del Príncipe.

Tras su salida de la cárcel, a principios de noviembre de ese año, sostuvo un decisivo contacto con Melba Hernández y Haydée Santamaría, lo cual le permitió conocer  mucho  mejor  a  Fidel,  su  programa  y  posiciones  revolucionarias. Desde aquellos momentos se convirtió en uno de los asiduos visitantes del apartamento 107 del tercer piso de la calle Jovellar, donde vivían Melba y sus padres. Esa casa y Prado 109, eran los espacios estratégicos de los revolucionarios en La Habana, lugares donde se organizaba el trabajo clandestino, se preparaban las reuniones y se hacía labor de captación de los nuevos miembros para la causa de la libertad. Fue en esos días que Hart llegó a la conclusión de que la unidad de las fuerzas que apoyaban a García Bárcena, los estudiantes y los moncadistas, podrían llegar a constituir la base para el desarrollo de la Revolución a la que aspiraban. Por eso cuando se conoce la trayectoria ideológica y política de Hart, resulta incuestionable su integración al Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7) como resultado de un proceso natural.

El 15 de mayo de 1955, tras una fuerte presión popular, Batista se vio obligado a permitir la lieración de los moncadistas. Hart fue uno de los participantes en el multitudinario recibimiento a Fidel y a los héroes del Moncada, tras su liberación del presidio de Isla de Pinos. Con posterioridad en varias oportunidades se reuniría con el jefe del Movimiento en el apartamento que compartía con su hermana Lidia, en el edificio del Jardín Le Printemps, en la esquina de las calles 23 y 18, en el Vedado.

El 12 junio de 1955, en la casa No. 62 de la calle Factoría, Fidel creó la Dirección Nacional del MR-26-7 y Hart estuvo incluido en las flas de aquella prestigiosa jefatura. Siempre recordó esto con gran orgullo, porque para él, haber formado parte de aquel primer mando, bajo el liderazgo indiscutible de Fidel, con el propósito de derrotar la dictadura y restituir la constitucionalidad cubana, fue uno de los mayores honores que pudo tener a lo largo de toda la vida. Debo subrayar que en sus inicios los miembros de la dirección del MR-26-7,  no  se  declararon  partidarios  de  una  doctrina  específica,  pero  al estudiar los trabajos escritos por sus principales figuras y los textos de Fidel Castro—su máximo líder—, podemos llegar a vislumbrarla. Es decir, aunque no hubo un cuerpo teórico perfectamente estructurado, definido y sistematizado, en varios de los documentos programáticos del MR-26-7 y otros materiales tanto de la Sierra como del Llano, se pueden apreciar mucho más que barruntos de la concepción revolucionaria de la sociedad cubana actual.

Claro que, estas ideas surgían en medio de los vertiginosos acontecimientos que iban teniendo lugar, porque estos jóvenes no estaban atados a teorías previas, infexibles, que los maniataran o comprometiesen en límites demasiados dogmáticos que fnalmente limitaran el necesario dinamismo de la Revolución que habían abrazado y por la que estaban dispuestos a ofrecer sus vidas. Cabe mencionar que la dirección del MR-26-7 fue muy dialéctica, porque en la medida que la experiencia práctica transformadora avanzaba, se abrían nuevos caminos; las reflexiones teóricas se fueron perfilando con el fin de servir de guía en el proceso de cambio. Desde luego que, estos textos de un carácter hondamente revolucionario, están en la base fundamental de las ideas que comenzaron a aplicarse tras la victoria de enero.

El 21 de junio de 1955, Hart escribió el artículo de respuesta para enfrentar la falacia contenida en el editorial “Con Batista o contra Batista” que publicó el periódico Ataja y, en ese mismo mes, cuando salió al aire el programa radial La voz de los grupos doctrinales de la Revolución, del Partido Ortodoxo, intervino varias veces para analizar la compleja situación sociopolítica del país. Su carácter de agitador político se puso de manifiesto tanto en esos programas de radio como en la televisión nacional. En otra oportunidad intervino en una Mesa Redonda que transmitió CMQ televisión, en la que estuvieron presentes las distintas tendencias políticas; en esa ocasión él representó a los «sin partido». Según sus compañeros se mostró demasiado exaltado. Él lo reconoció, pero como consideraba que sus argumentos eran correctos, en ese sentido afirmó: «Seguro debí ser más pausado y menos vehemente en mis expresiones, sin embargo, dije verdades que fueron confirmadas por la historia. Lo hice en una forma radical, denunciando a la vieja  sociedad y a sus dirigentes. Planteé la tesis de que, en Cuba, el mapa político y social cambiaría sustancialmente y así fue».

Tras la inevitable partida de Fidel a México el 7 de julio de 1955 Hart, junto a los compañeros de la dirección que habían quedado en Cuba, comenzaron a desarrollar un intenso quehacer revolucionario insurreccional; se encargaron de facilitar las vías para enviar a la nación azteca a combatientes que vendrían en la expedición; organizar en toda Cuba el apoyo a dicha acción; constituir el MR-26-7 en las provincias; trabajar en la recaudación de fondos, propaganda y agitación.

Hacia la segunda mitad de 1955, se estrecharon sus relaciones personales con la destacada y valiente combatiente Haydée Santamaría, hasta que llegaron a ser, como él mismo afirmó: “prácticamente la misma persona”. Juntos trabajaron en común sin una diferencia o discrepancia política, ni revolucionaria. Y en ese sentido recordaba emocionado: “Como se dice, fue la mitad de mí mismo, y yo lo fui de ella; lo llevo con honra y recuerdo imperecedero”. Se casaron el 28 de julio de 1955.

De igual modo, Hart participó en todas las tareas del movimiento. Desarrolló amplios contactos con el Frente Cívico de Mujeres Martianas; formó parte del grupo que imprimió clandestinamente y divulgó, en todo el país, el Manifiesto número uno y el Manifiesto número dos, escritos por Fidel.

Durante ese periodo, en México se preparaba la expedición y en Cuba trabajaban por consolidar las bases opositoras y en la organización del apoyo al desembarco. Una vez más estuvo a punto de ser detenido, a raíz del alboroto que armó en el Tribunal de Urgencia de La Habana, pues el Magistrado a cargo no quiso mostrarle la causa de su hermano. En esa misma fecha escribió el texto sobre el injusto y arbitrario proceder de los miembros del Tribunal de Urgencia.

En  octubre  viajó  a  Estados  Unidos  para  entrevistarse  con  el  jefe  del MR-26-7, analizar cuestiones de interés político y recibir orientaciones acerca de lo que debían hacer en el acto que organizaban los partidos políticos tradicionales de oposición para el 19 de noviembre de 1955, en el Muelle de Luz, en La Habana. Participó en el patriótico acto que Fidel protagonizó en la entrada del Hotel Palm Garden que fue conocido como el “Mitin oposicionista de Nueva York”. Con emoción repasaba pormenorizadamente cada detalle de aquella visita en la que conversó con él, sobre otros temas económicos y las medidas programáticas que se planteaban en el contexto de los manifiestos ya referidos.

Días después viajó a la ciudad de Camagüey con el propósito de intervenir, en una significativa velada que organizó la Asociación de Estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de esa ciudad, cuyo presidente era Jesús Suárez Gayol. En dicho acto rindieron homenaje a los estudiantes de Medicina, asesinados por el gobierno colonial español, el 27 de noviembre de 1871 y develaron un retrato de Abel Santamaría —el mártir del Moncada—. Por esa misma fecha escribió los textos: “El estudiantado frente a la problemática nacional” (se trata de un trabajo en el que logra describir con exactitud las razones por las que consideraba que en esta etapa revolucionaria era decisivo el papel de vanguardia que debía seguir jugando el estudiantado en la lucha contra la dictadura); “El verdadero significado histórico de Eduardo Chibás” (texto medular pero del que solo se conservaron algunos fragmentos) y “La Revolución ha de ser pública en las ideas como lo ordenara el Maestro” (con este sostuvo un enfrentamiento directo con la posición que sostenía el Dr. Jorge Mañach acerca del contexto político cubano, en la que describió las razones por las que consideraba que los partidos tradicionales estaban encerrados en un círculo vicioso con relación a la manera de derribar la tiranía y que no lo lograrían por esa vía).

El año 1956 fue de un vertiginoso ascenso revolucionario; en la medida que  el  trabajo  conspirativo  se  intensificaba,  el  riesgo  de  una  detención aumentaba para cada uno de los combatientes. La máxima discreción y mantenerse lejos de sus hogares era la exigencia que se tenían que imponer para salvar sus vidas. Por eso desde enero de ese año, él y todos sus compañeros de lucha e ideales, fueron pasando por completo a la clandestinidad. A consecuencia de todo el tiempo que tuvo que vivir y trabajar en estas dramáticas condiciones, se vio obligado a utilizar distintos alias, por eso fue indistintamente Jacinto, Rogelio, Darío y el maestro Alfredo.

En el mes de abril, en solidaridad con los protagonistas de la Conspiración de los Puros, escribió la proclama “El 4 de abril Día de la Confraternidad Nacional”, manuscrito en el que, a nombre del Movimiento de Resistencia Cívica, convocó a la ciudadanía a promulgar la efeméride como el Día de la Confraternidad Nacional. Para el mes de mayo, su labor en el frente de propaganda se había multiplicado y ya era febril su constante actividad.

Escribió el editorial del primer número del periódico Aldabonazo, el órgano de propaganda clandestino creado y puesto en circulación por el MR-26-7. Igualmente, a nombre de la dirección del Movimiento, emitió una declaración sobre la Conspiración Trujillista que la revista Bohemia publicó el 25 de marzo de 1956.

El 26 de junio, por medio de la prensa conoció del arresto de Fidel y de varios de sus compañeros por la Policía Federal Mexicana que había sido influida por Batista. De inmediato se opuso a esta arbitraria detención y en representación de la dirección del MR-26-7 dirigió una carta de protesta a Adolfo Ruiz Cortines, entonces presidente de ese país.

Como parte de la Dirección del Movimiento tenía la misión de recorrer periódicamente todo el territorio nacional. En esas visitas organizaba células, desarrollaba labores de propaganda, actualizaba las finanzas y establecía contactos para estructurar los grupos de acción. En su opinión para 1956 la organización del MR-26-7 había avanzado a lo largo de toda la geografía cubana a tal punto que, en las semanas anteriores al desembarco del yate Granma buena parte de los municipios y localidades de todo el país, contaban con representantes de la organización que tenían sus células clandestinas bien establecidas. Hart trabajó en estos frentes prácticamente en todas las provincias. La existencia de ese sólido entramado organizacional fue un elemento que luego alcanzaría gran importancia cuando en 1957 y 1958, las acciones de sabotaje sumadas al trabajo de resistencia y apoyo a la guerrilla se convirtieron en la principal tarea del MR-26-7 en el Llano.

El 14 de noviembre de 1956, regresó a la ciudad de Santiago con el fn de incorporarse a las acciones que tendrían lugar allí para apoyar la llegada del yate Granma, convirtiéndose en uno de los protagonistas del Alzamiento del 30 de Noviembre. En ese mismo mes, pero un poco antes del levantamiento  armado,  escribió  el  documento  “Justificación  de  la  Revolución  y estrategia frente a la dictadura”, divulgado de inmediato en los órganos clandestinos del MR-26-7, texto que resulta esencial para comprender las razones por las que el Movimiento… puso todo su empeño en profundizar y radicalizar la lucha insurreccional contra la dictadura. Participó en la creación del Frente Obrero Nacional, así como del Movimiento de Resistencia Cívica y el Frente Estudiantil.

La vida de los combatientes clandestinos en el Llano, era dura y peligrosa. Para subsistir tenían que mantener una conducta revolucionaria rígida y severa. “Disciplina o sanción grave” era la única alternativa para sobrevivir. A pesar de las complejas circunstancias de aislamiento en las que se hallaba, él encontró el espacio justo para mantener por medio de la correspondencia, una fluida relación con sus padres y el resto de la familia. Desde entonces, esas valiosas cartas que escribió, se convirtieron en una prueba documental de lo aquí narrado y son el fiel testimonio de lo que ocurrió en Cuba en la lucha contra la dictadura batistiana.

El 17 de febrero de 1957, formó parte del selecto grupo de combatientes del Llano que fueron llamados a la Sierra para encontrarse con Fidel y los guerrilleros, en lo que se conoció como la primera reunión de la Sierra y el Llano, o el primer encuentro entre los combatientes del 30 de noviembre y del 2 de diciembre. Este hecho coincidió con la célebre entrevista que el periodista norteamericano Herbert Matthews le realizó a Fidel y que fue publicada en The New York Times. A fines de marzo de 1957, regresó a la capital para continuar con su actividad insurreccional. El viaje fue muy riesgoso para él, pues para esa fecha el Movimiento ya gozaba de gran autoridad en todo el país y se le reconocía como la principal fuerza de oposición al régimen. Él, en particular, era buscado por los órganos represivos de la tiranía, pues estaba calificado como un individuo muy peligroso. A mediados de abril, recibió el siguiente mensaje de Fidel por medio de Celia Sánchez:

“Exprésale a Jacinto [Hart] que la Dirección Nacional del Movimiento cuenta con toda nuestra confianza; que debe actuar con plenas facultades según lo requieran las circunstancias; que virtualmente resulta imposible consultarnos a tiempo en muchos casos; que confío en su talento para ir sorteando las dificultades y adoptando los pasos más convenientes al triunfo  definitivo  de  nuestra  causa.  En  dos  palabras,  que  puede  actuar como representante de nuestro Movimiento. Yo pienso como él: que nada impedirá la Revolución Cubana”.

El joven combatiente debía volver a la provincia de Oriente, a fn de realizar una particular misión de propaganda, pero no la pudo ejecutar porque resultó detenido por las fuerzas del Buró de Investigaciones en la Estación de ómnibus de la Virgen del Camino, en La Habana. Sus familiares presentaron de inmediato un recurso de Hábeas Corpus y realizaron diversas gestiones para que se le pusiera a disposición de los tribunales y gracias a ello, una vez más, logró salvar la vida. Tras el escándalo que se armó en toda la capital, porque se encontraba desaparecido, antes de las 72 horas tuvieron que trasladarlo a la prisión preventiva de La Habana. Entonces fue condenado por el cargo de portar armas de fuego, cosa que en realidad no era cierta; pero los tribunales del tirano no tuvieron el valor de hacerlo por su militancia revolucionaria ni por sus verdaderas y legítimas actuaciones.

Varias veces a la semana los llevaban a las vistas de los juicios en el antiguo Caserón de la Audiencia de La Habana que estaba ubicado detrás del Palacio del Segundo Cabo. Él conocía muy bien esas instalaciones pues allí trabajaba su padre, quien era Magistrado de la Sala de lo Civil y de lo Contencioso Administrativo y en la mañana del 4 de julio, en solitario, se fugó. Por la resonancia del caso y para capturarlo con la mayor brevedad posible, la tiranía y sus cuerpos represivos desencadenaron una tremenda persecución y registros de viviendas por toda La Habana, pero fracasaron.

Aunque todos pensaban que luego de la fuga lo más prudente era que se alzara en la Sierra, porque permanecer en el Llano en la lucha frontal contra la tiranía representaba un mayor peligro para él, no ocurrió así, dado que  poco  tiempo  antes  de  la  muerte  de  Frank  País,  ya  se  había  convenido su traslado para Santiago, con el propósito de que continuara laborando desde aquella región. Es por eso que viajó a esa ciudad en septiembre de 1957 y de inmediato se reincorporó a los trabajos de la organización y a consolidar los contactos con la Sierra. Por esos días se efectuó la reunión en la que se decidió que él asumiría la Coordinación Nacional del Movimiento en el Llano.

Una mañana del mes de octubre en la que se encontraba reunido con dirigentes sindicales y de la Resistencia Cívica, en el local de la Asociación Católica de Santiago, logró escapar una vez más de los asesinos de la tiranía de forma muy osada. En esta ocasión lo buscaban los esbirros del dictador al mando de Salas Cañizares.

A finales de noviembre 1957, subió de nuevo a las montañas de la Sierra Maestra para encontrarse con Fidel. Pasó la Navidad allí con los guerrilleros rebeldes, pero tenía que retornar al Llano a fin de permanecer en su puesto de combate, porque era ahí donde él consideraba que resultaba más útil a los planes de Fidel y del MR-26-7, lo cual ejecutó en los primeros días de enero de 1958.

Cuando bajaba de las legendarias montañas, fue arrestado como sospechoso por unos soldados de la tiranía cerca de Palma Soriano. Entre tanto, los compañeros del Movimiento que trabajaban en la central telefónica de la región oriental, interceptaron una llamada de Batista para el coronel Alberto Río Chaviano —el asesino de los moncadistas— en la que le ordenaba que: “había que matar al Hart ese, como a un perro; que simularan un combate en los alrededores de la Sierra”. Pero la solidaridad de los combatientes del Llano con Daniel (René Ramos Latour) al frente y la movilización de la opinión pública, le salvaron la vida.

Finalmente, fue condenado a principios de febrero de 1958 en la Audiencia de Oriente. El juicio que organizó la tiranía en su contra, fue una auténtica farsa ya que, pese a tener en su poder pruebas de su participación en la lucha insurreccional, una vez más, fundamentaron la acusación en puras invenciones y, por tanto, sin sustentación alguna. Él escribió su propio alegato de defensa ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, en el que los acusó y les dijo: “No vengo a demandar justicia, porque ella la estoy procurando por la vía constitucional y viable de la rebelión”.

De inmediato fue trasladado a la cárcel de Boniato. Estando allí, en unión de otros presos políticos, organizó a los reclusos en solidaridad con los presos políticos del Castillo del Príncipe, los cuales protagonizaron una huelga de hambre para protestar por las medidas arbitrarias dictadas por los carceleros. En esa misma prisión, vivió otros acontecimientos significativos de la lucha: la Huelga del 9 de Abril de 1958 y el duro golpe de la trágica muerte de su hermano Enrique el 21 de abril de ese mismo año.

Cuando atravesaba por aquellos duros momentos en la prisión, un jenízaro de la tiranía que se las daba de abogado fue a verlo a la galera en la que  se  encontraba.  Cuando  lo  trasladaban  a  una  oficina  para  esta  «entrevista», un gran número de presos políticos se amontonaron frente a las rejas pensando que lo iban a matar; todos buscaban la manera de salvarlo. Hart entabló un debate con el representante de la tiranía, quien lo llamó «idealista, romántico» y le dijo que «los revolucionarios como él no tenían futuro». Sostuvieron una larga discusión hasta que, finalmente, el custodio lo condujo de nuevo a su celda, ante sus atemorizados compañeros. Mientras avanzaba hacia la reja, pensaba en su hermano muerto…, en el fracaso de la huelga de abril…, en los combatientes caídos… y, sacando fuerzas de la adversidad, se volvió hacia el esbirro y le dijo: “Soy más feliz que usted”. Así concluyó aquel nuevo intento por quebrantarlo y disuadirlo.

Durante todo el año 1958, la tiranía lo estuvo trasladando de una cárcel a otra a lo largo del país: primero lo ubicaron en el cuartel de Palma Soriano, luego en un calabozo en las afueras de Santiago. Posteriormente lo condujeron  al  cuartel  Moncada.  Más  tarde  lo  pasaron  a  la  prisión  provincial de Oriente, conocida también como cárcel de Boniato, donde estuvo hasta principios de julio, cuando lo recluyeron en el Castillo del Príncipe, en La Habana. Por una confusión, fue a parar al Vivac; pero de inmediato los militares lo colocaron en la zona del Príncipe, que era el lugar de los sancionados y por último en el Presidio Modelo de Isla de pinos.

Su traslado para la prisión del Príncipe, en la capital del país, tuvo lugar en los primeros días de julio de 1958 y se efectuó en un avión del ejército de la tiranía, bajo fuerte custodia militar. Al llegar lo llevaron a una galera mucho más incómoda, donde los presos estaban hacinados, lo que propiciaba el aumento de las tensiones entre los miembros de los grupos de acción. En ese reclusorio, se habían dictado medidas más restrictivas, y se cometían los mayores atropellos contra los prisioneros políticos. Pero el régimen penitenciario llegó al extremo de su envilecimiento cuando organizó contra los reclusos las criminales acciones del 1ro. de agosto de 1958.

Tal suceso pasó a ser conocido como la Masacre del Príncipe y constituye un ejemplo de la violencia con que el régimen agredía sistemáticamente a los prisioneros políticos. Junto a sus compañeros ofreció una valiente resistencia en aquel dispar enfrentamiento que tuvo lugar. Los presos acorralados tras las rejas, pelearon y se defendieron con fragmentos de las camas, botellas y con todo lo que tenían a su alcance. Los que resultaron heridos no recibieron asistencia médica. Hart logró enviar fuera de la cárcel un comunicado donde denunciaba lo que verdaderamente había ocurrido.

Semanas después de estos terribles hechos, para aislarlo de la capital o por otras razones que él mismo nunca llegó a conocer, lo trasladaron al Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos, llamado también Presidio Modelo de Isla de Pinos y lo ubicaron en una de las inmensas galeras, donde había cientos de presos de todas las tendencias revolucionarias. Allí estuvo al frente de los combatientes del MR-26-7 hasta la madrugada del 1ro. de enero de 1959.

En las primeras horas de aquel histórico día, los presos políticos se prepararon para salir del Presidio. Aunque sus carceleros trataban de impedirlo, a la fuerza lo abandonaron, se apoderaron de las posiciones principales de aquel territorio y detuvieron a los más execrables esbirros.

En la madrugada del día 2, logró viajar directamente al Campamento de Columbia en la capital. Desde que llegó a Columbia mantuvo estrecha comunicación con Fidel y finalmente, el 3 de enero logró volar en un avión militar a Santiago de Cuba. En el hogar de la familia Ruiz-Bravo, cuya casa le brindó refugio en la clandestinidad, se encontró con Raúl Castro. Ese mismo día, antes de partir para la provincia de Camagüey, Hart habló en el  acto celebrado en la Biblioteca de la Universidad de Oriente a nombre del jefe de la Revolución y del Movimiento 26 de Julio.

Su esperado reencuentro con Fidel se produjo en el aeropuerto de Camagüey. En ese momento Fidel y Celia le dijeron que lo propondrían como ministro de Educación del naciente Gobierno Revolucionario y así sucedió.  En  la  edición  extraordinaria  de  la  Gaceta  Oficial  de  la  República  de Cuba, publicada el día 6 de enero, se dio a conocer su designación por el  Decreto No. 8. Al siguiente día, los demás medios de prensa difundieron la  noticia  profusamente: «El  joven  luchador  fidelista  Armando  Hart,  de probada actuación revolucionaria y estrechamente vinculado a los centros estudiantiles cubanos, fue designado como ministro de Educación del primer Gabinete». La revista Bohemia publicó  un  reportaje  en  el  que  destacaba lo siguiente: «Armando Hart, como si estuviera ante los Tribunales de Urgencia, pronunció una encendida arenga. Dijo que su designación como ministro lo había sorprendido y aún no había tenido tiempo de efectuar planes, pero lo que sí podría anunciar era que iba decididamente a la tecnificación de la educación».

Al repasar esos intensos años, Hart expresó en sus memorias que había concluido una etapa decisiva de la historia de Cuba, en la que se sintetizaron cerca de 100 años de Revolución hasta lograr liquidar para siempre cuatro siglos y medio de coloniaje y neocoloniaje.

Desde entonces, la educación y la cultura estuvieron colocadas en el centro del quehacer político-social y de los retos que tenía este país situado “en el crucero del mundo”, nación que había asumido los más altos valores de la cultura occidental desde una opción irrenunciable por la justicia para los pobres.

El electivismo filosófico cubano en la fuente de sus ideas

Para comprender el contenido y alcance de la Martiana Revolución de Fidel, a la que Armando entrego su vida, es imprescindible remontarse a los orígenes del pensamiento filosófico, político y pedagógico de más de dos siglos de historia que, desde el padre Caballero, pasando por Varela, Luz y Martí, han conducido a las ideas que hicieron síntesis en el carácter singular de este proceso.

Si estudiamos los textos que el Dr. Hart, encontraremos las huellas del pensamiento del cual se nutrió y comprenderemos que sus ideas son hijas legítimas y fieles continuadoras de los presupuestos teóricos y del método de pensar y hacer del pensamiento filosófico, político y pedagógico de más de dos siglos de historia de la tradición electiva cubana, la cual está forjada en el amplio perfil que abarca desde el padre José Agustín Caballero —el iniciador de la Reforma Filosófica en Cuba y fundador de la filosofía electiva— Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí. Recordemos lo que en ese sentido afirmó Hart: “Caballero, Varela y Luz sitúan como un aspecto central de su concepción filosófica la práctica de enseñar y elevar espiritualmente al hombre, lo que está a tono con la más rigurosa concepción científica. Por eso al colocar la Educación como epicentro del ideario cubano no lo hacían en el terreno de las especulaciones metafísicas o abstractas, sino que consideraron la Educación como tema central de la práctica; ahí está la riqueza de su pedagogía, piedra angular de la Cultura del país.”

A mediados del siglo XX, el pensar y el hacer de la Generación del centenario del natalicio de Martí, surgió de la práctica insurreccional y política, inspirada en ese electivismo filosófico cubano. Esta corriente se fundamenta en el cuerpo de ideas y pensamientos de los principales representantes de la tradición electiva, caracterizado por su contenido antidogmático, científico, ético, patriótico, nacionalista, independentista, liberador, democrático y popular, además de su esencia autóctona y creativa, de pura inspiración martiana y cubana. En este sentido el Dr. Hart afirmó que para Él, el propósito de “elegir” estuvo orientado a hacer prevalecer la integralidad de la cultura como guía en la práctica de la justicia.

Como sus ilustres maestros, sostenía que su credo no debía adscribirse a ninguna escuela o sistema determinado, sino seguir el principio lucista: "todos los sistemas y ningún sistema, ¡He ahí el sistema!". De igual modo, consideró que el aspecto central de su concepción filosófica radicaba en la práctica de educar al ser humano mediante la acción social y política, promoviendo la transformación ético moral a través de la Educación, la Ciencia y la Cultura. Su objetivo era preparar al hombre para la vida y ponerlo en consonancia con las necesidades de su tiempo.

Por eso subrayó que, si el método electivo en la búsqueda del conocimiento y los caminos de la acción se relacionan con el principio lucista de que "la justicia es el sol del mundo moral" y con el propósito martiano de echar su suerte con los pobres de la tierra, junto a su visión sobre el "equilibrio del mundo", entonces habremos identificado un núcleo central del pensamiento filosófico cubano de incalculable valor para sustentar la defensa de nuestro pueblo. Por ello afirmaba con orgullo: "Caballero nos enseñó a pensar; Varela nos mostró el camino; Luz nos enseñó a estudiar y conocer; Martí descubrió los secretos de la acción, y Fidel nos guió a la victoria".

José Martí, en el centro de su paradigma

Armando Hart Dávalos junto a Oscar López Rivera, en la última aparición pública que hiciera el intelectual y político cubano, el 13 de noviembre de 2017, en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

El Dr. Hart fue una figura que, como hijo espiritual y fiel seguidor de nuestro Apóstol, hizo suyos los fundamentos del pensamiento martiano. Al punto que no se puede hablar de Hart sin hablar de Martí y de su influencia a lo largo de toda su existencia.

Asimismo, no podemos olvidar que no fue solo un político, sino un pensador de la Revolución Cubana. Fue un martiano de corazón y de acción, y lo demostró en el ejercicio práctico de su vida y en todas las responsabilidades que asumió. Revisando sus innumerables acciones y textos, sobran razones para considerarlo un verdadero martiano, una afirmación que no proviene de esta servidora, sino de un estudioso y conocedor de Martí como es el Dr. Pedro Pablo Rodríguez.

El espíritu martiano estuvo tan presente en Él que dio forma a sus sueños y lo condujo a lo largo de su vida. Desde su cuna y su impronta familiar, la presencia martiana lo marcó. Por eso, en aquel estudiante primero y en el joven abogado después, se encuentra la huella de Martí en su pensamiento y en su acción cotidiana. No hay dudas de que, desde su juventud, buscaba subvertir una sociedad que consideraba inadecuada para los cubanos. Se movió desde la ética y el novedoso concepto republicano que aprendió de su Maestro, Martí.

Recordemos aquellos planteamientos centrales del Apóstol: "Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre".[1] "No hay mejor sistema de educación que aquel que prepara al niño a aprender por sí mismo".[2] "Se debe enseñar conversando, como Sócrates, de aldea en aldea, de campo en campo, de casa en casa".[3] Y es que Martí dio continuidad a esa línea de pensamiento independentista, anticolonialista y soberano que nació de las entrañas de nuestra América y de los grandes próceres y pensadores cubanos y latinoamericanos. La Generación del Centenario es heredera y continuadora de esa noble y fecunda historia.

Esta corriente se distingue por su acendrado espíritu antiimperialista, su denuncia y enfrentamiento al capitalismo y al imperialismo en los ámbitos económico y cultural, así como la unidad latinoamericana y por la defensa de la soberanía, la independencia nacional y la identidad cultural de nuestros pueblos. Para Hart, esta tradición del pensamiento radical latinoamericano responde a lo que él denominó una Cultura de Liberación, también llamada Cultura de Baraguá y de Resistencia. En definitiva, se trata de la cultura patriótica, forjada en el combate por la transformación del mundo en favor de la justicia y volcada hacia la acción. En ella se articulan la ética, la política y la cultura, y las aspiraciones humanistas a favor de la justicia para los pobres y explotados. En definitiva, se trata de la Cultura patriótica, heredera de la tradición gestada en el proceso de independencia nacional, latinoamericanista y antiimperialista, de vocación universal que tuvo lugar en nuestra Patria desde el siglo XIX. Sus raíces se encuentran en la tradición del pensamiento radical latinoamericano, forjado en el combate por la transformación del mundo en favor de la justicia y volcada hacia la acción. En ella se articulan los conceptos ética, política y cultura, junto con las aspiraciones humanistas en defensa de la justicia para los pobres y explotados. Se trata en fin, de una Cultura cuyo atributo esencial es la opción ética.

Estas ideas se tornan imprescindibles en el mundo de hoy y tienen en José Martí a su guía y máximo inspirador. De él parte toda una línea de pensamiento que llega al siglo XX, la cual está integrada por una numerosa nómina de hombres, herederos directos del paradigma martiano, entre los que podemos simbolizar a los inolvidables Comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro.

Hart nos reveló que en esta Cultura de Emancipación está el pensamiento revolucionario y de acción política que en la actualidad nos puede asegurar la posibilidad de enfrentar la colosal encrucijada en la que se encuentra la humanidad. No olvidemos que, para Él, los sueños de principios del siglo XIX de Varela y Martí se harán realidad si trabajamos inspirados en estas ideas, bajo la guía insuperable de Fidel—quien, en su opinión, es el principal heredero, discípulo y continuador del Apóstol cubano.

Tras el triunfo revolucionario de enero de 1959, Hart asumió la cartera de Ministro de Educación. Desde esa posición continuó con lealtad martiana la obra de Fidel y contribuyó a la realización de objetivos sustentados en aquella certera definición del Comandante: "No le decimos al pueblo: cree; le decimos: lee". Desde entonces, el joven ministro adoptó como lema central de la educación cubana el principio martiano: "Ser cultos para ser libres".

Hart, al igual que Martí, diferenciaba la instrucción de la educación, considerando que esta última está dirigida a la formación del pensamiento y los sentimientos. Para él, la educación era el pilar central del enriquecimiento y la superación del ser humano, el proceso mediante el cual se adquiere el conocimiento que garantiza el mejoramiento permanente del hombre.

Su ideario educativo quedó plasmado en su histórico Mensaje Educacional al pueblo de Cuba, un documento crucial en el que por su contenido y carácter ya está implícita una filosofía de la educación. En él se definen los principios de la nueva política educacional, la proyección de la reforma general de la enseñanza y los ideales que sustentaron la revolución educacional a partir de 1959.

Para entender la magnitud de la presencia martiana en sus concepciones, es necesario partir de La utilidad de la virtud, cuyo eje es la ética. Como Martí, Hart estableció una íntima relación entre la inteligencia, la bondad y la felicidad, asegurando que no había mayor felicidad que la de hacer el bien a los demás, y que la maldad conducía inevitablemente a la infelicidad.

La Cultura de hacer política, es otro aspecto decisivo que los unió. Ambos subrayaron la necesidad de saber diferenciar y, a su vez, relacionar de un lado la ideología entendida como producción de ideas y del otro, la práctica política concreta. En el equilibrio entre las formas de hacer política y los objetivos que se persiguen, se encuentra la esencia del noble, radical y armonioso pensamiento martiano que lo inspiró.

En resumen, el conjunto de sus escritos abarca diversos ámbitos de la creación humana. Pero lo que verdaderamente une y caracteriza esos papeles, no es solo su belleza intelectual y pulcritud poética, sino la expresión profunda y acabada de los valores y la ética martiana que inspiraron a los hombres de su generación. Los que como Hart, dedicaron su vida a la patria, dispuestos a defenderla al precio de su propias vidas. En cada una de sus páginas, él nos sitúa en el bando de los que aman y construyen con la verdad, como dijo nuestro Apóstol, en la guerra de pensamiento que se nos hace.

Cuando la humanidad atraviesa la crisis más aguda por la que ha pasado la llamada cultura occidental en toda su historia, la que fue acentuada por la COVID; en la que han quebrado los principios éticos, políticos, jurídicos y las ideas filosóficas que tras larga evolución sirvieron de fundamento al propio sistema capitalista. En esta situación ha emergido un nuevo tipo de lumpen de origen cubano, desclasado y amoral; para el que es natural la descarnada grosería, la obscenidad, la chabacanería, la indecencia, la vulgaridad, la liviandad, la mentira, capaz de cualquier bajeza, con una narrativa canallesca y soez, que representa lo peor del vale todo. Esos son hoy nuestros adversarios y enemigos, y justamente para enfrentar esta Guerra cultural y el combate contra la ignorancia, debemos blindarnos de ideas y cultura, a armarnos de la razón, la verdad y la ética. Para ello la brújula que nos ofrece el pensamiento, la vida y la obra de Armando, de pura inspiración martiana, es de enorme valor y utilidad.

La vida de Armando estuvo bordada de sencillez, humildad y modestia, al punto que jamás reparó en el hecho de que, como dijera el poeta Miguel Barnet, su nombre ya estaba no solo en los museos, sino también en la leyenda.

Con la obra que nos legó, nos invita a seguir siendo fieles al servicio de la patria, tras las huellas de su eterna fidelidad martiana; nos invita a sumarnos a la ofensiva de su propuesta cubana, fidelista y martiana, latinoamericana y antiplattista, para que no solo defendamos, sino que desarrollemos una Cuba cubana para siempre.

Referencias: 

[1] M ARTÍ J. Obras Completas. T. 8. La Habana, Cuba: Editorial de Ciencias Sociales; 1975. p. 289.

[2] Ídem, T. 8, p. 421.

[3] Ídem, T, 13, p. 188.

Vea además:

Hart, una Cuba cubana para siempre