El pueblo ruso guarda cariñosamente la memoria de los tres héroes cubanos que lucharon codo a codo con los soviéticos contra el nazismo durante la Gran Guerra Patria. El periodista ruso Víctor Ternovsky nos cuenta la historia de los hermanos Jorge y Aldo Vivó, nacidos en La Habana, así como su compatriota Enrique Vilar, originario de Manzanillo, en una nueva entrega de 'Cuadernos de un moscovita', una colaboración entre @Cubadebate y @SputnikMundo.
"Hoy, cuando se hacen frecuentes los intentos por reescribir la historia y minimizar el heroísmo de la URSS y el Ejército Rojo y su protagonismo en la victoria, queremos patentizar aquí que el pueblo cubano sí conoce la verdadera historia". Estas fueron las palabras del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en su visita a Rusia para conmemorar el 80 aniversario del triunfo de la URSS en la Gran Guerra Patria contra el nazismo.
El pueblo ruso, por su parte, tampoco olvida a los hijos del pueblo cubano –los hermanos Jorge y Aldo Vivó, nacidos en La Habana, así como su compatriota Enrique Vilar, originario de Manzanillo– que lucharon codo a codo con los soviéticos contra los invasores alemanes y sus colaboracionistas.
De familias rebeldes, acosadas por la represión contra los movimientos comunistas y socialistas dirigida por Fulgencio Batista, los tres chicos fueron trasladados a la Unión Soviética, donde ingresaron en 1934 en el internado internacional de Ivánovo, más conocido como Interdom. Ubicado a casi 300 kilómetros al noreste de Moscú, el centro recibió durante décadas a los hijos de revolucionarios de todo el mundo que necesitaban protección.
Fue allí donde, "rodeados por atención y cariño", aprendieron el idioma ruso y empezaron a sentir a la URSS como su "segunda patria", recordaba Aldo, quien soñaba con ser marino. Fue por esta razón que ingresó en la Facultad de Mecánica de Navegación en la Escuela de Ingeniería Naval de Leningrado, hoy San Petersburgo. Tenía 17 años cuando, en 1941, los nazis atacaron al Estado soviético.
El joven, quien ya tenía pasaporte de la URSS, no dudó ni un solo segundo en intentar alistarse como combatiente en el Ejército Rojo. Su edad no se lo permitió, pero insistió hasta ser enrolado como soldado en la Segunda División de la Guardia de las Milicias Populares de Leningrado. "Estoy lleno de energía y disposición para dar toda mi fuerza y, si es necesario, mi vida a la lucha contra los monstruos fascistas", se lee en su solicitud de admisión.
Y cumplió su palabra al pie de la letra. Aldo participó en los combates más encarnizados por la defensa de Leningrado, incluido uno de los operativos más importantes, heroicos y costosos en cuanto a las bajas –con hasta 120.000 soldados soviéticos muertos– para romper el cerco nazi de la ciudad. El sitio, que acabó con la vida de más de un millón de habitantes de Leningrado, fue roto en 1944, pero el joven cubano no vivió para verlo: en 1943, cayó en combate alcanzado por el fuego de la aviación enemiga.
Son desgarradoras las imágenes que retratan a su hermano, Jorge, depositando flores –muchos años después– a la fosa común donde se encuentran los restos de su ser más cercano, condecorado a título póstumo con la Orden Ernesto Che Guevara de Primer Grado, por el Estado cubano, así como con la Orden de la Gran Guerra Patria, por la Unión Soviética.
Jorge, quien ya tenía 18 años cuando las tropas hitlerianas atacaron a la URSS, mostró el mismo coraje que Aldo. Como integrante de una unidad especial de guerrilleros, actuó en la retaguardia del adversario al hacer descarrilar sus trenes con militares y armamento que se dirigían a Leningrado. En diciembre de 1941, los partisanos fueron descubiertos por los nazis: de los 50 compañeros solo sobrevivieron ocho, entre ellos Jorge y el comandante del grupo. Gravemente herido, fue salvado por el cubano, quien lo sacó del campo de batalla.
Dado que también recibió lesiones, Vivó fue ingresado en un hospital de Leningrado, donde le tocó vivir los horrores de su asedio. Lo que le salvó la vida fue haber sido evacuado, bajo los bombardeos nazis, por el famoso 'Camino de la vida', que pasaba por el congelado lago de Ládoga. Fue así como se encontró en el Cáucaso, después en Asia Central, y, finalmente, vivió con su padre en México, donde trabajó de ingeniero geólogo en la petrolera de Pemex.
Enrique Vilar, nacido en 1925, logró marchar al frente en 1944. Su petición fue aceptada tras haber terminado con éxito la preparación militar en Moscú, donde fue designado jefe de pelotón de infantería. Desgraciadamente, falleció unos meses antes del Día de la Victoria. En 1945, con solo 19 años, ofrendó su vida en combates por tomar el poblado de Furstenau en la entonces Prusia Oriental. Su hazaña permitió ocupar la localidad, actualmente llamada Kmiecin, al haber desviado fuerzas y atención hitlerianas. Sus restos reposan en el Cementerio Militar Ruso de Braniewo, en Polonia, el mismo que alberga a los otros 31.236 soldados soviéticos caídos entre los años 1944 y 1945 en los combates en aquella región.
Al igual que su compatriota Aldo Vivó, recibió a título póstumo la Orden Ernesto Che Guevara de Primer Grado y la Orden de la Gran Guerra Patria.
El pueblo ruso guarda cariñosamente la memoria de los tres héroes cubanos que lucharon con los soviéticos contra el nazismo. "Nadie es olvidado, nada es olvidado", una frase que en Rusia no son simplemente palabras, sino hechos.