
La trayectoria de Elsa Ramos se resume en 35 años de entrega y sacrificio y se erige como un testimonio de la resiliencia y el compromiso que caracterizan al periodismo ciudadano. Foto: Yosdany Morejón.
Justo a media mañana, entre el grito de los pregoneros que se acercan a la casona donde palpitan el periódico Escambray y el vibrar constante de los micrófonos de Radio Sancti Spíritus, se alza la voz inquebrantable de Elsa Ramos Ramírez.
Ella no es solo la periodista del pueblo, sino la cronista que con cada palabra desarma el silencio y revela las verdades que otros temen pronunciar.
Recientemente galardonada con el Premio Nacional Juan Gualberto Gómez por la obra del 2024 en la categoría de prensa escrita, confirma una inigualable capacidad para cuestionar los discursos trillados y manidos.
Su trayectoria se resume en 35 años de entrega y sacrificio y se erige como un testimonio de la resiliencia y el compromiso que caracterizan al periodismo ciudadano. Cada texto se convierte en una herramienta con la cual llega a emplazar a cualquier funcionario público.
“Me hice periodista casi por azar”, recuerda Elsa con la sencillez de quien reconoce el peso de sus orígenes. Durante el duodécimo grado en la escuela 28 de diciembre, sin conocer siquiera lo que era el periodismo, se decidió por esa carrera, aunque sus aspiraciones iniciales apuntaban hacia el derecho.
Sin embargo, el gusto por leer y escribir y el atractivo del nombre de la carrera la impulsaron a cambiar su rumbo.
Fue en la Universidad de Oriente donde, enfrentándose a la realidad, tuvo que superar la prueba de aptitud.
Desprovista de experiencia y conocimientos sobre el ámbito periodístico (en ese entonces, su mundo se limitaba al campo de Caracusey), recibió la dura evaluación de un profesor que le dijo: “Por lo menos, sabes escribir. Te voy a aprobar para ver si algún día eres, al menos, una periodista mediocre”.
Lejos de desanimarse, esa experiencia se convirtió en la chispa que encendió su determinación para nunca conformarse y aprender a dominar el arte de contar historias con rigor y sensibilidad.
A lo largo de estas décadas, Elsa ha acumulado una vasta experiencia que se refleja en cada palabra escrita y en cada transmisión radial. Su carrera, forjada en la escuela de la calle, ha estado marcada por la cercanía a la realidad del pueblo.
Ha recorrido los barrios humildes y los escenarios de grandes controversias para dar voz a los más humildes. Esa labor de estar en el terreno, de adentrarse en la vida cotidiana y sostener la mirada del entrevistado con firmeza, ha hecho que su estilo se convierta en sinónimo de integridad y valentía periodísticas.
Con la sinceridad que le caracteriza, cuenta anécdotas de sustos y desafíos, como lo sucedido años atrás con cierta entrevista que, a pedido de Juan Antonio Borrego (entonces director del periódico Escambray), involucró al pelotero Frederich Cepeda, cuando lo excluyeron de la nómina del equipo Cuba y hasta del provincial de pelota.
“Borrego me hizo el encargo editorial y después que se publicó hubo tantos conflictos que casi no podía dormir. La polémica llegó a tal grado que se puso en riesgo hasta la permanencia de ese gran deportista en el béisbol, por todo lo que se armó y porque llegó a niveles muy altos. La discusión sobrepasó las fronteras cubanas y todos los ojos estaban puestos en Escambray. Yo viví días de mucho susto”, recuerda.
“Los colegas de la capital me decían que les habían prohibido hablar de Cepeda. Creo que lo que se formó ayudó a que él siguiera jugando pelota. Aquello se manipuló tanto que a Frederich le prohibieron hasta entrar al estadio José Antonio Huelga. Él está ahí para decirlo y yo me sentí un poco culpable, por fomentar aquello.
“Al final, creo que él y la familia agradecieron a Escambray que escribiera sobre el tema, porque ayudó a que el asunto saliera del anonimato y se abordara públicamente. Yo ni comía del salto en el estómago, pues no sabía hasta dónde iba a llegar aquello. Por suerte, todo salió bien y Cepeda siguió dando jonrones para Cuba”.

A lo largo de estas décadas, Elsa ha acumulado una vasta experiencia que se refleja en cada palabra escrita y en cada transmisión radial. Foto: Yosdany Morejón.
Elsa también destaca el valor de los “palos” que le ha dado el periodismo: cada obstáculo, cada crítica y cada conflicto han servido para forjar su carácter y afinar su método.
“He estado en miles de conflictos propios de la profesión y en miles de debates, pero nadie me ha dado un palo en la cabeza. Por eso, he creído en el periodismo, porque he podido hacer en realidad lo que he querido y, al final, he dicho lo que he querido decir desde mi punto de vista”.
Esta avezada reportera ha sido pionera en trasladar la investigación a un nivel que rompe con lo convencional, para demostrar que la verdad y la denuncia se pueden narrar de forma cercana y auténtica.
Su estilo incisivo, que muchos describen como rebelde y audaz, ha logrado que, incluso, las fuentes más reticentes informen al pueblo como es debido.
“Hace unos tres o cuatro años, cuando me debatía en si seguía en el periodismo o no, porque quise hacer otras cosas en la radio, como dirigir programas, parece que caí en una especie de abulia y un médico que me conoce me llamó y me preguntó: ‘¿Cuándo vas a volver a ser periodista?’. Yo entendí el sentido de aquel palo y entendí que tenía que reinventarme otra vez, tratar de hacer el periodismo que me gusta.
“Esas palabras me hicieron sentir vergüenza, porque yo seguía cobrando el mismo salario como periodista y si el médico tenía esa percepción, muchas personas también podían tenerla”, comenta.
Este enfoque ha inspirado a nuevas generaciones, al mostrar que el periodismo se basa, principalmente, en la honestidad, en la pasión por contar la verdad y la capacidad de transformar el relato cotidiano.
Con la seriedad que distingue su oficio, Elsa Ramos Ramírez revela la innegable realidad que subyace en su labor periodística. “Para mí, ha sido una profesión desgastante y estresante que se fundamenta en el apoyo incondicional de la familia, sobre todo de mi mamá, que es mi luz, mi horcón”, afirma.
Considera firmemente que la esencia del periodismo no se diluye en la comodidad de un escritorio casero.
“No te sientes igual trabajando desde casa que buscando opiniones en una cola”, dice y evidencia que el goce propio de transitar las calles y adentrarse en la vida cotidiana de la gente no se puede reemplazar. Su oficio le exige estar en el terreno.
En el relato de su vida, cada integrante de la familia ha jugado un papel decisivo en el sostenimiento de su vocación. Destaca que su esposo, su hija y sus hermanas han sido pilares fundamentales para encontrar ese equilibrio vital.
“Ahora mi nieto, por supuesto, llegó para equilibrarme aún más, porque tú no solo necesitas el tiempo, sino que necesitas inyectarte”, subraya.

Elsa Ramos Ramírez fue recientemente galardonada con el Premio Nacional Juan Gualberto Gómez por la obra del 2024 en la categoría de prensa escrita. Foto: Yosdany Morejón.
Para Elsa, el periodismo en Cuba es parte de una épica compartida con millones de trabajadores que enfrentan sacrificios inmensos a diario. “Es verdad que tienes el texto o el audio casi listo, se va la corriente y tienes que empezar de nuevo. Pero nosotros somos nada en comparación con otros cubanos que están esculpiendo proezas mayores.
“Los tiempos son muy complicados, pero son complicados para todos. También es cierto que los salarios no alcanzan y que andamos mucho a pie, pero tenemos que honrar un compromiso con el pueblo, con la verdad.
“Yo no escojo ser incisiva; las preguntas son intencionadas en dependencia del tema y, como parte de la polémica, tienen que ser generalmente intencionadas o incisivas, como la gente les quiera decir. Porque, además, a nosotros nos culpan de ser complacientes al preguntar, de que nos falta agresividad a la hora de preguntar, porque de eso depende la respuesta del directivo.
“Y no me preocupa que se ponga bravo, porque después intento explicarle que no tiene que ver con un problema personal, pues no tengo problemas personales con nadie. De hecho, me llevo muy bien con casi todas las fuentes que he entrevistado, aunque muchos colegas me han dicho que soy incisiva y que trate de cambiarlo, pero ese es mi estilo y me ha dado resultado”.
Consciente de que su carrera ha estado marcada por incesantes desafíos y de que se aproxima su cumpleaños 60, Elsa Ramos deja entrever una decisión firme. “Cuando me llegue el día, me voy a jubilar”.
Sin embargo, puntualiza que no se retirará de la vocación periodística; más bien, desea culminar su trayectoria siendo fiel a ese periodismo de calle que la definió desde sus inicios en la Universidad Oriente, en una batalla diaria que, pese a la fatiga, sigue impregnada de dignidad y pasión.
Reafirma que el periodismo es su forma de vida. Su testimonio es un canto a la perseverancia y la inquebrantable fe en la labor informativa. Cada entrevista, cada crónica y cada reportaje son el reflejo de una vida dedicada a esculpir la realidad con palabras que mantienen viva la llama de la verdad en un país que necesita oír la voz del pueblo.
Con su pluma afilada y su corazón abierto de par en par para quien desee aprender, ella sigue siendo la periodista que día a día nos invita a mirar el mundo con ojos críticos, a comprender que en cada noticia se esconde una historia que merece ser contada. Ojalá se arrepienta y no se jubile, porque ese día la verdad habrá perdido un pedazo.

El estilo incisivo de Elsa, que muchos describen como rebelde y audaz, ha logrado que, incluso, las fuentes más reticentes informen al pueblo como es debido. Foto: Yosdany Morejón.