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Asesinato de Roberto Gutiérrez 

Actores de la segunda temporada de LCB, La Otra Guerra. Foto: Radio Caibarién.

El equipo de creación de la serie no se propuso “hacer” la historia de la lucha contra el bandidismo en las montañas del Escambray 1959-1965. No con la exactitud histórica, por demás siempre cuestionable, sino crear historias de personajes que se movieron en aquel torbellino de situaciones extremas. En cada personaje pueden sintetizarse las vivencias de varios. Responden a creaciones como en cualquier otra obra de ficción. La dramaturgia abría las puertas de la imaginación, pero la realidad suministraba la savia.

Cada uno de los crímenes que se presentan ejecutados por las bandas son verídicos, si bien fueron sustituidos los nombres reales y, en algunos casos, se alteró la cronología, buscando la concentración dramática necesaria en cualquier obra.

En la medida que aparezcan los hechos, ofreceremos la información del suceso real que reflejan. En el Capítulo 3, retransmitido este sábado 1 de marzo, una banda ahorca a un joven y los hechos se mostraron muy apegados a la realidad. ¿Cómo y dónde sucedió?

La muerte le salió al paso

El 5 de septiembre de 1963, Roberto Gutiérrez Rodríguez, de 21 años, se dirigía a su casa en la finca La Salida, en el municipio de Taguasco, Sancti Spiritus, cuando un grupo de once hombres armados le cortó el paso y lo rodeó.

Inicialmente, Roberto los confundió con una patrulla del Ejército Rebelde, pero le duró poco la confusión. Se trataba de un banda de alzados contrarrevolcionarios.

El joven vestía ropa de trabajo e iba desarmado, pero en sus bolsillos llevaba su carné de la milicia y la identificación como joven comunista, así que nada más caer en manos de la banda de Juan Alberto Martínez Andrade, debe haber comenzado a sentir la cercanía de la muerte.

En voz baja y apartados, el jefe de la banda debatió con otro de los miembros, qué hacer con aquel miliciano comunista. Dejar un muerto en el camino delataría que se encontraban en la zona y la milicia saldría detrás de ellos. Decidieron entonces llevarse a Roberto con ellos. 

Dos días se movió la banda con el muchacho. Siempre amarrado. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, quizás Roberto, maestro de obreros y campesinos, pensó que finalmente lo soltarían lejos. Pero eso no se correspondía con la impotencia de la mentalidad asesina. El 7 de septiembre, ya en la zona de Jatibonico, Juan Alberto Martínez Andrade mandó a matarlo. Pidieron pico y pala a un campesino colaborador y se le dio la misión a Clemente Aragón y Estervino Gutiérrez.

Testimonio de uno de los asesinos

Veamos cómo Clemente Aragón, uno de los asesinos, narró el hecho al tribunal que lo juzgó. (Aprovecho para recomendar la lectura del libro donde aparece ese testimonio, que recibió el Premio del Concurso Casa de las Américas en 1975: Aquí se habla de combatientes y de bandidos, de Raúl González del Cascorro):

FISCAL. ¿Quién le puso la soga al cuello?

PROCESADO: Fue Estervino.

FISCAL: Entonces, ¿le dieron a usted un extremo de la soga?

PROCESADO: Sí señor.

FISCAL: ¿De qué forma lo ahorcaron?

PROCESADO: Estervino halaba por un lado y yo por el otro lado.

FISCAL: ¿Ustedes tiraron de la soga hasta que quedó ahorcado?

PROCESADO: Sí señor.

FISCAL: Después de ese hecho, ¿usted desertó de la banda?

PROCESADO: Después de ese hecho seguimos en la banda.

Según sus declaraciones, cuando Clemente Aragón Aragón participó en el crimen de Roberto Gutiérrez no tenía grados ni arma. Pero cuando fue capturado lo habían ascendido a teniente y portaba un fusil M-3.

No creo necesario añadir nada más.