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El hombre que regresó de la muerte (III)

Foto: Archivo.

Cuando el doctor Federico Baglieto vio el estado en que llegó Calixto García a Veguitas, pensó que le habían traído un cadáver en trámite. Juicio que confirmó al retirar los vendajes. Los orificios de salida de las balas eran más grandes que los de entrada, imaginemos como sería la herida de Calixto en la frente, que se disparó con un calibre 44. Testigo de la envergadura de la herida es la cicatriz que le quedó de por vida. Puede apreciarse en las fotografías y en mascarilla mortuoria.

El pueblo de Veguitas, donde la guerrilla del teniente Ariza tenía su cuartel, era poco más que un caserío. Todavía un siglo después, no llegaba a los 6 mil habitantes. Sin embargo, su ubicación geográfica lo convirtió en punto estratégico para la comunicación entre Manzanillo y Bayamo, zona de mucha actividad insurrecta. Por eso disponía de un pequeño cuartel de madera con guarnición permanente y médico.

Mientras el Dr. Baglieto limpiaba las heridas de Calixto, el teniente Ariza corrió a poner un telegrama a sus superiores con la noticia. Los guerrilleros festejaban ruidosamente su victoria. Entre los pobladores unos brindaban y otros cerraban puertas y ventanas. Previendo un asalto de los insurrectos se reforzaron las postas.

A la luz de faroles y con recursos que hoy consideraríamos arqueológicos, el doctor Baglieto continuaba la labor que creía inútil. Era mucho el daño de las heridas. Calixto había perdido mucha sangre. Los dolores y la inflamación lo mantienen en estado semi inconsciente. Imaginamos que a través del velo de su mirada turbia, ve rostros desconocidos de enemigos que esperan curiosos el desenlace. Quizás pensó que vivía la extensión  de su agonía.  Sin embargo, el trabajo de Baglieto esa noche fue decisivo para la sobrevivencia de Calixto García. ¿Pero qué se encontró el médico que le hizo pensar que el herido no se salvaría?

Tiene la palabra la camarada ciencia

Los elementos clínicos de la herida, así como su largo y difícil tratamiento, han sido poco tratados por la historia. Por aquello de, zapatero a tus zapatos, damos la palabra a especialistas de la medicina: los doctores Raúl J. Pupo Triguero, especialista de primer grado en cirugía máximo facial y Manuel Sevila, especialista de otorrinolaringología, durante años dedicado a implantes cloquéales.

El análisis del Dr. Sevila es el resultado de consultas que le hice hace años y que conservo en mi archivo. Los del Dr. Pupo pertenecen a un trabajo muy completo, que realizó Maricelis Torres, especialista del Museo Casa Natal de Calixto García.[1]

En el esquema que realizó el Dr. Pupo Triguero sobre la trayectoria del plomo y que aparece en el trabajo mencionado de Maricelis Torres, se observan con claridad los puntos de entrada y salida del proyectil.

Por su parte, el Dr. Sevila nos dice: “El proyectil penetró y atravesó la región muscular del suelo de la boca. Continuó  atravesando la lengua en su porción anterior. Perforó el paladar duro, lo que conocemos como “cielo de la boca”. Pasó hacia arriba a través de la fosa nasal derecha y seno etmoidal anterior. Finalmente entró al seno frontal, emergiendo por su pared anterior, sin afectar las estructuras del interior del cráneo ni los globos oculares.”

El Dr. Pupo Triguero puntualiza que el proyectil indujo: “La dislocación máxilo-palatina que provoca trastornos en la oclusión dentaria, masticación y la fonación”. Durante su primera prisión tuvo que aprender a hablar con esos cambios anatómicos y nunca recuperó el tono de su voz, “pues esta comunicación buco-nasal-sinusal, explica Pupo Triguero, afecta la fonación, nasalizando el tono de la voz.” Calixto García quedó con voz “fañosa” como se conoce popularmente.

Pero, la realidad continúa retando a la imaginación. El plomo debió pasar a no más de un centímetro de la masa encefálica. ¿Qué pudo influir para que esa tarde del domingo 6 de septiembre de 1874, la bala no tocara ningún órgano vital?

“Al viejo tronco erguido/ Por el rayo violento sacudido.” José Martí  

Calixto García no se disparó en soledad y tranquilidad. No fue decisión meditada. En medio de la sorpresa, con enemigos que aparecen por diferentes puntos del campamento, buscaba una salida en medio de disparos cruzados, cuando el caballo se espanta y sus ayudantes caen abatidos a sus a sus pies. A un lado la deshonra y al otro la muerte. Su carácter explosivo. ”!Viva Cuba!”

La trayectoria del proyectil indica que,  en el instante que se dispara, el  general tiene la cabeza inclinada hacia atrás.  Se ha mencionado que un ligero traspiés le hizo mover la cabeza. La hipótesis del Dr. Sevila es que: “al colocar el cañón del arma detrás del mentón, supuestamente debe levantarse la barbilla y eso proporciona una posición relativa del arma respecto a la cabeza en dirección a la región facial, no hacia el cráneo (debemos pensar en las circunstancias desesperadas y urgentes en que se tomó la decisión)”.

El revólver calibre 44 era un gran artefacto. Puede verse en los filmes del Oeste. La hipótesis del Dr. Sevila, señala otro factor:  Calixto García era un hombre alto y corpulento. Atendiendo a la explicación y los gráficos que nos envió, podemos explicarnos mejor lo inexplicable. corresponden a los senos perinasales, cavidades llenas de aire en el macizo facial, por donde atravesó seguramente el proyectil antes de emerger por la pared anterior del seno frontal de línea media hacia la derecha, según la localización de la cicatriz. Probablemente el General era de las personas que tienen esas cavidades (senos perinasales) muy neumatizadas, o sea de gran tamaño, a juzgar por la envergadura de su anatomía; esa es una condición favorecedora para que la bala en su trayecto encontrara zonas de aire, menor resistencia y estructuras no vitales.”

Otras secuelas de por vida.

Su cavidad bucal quedó deformada, igual que la dentadura. Los “trastornos en la oclusión dentaria y la masticación, que señala el Dr. Pupo Triguero, le impidieron cerrar la boca adecuadamente y muchas molestias al comer. Las piezas dentales se dislocaron. Padecía de frecuentes dolores y sangramiento bucal.

En esa época no existían los antibióticos. Fleming descubrió la penicilina en 1929. El orificio de salida del plomo se convirtió en una fistula de por vida.  Las razones las explica el  Dr. Pupo Triguero: “La comunicación crónica entre la piel frontal, el seno frontal y la cavidad bucal, propició una infección presumiblemente mixta, con gérmenes de la piel y la boca infectando  el seno frontal, provocando una sinusitis frontal crónica, que drenaba pus por la fístula en la piel frontal.”

En esas condiciones físicas y después de sufrir pulmonía en la prisión de Pamplona, se incorporó a la nueva guerra por la independencia en 1880. Cuando pisó tierra cubana otra vez, sus, proclama: “Vuestro antiguo general viene a morir a vuestro lado. No hay tregua, no hay tratado.” Aquel disparo no había matado el sueño.

En 1874 Calixto García pudo morir dos veces. La primera, por su propia mano; la segunda, frente a un pelotón de fusilamiento como otros tantos patriotas. ¿Por qué no lo fusilaron?

De eso trataremos en la próxima entrega.