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Chapeando: Un facha en la ONU (+ Podcast)

El pasado año para estas mismas fechas, Benjamín Netanyahu, el carnicero de Gaza, usó el podio de la Asamblea General para anunciar su plan genocida contra Palestina, pero no atacó a la Organización de Naciones Unidas del modo extravagante y negacionista con el que este septiembre, otro devoto de la derecha liberal (es decir la ultraderecha), desembarcó en el podio multilateral para ofender y descalificar hasta el derecho a existir de sus antagonistas políticos en la región y en el mundo.

Javier Milei, el hombre de la sierra eléctrica para cortar derechos de los argentinos, definió a Cuba y Venezuela como dictaduras sangrientas. Y al gobierno sionista de Israel como "el único del Medio Oriente que defiende la democracia liberal".

Según su particular punto de vista, la Agenda 2030 es un disparate y los cierres globales por la pandemia fueron crimen de lesa humanidad.

Según Bárbara Betancourt, Milei no es un loco, es un facha, un fascista suelto en el escenario que creó hace más de siete décadas la comunidad internacional, justamente para extirpar los demonios del recién derrotado fascismo hitleriano. Hay que verlo, inspirado y posesivo, en medio de sus ataques a cualquier intento de hacer algo mínimamente justo para el planeta. Nada más parecido a los discursos de otro aparente loco que llevó al mundo a la oscuridad del fascismo: Adolfo Hitler.

Con su famosa frase de Viva la libertad, carajo, Milei niega la existencia de lo diferente y condena cuanto proyecto apunte a la izquierda. Deberían echarle de Naciones Unidas, como Cristo echó a los mercaderes del templo. Milei es enemigo frontal del multilateralismo.

Reinier Duardo aclara que lo de la ONU no es un discurso de ocasión para la Asamblea General. Refleja el pensamiento y la línea de acción del actual gobierno argentino. En este podcast se escucha a su joven vicepresidenta Victoria Villarroel negando a los 30 mil desaparecidos y acusando a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, es decir a las víctimas, de ser las generadoras del horror.

Para suerte de la memoria, ahí está la antigua ESMA, Escuela Mecánica de la Armada, hoy Museo de la memoria y están los 30 mil nombres de los desaparecidos en un memorial junto al Rio de la Plata. Como están los rostros de cientos de ellos en las aulas de la Universidad de Buenos Aires, de la que cientos eran alumnos cuando los genocidas los raptaron, torturaron y desaparecieron bajo las reglas del Manual de la Escuela de las Américas.

La Junta militar ha sido juzgada y condenada en tribunales de ese país por sus horrendos crímenes, particularmente el de los desaparecidos, que dejó a miles de familias envueltas en la angustia infinita de buscar y jamás encontrar a sus seres queridos.

Por cierto, el término desaparecido y el cómo se establece y por qué, tiene su origen en los crímenes anteriores de una real dictadura sangrienta cubana: la del General Fulgencio Batista, el hombre de los yanquis en la Cuba anterior a 1959. Los genocidas del batistato lanzaban a las cunetas los cadáveres de sus víctimas, buscando aterrorizar a otros revolucionarios. Esos cadáveres serían pruebas contra sus asesinos, que fueron juzgados en tribunales populares al triunfo de la Revolución.

Sus mentores aprendieron la lección y dicen que entonces emergió la figura del desaparecido: si no hay cadáveres, no hay prueba. La orden fue cumplida 30 mil veces en Argentina.

Pero hubo otros discursos en ONU que merecen comentario, por su ataque a Venezuela con todo, como si en lugar de la víctima, la República Bolivariana fuera la culpable.

Sorprendió sobre todo la agresiva descalificación que hizo Gabriel Boric del gobierno de Nicolás Maduro, del cual dijo prácticamente que cometió fraude y que ganaron sus adversarios, en un acto de injerencia inaudito. Ha declarado el triunfo de la oposición, algo que no han podido probar los propios interesados, con sus actas fraudulentas y sus acciones criminales de calle. Seguimos Chapeando.

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