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El Carmen, un templo majestuoso

En la esquina de Infanta y Neptuno se alza el edificio de los Padres Carmelitas Descalzos; iglesia y convento. Foto: Tomada de Onlinetours.

En la esquina de Infanta y Neptuno se alza el edificio de los Padres Carmelitas Descalzos; iglesia y convento. Tiene dos torres desiguales: una, central, de 35 metros de alto, con lozas vidriadas y una cúpula rematada por una pequeña cruz; mientras que la segunda torre, a la derecha, que alcanza los 60 metros, es campanario y pedestal de la imagen de bulto de la virgen del Carmen. Una imagen de bronce, esculpida en Nápoles, Italia, por Guido de Michel, de 7.5 metros de alto y un peso de 9.5 toneladas.

Sin duda, un templo majestuoso, de tres naves, visible desde muchos lugares de La Habana, obra de los arquitectos Mata y Sánchez que hicieron variaciones al plano original, elaborado sobre un proyecto de estilo barroco español del siglo XVII. Un edificio sólido e imponente que resalta por su sobriedad, y en el que sobresalen, aseguran especialistas, los decorados de la fachada con arcos, columnas y molduras de su pórtico principal.

Con todo, sus mayores riquezas y valores se hallan en el interior del inmueble, donde destacan sus lámparas y sagrarios, los diez retablos barrocos, sus vitrales, el altar del Niño de Praga, los retablos laterales, en fin. Los frescos del madrileño Martínez Andrés que, en 1950, en ocasión del VII Centenario del Escapulario del Carmen, decoró todo el templo con una obra impresionante por su volumen y calidad. Imposible dejar de mencionar los mosaicos sevillanos que, con motivos de la Orden del Carmen y otros temas, se despliegan en todo el zócalo y las columnas, y que hacen de esta iglesia una de las más bellas de La Habana.

Los diez retablos barrocos aludidos son del siglo XVIII y llegaron de la antigua iglesia de San Felipe Neri. Hay una bella talla en madera vestida de la virgen del Carmen que data del siglo XIX y, del siglo XVIII, una talla del Santo Cristo, de gran devoción en los creyentes.

Su construcción comenzó el 11 de marzo de 1925, sobre el terreno adquirido especialmente para ello por los padres carmelitas, y concluyó el 11 de abril de 1927, fecha en que se colocó la imagen de la virgen. Es entonces un templo casi centenario.

La devoción por Nuestra Señora del Carmen comenzó temprano en Cuba. En 1702, el obispo Diego Avelino de Compostela estableció a las Madres Carmelitas en un convento de la calle Teniente Rey. El paso de los carmelitas por La Habana en tránsito hacia Tierra Firme, extendió la devoción de los cubanos por la virgen, que en 1880 tuvo su templo en la ciudad. Radicaron los Carmelitas Descalzos en el templo de San Felipe Neri. Buscando un espacio mayor encontraron su actual ubicación. Mientras se concluía el edificio oficiaron allí en una capilla provisional.

El ascenso de la virgen

No son pocos los transeúntes que se preguntan cómo pudo situarse esa imagen en su torre monumento, toda vez que el hecho, como ya se dijo, ocurrió en 1927, dos años después de que la torre se edificara. Giran en torno al suceso leyendas y especulaciones. El que más y el que menos parece tener en La Habana una explicación que quieren hacer pasar como verídica.

La imagen de bronce se trajo de Italia. Su traslado desde el puerto habanero hasta Infanta –entonces Calzada del Presidente Menocal– y Neptuno, fue todo un acontecimiento, y ya frente a la iglesia debió aguardar un mes, hasta que 11 operarios de la ferretería y fábrica de estructuras de acero de Celestino Joaristi, con sede en la calle Monte, construyeron por dentro de la torre un andamiaje de metal que apoyaría el ascenso de la virgen. Una vez montada esa estructura, la imagen, elevada por guinches de vapor, demoró 11 minutos en recorrer los 60 metros del campanario. Hubo aplausos y llantos entre los que, en la calle, esperaban el momento. Una paloma blanca se posó en el hombro de la virgen.

Hubo un inconveniente pronto solucionado. A causa de su brazo izquierdo, que la virgen mantiene extendido, la imagen no cabía en la estructura que se preparó para el ascenso. El ingeniero que encabezó el grupo se lo pensó dos veces. Determinó cortar el brazo y soldarlo una vez que la imagen llegara a lo alto del campanario.

Orden mendicante

Los carmelitas surgieron de una comunidad de eremitas establecida por el profeta Elías en el Monte Carmelo, en Palestina. Su primera casa de fundó hacia 1550 y en 1210 se aprobó la regla que prescribía la vida eremítica en cabañas o celdas, reuniéndose los monjes únicamente a la hora de la misa y dedicando todo su tiempo al trabajo y la oración.

Los sarracenos los obligaron a trasladarse a Occidente y gozaron de gran popularidad e hicieron rápidos progresos en Francia e Inglaterra. Una nueva regla la convirtió en una orden cenobítica y mendicante, y en 1562 sobrevino la división entre los descalzos y los calzados. La división subsiste, pero la rama más importante es la de los descalzos, con una valiosa contribución a la teología mística y famosos por sus “retiros”, en los que se fomenta la vida espiritual.

Sus misiones se han diseminado por todo el mundo.

Una precisión: los carmelitas descalzos calzan sandalias.