
París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.
Mientras uno se adentra en la gran ciudad, la quietud de la periferia más verde parece un recuerdo de verano. La comuna de Suresnes, enclavada a la orilla izquierda del Sena, es un remanso dentro del bullicio de la gran urbe parisina.
Cuando se avanza, las pequeñas lavandas y los arbustos que engalanan ambos lados de las avenidas que llevan al corazón de la Île de France, se interrumpen por caserones enormes de los siglos pasados, como en los cuentos de Papá Goriot, una de las novelas cumbres del escritor Honoré de Balzac.
París es la misma, pero a la vez distinta. Algunos carteles y letreros advierten la proximidad de los Juegos. Cuelgan pendones en las calles principales, pero sin tanta fanfarria ni alboroto. Es como la sobriedad de un buen traje, justo en el lugar considerado por muchos como la capital de la moda.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.
Pero el espíritu de los Juegos está en la calle. Los pequeños y grandes negocios estampan su marca en carteles alusivos a sus productos, mientras que en los edificios públicos hacen notar con mayor pujanza la fuerza del encuentro multideportivo.
La avenue de la Grande Armée es una verdadera fiesta. Animada por la llegada de cientos de turistas atraídos por la celebración deportiva, parece ensancharse más allá de su cauce para desembocar en el Gran Arco de Triunfo.
Mucho antes, y a cada paso, pequeños cafés con sus mesitas roban portales. Son una tentación al caminante para degustar el más exquisito plato francés.
París es también un mar de puntos azules, inconfundibles por su vestimenta y el buen trato. Son cientos de voluntarios colmando las calles para prestar auxilio a turistas, deportistas y prensa acreditada a la que promete ser el más grande evento entre los realizados hasta el momento.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.
Al llegar al Arco de Triunfo es imprescindible la parada. Inaugurado en 1836 por el rey Luis Felipe, quien lo dedicó a los ejércitos de la Revolución Francesa y del Imperio, es uno de los símbolos más reconocidos de la capital francesa.
A sus pies se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido de la Primera Guerra Mundial, enterrado en 1921. La llama del recuerdo se reaviva todos los días a las 18:30.
En el pequeño pasadizo interior que comunica la gran avenida y el extensísimo paisaje de los Campos Elíseos, París vibra. Una amalgama de lenguas se confunden y entremezclan, un artista interpreta a guitarra limpia a la gran Édith Piaf, mientras los niños corren hacia el final del "túnel" para colocarse con ojos bien abiertos debajo del gran monumento.
En la piedra, tanto en su cara externa como en las bóvedas internas, pueden leerse los nombres de las victorias francesas más importantes y de los generales encargados de conseguirlas. Sus 50 metros de altura, 45 de ancho y 22 de profundidad asombran al visitante que por estos días observa cómo el mítico monolito es aderezado con los símbolos de la cita deportiva.
Atravesando los Campos Elíseos y de camino a la plaza de la Concordia, la ciudad parece cambiar nuevamente de velocidad. Los parques tapizados por la arenilla fina y custodiados por la sombra de algunos arbustos enlentecen el trepidante paso de la capital.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.
Los cierres policiales en esta zona se hacen más frecuentes, como en el espacio que cohabita junto a la Torre Eiffel. Escenario de varios deportes como los urbanos, el voleibol de playa, la esgrima y el taekwondo, esta área acomete las últimas obras para dejar listas las instalaciones para los Juegos.
En medio del bullicio siempre encontramos sonrisas por Cuba. Al percatarse de nuestra presencia, un hombre alzó su brazo y gritó: "¡Viva!", mientras que un jovenzuelo en un restaurante identificó de inmediato la bandera y preguntó por el país en el más auténtico francés.
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París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

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París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Roberto Morejón

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.

París, víspera de los Juegos Olímpicos. Foto: Ricardo López Hevia.