
Escuche y juzgue. Es lo que pedimos a quien se conecte con este podcast, que abre con una amplia reseña del debate entre la congresista de origen cubano, María Elvira Salazar y el actual Secretario de Estado norteamericano Anthony Blinken.
En lo que el reporte califica como un rifirrafe entre el ejecutivo y la legisladora, ella no va solo contra Cuba, no sólo cuestiona la política del Gobierno de Biden hacia la Isla, sino que emplaza al secretario de Estado sobre qué van a hacer si Nicolás Maduro gana las elecciones del 28 de julio, porque para ella sería por fraude, pero luego pregunta si Estados Unidos no va a evitar que Gustavo Petro cambie la constitución colombiana con el fin de reelegirse.
Ella no sólo suena prepotente y altanera. Ella tiene el talante de los halcones y es la más completa expresión del totalitarismo sin fronteras. Esa anomalía que sembró en los políticos norteamericanos la idea de que no puede moverse una hoja en América Latina sin que ellos intervengan para decidir dónde debe caer: la Doctrina Monroe.
La audiencia cubana no debería olvidar jamás esa voz ni su prepotencia al exigir que no se quite ni una sola de las medidas de asfixia contra Cuba.
El bloqueo reforzado y la inclusión de nuestro país en la lista de supuestos patrocinadores del terrorismo, esa que no nos permite acceder a los créditos para pagar lo mismo una planta de generación eléctrica que los combustibles que las alimentan, o los medicamentos de los hospitales, todo se sostiene con ese estilo literalmente mafioso de emplazar amenazante, a quien ose dudar ante sus preguntas.
¿Quieren sacar a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo? ¿Lo harán? Pregunta y exige inmediatez en la respuesta con aires de guapo de barrio, metedores de miedo o que intentan hacerlo. Como que en Cuba a ella no le hace caso nadie, pues ahí se luce presionando a Blinken, en una onda de perdonavidas, típica de quien trae claramente el mandato de otros, de los que están por encima y le exigen cumplir con su papel, que para eso le consiguieron el curul que mancilla con su actitud.
Lo han dicho más de una vez analistas y expertos políticos: como ocurre con el lobby judío, hay más congresistas de origen cubano que de cualquier otra nacionalidad latina. Y están ahí para ser los perros cancerberos, atentos a que no se afloje la política contra Cuba. Son los encargados de vigilar que se ejecute la asfixia, para que los que reclaman propiedades, regresen en su momento a retomarlas.
Es tanta la prepotencia como la ignorancia respecto a cómo funciona la política en un nivel más serio, que ella también se suma al grupo de los odiadores que pasaron horas de esta semana haciendo claramente el ridículo cuando compraron , como se dice popularmente, la absurda idea de que había oficiales cubanos inspeccionando áreas secretas de aeropuertos estadounidenses.
Nadie fue más lejos que María Elvira, acusando al gobierno por lo que no pasó, aunque basta buscar la emisión del miércoles del Guerrero cubano para ver una colección de estupideces sobre el asunto (incluidas en este podcast) que ha dejado en ridículo a media jauría de odiadores.
Poniendo en contexto lo que oímos, Reinier Duardo explica que desde 2011 se realizan estos intercambios entre personal de los aeropuertos cubanos y los norteamericanos, como ocurre regularmente entre países a los que se viaja o desde los que se viaja.
Ignorando esa práctica, lo que han armado los odiadores es realmente patético. En opinión de Bárbara Betancourt nunca se pareció tanto Miami a San Nicolás del Peladero.
En un debate entre expertos que leí en redes hace unos días, algunos comparaban el bloqueo a Cuba con el que aplicaron a Vietnam (y que solo duró 20 años) después de una guerra que le costó más de 400 mil muertos a Estados Unidos. La diferencia es que en el Congreso americano, nunca hubo un lobby vietnamita como el que forman los representantes de la mafia cubana, pidiendo que bloquearan y cercaran hasta el estallido social a su propio pueblo de origen. Seguiremos Chapeando.