No hay posibilidad de confusiones con Camilo. Cada carta, cada documento suyo destruye cualquier falacia de la contrarrevolución en torno a su persona, o al amor y la amistad que el pueblo y sus compañeros de lucha le profesaron y le profesan. Hay que buscar a Camilo siempre y hallarlo en uno mismo, acordarse de él en la manera en que pidió Fidel; y también hay que defenderlo de estatuas y poses, defenderlo trabajando y siendo leales a la tierra en la que él les juró a sus hermanos que su sangre no cayó en balde.
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