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La constancia de los portugueses

En la gentileza de los anfitriones y la tranquilidad de las calles tuvimos pruebas de las semejanzas entre Cuba y Portugal. Foto: Presidencia.

Miguel Almeida, empresario portugués radicado en Cuba hace varios años, me lo había advertido en La Habana: "somos los europeos más parecidos a los cubanos, incluso más que los españoles".

Y en Lisboa tuvimos algunas pruebas. En la gentileza de los anfitriones y en la tranquilidad de las calles. Por más turistas que desborden la ciudad (el doble de sus habitantes), siempre hay espacio para quien llega y tiempo para el diálogo.

También hay diferencias, claro. Ojalá un día nos pareciéramos un poco en la limpieza y conservación de sus barrios o villas, antiguas o modernas, y de sus calles, de adoquines o de asfalto. Ojalá aprovecháramos igual la costa como playa, campo de juegos, área de fiesta.

En cuanto a la gente, sí que se nos parece. No dejan pregunta sin respuesta, ni son altaneros en el trato. Directos, francos, sin dobleces visibles ni imposturas, llevan la elegancia en la sencillez del vestido, ligero y fresco como su verano. Y a casi todas partes van con tenis, el único calzado que perdonan los milenarios adoquines lisboetas.

No sé si nos parecemos tanto, pero la empatía aflora enseguida. Foto: Presidencia.

En fin, que no sé si nos parecemos tanto, pero la empatía aflora enseguida. Desde el primer saludo parece que nos conocemos. Quizás de otra vida, de la que no sabíamos. O de otro modo de ver el mundo, más abierto y profundo, como el horizonte infinito del Atlántico que nos emparenta.

Alguien me advierte que todavía hay quienes disimulan mal su orgullo por el pasado imperial y por todas las posesiones que una vez tuvieron al este y el oeste de sus tierras originales.

Pero, la excepción solo confirma la regla. Alivia escuchar en un territorio de las viejas metrópolis, discursos políticos libres de admoniciones y consejos.

Las más altas autoridades portuguesas no suenan eurocéntricas, como otros líderes de la Unión que un día fue esperanza para el equilibrio del mundo.

"Estás en tu casa, los cubanos todos están en su casa", dijo a manera de saludo, Marcelo Rebelo de Sousa, el Presidente del país, al recibir a su homólogo cubano, Miguel Díaz Canel Bermúdez, en el Palacio de Belém, después de las conversaciones oficiales.

"Estás en tu casa, los cubanos todos están en su casa", dijo, a manera de saludo, el presidente portugués al recibir a su homólogo cubano. Foto: Presidencia.

Hace 104 años se establecieron las relaciones bilaterales y hasta hoy se mantienen de forma ininterrumpida, "independientemente de los regímenes en Portugal: monárquico, republicano, autocrático o democrático...", reconoció de Sousa.

Y entonces explicó la distinción de los portugueses: "Somos constantes con nuestras amistades. Eso explica la oposición al bloqueo a Cuba por parte de gobiernos de derecha y de izquierda.

"Incluso, cuando tenemos puntos de vista diferentes, como sucede con el conflicto europeo que domina el escenario global, mantenemos el diálogo multilateral permanentemente.

"Pensamos en la importancia que tiene el mundo latinoamericano para Europa y Europa para el mundo latinoamericano".

Honestamente, con todos los parecidos y cercanías entre cubanos y portugueses que se puedan certificar, sorprende esta otra visión sobre el Viejo y el Nuevo Mundo, conviviendo respetuosamente.

Nada o muy poco que ver con lo que nos espera en Bruselas, donde un grupo nostálgico de los tiempos coloniales, pretende juzgar a Cuba y otras naciones latinoamericanas, entre otras antidemocráticas razones, por el crimen de abstenerse en un conflicto que Europa no ha sabido resolver.

Allá vamos, seguramente extrañando la constancia portuguesa.

Con todos los parecidos y cercanías entre cubanos y portugueses, sorprende esta otra visión sobre el Viejo y el Nuevo Mundo, conviviendo respetuosamente. Foto: Presidencia.

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