
Pedro Escandell, jefe de programación y control de la EMCE. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Ya Pedro Escandell no viste el chaleco azul y el casco amarillo como antaño. Su paso es más lento y cansado y su pelo gris devela que este casi octogenario ha vivido por muchísimo tiempo entre calderas, planos y turbinas.
Nos espera sentado en su oficina, lejos del ruido ensordecedor e incesante de las máquinas gigantes que han sido sus fieles compañeras y que dibujan el paisaje industrial de la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE).
Dicen quienes lo conocen que no es de perder la cordura ni el temple. Ni en los peores momentos –como el que estamos pasando ahora con la generación eléctrica– se estresa ante los posibles percances que pueden suceder “en un sistema que respira y late”, como nos dice al referirse a las termoeléctricas.
Aunque ha llovido abundantemente desde la década del setenta, cuando dio sus primeros pasos en el mundo de la electricidad, Pedro Escandell no olvida nada.
El actual jefe de programación y control de la EMCE recuerda sus inicios en la industria y la historia de la organización que ha sido su segunda familia.
Comenzó a trabajar en 1976 en el “ministerio eléctrico” y luego pasó a una empresa de ingeniería. En 2009 se incorporó a la EMCE, después de haber colaborado con ella en una misión internacional en Haití, donde instaló grupos electrógenos. “En Haití trabajé mucho con mis compañeros de la EMCE y me gustó su estilo de trabajo”, nos cuenta.
“Fue una experiencia muy dura, pero muy gratificante. Ver cómo podíamos ayudar a tanta gente con nuestra labor me llenó de orgullo y satisfacción”.
Desde entonces, entre otras responsabilidades, se ha consagrado a coordinar los equipos de planificación y control de las unidades empresariales básicas (UEB) que ejecutan mantenimientos en las centrales eléctricas.
Esos mantenimientos son muy complejos y requieren de un alto nivel de conocimiento y experiencia. “Me gusta mi trabajo, porque es muy variado y desafiante”, dice Pedro.
“Cada central eléctrica es diferente y tiene sus propios problemas y características. Hay que estar siempre atento y preparado para cualquier eventualidad. Es un trabajo que exige mucho, pero te da muchas satisfacciones.
“Una termoeléctrica es una instalación extremadamente complicada. Ahí todos los procesos físicos, químicos y térmicos están interrelacionados. Por tanto, hay que tener un dominio vasto de todas las especialidades que intervienen: mecánica, electricidad, instrumentación, etc.”.
Para realizar un buen mantenimiento, hay que prepararlo todo con antelación: desde los recursos materiales hasta los planes de trabajo. “La razón del éxito de una ejecución está en la preparación”, afirma el jefe de programación y control de la EMCE.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Se siente orgulloso de su trabajo y del equipo que lo acompaña. “La EMCE es una empresa líder en este campo y cuenta con profesionales excelentes. Somos los guardianes del desarrollo energético del país”.
Escandell Sosa es un ejemplo de dedicación y profesionalidad en el sector eléctrico cubano. Su trabajo es vital para mantener las centrales eléctricas funcionando correctamente y contribuir al bienestar del pueblo.
En todos estos años en el sector, ha visto de todo: apagones, averías, incendios... Pero también ha apreciado el esfuerzo y la dedicación de sus compañeros para mantener la luz en los hogares y las fábricas del país.
Pedro sabe que la situación actual es compleja, que hay problemas con las termoeléctricas, que hay que repararlas o construir nuevas; diversificar las fuentes de energía y apostar por las renovables; enfrentar el cerco económico y las agresiones que dificultan la importación de combustible y piezas.
“Es un reto enorme pero no imposible”, comenta. “Tenemos la voluntad y la capacidad para superarlo. Hemos demostrado muchas veces nuestra resistencia y nuestra creatividad ante las adversidades. No vamos a rendirnos ni a dejar de luchar por nuestro sueño: un país más próspero y sostenible”.
Y tiene esperanza en que se pueda salir de esta situación, en que este verano no sea tan duro como el pasado, que se reduzcan los apagones y mejore el servicio eléctrico.
Lo dice con convicción: “Estamos completamente seguros. Fíjate, no vamos a estar como quisiéramos estar. No. Pero no va a ser el mismo verano del año pasado. ¿Por qué? Porque vamos a tener muchas más unidades en línea y muchas unidades que han estado más limitadas van a tener más potencia ahora. No es que no haya apagón, pero ya el apagón se va a reducir en un modo considerable”.
Mientras conversa con su rostro tras un nasobuco –precaución que le dejó la pandemia– relata cómo se prepara para trabajar en la termoeléctrica Guiteras, donde hace poco hubo un incidente grave con una paleta del rotor, y lamenta algunos comentarios que ponen en duda la calidad de los trabajos que acomete su tropa.
“Me duele cuando alguien especula sobre nuestra labor o la de quienes se esfuerzan cada día por hacerla posible. Pero no me dejo llevar por eso, porque sé que lo fundamental está más alto que esa miseria que puedan transmitir algunos por ignorancia o por el trabajo del enemigo. Sé que muchas veces eso parte de los que en las redes sociales nos quieren desanimar y desunir. Pero nosotros no nos dejamos engañar ni vencer.
“Nosotros nos sentimos satisfechos cuando terminamos nuestro trabajo y vemos que sale bien, que el bloque sincroniza, que mete megawatts para el sistema y que disminuye el apagón. Eso crea una satisfacción grande en nosotros, que es el aliciente fundamental para seguir adelante.
“Independientemente de que puedan existir otras cosas materiales o personales, eso es lo más importante para nosotros. Y les digo una cosa: trabajar en una termoeléctrica no es fácil. Es un trabajo duro y sacrificado, que requiere de mucho valor y compromiso.
“Por ejemplo, al limpiar los condensadores, tenemos que abrir una tapa enorme y meternos ahí dentro con una peste horrible a pescado podrido y escaramujo. Y además, con un calor insoportable de 40 grados o más. La gente entra y sale cada diez minutos para aguantar y se turna con los demás compañeros. Y todo eso, mojados con agua salada y vapor condensado. Eso no se paga con nada.
“Pero nosotros lo hacemos porque sabemos que es necesario para garantizar el funcionamiento de la planta y el servicio eléctrico al pueblo. Por eso somos felices con nuestro trabajo y no nos dejamos influenciar por las críticas o los ataques de los enemigos. Somos parte de una entidad noble y digna, que contribuye al desarrollo del país y al bienestar de la gente”.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
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