
Concedo que no seguimos a ningún maestro, en el hecho de no ligarnos indisolublemente a su doctrina; niego que esto signifique que procedamos sin norma y que rechacemos todas las enseñanzas. Lo que la Filosofía ecléctica pretende es tomar de todos cuanto la razón y la experiencia aconsejan como norma, sin adscribirte pertinazmente a ninguno.
Félix Varela (Proposiciones… 1812)
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Lo primero que caracteriza a la filosofía vareliana es su ruptura epistemológica con el pasado teórico y la ubicación de su gnoseología como búsqueda del instrumental teórico, metodológico y conceptual para interpretar su realidad física, social y humana.
En este sentido, el primer mérito histórico de Félix Varela es la profunda y multifacética crítica a las estructuras de pensamiento –y a sus consecuencias sociales– de la teorización hasta entonces dominante, la escolástica desvitalizada de los siglos XVII y XVIII. Admirador de Santo Tomás, no puede ver indiferente, el mal uso de la razón teológica. De Europa lo que hay que asumir, afirma, es el espíritu crítico de sus grandes creadores, no la letra muerta de sus escribidores sin luz.
Los métodos y las ideas más que adoptarlos, adaptarlos a una realidad que los enriquece y, en cierto sentido, los trasciende. Confirmar las verdades universales a través de las expresiones singulares propias, no asumir como universales las particularidades del otro. Es la necesaria independencia de las ciencias de la teología: la fe para las cosas sagradas y la razón para la comprensión de la naturaleza física y humana.
No existe otra autoridad en el campo científico que la emanada de la verdad demostrada por la Razón y la experiencia que no puede ser limitada por la autoridad o la antigüedad de cualquier pensador. Es, por tanto, el concepto de libertad el que traza los pasos del conocimiento. Este concepto se integra al carácter del pensamiento de Félix Varela. Para llegar a la verdad, y en busca de ella, el pensador debe asumir una actitud electiva. ¿Qué significa el pensamiento electivo?
Al tomar posesión de la Cátedra de Filosofía, en el propio año de 1812, define su posición filosófica en un trabajo titulado Varias proposiciones para el ejercicio de los bisoños. En el mismo precisa la filosofía ecléctica como la mejor. En 1818, al publicar Lecciones de Filosofía, escribe: "En el siglo IV de la Iglesia, Potamón Alejandrino estableció un género de filosofía más libre, en que cada uno buscaba la verdad, sin jurar en la palabra de ningún maestro, y estos filósofos se llamaron eclécticos porque elegían libremente lo que juzgaban más cierto". [1]
Llamo la atención sobre tres elementos que sostiene Varela en esta definición: a) que la filosofía ecléctica es más libre; b) ello es posible porque no jura en la palabra de ningún maestro; c) la actitud de los filósofos que pertenecen a esa escuela es la de elegir libremente. Es decir que en el sacerdote cubano el sentido del concepto ecléctico es el de elegir libremente lo que considera útil para llegar a la verdad.
"No hay duda de que lo que Varela está entendiendo por eclecticismo no es la unión mecánica de sistemas, ideas, conceptos, sino la ponderación de la capacidad del hombre y del derecho que tiene a juzgar por sí mismo, con plena libertad, es decir, el derecho de todo hombre a elegir lo que, en un proceso racional, juzga como cierto". [2]
Pero la elección, si es verdadera, no puede ser arbitraria. Por ello concuerda con John Locke en que, de lo que se trata, es de la búsqueda de la verdad.
La definición de Varela coincide con la de la Enciclopedia Francesa: “El ecléctico es un filósofo que, haciendo tabla rasa del prejuicio, la tradición, la antigüedad, el consentimiento universal, la autoridad, en una palabra, de cuanto subyuga a la multitud de los espíritus, ese pensar por sí mismo, remontarse a los más claros principios generales, examinarlos, discutirlos y no admite más que bajo el testimonio de su experiencia y su razón: y de todas las filosofías que ha analizado sin prejuicio ni parcialidad, hacerse una particular y doméstica que le pertenece”. [3]
Las determinantes fundamentales, por tanto, del carácter de la filosofía vareliana son la libertad y la elección, "pues el que cede a una autoridad no tiene elección".[4] Esta doctrina fue fundamentalmente defendida por Locke, quien afirma que la libertad consiste "en que seamos capaces de actuar o no actuar a consecuencia de nuestra elección". [5] Por ello, si queremos ser precisos en la definición del carácter del pensamiento de Varela, el término adecuado es el de filosofía electiva no solo como definición teórica sino como actitud científica. Esta condición de la teorización vareliana significa, ante todo, ruptura con la actitud pasiva ante el conocimiento y la fundamentación de la emancipación del pensamiento. Es la propuesta de un método para hacer ciencia más que una especulación abstracta.
¿Qué sentido tiene esa libertad, ese carácter electivo y esa liberación del pensamiento en Cuba y en Hispanoamérica? La fundamentación de una vía autóctona y antidogmática para interpretar nuestra propia realidad. Al liberar al pensamiento de la estructuración de una escolástica tardía y desvitalizada, y de su supeditación –o dependencia– de los sistemas teóricos establecidos, y en algunos casos ya vencidos, creaba las bases para una ciencia que fundamentaba el pensamiento de la liberación cubana y, por extensión, americana. De este modo da inicio a un camino propio, continuado por más de dos centurias, que, sobre el pedestal de nuestra realidad, empleará un instrumental teórico y conceptual universal y, a la vez, creará, como necesidad irrenunciable, un modo propio de pensamiento emanado de los componentes físicos, culturales, espirituales y éticos de la emergente cubanidad. El concepto lo había definido el maestro de Félix Varela, José Agustín Caballero, al tener el cuidado de llamarlo filosofía electiva para que no se interpretase erróneamente el significado y sentido de la misma. Es, en esta dirección, que se puede entender el verdadero sentido de la frase de José de la Luz y Caballero: Varela fue el que "nos enseñó primero en pensar".
Un instrumento filosófico importante tuvo el pensador habanero. Surgida en sus tiempos, la corriente filosófica llamada Ideología se definía así misma como el estudio de la producción de las ideas. Ello le permitió trascender el sensualismo de moda por entonces y el quietismo que ofrecen los lugares comunes. En esta corriente se le daba un papel importante a la acción del sujeto en lo que se llamó ideología aplicada. Aclarado el lugar de la fe para las cosas divinas y la razón y la experiencia para el estudio de la naturaleza física y social, le da forma a su filosofía.
Destierra de sus Lecciones… todo lo que para él es especulación y polémicas escolásticas que no arrojan verdadero conocimiento. Por ello, rechaza con fuerza "el pedantismo" intelectual de los que hablan “un lenguaje filosófico que nadie entiende” pues más fácil es estudiar los originales de los autores clásicos. La aparente "erudición de los maestros es el mayor obstáculo al progreso de los discípulos". [6] Ese fuerte componente ético del pensamiento vareliano lo lleva a rechazar la actitud de aquellos que ven en el conocimiento la autorrealización en el libre juego de la razón por la complacencia de la vanidad. La erudición por la erudición misma es evasión, es la esterilidad de la inutilidad: "¡Qué absurdo es decir que pasa una vida filosófica el misántropo que sin atender más que a sí mismo vive entre sus semejantes sin interesarse en los bienes de la sociedad". [7]. Lo útil, en Varela, está ceñido a aquellas acciones de los hombres que producen un bien real, es decir, un bien social. De aquí que "bien y utilidad significa una misma cosa [...] todo bien es útil y toda utilidad supone un bien o se dirige a producirlo". [8] Esta es la fundamentación de su acción social y política y el valor de su filosofía como ciencia.
Dicho en otros términos, su propuesta filosófica se basa en el estudio y análisis del mundo natural para derivar del mismo el conocimiento y de este las ideas; y en ese proceso, el hombre desempeña un papel activo, tanto en el conocer como en el hacer: "Los filósofos han dicho que hay un sujeto que sustenta o sostiene las propiedades y por tanto lo llamaron sustancia. Ellos dicen lo que piensan, y no lo que han observado"; [9] "No pertenecen a la naturaleza de las ciencias los innumerables sistemas y suposiciones de que se han llenado los hombres, sujetando la naturaleza a sus ideas y no las ideas a la naturaleza"; [10] "La naturaleza es nuestro primer maestro en el arte de analizar, y ella es la única que nos dirige". [11]
Sus Lecciones de Filosofía se dividen en cuatro partes: la primera, es el "Tratado de la dirección del entendimiento o teoría del conocimiento"; la segunda, el "Tratado del hombre", que culmina en una lección única de patriotismo; la tercera, que cubre tres de los cuatro tomos de la obra, está dedicada a la física experimental o con instrumentos. Reconocido como filósofo, poco se conoce que fue el creador en Cuba de la actitud científica moderna, abierta y sometida a los necesarios cambios que la investigación introduce en el desarrollo del conocimiento. A ello se añade, que fue el primero en sistematizar, en sus Lecciones de Filosofía, los estudios de la física con instrumentos (que, por entonces, abarcaba otras materias como las relacionadas con la química). Ello lo coloca como fundador de nuestra ciencia moderna.
Lo que marcó a todo el pensamiento cubano posterior es la armonía y complementariedad entre ciencia y conciencia nacidas en la obra valeriana: hacer ciencia para crear conciencia; crear conciencia patriótica para hacer ciencia. El concepto de patria, definido en sus Lecciones…, condicionó el quehacer de científicos y estudiosos cubanos que trabajaron con pasión en el descubrimiento de nuestra naturaleza física y social, y en la construcción de la “idea cubana” base conceptual de la nación patriótica, ética y culta. Según su origen vareliano, el concepto de patria lo definió José Martí como “fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”, porque “patria es humanidad”, “con todos y para el bien de todos”. En su sentido más trascendente, es una filosofía del deber ser, no una justificación de lo que es y no debe ser. El continuador excepcional del padre fundador, José de la Luz y Caballero, lo expresaba ardiente el corazón: “El filósofo como es tolerante es cosmopolita, pero debe ser ante todo patriota”; “Todo es en mi fue, en mi patria será. Que si el fue tornase a es, no: que el será se vuelva es, sí”. [12]
El Elenco de 1816 es el primero que contiene el sistema de ideas vareliano. En el mismo define sus conceptos del arte de hacer política: "a) Preferir el bien común al bien particular, b) no hacer cosas que puedan oponerse a la unidad del cuerpo social, c) hacer solo lo que es posible hacer en favor de la misma sociedad y según el fin de ella". [13] A ello se atuvo durante toda su vida política. Al estudiar el contrato social de Jean-Jacques Rousseau lo adapta de modo que le sirva de base a toda su argumentación independentista. El contrato social no es solo entre gobernantes y gobernados en un mismo país, sino es, también, el acuerdo entre un país y un gobierno extranjero. El mismo derecho que tiene el pueblo de una nación a romper el contrato cuando el gobernante viola el pacto y no gobierna de acuerdo con sus intereses, lo tiene una colonia dependiente cuando su metrópoli se ha distanciado de sus intereses. De esta forma, la base teórica de las revoluciones europeas sirve para explicar y justificar la opción independentista de los pueblos latinoamericanos. A partir de estas concepciones, el pensamiento vareliano se inserta en la filosofía de la liberación latinoamericana.
La envergadura de la filosofía de Varela y de sus continuadores es definida por Luz y Caballero en su implementación creadora de hombres de pensamiento: “Nos proponemos fundar una escuela filosófica en nuestro país, un plantel de ideas y sentimientos, y de métodos. Escuela de virtudes, de pensamiento y de acciones; no de expectantes ni eruditos, sino de activos y pensadores”. [14] El profesor Roberto Agramonte definió la intencionalidad de los varelianos como la de querer crear "una sophia cubana que sea tan sophia como lo fue la griega para los griegos". [15]
V
De la Cátedra de la libertad al abrigo de Dios Hijo de la ilustre Habana, educado en ella, degeneraría de los sentimientos del más constante y generoso de los pueblos, si el temor a los peligros pudiera arrebatarme.
Félix Varela (Despedida de la Habana, 1821)
El sábado 15 de abril de 1820, se iniciaba en Cuba el segundo período constitucional. Decretada la obligatoriedad de la enseñanza del texto constitucional, el obispo Díaz de Espada y la Sociedad Económica de Amigos del País crearon la Cátedra de Constitución.
El obispo preparo sus reglamentos y propuso a Varela como propietario de la misma en el Seminario de San Carlos. De hecho, las bases del derecho constitucional, estaban en las lecciones de Filosofía que impartía el insigne sacerdote. El 9 de enero de 1821 iniciaba sus clases. Expresó que la misma era “la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales, de la regeneración de la ilustre España, la fuente de las virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez a conciliado entre nosotros las leyes con la filosofía”. [16]
Dos ideas merecen especial destaque por su temprana utilización y por provenir de las revoluciones de la época, la de libertad y la de los derechos del hombre. Unos meses después aparece público su texto Observaciones sobre la Constitución política de la monarquía española, la primera obra sobre derecho constitucional escrita en Cuba para los cubanos. Al efectuarse, ese mismo año, las elecciones para diputados a Cortes, Varela es elegido por La Habana. Al marchar ha dejado establecidos dos sólidos pilares en el desarrollo social, cultural y científico de Cuba, las cátedras de Filosofía y de Constitución, cubiertas provisionalmente por sus discípulos José Antonio Saco y Nicolás de Escobedo.
En las Cortes españolas el diputado habanero presenta varios proyectos de ley que materializarían sus ideas teniendo en cuenta “hacer lo que es posible hacer”. Propone una reforma de la enseñanza, en particular, la de los estudios universitarios; el reconocimiento de la independencia de los recién surgidos estados latinoamericanos; la extinción de la esclavitud en Cuba, y un gobierno en la Isla con rasgos autonómicos que fortalecieran las Diputaciones Provinciales: “Es indispensable ampliar las facultades de las diputaciones en América, presentándolas como una barrera a la arbitrariedad”. [17]
En 1823, un ejército francés, los Cien Mil Hijos de San Luis al mando del duque de Angulema, invade España y restaura el absolutismo. Fernando VII deroga la Constitución y todas las leyes aprobadas por las Cortes y condena a muerte a los diputados, entre ellos a Félix Varela. Este logra escapar, a través de Gibraltar, y arriba a Nueva York el 17 de diciembre de 1823. Desconociendo el invierno neoyorquino, nunca más tendrá el calor de su ciudad natal.
Poco después, se traslada a Filadelfia, donde, en 1824, comienza a publicar el periódico independentista El Habanero, papel político, científico y literario. Su último número vio la luz dos años después. Este periódico, por sus ideas, se diferenciaba notablemente de las tendencias que promulgaban acciones sin ideas, estallidos de dignidad sin tener claro el destino final del país. Cuatro aspectos son importantes en sus artículos: Cuba debe ser “tan isla en lo político como lo está en la naturaleza”, no anexada a otra nación quizás más poderosa y con lo cual se perdería su cultura y su propio destino; el movimiento revolucionario debe ser popular y con objetivos bien trazados, no de sociedades secretas de élite; la independencia debe lograrse por los habitantes del país sin la ayuda de ejércitos extranjeros que no están sensibilizados con su naturaleza y con las características de sus habitantes, y, por último, unir, más allá de las cajas de azúcar y café, a todo el pueblo sin diferenciaciones sociales pero respetándose entre sí. Por la coherencia, perspectivas, análisis de la realidad y objetivos, ello lo coloca como nuestro primer pensador independentista.
Durante este período, consciente de que solo con ciencia y cultura se podía iniciar el desarrollo de una nación prospera y verdaderamente libre, continua su labor creativa para los estudiantes y estudiosos cubanos. En 1826 publica y envía para La Habana sus traducciones de Elementos de Química aplicada a la agricultura de Humphrey Davy y el Manual de práctica parlamentaria para uso del Senado de los EE.UU. de Thomas Jefferson. Un año después, y para norteamericanos, su Catecismo de la doctrina cristiana (en inglés). También da a la luz las terceras ediciones de Miscelánea filosófica y Lecciones de Filosofía, corregidas y aumentadas. La última y más completa edición de sus Lecciones… es de 1841. En 1829, se encuentran en Filadelfia los más destacados alumnos de Varela: José María Heredia, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte, por solo mencionar algunos. Heredia llevará a México la última edición de las Lecciones de Filosofía con el fin de que sirvan de texto a los estudiantes de ese país. Inician, junto con su maestro, los Jóvenes Ilustrados, como se llamaron, una nueva publicación que, a diferencia de El Habanero, tiene un perfil más cultural que político, El Mensajero Semanal, convencidos de que desde la cultura de lo que son, siembran la “idea patriótica”, “la idea cubana”, de lo que debe ser.
Desde 1825, Varela oficia como sacerdote en Nueva York. Su entrega es total. En particular, atiende a los irlandeses, italianos y españoles católicos que son víctimas de los prejuicios y discriminaciones de la mayoría protestante anglosajona. Los auxilia en su orfandad. Sostiene una fuerte polémica con los teólogos protestantes, que se extiende durante varios años. De sus experiencias es resultado su obra inconclusa, publicada entre 1835 y 1838, Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la sociedad, dirigidas a la juventud cubana. Fue incomprendido, porque combatía un error que no se quería aceptar como tal.
Tres años antes de morir, lo visitó un joven, Alejandro Angulo, quien le preguntó el secreto de por qué no había concluido sus Cartas a Elpidio. El noble y sabio sacerdote le pidió que lo que le iba a decir no lo publicara hasta después de su muerte: “En esas cartas yo me propuse combatir una errónea creencia relativa a este país [Estados Unidos]. Mis compatriotas creen que aquí existe una completa tolerancia religiosa, lo que no es verdad […] aquí no existe la tolerancia que se pondera y elogia. Pues porque yo empecé a combatir ese error, mis paisanos se desagradaron, y lo supe por varios conductos. Me censuraron por eso… ¿A qué, pues, continuar con mis Cartas a Elpidio? Me hirieron, señor, mis compatriotas, cuando con muy sana intención hacia ellos comencé aquella obrita”. [18]
Enfermo, sin recursos, volvió para morir a la ciudad de sus primeros años, San Agustín de la Florida. El padre Aubril le brindó un local en el fondo de la iglesia parroquial. Allí murió el viernes 25 de febrero de 1853 a las ocho y media de la noche.
La vida del padre fundador de la ciencia y conciencia cubanas estuvo transversalizada por una idea:
"Cuando yo ocupaba la Cátedra de Filosofía del Colegio de S. Carlos de La Habana, pensaba como americano; cuando mi patria se sirvió a hacerme el honroso encargo de representarla en Cortes, pensé como americano, en los momentos difíciles en que acaso estaba en lucha mis intereses particulares con los de mi patria, pensé como americano; cuando el desenlace político de los negocios de España me obligó a buscar un asilo en un país extranjero [Estados Unidos] por no ser víctima en una patria cuyos mandatos había procurado cumplir hasta el último momento, pensé como americano, y yo espero descender al sepulcro pensando como americano". [19]
Dos siglos después de su vida creadora, siguen germinando las semillas que regó en terreno fértil. De los sentimientos e ideas del padre Varela nacieron los paradigmas del pensamiento y la fe cubanos. La búsqueda de la verdad con virtud y amor para crear una sociedad en que reine la unión, la paz, la igualdad y la concordia. Allí en su obra y en su vida, están los orígenes de nuestra singularidad; los orígenes de la ciencia y de la conciencia patrióticas cubanas.
Gloria eterna al padre fundador, Félix Varela y Morales.
Notas
[1] Félix Varela: Lecciones de filosofía. Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1961, p. 20.
[2] Eduardo Torres-Cuevas: Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas, Imagen Contemporánea, La Habana, 2015. p. 360.
[3] Paul Feulquié: Diccionario del lenguaje filosófico, Editorial Laber.S.A., Madrid, España, 1967, p. 290
[4] Félix Varela: "Cartas a un discípulo (Nueva York, 22 de octubre de 1840)". José Manuel Mestre: De la filosofía en La Habana, Imprenta la Antilla, La Habana, 1962, p. 93.
[5] John Locke: Ensayo sobre el entendimiento humano. F.C.E., México, 1956, p. 234.
[6] Félix Varela: Lecciones de filosofía. Ed. cit., p. 11.
[7] Félix Varela: Miscelánea filosófica. Ed. cit., p. 56.
[8] Eduardo Torres-Cuevas: ob. cit., p. 10.
[9] Félix Varela: Miscelánea filosófica. Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1944, p. 152.
[10] Félix Varela: "Elenco de 1816". Antonio Bachiller y Morales: Ob. cit., tomo II, p. 292.
[11] Ibídem, p. 156.
[12] José de la Luz y Caballeo: Obras. Aforismos, Biblioteca de Clásicos Cubanos no.17, Imagen contemporánea, La Habana, 2001, pp. 69
[13] Eduardo Torres-Cuevas: Op. cit., No. 1, p. 320.
[14] José de la Luz y Caballero: Op. cit, p.88.
[15]José de la Luz y Caballero: Elencos y discursos académicos. Vol. II, Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1950, p. XX.
[16] Biblioteca de Clásicos Cubanos. “Discurso de Félix Varela en la apertura de la clase de Constitución”, Félix Varela. Obras, Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2004, vol. II, p. 4.
[17] Félix Varela: “Proyecto para el Gobierno de las provincias de Ultramar”, Obras, vol. II, p.90.
[18] Alejandro Angulo: “Entrevista con Varela”, El Fígaro, año 20, no, 22, La Habana, 10 de julio de 1904.
[19] Félix Varela: "Carta adjunta a la fotocopia del número 7 de El Habanero (Tomo II)". Biblioteca Nacional "José Martí", Sala Cubana.