
Foto tomada del perfil de Facebook de Raúl Alejandro Palmero Fernández.
Nada estaba ensayado, nadie lo mandó a verme. Llegó de pronto y me dijo: "esto es para ti, lo hice yo".
Por supuesto quedé impresionado, en primer lugar por la obra de arte, algo que sería incapaz de hacer por mucho que me esfuerce; y además por la espontaneidad de ese cariño selectivo.
"Muchas gracias compadre, que lindo está esto", le respondí. Entonces, como si me conociera de toda la vida, me sonó un fuerte abrazo.
Mi nuevo amigo, del sentimiento puro y sincero, se llama Alejandro. Lo conocí hoy, de casualidad, cuando a propuesta del Presidente Esteban Lazo, los 7 candidatos a diputados por Arroyo Naranjo visitamos el Centro Psico Pedagógico La Castellana, un sitio extraordinario.
Ubicado en mi céntrica calzada de 10 de Octubre, el bullicio de los motores y guaguas, los problemas del diario, la agitación de la ciudad, no me permitieron imaginar jamás la extraordinaria obra que se erige detrás de las puertas de La Castellana.
Cientos de jóvenes que requieren una atención especial son salvados años tras años en esta institución. El Estado cubano, bloqueado, afectado por una profunda crisis económica, destina más de 30 millones de pesos del Presupuesto estatal a este centro; pero es solo un ejemplo, pues en Cuba existen actualmente varias decenas de instituciones con estas características.
Volviendo a las emociones, sigo conversando con Alejandro. Me presenta a su novia, que sin pena alguna le estampa un beso mientras dibuja una flor sobre la mesa junto a sus compañeras.
Inmediatamente me dice serio: "nos vamos a casar". Miro al enfermero joven que nos acompaña, y asiente con la cabeza. Recuerdo entonces que con el nuevo Código de las Familias les conquistamos esa felicidad.
Luego de estos momentos únicos indago un poco sobre mi nuevo amigo: Alejandro Rabelo Turcios. De origen guatemalteco, llegó siendo un niño a Cuba.
Alejandro es nieto del mítico guerrillero Luis Turcios Lima. Por la terrible represiòn que sufrió su familia tuvieron que viajar a La Habana para salvar la vida. Desde entonces tiene en La Castellana su hogar.
Todas esas emociones se mezclaron durante el recorrido. Esta es la obra de la Revolución. No es teque: ni todos somos malos, ni todo está perdido.
Hoy me siento un poquito más orgulloso de ser cubano.

Foto tomada del perfil de Facebook de Raúl Alejandro Palmero Fernández.