El pasado año, el gobierno de La Habana anunció nuevos medidas para la venta de productos liberados en el sistema de tiendas. Parecía que “el remedio santo”, como dicen los abuelos, había sido encontrado para aliviar en cierta medida uno de los grandes reclamos de la población, la desorganización. ¿Qué ha pasado en este mes y medio de experiencia?
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