El documento que hoy votamos hará a muchas personas un poco más felices. Y nada, absolutamente nada, debería estar por delante de la felicidad, de los derechos. Con eso basta. A estas alturas del camino, sobre el Código de las Familias ya no queda mucho por decir. Ojalá, en muchos casos, solo nos falte el sí.
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