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¿Quién será el último?: Las colas, la municipalización del comercio y la organización (+ Podcast y Video)

Personas esperan fuera del Centro Comercial de Cuatro Caminos para realizar su compra. Foto: Karina Rodríguez Martínez/Cubadebate.

Son cerca de las diez de la mañana y una cola algo revuelta, pero poco abundante, se deja ver en la Plaza de Cuatro Caminos. Los oficiales y “organizadores” intentan ordenar a las personas. Están el transeúnte curioso que pregunta “qué sacaron” y el precavido que indaga detrás de quién va, quién le dio el último y, de ahí en adelante, investiga tres o cuatro más.

“Porque la gente se va y no dice nada, y luego una está perdida”, explica una señora mayor que se encontraba en ese instante en ese proceso indagatorio.

Entre la multitud están Iván y Alejandra, un matrimonio que lleva desde las cuatro de la mañana en la cola. El día anterior intentaron comprar, pero no tocaba a su bodega y tuvieron que regresar con las manos vacías.

“Vinimos temprano porque ayer se quedaron algunas personas pendientes y queremos entregar la libreta a la cinco de la tarde, que es cuando las recogen, para comprar mañana”, dice Iván Enrique Morales Martínez.

Desde que se municipalizó el sistema de ventas ha sido muy difícil poder comprar, comenta. “Para nosotros, que trabajamos, es incómodo este sistema, porque no te da la posibilidad de comprar el día que tú puedes, sinoel que te toca.  Ya llevamos dos días en esto y, si tenemos suerte, compraríamos mañana, es decir, son tres días afectados y mi esposa y yo trabajamos”.

Alejandra Rodríguez Jerez pidió permiso en su trabajo para hacer la cola en la tienda. Al observar su libreta, se deja ver que solo han podido adquirir pollo en el mes de marzo, pero ningún otro producto en las cadenas de tiendas.

Alejandra solo ha podido comprar el pollo del mes de marzo en las tiendas. Foto: Karina Rodríguez Martínez/ Cubadebate.

Por paradojas de la vida, antes de la municipalización, la tienda ubicada en la esquina de San Nicolás y Vives, a dos cuadras de la casa de este matrimonio, era abastecida con regularidad y tenía variedad de productos. “Desde que están vendiendo los  productos por la libreta, no hay casi nada, solo te venden una caja de cigarros, pollo, pocas cosas”, dice Iván.

Este es un hecho curioso, por llamarlo de alguna manera,  pues el almacén que abastece esta dependencia está a menos de 100 metros. “Los dependientes que trabajan en esa tienda se pasan días sentados, sin hacer nada, esperando a ver qué entra”, añade.

Iván y Alejandra conservan las esperanzas de comprar en Cuatro Caminos, donde surten muchos más productos. “Aquí compras una vez al mes, pero hay variedad de productos y vale la pena. En la tienda de San Nicolás y Vives te pasas el día en una cola y solo logras comprar lo que entró y a veces ni eso, porque las cosas se van acabando”.

Al preguntarles cómo se enteran de que entraron productos a la tienda, responden que “por las colas, eso es el indicador de que entró algo”. ¿Y los factores de la comunidad? “¿Quiénes? Ellos nunca informan de nada, ni la delegada, ni los presidentes del CDR”.

El pasado 21 de abril entró en vigor en La Habana la medida de municipalizar la compra en las tiendas de las cadenas Caribe y Cimex. Esta decisión se tomaba por “la situación existente con la disponibilidad de productos y con el objetivo de hacer más viable la venta, lograr mayor equidad y, por consiguiente, disminuir la aglomeración de personas en los establecimientos”.

Se informó que “en correspondencia con las características de cada municipio, los grupos municipales organizarán su sistema de trabajo y de control, para ir aplicando cada medida y estableciendo el procedimiento para lograr el objetivo previsto”.

Muchos aún no han podido montarse en el tren de la municipalización del comercio. Esto sucede, en muchas ocasiones, por la poca organización a nivel local y la falta de implicación de los factores de la comunidad. Para otros, ha sido la medida “divina” que ha permitido comprar sin tantas dificultades.

Gissela Videa Martínez es un ejemplo de cliente satisfecha. Ella reconoce que “las moloteras no le gustan”, por eso se siente bastante satisfecha desde que municipalizaron el comercio. Vive a media cuadra de la Plaza de Cuatro Caminos y ahora se siente una privilegiada, porque puede comprar en esta tienda.

“Antes no podía comprar nada, no se podía una parar ni cerca de la tienda. Había demasiadas personas y estaban los coleros, los revendedores. Era imposible”, comenta.

En la primera ocasión pudo hacer una compra que rondaba los 1 600 pesos. “Puedo comprar todo lo que está disponible  en la tienda, uno de cada producto, porque mi núcleo es de tres personas”.

Esta es la segunda ocasión en que Gissela compra en Cuatro Caminos desde que organizaron el nuevo sistema. “La primera vez era por orden de llegada y, como el cubano es muy indisciplinado, se formó molotera. Eso ya lo quitaron, ahora está organizado por bodega y por núcleo”.

“Organizar las colas en Cuatro Caminos, uno de los mercados más complicados de La Habana, es una tarea difícil”, confiesa Héctor Ricardo Carrodeguas, organizador de la venta en allí.  “Empezamos a las diez de la mañana y terminamos cerca de las 11 de la noche. Llevamos más de dos años en esta tarea”.

La función de los organizadores –agrega– es pasar todos los días a la tienda la mayor cantidad de personas posibles, con disciplina y organización.

“Nuestro trabajo es tratar de que el producto esté en las casas, que es donde realmente se necesita. A las cinco de la tarde se recogen las libretas de las bodegas que deben comprar al día siguiente, para adelantar el trabajo. Además, decimos un horario aproximado en el que deben venir a comprar, con el objetivo de que no estén esperando todo el día o aglomerados”.

Carrodeguas recuerda que antes de la municipalización del comercio, hasta la Plaza de Cuatro Caminos llegaban personas desde otros municipios de la capital y hasta de Artemisa o Matanzas. “Llegamos a recoger, en cinco horas, 6 500 personas. Ahora todos son vecinos y se conocen y este sistema es más aceptable”

En estos momentos, aproximadamente 37 bodegas compran en este centro comercial. “Atendemos diariamente buena cantidad de personal y se nos incrementa a cada rato la cantidad de núcleos que debemos atender”.

Iván y Alejandra llevan varias horas en la cola para entregar su libreta y comprar en la tienda al día siguiente. Foto: Karina Rodríguez Martínez/ Cubadebate.

Casos y cosas de colas

Las personas esperan fuera de la tienda ubicada al costado del Mercado Plaza Cerro. Foto: Karina Rodriguez Martínez/ Cubadebate.

El reloj marca las 11:51 de la mañana y en la tienda que queda al costado del Mercado Plaza Cerro no ha entrado ningún producto, aunque es miércoles y es uno de los días del pollo.

Martha Álvarez ronda los 60 años y anda con su carrito de la compra de un lado a otro de la calle. Marcó desde bien temprano en la mañana, con la esperanzas de que esta vez sí pueda comprar pollo.

“No es la primera vez que vengo, ya he venido otras veces y nada, no he logrado comprar. Las personas marcan para muchas otras y no he alcanzado”, dice.

Este establecimiento atiende a cuatro bodegas cercanas a la comunidad donde está enclavado, pero tiene un sistema de porciento, que aún Martha no logra entender.

“Dicen ellos que la entrega de pollo por bodega va por un 53% y yo no lo entiendo. Nadie nos avisa de nada, uno tiene que estar dando vueltas a la tienda para saber qué entró. A lo mejor tienes mala suerte y fuiste un momento a la casa y te quedaste sin comprar si entra algo”.

Aunque el resto de vecinos que están fuera de la tienda sienten que la comercialización por municipios y bodegas no es mala, siguen teniendo insatisfacciones con la organización y el poco abastecimiento de productos.

Una historia similar a la de Martha y sus vecinos cuentan a pocos metros Carmen y Sergio, quienes están en la cola de la tienda ubicada en la avenida Carlos Manuel de Céspedes, entre Tulipán y La Rosa.

“Está bien organizada la cola en esta tienda. Las muchachitas de la LCC te escanean el carné y dentro de la tienda la delegada se encarga de apuntar en un torpedo los productos que ya compraste”, afirma Carmen Martínez Pineda.

Aquí también tienen el sistema de los porcientos. Cuando se llega a un 90% de compra de un producto es que las personas que ya lo hayan adquirido pueden volver a comprar.

Esta comunidad –añade– tiene mucha población envejecida y las personas mayores no tenían acceso a comprar en la tienda. “Con esta organización, ahora sí pueden hacer la cola”.

Cola en la tienda tienda ubicada en la avenida Carlos Manuel de Céspedes entre Tulipán y La Rosa. Foto: Karina Rodríguez Martínez/ Cubadebate.

¿Existe el sistema perfecto?

“Mañana toca detergente en la tienda que está al lado de la farmacia, a las nueve”, dice una voz al teléfono. El mensaje, sin pocas variaciones, recorre el barrio en pocos minutos. La presidenta del CDR, luego de avisar a los que tienen teléfono fijo, visita las casas del resto de vecinos. Todos están alertados, mañana toca detergente.

En la comunidad de Bacuranao, en el municipio de Guanabacoa, los CDR, en conjunto con los delegados, han organizado el comercio para evitar molestias entre los vecinos.

Aquí los factores de la comunidad tienen una activa participación notificando a los pobladores sobre los productos que entran en las tiendas. El reparto se hace por CDR y de forma paulatina. Hasta que todos no compren un producto, no vuelve a tocar. Aunque pareciera que este es un modelo idílico, no todos están plenamente satisfechos.

Al indagar sobre el tema con los vecinos, la mayoría está conforme con la organización, lo cual evita molestias y asegura adquirir el producto sin necesidad de hacer colas. Eso sí, al ser un pueblo pequeño, el abastecimiento se dilata mucho.

Ya lo decía la nota del Gobierno de La Habana cuando anunciaba la medida: “En correspondencia con las características de cada municipio” se trazarán estrategias.

Algunas han sido más atinadas que otras. No todas las fórmulas son ganadoras y algunas han tenido que ser cambiadas en la marcha. Hay quien ha encontrado las vías para que las colas no sean el día a día de la población de sus territorios, y para algunas administraciones y órganos locales es aún una asignatura pendiente.

Escuche aquí:

En video, ¿Qué opina la población?