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Tributo a George Lamming, un caribeño de honor

El escritor George Lamming (1927-2022). Foto: Trinidad and Tobago NewsDay.

La noticia llegó de pronto a través de uno de los medios digitales de la región que tenemos como hábito leer con frecuencia: “El novelista y poeta barbadense George Lamming murió este sábado a la edad de 94 años apenas unos días antes de su cumpleaños el próximo 8 de junio”.

La mayoría de los despachos generados por la partida de Lamming hacen hincapié en la dimensión del hombre de letras que efectivamente fue, pero obvian su condición de consecuente intelectual revolucionario caribeño.

Entre 2010 y 2014 mientras cumplíamos misión en la Embajada de Cuba en Barbados, la Embajadora Lissette Pérez (mi esposa) y yo, entablamos una muy fluida, sincera y afectuosa amistad con Lamming, y pudimos comprobar su verticalidad junto a la admiración y solidaridad con Cuba, y su relación especial con Casa de las Américas y su entonces presidente el querido Roberto Fernández Retamar.

Deseo insistir en este tributo en la condición de intelectual revolucionario de este gran ser humano que acaba de partir.

Lamming nació en el muy humilde barrio “Carrington Village” de la capital barbadense, que visitamos junto a él durante nuestra estancia en aquel país, lo que demuestra en primer lugar su humilde origen. Desde muy joven tuvo una posición de clara identificación con la condición de su pueblo sometido al brutal dominio colonial inglés (sobre todo en lo cultural).

Su primera y quizás más significativa novela “In The Castle of My Skin” (En el castillo de mi piel), escrita en 1953 muestra justo la quintaesencia que implica ser hijo de una región donde confluyeron todas las avaricias y desgracias de la dominación colonial.

En las últimas horas, al anunciar que Lamming recibirá honores oficiales tras su fallecimiento, la primera ministra barbadense Mía Motley ha dicho que esa primera novela debería ser leída por cada niño y niña caribeña, en clara alusión a su alcance pedagógico e histórico.

En septiembre de 1956 Lamming participó, representando a Barbados, en el Primer Congreso Mundial de Artistas Negros que se realizó en Francia. La mayoría de los asistentes al cónclave representaban a países africanos.

Se conoce que muchos de ellos eran considerados por los gobiernos occidentales como “demasiado izquierdistas” pues en el evento se estimulaba sobre todo un diálogo entre expresiones culturales diversas, y sus organizadores ratificaron que allí se discutía sobre la necesidad de generar una comunidad basada en algo más grande que el simple color de la piel.

La creciente influencia de esta conferencia preocupó al gobierno de Estados Unidos que negó permisos de viajar a varios invitados norteamericanos y ejerció influencia directa a través de la CIA para silenciar el Congreso. No olvidar que estaba en camino el gran empuje de movimientos y procesos de descolonización.

En 1960, exiliado él mismo (según nos confesó alguna vez, lo amenazaron de muerte en Barbados, y lo acusaron entre otras cosas de ser “agente” cubano) escribe “Los placeres del exilio” (editado por Casa de las Américas en 2007).

Este ensayo es un hito importante en la producción literaria y militante de Lamming pues saca a la luz la raíz del conflicto entre colonizador y colonizado y es en sí mismo un ensayo testimonial de los avatares de Lamming como escritor de una nación colonizada sobre el que cae toda la fuerza de la metrópoli racista y arrogante.

Según la enciclopedia Ecured, con la que coincido en este caso:

“(…) Uno de los valores más importantes de este libro radica en el análisis de "la tempestad" shakespereana para mostrar, en el diseño de sus personajes principales, los mecanismos de dominación colonial, sus dispositivos de exclusión lingüística, social y sicológica (…)”.

Desde los años 70 Lamming se vincula más directamente con Cuba y en especial con Casa de las Américas, siendo en 1976 jurado del Premio Casa la primera vez que se instaura en el rubro literatura anglocaribeña. Lamming fue además asesor del Centro de Estudios del Caribe (CEC).

El Fondo Editorial de Casa de las Américas ha publicado “En el castillo de mi piel” y “Los placeres del exilio”, en la colección de Literatura Latinoamericana y Caribeña.

Lamming es Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana.

En mayo de 2011, última vez que Lamming visitó Cuba La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) le otorgó el premio Hibiscus del Caribe (refiere a la flor Mar Pacífico muy común en el Caribe) en su primera edición, distinción que reconoce la obra de escritores, artistas y agrupaciones autóctonas del Caribe a lo largo de su existencia.

En aquella ocasión Lamming expresó que apreciaba los honores que le hacia Cuba, porque “(…) el concepto de cultura en la Isla no es decorativo como en la mayor parte de los países de la región, sino que los cubanos creen que la cultura es un arma para defender la Revolución (…)”.

Esta reflexión en sí misma es muestra de la verticalidad y claridad de intelectual comprometido y revolucionario de Lamming.

Y ya que volvemos al tema, justo en 2011 y víspera de su viaje a Cuba, desde la Embajada invitamos a Lamming para que pronunciara las palabras centrales en el acto por el triunfo de la Revolución ante un nutrido auditorio. Aquella noche definió el fenómeno de la Revolución Cubana como “el milagro del no tengo miedo” en su decir pausado y sereno.

En las notas de aquella memorable noche aún guardo textualmente lo que él gran amigo de Cuba dijo:

“Tengo la firme convicción, de que la Revolución cubana fue un milagro hecho realidad porque es la movilización de todo un pueblo tras un mismo empeño. No hay mejor reflejo de ello que la Campaña de Alfabetización. Ese proyecto hecho realidad en pocos meses, mostró al mundo cual sería el derrotero del milagro hecho realidad”.

También en su intervención condenó el bloqueo norteamericano, y en una certera sentencia expresó:

“La diferencia entre Cuba y muchos países de América Latina y el mundo es que Cuba, ese pequeño país de nuestro Caribe, lleva 52 años proclamando al poderoso ´no tengo miedo´, ´no tengo miedo´. Ese es quizás -concluyó- la más importante lección de este aniversario de la Revolución Cubana”.

Entre las tantas lecturas de hoy con motivo de su fallecimiento, hubo un tributo que considero el más objetivo y cercano al Lamming que debemos recordar y hacer valer su legado.

Me refiero al que escribió hace unas horas para el periódico barbadense Barbados Today el periodista caribeño radicado en Barbados y mi amigo personal Rickey Singh (un entrañable amigo de Cuba) y del que tomo unos pocos párrafos.

“(…) Su extensa vida y obra reflejan su profundo entendimiento del complejo panorama histórico, cultural y político de la región.

“Él fue una poderosa voz caribeña, una que se requiere urgentemente incluso ahora como una sola voz de CARICOM ante la importante decisión a tomar a las puertas de la Cumbre de las Américas. Él fue una poderosa y valiente voz en contra de las presiones externas que intentan soslayar la unidad regional y la soberanía política. No hay dudas de que Lamming hubiera aconsejado a los gobiernos del Caribe ausentarse de esa Cumbre. George fue un hombre de un tremendo coraje.

“Nunca se apartó ni fue ambivalente cuando tocó urgir a CARICOM para que nunca obviaran el momento de ser firmes en su solidaridad y en la defensa de valores comunes y en su derecho a la solidaridad regional (…)”.

Una última consideración.

Pocas horas antes de regresar a Cuba en 2014, la Embajadora Lissette, nuestra pequeña hija y yo visitamos a Lamming en el muy modesto estudio donde vivía para despedirnos. Ya sé encontraba algo enfermo y nos dijo que prefería estar solo inmerso en sus lecturas e ideas.

Como siempre nos recibió con amabilidad y reiteró su admiración por Fidel y la resistencia de Cuba. Pidió trasladar un especial abrazo a “su hermano Retamar”.

Con su acostumbrada cabellera blanca, que lo hacía parecer un rey africano, tuvo a bien regalarnos y dedicarnos un ejemplar de “Soberanía de la imaginación” (Sovereignty of Imagination), una recopilación de conferencias que ofreció en la Universidad de las Indias Occidentales (campus de Trinidad y Tobago), sobre la necesidad de los países caribeños desde lo mental de soltar las amarras de la herencia colonial.

Fue en ese momento que utilizó un símil que nunca he olvidado por su vigencia.

Lamming nos dijo:

“En el Caribe somos como una familia que vive en una casa, cada uno es un cuarto, pero no conocemos bien, no nos acercamos todo lo que debemos entre unos y otros. Ese es el gran reto. Hasta que no rompamos ese ciclo mortal nos seguirán dominando”.

Ayer se fue de este mundo, al menos de esta dimensión el intelectual revolucionario George Lamming.

Si queremos rendir verdadero tributo a su memoria debemos todos en el Caribe y en América saldar esa deuda definitiva con nosotros mismos, con el propio Lamming y con nuestra historia.

Buen viaje amigo, hermano.