
El huracán Dorian por Bahamas.
Entre finales de marzo e inicios del mes próximo se darán a conocer pronósticos estacionales de la actividad ciclónica para el 2022. Dicho de otro modo, se anunciarán cantidades previstas de tormentas nombradas a desarrollarse en el amplísimo océano Atlántico norte. El team de Dan Kottlowski, de AccuWeather, quizá publique sus números antes del día 29. Philip Klotzbach, reconocido investigador de la Universidad Estatal de Colorado, lo hará el 7 de abril.
Pero ellos no anticiparán dónde específicamente habrá un huracán de gran intensidad ni predirán con exactitud cuántos sistemas atravesarán el arco volcánico de las Antillas Menores.
Entonces deberíamos ver los pronósticos estacionales con moderación y no alarmar a nadie popularizando en redes sociales, mediante el uso de frases o términos sensacionalistas, las cifras de huracanes predichas por los investigadores. Y si los meteorólogos no pueden determinar desde ahora por dónde pasará cada ciclón, hay que tomar medidas preventivas. Aun cuando se anuncien pocos fenómenos.
¿Una temporada activa?
Antes de que se informen los números para 2022 llega una señal desde el Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA. Sí, lo que se espera en relación con El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS, en el Pacífico.
Según los expertos, la probabilidad de que La Niña (fase fría de ENOS) continúe en el período de mayo-julio es del sesenta y cinco por ciento. Además —y esto es importante—, la probabilidad de que El Niño “asome” en esos meses es del cero por ciento.
De no presentarse El Niño en el decurso de la temporada ciclónica, y de registrarse a la par anomalías cálidas de la temperatura superficial del mar en gran parte del Atlántico tropical y subtropical, una cantidad de tormentas nombradas por encima de la media sería posible.