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Luz verde para Corea

Aunque muchos no se ahorren las críticas sobre Netflix, definitivamente uno de los aciertos de la plataforma ha sido, en la búsqueda constante por permanecer en el número uno, destacar las denominadas producciones internacionales. Siguen primando los contenidos de Norteamérica, pero los índices de audiencia no pocas veces se han visto amenazados por entregas de otras naciones como Francia (“Lupin”), Alemania (“Dark”) y España (“La casa de papel”). Ahora le ha tocado el turno a Corea del Sur con “El juego del calamar”, miniserie de nueve capítulos que ha logrado posicionarse en el primer escalón de lo más visto en cerca de 90 países.

Realmente, para pocos debe resultar insólito tales datos, pues la producción audiovisual de dicha nación asiática se ha abierto paso en la competencia por el interés del público. Sin mencionar el fenómeno que se extiende también al universo musical, la cinematografía y entregas televisivas coreanas continúan su avance entre lo más demandado. La primera se vio ampliamente demostrada hace algunos años con el triunfo arrasador en los Oscars de “Parasites”, del director Bong Joon-Ho, pero también desde antes con la trayectoria de otros también magníficos como Park Chan-wook, Lee Chang-dong y el fallecido Kim Ki Duk. Sin embargo, lo que ha experimentado esta nueva entrega de Netflix no tiene precedentes dentro de la industria del espectáculo en el país. Ya sea porque se aleja de los típicos K-dramas y se acerca más a los estándares del thriller occidental, lo cierto es que “El juego del calamar” sorprende por batir récords de audiencia, inspirar videojuegos y dejar un impacto indeleble en las redes sociales. ¿Son solo esos los factores que explican tal éxito?

Los juegos de niños a los que deberán enfrentarse los participantes tendrán consecuencias inesperadas. Fotograma.

La trama gira en torno a Seong Gi-hun, padre divorciado que vive a la sombra de las deudas y la angustia por llevar las de perder en la custodia por su hija. Con la aplastante certidumbre de que necesita dinero a riesgo de perderlo todo, acepta formar parte junto a otras 455 personas en unos juegos que remedan a los que hacían de niños y cuyo premio son 45.6 billones de wones (unos 38 millones de dólares). Pero nada parecerá tan fácil como se presenta, porque las consecuencias de perder serán mortales. En definitiva, la consabida presentación del área de combate, donde los participantes deben luchar entre sí hasta que quede un ganador.

Son muchas entonces las fuentes de las que se nutre “El juego del calamar”. Las más cercanas en tiempo y aceptadas por el director como referencias directas son las series japonesas “Alice in Borderland” y “Battle Royale”, esta última una novela de finales de los 90 con múltiples adaptaciones. Sin embargo, la macabra redimensión del concepto de juego, los puntos en común con el género del survival y los secretos que se descubrirán a lo largo del camino extienden las similitudes a otras películas como “Saw”, “The running man”, “Rat race” e incluso a clásicos de la literatura como “El testamento de un excéntrico”, de Julio Verne.

Asimismo, en propuestas como esta, a pesar de existir un protagonista, el plato fuerte lo constituye el conjunto de personajes y sus relaciones. El director Hwang Dong-hyuk (“Silenced”, “Miss Granny”) optó por acudir solo a figuras conocidas para roles secundarios como Gong Yoo (“Train to Busan”) en la piel del Vendedor (o Reclutador) y a la estrella de “G.I. Joe”, Lee Byung-hun, para representar al Líder enmascarado. Para los principales prefirió actores pocos acreditados internacionalmente que por ello sorprendieron por su talento: Lee Jung-jae (“Svaha: The Sixth Finger”), como el ya mencionado Gi-hun, la modelo Jung Ho-yeon encarnando a la desertora de Corea del Norte Sae-byeok, Park Hae Soo (“Time to hunt”) en la piel del corrupto hombre de negocios Cho Sang-Woo, Heo Sung-tae (“The Fortress”) como el criminal Jang Deok-su y el veterano Yeong-su Oh es Oh Il-nam, jugador 001.

Los personajes van demostrando sus verdaderos caracteres a través de las alianzas que realizan y lo que están dispuestos a hacer para llegar al final. Fotograma.

Los participantes revelan diferentes motivos para seguir adelante: unos para pagar sus deudas, reunir a la familia, tener un nuevo comienzo o simplemente la potestad de cómo despedirse de este mundo. Lo que todos poseen en común es decidir que sus vidas valen menos que los wones que rellenan la gigantesca alcancía del techo. En ese sentido, la dirección actoral mostró un espléndido golpe de efecto al comenzar con aparente simpleza en la caracterización de buenos y villanos que se va desdibujando a medida que avanza la historia. Al igual que las alianzas que tendrán que establecer entre sí los personajes para sobrevivir, el espectador odiará o admirará desde el principio a unos, pero siempre con la incertidumbre de que podrá terminar decepcionado. El capítulo 6 sobre el juego de las canicas y a mi entender el mejor de la serie, es la principal muestra de cómo se revelan en las situaciones límites las miserias y grandezas del ser humano.

Todo contribuye a potenciar la espectacularidad de la entrega: los juegos de cada parte (para la historia quedará la perturbadora muñeca con su enunciado de “Luz roja, luz verde”), las diferentes escenografías con sus gamas de colores y figuras para representar jerarquías, el perverso andamiaje de los enmascarados que caminan sobre las fotos de los participantes, la exhaustiva tensión de no saber si sobrevivirán al otro día. Todo ello diestramente aderezado por una banda sonora donde predomina la obra del estelar Jung Jae-il (“Okja”,“Parasites”).

Por otro lado, existen varias grietas inevitables en toda producción empeñada en mantener el ritmo vertiginoso hasta el final. Los últimos capítulos se tornan más previsibles cuando abandonan el propio carácter de la serie para volverse “Los Juegos del Hambre”. La introducción de los hombres de negocios o VIPs es desafortunada, vulgar y resta seriedad a la historia, aunque no por ello deje de ser inquietante la imagen de figuras poderosas apostando vidas humanas como caballos de carrera. También resulta imposible no criticar la violencia excesiva, la brutalidad del enterramiento a los moribundos y el facilismo del gore para resaltar el impacto de algunas escenas. Se pudo decir más con menos, aunque en ocasiones la sangre se revele como necesario recordatorio de que no son solo millones de wones lo que está en riesgo, y de que para los que observan desde los cristales, los jugadores representan piezas de ajedrez precipitadas al vacío.

Sin lugar a dudas, lo más sobrecogedor de esta serie es la realidad de su denuncia. Si en “Los Juegos del Hambre” se asentaba la historia en un futuro distópico y en “Battle Royale” los personajes participaban en contra de su voluntad, aquí todo se desarrolla en la Seúl de hoy y los jugadores, una vez conocen el verdadero significado de “eliminación”, eligen continuar. El espectáculo para divertir a los poderosos es posible porque las condiciones del exterior lo propician. Para los desesperados, el infierno del exterior no es mejor que el de la sala de juegos. Siguiendo la crítica social que “Parasites” se encargó de trascender, el director Dong-hyuk nos dibuja un presente de eternos grises, donde ni la abultada cuenta del banco puede devolver lo perdido. No trae finales felices (serían contraproducentes) aunque sí unas diminutas luces de esperanzas anunciando de que quizás no todo esté perdido. Mientras exista un Gi-hun que se enfrente al egoísmo siniestro de Sang-Woo o la violencia abusiva de Jang Deok-su, habrá salvación y posibilidades de ganar en el juego de la vida.

Los últimos capítulos se vuelven más predecibles, pero no por ello decae la tensión presente en toda la serie. Fotograma.

Pese a todo, no nos engañemos. Más allá de su trama adictiva, interpretaciones convincentes, el dramatismo de sus efectos y la denuncia social, “El juego del calamar” sigue siendo un producto del entretenimiento más clásico. Muy bien realizado, de acuerdo, pero con todas las premisas imprescindibles que llevarán a una secuela y el mercado abierto para todos los horrores posibles y espectadores inimaginables. Jugadores, desgraciadamente, siempre existirán.

Corea se ha integrado con paso firme a la competencia por la primacía. Veremos si decide optar por la corriente revolucionaria de sus cineastas más destacados o simplemente seguir la corriente de la banalidad imperante. Por el momento, nos ha dejado un recuerdo imborrable y la certera impresión de que nunca un juego de niños fue más escalofriante.

Ficha Técnica

Fotograma.

🎬 Título: El juego del calamar (Serie de TV) 
⭐️ Calificación: 7.1/10 (19844 votos)
📅 Año: 2021
Duración: 60 min.
🗺 País: Corea del Sur
👤 Dirección: Hwang Dong-hyuk
✍️ Guion: Hwang Dong-hyuk
👥 Reparto: Lee Jung-jae, Park Hae-soo, Jung Ho-yeon, Oh Yeong-su, Heo Sung-tae, Anupam Tripathi, Wi Ha-joon, Kim Joo-ryoung, Yoo Sung-joo, Lee Yoo-mi, Kim Si-hyun, Lee Sang-Hee, Kim Yun-tae, Lee Ji-ha, Kwak Ja-hyoung, Chris Chan Lee, Gong Yoo, Lee Byung-hun, Kim Yeong-ok, Ah-in Cho, Kang Mal-geum, Park Hye Jin, Greg Chun, Stephen Fu, Paul Nakauchi, Hideo Kimura, Donald Chang
🏢 Productora: Siren Pictures, Netflix
🔰 Género: Serie de TV, Thriller, Intriga

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