Crimen de Barbados: Vidas cercenadas por la huella del terror
Muchos años después, cuando le preguntaron por su hija, -con la mirada y la voz casi apagadas por la vejez y el dolor que solo siente quien ha perdido un hijo-, José MarÃa Uranga apenas atinó decir: âHoy igual que el primer dÃa, siempre la estoy recordando... Setenta y tres familias a quienes la miseria humana les mutiló la felicidad.
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