
Una de las conocidas y populares Leyes de Murphy, afirma que “nunca se sabe quién tiene la razón, pero siempre se sabe quién tiene el poder”. Y debo admitir que he observado que hay quienes creen que son beneficiarios de un corolario de esa ley: quien ostenta el poder, ostenta la razón.
Cosa que se aplica a los que aún insisten en la idea equivocada y obsoleta del jefe que manda, que ordena, y que siempre, absolutamente siempre, tiene la razón. Los que están muy lejos de ser Gefe: gestionadores de la felicidad y el éxito de sus colaboradores.
Tomando como punto de partida una carta que recibí de un grupo de trabajadores de una institución, afirmo que si asociamos la razón al cargo, poco avanzaremos en la búsqueda de la razón necesaria, la útil, la certera. Y los invito a pensar en otra Ley que sí vale la pena, La ley de Ernesto: Lo más importante no es saber quién tiene la razón, sino cuál es la razón. Porque la razón es naturalmente más democrática, que el ejercicio que algunos hacen de ella.