
Del ingenio culinario de Serafina Echemendía nació el famoso dulce que ya cuenta con más de 90 años en la repostería cubana.
- Especial de Aula Todoterreno

Las famosas torticas de Morón, que junto al gallo constituyen los dos símbolos más importantes de la localidad cubana de la provincia de Ciego de Ávila, tienen más de 90 años de felizmente ser saboreadas gracias al ingenio culinario de Serafina Echemendía.
Pilar Hernández Oaléz, museóloga del Museo Caonabo de Morón, manifiesta que las torticas se hicieron célebres y sobrepasaron las fronteras de la ciudad gracias a Serafina, mujer de mediana instrucción y descendiente de una reconocida familia de músicos del siglo XIX.
El trabajo de la reconocida repostera era totalmente manual, en hornos rústicos ubicados próximos al Embarcadero, en las afueras de la localidad, donde elaboraba variedades de platillos como pasteles, buñuelos, mermeladas de frutas y las torticas que la popularizaron, afirmó Hernández Oaléz.
“Ella no dejó para la posteridad una receta clara del gustado dulce, aunque la fórmula era simple y los productos para su elaboración pocos: harina, azúcar, sal y manteca de cerdo solidificada, ingrediente portador del exquisito sabor y suavidad”, abundó Héctor Izquierdo Acuña, historiador de la ciudad.
Con el paso del tiempo, este símbolo de Morón ha sido olvidado por sus pobladores, quienes actualmente lo llaman polvorones o mantecados, mientras que, de manera curiosa, en otras zonas del país, particularmente en la capital, es reconocido por su nombre original.
“Hay que particularizar la existencia de semejanzas y diferencias con el mantecado y el polvorón: los tres se elaboran con los mismos ingredientes, pero solo las torticas tienen su centro adornado con mermelada de guayaba o mango”, afirmó el historiador.
A pesar de la gran popularidad del dulce en el país, el desconocimiento de la receta llevó a su desaparición y a mediados del siglo XX ya no se vendía, solo era recordado por abuelas y bisabuelas, según investigaciones de la Cátedra Honorífica Benito Llanes Recino, de la Universidad de Ciego de Ávila.
De la personalidad de Serafina Echemendía, creadora del postre en 1927, también se conoce muy poco. Según Izquierdo Acuña, aún no se precisan las fechas de su nacimiento y muerte, aunque el historiador se encuentra inmerso en una investigación que derivará en un artículo sobre ella.
Con el objetivo de rescatar leyendas, figuras, tradiciones y símbolos, como los carnavales acuáticos a lo largo del canal del Embarcadero, las serenatas al gallo y otros que forman parte de la identidad cultural e historia de la ciudad, se desarrolla en este municipio el proyecto Morón es mío, también destinado a la protección medioambiental y el embellecimiento local.