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La actualidad de la Revolución

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“En los últimos 70 años el pueblo de Cuba se ha desarrollado bajo un pacto social que le ha permitido resistir el embate continuo del capitalismo internacional”. Foto: Abel Rojas.

Pensando a esta hora en Lukács... y en Lenin.

El 27: La política de las formas

Hablar de los sucesos de noviembre pasado con objetividad puede presentarse como un reto enorme cuando se ha estado involucrado en ellos en primera persona. De todos modos puede intentarse, aprovechando la nitidez que produce progresivamente el alejamiento temporal, y aportar algo nuevo a todo lo que ya se ha dicho.

La mayoría de los textos que, en el debate nacional, y desde la izquierda, indagan sobre las causas del 27N enfatizan sobre todo en los factores llamados “externos” a las dinámicas políticas de la nación. Está claro que ninguna sociedad es una burbuja que flota en el éter ajena a los efectos de fuerzas fuera de su ámbito nacional.

El bloqueo estadounidense a Cuba y, más recientemente, la pandemia lo demuestran. Por ello no se puede despreciar la incidencia de las maquinaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos, de los círculos de poder de la burguesía noratlántica y de la emigración anticomunista cubana sobre el espacio político de Cuba.

Sus manos e intereses van desde el financiamiento a agentes y grupos desestabilizadores y medios de comunicación opositores al gobierno, hasta la ofensiva cultural con que nos inundan constantemente mediante las más disímiles vías y de los modos más sutiles.

Sin embargo, el análisis del contexto no puede solamente apoyarse en estos elementos si persigue una visión de totalidad que permita desentrañar qué ha ocurrido. El diferendo Estados Unidos-Cuba no es una partida de ajedrez entre la CIA y nuestra Seguridad del Estado, o entre la Casa Blanca y el Palacio de la Revolución.

El pueblo cubano es sujeto activo de esa disputa, siempre lo ha sido. ¿Quién si no derrotó a los mercenarios en Girón? Como mismo un movimiento revolucionario traduce determinados problemas sociales en crisis revolucionarias, así mismo las fuerzas de la reacción capitalizan malestares reales para promover sus intereses.

Las lecturas de los fenómenos de cambio de régimen que absolutizan el momento conspirativo se fundamentan en una ontología social, en una concepción de la sociedad y de la historia, en la que los pueblos no son sujetos del proceso histórico, sino una masa informe lista para ser manipulada por unos y otros.

Quizá en esta comprensión errada de lo social resida parte de la torpeza de nuestro enemigo, parte de su dificultad para entender la Revolución cubana. Quizá en las limitaciones teóricas e ideológicas del enemigo esté la ventaja de Cuba. No podemos permitirnos entonces el mismo error.

La pregunta nuestra podría ser: ¿Cuáles resortes de lo social, cuáles necesidades, malestares y frustraciones han cristalizado en algo como la sentada frente al Mincult? Hay poco de casual en todo lo que ha ocurrido. No es casual que el gremio de los realizadores audiovisuales estuviera sobrerrepresentado ahí.

No es casual tampoco que la composición social de los participantes fuera fundamentalmente de universitarios jóvenes, asociados sobre todo al mundo de las artes y las humanidades, o del periodismo. No es casual que las redes sociales hayan sido la herramienta por excelencia de ese acto político.

La contrarrevolución ha corrido a identificar el 27N con otros movimientos sociales que han estado ocurriendo en América Latina contra los gobiernos neoliberales. A los revolucionarios cubanos la sola idea de comparar una cosa con otra nos provoca gran incomodidad; se nos hace insoportable. Sin embargo, no es una tesis de fondo tan descabellada.

Claro: los ideólogos de la derecha desarrollan esa idea del único modo que lo saben hacer: oscureciendo, falseando, y con absoluta superficialidad. O apelan a una esencia ahistórica de la juventud que ecualiza mecánicamente La Habana y Buenos Aires con absoluta indiferencia de contextos y contenidos, o pasan directamente a mentiras como identificar al estado cubano con el chileno, y caracterizarlo como un estado neoliberal y represor más.

Este último postulado se hace más escandaloso en un momento en que los estados neoliberales latinoamericanos han manifestado hasta el hartazgo, sin ningún pudor, su total ausencia de compromiso con la vida humana.

Ya sea por el uso desenfrenado de la fuerza contra manifestantes, con el caso paradigmático de los ojos en Chile, o por su pésimo manejo de la pandemia. Hace falta mucha desvergüenza para acusar de neoliberal a un estado que lleva un año entero usando todos sus recursos en función de que las personas en Cuba no se mueran de COVID-19.

No obstante, la sincronía de algo como el 27N “o del 11M, casi olvidado” con el alza de movimientos de protesta en América Latina tampoco es tan casual como nos gustaría.

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han llegado a cambiar para siempre las formas de socialidad humana. El cambio civilizatorio que esto representa cambia las reglas de funcionamiento de lo político, y no solo en cuanto a la capacidad multiplicada del capital para dominar, sino también por el creciente potencial para la movilización, la participación y la organización de la gente.

Tanto el 27N como la Tángana son pruebas de ello. Esta nueva realidad ha producido, en parte del mundo, lo que pudiéramos llamar un momentum, un ímpetu antiautoritario. Y entonces nos enfrentamos al hecho de que tanto los estados neoliberales, como los estados al estilo del socialismo “real”, poseen rasgos autoritarios.

Claro que el contenido de todos los modos de ser autoritario no es el mismo, por eso no hay identidad entre un estado neoliberal como el chileno y el estado cubano.

Grosso modo podemos distinguir dos usos de la política autoritaria. Un uso reaccionario, como es el caso del autoritarismo liberal —tan proclive al fascismo— o del autoritarismo estalinista, que poseen como móviles y fines la realización conservadora del poder, el mantenimiento a toda costa de los órdenes.

Por otro lado, podríamos hablar de un uso revolucionario, cuando ese ejercicio del poder asegura el avance y desarrollo de la política creadora desbrozando el camino de las fuerzas reaccionarias que se oponen al avance de un programa revolucionario.

Son buenos ejemplos de esto el jacobinismo bolchevique de Lenin —como lo llamaba Michael Lowy—, o cualquier otra revolución verdadera que irrumpe en la historia como un acto fundador de una violencia creadora. La textura ético-política de ambos usos es inconfundible.

El momento autoritario del estado cubano tiene como causa fundamental el asedio permanente por parte del imperialismo norteamericano; de ahí la dificultad de construir un parlamento en una trinchera como decía Cintio Vitier.

En los estados neoliberales, en cambio, el poder se usa autoritariamente para el despojo y para el disciplinamiento del cuerpo social en beneficio del mercado. En este sentido el autoritarismo es más una forma que un contenido político como tal. Aunque siempre existe el peligro de que se trastoque el medio en fin. Las experiencias amargas que el movimiento revolucionario mundial ha tenido con ello oprimen como una pesadilla nuestras mentes.

En Cuba el autoritarismo se manifiesta mediante prácticas como el verticalismo, la discrecionalidad, el paternalismo, el secretismo, el sectarismo o la censura, por citar algunas. No estamos revelando aquí ninguna novedad; en disímiles ocasiones Fidel, Raúl y otros miembros del liderazgo revolucionario, desde los sesenta hasta hoy, han denunciado y condenado estas persistentes enfermedades de nuestra cultura política.

El 27N, y también el 11M, no puede leerse al margen de estos elementos; de otro modo no podríamos explicarnos, por ejemplo, la distancia que muchos de esos jóvenes tomaron del MSI, pero reafirmando las críticas a prácticas estatales que percibían como autoritarias.

Esto habla del debilitamiento del estado socialista en la reproducción de consenso entre determinados sectores de la juventud o de la intelectualidad, pues un ejercicio político puntual no se percibe como aceptable o inaceptable por su propia naturaleza, sino por cómo es apropiado por las personas, qué significado asume en sus maneras de entender lo correcto, lo normal, lo tolerable, lo inadmisible, lo insoportable, etc.

¿Por qué muchas de estas personas se creyeron en su momento la farsa de la calle Damas, y sin embargo son escépticos o refractarios a reportajes del noticiero? No es tan fácil como decir que son directamente contrarrevolucionarios, o que son tontos o que están confundidos.

¿Por qué ven lo que ven, y no ven lo que vemos otros? Y que a nadie le quepa la menor duda: no están fingiendo, en efecto lo ven.

El 29: La (contra)hegemonía socialista

Quienes amen a Cuba no pueden ponerse en el “centro” de manera vergonzante a mirar lo que pasa y solo criticar sin tomar en cuenta los contextos. Foto: Deny Extremera/Cubadebate

Los problemas que tienen que ver con el consenso, es decir, con la hegemonía de un proyecto de sociedad, la capacidad de ese proyecto para dotar de sentido la vida de la gente, y la realidad toda, no pueden explicarse desde posiciones liberales ni metafísicas.

Una idea que a veces manoseamos en el modo de analizar la comunicación política en Cuba es la del acceso inmediato a la verdad. Algunos asumen que la verdad es un valor en sí mismo invencible, que “la verdad es la verdad” aunque nadie se la crea.

Esto como principio de una ética individual es muy admirable, pero en la guerra de posiciones de la política revolucionaria no tiene mucho valor. En la obra Galileo Galilei, de Brecht, hay un diálogo muy interesante que sirve al propósito de lo que queremos explicar.

Cuando un monje le pregunta al enjuiciado Galileo si él no cree que la verdad, de ser tal, se impondría aun sin necesidad de aquellos que la conocen, el astrónomo le responde que la verdad solo se impone en la medida que la podamos imponer, que “el triunfo de la razón solo puede ser el triunfo de los que razonan”.

Hay que examinar por qué en determinados grupos sociales ya no se impone nuestra verdad. Qué condiciones, qué prácticas, qué métodos, qué discursos hacen inescuchable o incomprensible nuestra verdad en esos sectores. Sin volverse hacia esas preguntas es imposible resanar las fisuras en la legitimidad del proyecto socialista cubano.

En los últimos 70 años el pueblo de Cuba se ha desarrollado bajo un pacto social que le ha permitido resistir el embate continuo del capitalismo internacional, embate dirigido a quebrar su voluntad de construir una sociedad alternativa a la que el capital colonialista propone.

A este factor de resistencia le hemos solido llamar unidad. Pero también podríamos llamarle hegemonía, o más bien (contra)hegemonía, siendo como es una resistencia a la gran hegemonía del capital que gobierna el mundo, y conteniendo como contiene una vocación de eliminar toda dominación, toda hegemonía.

Los enemigos de la Revolución cubana han sido bastante miopes en el ejercicio de entender la (contra)hegemonía cultural del proyecto socialista. Por eso enmudecen ante la pregunta de por qué en Cuba no existen los estallidos sociales.

Los más groseros hablan del miedo y de la represión, pero vuelven a enmudecer cuando se les menciona que la represión sistemática nunca detuvo la resistencia de las más brutales dictaduras del siglo XX: ni Pinochet, ni Videla, ni Batista, ni Franco fueron capaces de anular la resistencia popular con miedo y muerte.

La capacidad de un estado para gestionar la conflictividad social sin recurrir a la violencia extralegal y sin permitirse estallidos sociales habla de la consistencia de su hegemonía; habla de la salud del consenso que lo sostiene.

La entrada de Cuba al siglo XXI plantea retos a la reproducción de un consenso social construido en un mundo y en una sociedad que por avatares de la historia ya no existen.

La polarización y la violencia en redes sociales, la marcha LGBTIQ+ del año antes pasado y los sucesos del Mincult de finales de noviembre, son síntomas de unos malestares que no están siendo metabolizados por la (contra)hegemonía socialista.

Y como decía, no podemos darnos una explicación tan superficial como que todo eso es, solo es, resultado de las agendas y operaciones de cambio de régimen, pues estas, más que inventar la realidad, la aprovechan.

La Tángana juvenil en el Parque Trillo. Foto: Yusmilis Dubrosky / Cubadebate

La Tángana en el Trillo el día 29 fue un intento de abordar el problema de la hegemonía del proyecto socialista. En la Tángana se afirma la urgencia del ensanchamiento y la profundización del programa revolucionario del pueblo, y no solo eso, sino que reivindica, además, la existencia de una sociedad civil socialista —negada por las narrativas reaccionarias— capaz, dispuesta y absolutamente orgánica a esa tarea de reconstituir la (contra)hegemonía.

Esta reconstitución se convierte en el elixir de vida de la Revolución, que no puede sobrevivir sin realizarla y que no puede realizarla sin profundizarse cada día y avanzar en la conquista de toda la justicia, pues “para nosotros, sostener la Revolución y defender la Revolución solo se pueden llevar a cabo de una manera: haciéndola”.

Las ausencias en el discurso oficial —percibido y autopercibido como el discurso de la Revolución— de tópicos que forman parte de las agendas de los movimientos más a la izquierda alrededor del mundo, como el feminismo, el antirracismo, la discriminación, el ecologismo militante, la autogestión obrera, la educación popular, entre otros, van drenando de las filas de la Revolución a personas con sensibilidades de izquierda, pero que no encuentran eco a sus inquietudes y necesidades políticas en el espacio socialista cubano.

Además, ocurre también algo incluso peor: la invisibilidad de estos temas, la falta de educación y debate constante de los mismos en todos los niveles de la sociedad deja el camino allanado a los contenidos reaccionarios que por inercia reproducen el sentido común, la cultura y la tradición.

No basta con no promover el racismo o el machismo: hay que ejercitar una militancia activa antirracista, feminista, etc., que mantenga estos idearios a raya y que, en última instancia, los desprograme de una vez y los haga desaparecer.

A fin de cuentas, los imaginarios conservadores son incompatibles con la transición socialista y con el avance de la obra de justicia de la Revolución cubana, y son pasto fresco además para fuerzas reaccionarias como, por ejemplo, el fundamentalismo evangélico, que disputa a la Revolución cubana su base social en los barrios, en los campos, en las fábricas, en las escuelas, precisamente apelando a los contenidos más retardatarios que habitan en la conciencia social cubana, y cuyas maneras de entender la sociedad, la familia y la vida son inconciliables con las del socialismo.

La actualidad de la revolución

“Es necesario hurgar en la raíz más subversiva de Martí, de Mella, de Guiteras, de Fidel, del Che; esa raíz que espanta por igual a liberales y a dogmáticos” .Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El período de crisis que se abre con la caída del campo socialista fue y es el golpe mayor que ha recibido el proyecto emancipador cubano en su historia reciente. Su influencia en todos los órdenes de la vida social es insoslayable.

En primer lugar, la crisis económica destrozó todo un conjunto de modos de socialidad, de expectativas, de proyectos vitales y de esperanzas que eran componentes orgánicos de la construcción de la nueva sociedad.

Al mismo tiempo, la economía de supervivencia y el peso creciente de las relaciones mercantiles ha ido corriendo el sistema de valores y de necesidades desde un eje basado en la solidaridad y la centralidad de lo colectivo, hacia el individualismo.

El fin del socialismo europeo también asestó un golpe crítico a los imaginarios utópicos en Cuba y todo el mundo: vislumbrar alternativas al capitalismo es más difícil hoy que nunca.

La apertura de Cuba al mundo de la globalización neoliberal también supone un reto permanente para la cultura socialista. Los dispositivos productores del sentido del capitalismo bombardean nuestras mentes a diario y le disputan al proyecto socialista la preeminencia sobre los deseos, las aspiraciones, las representaciones.

Y no ha importado demasiado que el poder revolucionario posea el control de los llamados aparatos ideológicos del estado: aun así, estamos perdiendo. La cultura emancipadora es cada vez más una cultura de resistencia.

Si antes de 1991 el marxismo-leninismo como ideología otorgaba la pertenencia a un mundo, a un proyecto histórico común de muchos pueblos, en el siglo XXI nos enfrentamos a una cierta crisis existencial de la izquierda. La Revolución cubana —luego de la sobrevida de Fidel— no está exenta de ese desafío.

Y eso es algo que podemos comprobar en la textura y la calidad del debate ideológico ahora mismo, o en el avance tremendo del pensamiento liberal. Por ejemplo, en la academia asistimos a la sustitución del viejo marxismo ortodoxo, no por el pensamiento crítico marxista —todavía visto con recelos decadentes—, sino por el pensamiento burgués igualmente ortodoxo, por la asimilación acrítica de lo más renombrado de las “prestigiosísimas” universidades de Europa y Norteamérica.

También nos traiciona la inconsciente pulsión colonial de querer parecernos a ellas. Y lo peor es el avance de este mismo pensamiento liberal y de esta misma colonialidad en el campo de la conciencia social, donde se sedimentan como sentidos comunes y crean y alimentan las aspiraciones de volver a “la normalidad”, de vernos en el espejo de los países “normales” y de sus instituciones “normales”, sin importar el contenido de esa “normalidad”.

Para contrarrestar esta realidad solo se puede echar mano del pensamiento y de las prácticas más revolucionarias. La liquidación y el abandono del pensamiento hereje de Cuba y del mundo —pensamiento que le da sentido y forma a la Revolución cubana, la herejía mayor— nos apaga la luz en el laberinto de la historia, y nos pone a caminar a ciegas, quizá hacia el abismo.

Debemos volvernos por un lado hacia esos pensadores y revolucionarios más indigeribles para el capitalismo de hoy y siempre. Incluso hay que estudiar a aquellos que fueron insoportables para los viejos socialismos de Europa y a los que la historia otorgó la razón a la postre para amargura de ellos mismos, pues muchos de los desafíos que enfrentamos no son nuevos y aquellas sociedades también los vivieron.

También es necesario hurgar en la raíz más subversiva de Martí, de Mella, de Guiteras, de Fidel, del Che; esa raíz que espanta por igual a liberales y a dogmáticos. En el campo de la praxis debemos recuperar la participación y la movilización popular como las vías de realización por excelencia de la democracia socialista y de la educación revolucionaria de las personas.

Esto es algo que se sabía muy bien en los sesenta y que hemos ido olvidando. Hay experiencias maravillosas que van desde la campaña de alfabetización o la Operación Verdad, hasta la revolución energética, pasando por los parlamentos obreros de los noventa.

Beber de nuestra tradición más emancipatoria en este sentido, y que excluye dinámicas superadas por el propio desarrollo ético de la Revolución como los llamados actos de repudio, es fundamental. La desmovilización y despolitización del pueblo es un factor de debilidad del proyecto y un espacio de oportunidad para la reacción, que también busca movilizar y politizar.

La Revolución cubana debe superar la soledad que la historia le ha puesto a Cuba; pero no sin sobrevivir como proyecto de civilización nueva, no por simple homogenización con el mundo infame que la rodea.

Tiene un compromiso con la emancipación de los que tanto se han sacrificado, y se siguen sacrificando por ella, y con la de los que la miran esperanzados desde muchos lugares del mundo.

Por eso debe mantener encendida la luz de ese proyecto de liberación que —parafraseando al venezolano Ludovico Silva— ha dividido al mundo en dos, pero que acabará por unificarlo. Ese destino y no otro, ligado al de los subalternos, en Cuba y en todo el orbe, es la actualidad de la revolución.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 49 comentarios



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  • JorgeA dijo:

    Excelente artículo,de lo mejor que he leído sobre el tema desde nuestra óptica y nuestro periodismo. Valiente,muy crítico y sobre todo,da una alerta sobre cuánto debemos cambiar en nuestras mentes y los discursos y formas oficiales de hacer. Hay mucho en juego. En lo personal,me ha permitido entender mucho de lo que está pasando. Y que conste,que sin estar plenamente de acuerdo con MSI y los hechos del Mincult, tampoco creo que todos son mercenarios y confundidos. No sé si este artículo,sale en la prensa nacional, pero bien se merece lo publiquen en Granma y demás prenda escrita.

  • Jaime dijo:

    Hace falta un articulo de esta calidad pero que trate asuntos economicos, de como lograr dar el salto al camino del desarrollo en un pais, con pocos recursos, con muy poco desarrollo de sus fuerzas productivas y en donde la invención, innovación ý la aplicación de la ciencia no son la palabra de orden en las empresas mas bien lo contrario, el verticalismo, la desidía, la falta del empleo de tecnologías avanzadas en sus procesos productivos y por tanto sus claras insuficiencias en economía son lo comun(observese los grandes problemas en la formación de muchos precios lo que denota deficiencias en el control y manejo de los costos)

  • Daner dijo:

    A mi juicio, el artículo más lúcido que he visto en la prensa sobre el tema. Me duelen los extremismos de todas las partes, porque no ayudan a mí país. A mi amado país. Y no acabamos de entender en algunos sectores que no se trata (muchas veces ya) de vencer, sino de convencer.

    Tenemos que convencer con hechos sobre la pertinencia y validez de nuestro sistema.

    Para convencer, esos hechos tienen que existir (hay algunos, otros hay que mejorarlos y otros hay que conquistarlos). Y tenemos que saber decirlos.

  • JESÚS MATANZAS dijo:

    EXCELENTE tu trabajo amigo, lo leo y releo y no dejo de encontrar muchas inquietudes mías que tu has organizado en sabias palabras!¡!Abrazo desde Matanzas!¡!

  • Gonzalez dijo:

    Excelente artículo. Ojalá aprovechemos esta momento de crisis y lucha política para pensar de nuevo en lo que es la raíz del socialismo, lo que lo hace verdaderamente irrevocable: el control por los que trabajan y producen del destino de ese valor producido, de los beneficios, de la plusvalía.
    Para lograr esto, yo veo que hacen falta como 3 cosas: (1) control verdadero de los trabajadores sobre la propiedades fundamentales del estado (no 20 OSDE ni 400 burocratas diciendo que esto asi o asao, sino control sustantivo de los trabajadores para decidir quien los dirige, y cómo se hacen las cosas en esas firmas - investiguen la propuesta de Yannis Varoufakis, el griego); (2) mercado competitivo entre todas las formas de propiedad (caballero, sin un mercado competitivo vivimos llenos de ineficiencias enmascaradas como gusta decir ahora, el monopolio es fatal excepto en un puñado de cosas muy básicas como la electricidad, y la salud publica); (3) el gobierno, fundamentalmente el local, electo por votacion directa y volcado en la promoción de las economías territoriales (vengo con un ejemplo. parece que no tiene que ver, pero sí. Sabemos acaso que en China se conectó el salario de los funcionarios municipales de gobierno (el Poder Popular) a la recaudación de impuestos del municipio? En el municipio que recauda más impuestos, los funcionarios cobran más. Eso volcó al gobierno local a promover la sostenibilidad de todas las formas productivas por igual (porque todas pagan impuesto) y a la vez a combatir la subdeclaracion y la economia sumergida (que no paga impuestos). Volcaron a miles de funcionarios a promover el crecimiento local como si en ello les fuera la vida, porque era asi concretamente. (Todo tiene sus problemas, claro. Pero es o no es brillante?)
    Yo te digo, con esas 3 cosas, que venga todo el dialogo que sea. Pero al socialismo hay que desamarrarlo para que sea mejor que el capitalismo. Nadie se deja quitar lo que de verdad tiene. Pero si lo que tienes es de mentirita, ah, entonces sí te lo pueden quitar de verdad, cambiandotelo por un caramelito verde.

  • Tranquilino dijo:

    Muy buen artículo y arriesgado. Sin dudas hoy nuestra realidad representa un caldo de cultivo que debe tener la boca hecha agua a nuestros detractores y enemigos. Hay una cantidad nada despreciable de cubanos que cada día más incorporan los estilos de vida insostenibles de europeos y norteamericanos. Se nota en las celebraciones de los cubanos cada vez más parecidas a las que solo se veían en peluculas. Bajo el aquello de que la única vida que tenemos hay que vivirla lo mejor posible cada vez se abandona más el sagrado "vivir por la patria es vivir". Cómo si para hacer cumplir lo uno hubiera que abandonar lo otro. Tal parece el curso natural de las cosas y la imposición de los nuevos tiempos. Lo cierto es que cada día en nuestro afán de sobrevivir vamos haciendo la Revolución que podemos que muchas veces no es la que necesitamos.

    • Voltus5 dijo:

      Cuando usted dice que es un artículo arriesgado, está validando su esencia en si. Decir la verdad, hablar sin miedo de nuestros problemas no puede ser arriesgado tiene que ser fácil y natural porque muchos tienen miedo a (arriesgarse). Entre más miedo, menos REVOLUCIÓN eso lo aprendí de nuestros héroes que en combates y condiciones desiguales no midieron consecuencias y lucharon y hablaron sin MIEDOS al riesgo.

  • Yasmina Agüero Kassabb dijo:

    Excelente artículo. Profundo y actualizado. Muchas gracias.

  • Victor dijo:

    En el 2017 luego de pertenecer por más de 7 años al PCC y por más de 15 años a la UJC, solicité mi "desactivación” o baja, causas : no me sentía representado ni por los dirigentes de base, las reuniones eran más de lo mismo o una extensión de los mismos temas de la reunión del sindicato o del Consejo de Dirección, los temas tratados realmente eran un mero formalismo ...la realidad es que el funcionamiento de la organización no me representaba ni me representa ... recuerdo cuando un miembro del Buro Municipal participó en la última reunión que estuve y al planteársele por el colectivo el enorme problema que había ( hay ) en el municipio sobre el abasto del agua , el mismo refirió que ese no era el momento y había que ajustarse a los temas aprobados por el orden de día ... por moral participo todos los años en la peregrinación del 7 de diciembre ( hasta soy familiar directo de uno de nuestros mártires ) , el momento que colmó mi paciencia en la organización fue cuando pasaron una hoja el día 5 de diciembre para que los militantes y trabajadores se comprometieran en ir a la peregrinación ( caía un domingo ) , en ese momento me di cuenta de que aquello carecía de autenticidad y que el dogma, el conservadurismo y la falta de movilización consciente y real se habían apoderado de aquella organización que hacía unos 15 años me había hecho querer pertenecer a ella ...

    Mis principios revolucionarios no son los mismos : son más sólidos que antes. Defiendo la construcción de nuestro proyecto social como la mejor vía contra esa mierda que se apodera del mundo y esclaviza al hombre a niveles inimaginables: el capitalismo. Hoy discuto abiertamente el problema del abasto del agua con mi vecino, con mis compañeros de trabajo , en mis redes sociales ... sin que ningún funcionario diga que ese tema no compete ...

  • JMario dijo:

    Excelente valoración de nuestro acontecer político, desprovisto de retórica repetitiva y trillada.
    Para la generación nacida con la Revolución, al día de hoy se impone que los dirigentes en todas las instancias, prediquen verdaderamente con el ejemplo personal. Es y será el antidoto protector garantía de nuestro proceso. Lamentablemente tenemos cuadros de dirección que se asoman a la realidad, pero viven en una burbuja de espalda al pueblo. Sólo espero que el 8vo Congreso dirima este tema y marque el derrotero.

  • Laudino González dijo:

    Excelente artículo, muy ilustrativo de nuestra realidad, no cabe dudas que la desidia, la mentira, la doble moral, la hipocrecia alientan estas posiciones.
    Muchísimos jóvenes que se mueven en nuestro entorno familiar dicen una cosa en sus círculos de estudio o trabajo, y hacen otra fuera de esos mismos círculos, su máxima aspiración es emigrar, no creen cabalmente en la "verdad" que le inculcan.

    • Ale dijo:

      Laudino, coincido con Usted pero agregaría que muchísimos adultos y personas de la tercera edad hacen exactamente lo mismo o peor. Una cosa por un lado y por la otra pidiendo dólares a los familiares, a quienes repudiaron incluso, para poder vivir decentemente. No sé si la doble moral ya es endémica de este país, pienso que si. En cualquier caso es mucho peor en adultos que en jóvenes que ni siquiera saben lo que quieren aun

  • Ariel Pevida dijo:

    Felicito a Cubadebate por reproducir este material, que fue publicado primeramente por La Jiribilla. Dan deseos de conocer e intercambiar con el (la) autor(a). Bravo, Cubadebate!!!

  • Oscar dijo:

    Es un excelente artículo; con los pies sobre la tierra; mirando nuestras realidades y prioridades. Excelente también que se abran espacios, para aquéllos que nunca hemos sido mercenarios ni anexionista ni estamos dispuestos a recibir un céntimo por nuestras ideas y principios pero que tenemos el atrevimiento de pensar una forma diferente; es más;yo diría que no tan "diferente" de como fue concebido en sus inicios; de hacer y de pensar algunas cuestiones que hoy están golpeando nuestro proceso. A mi concepto entiéndase: la disciplina laboral; la eficiencia económica, la lucha contra la corrupcion, la inercia, la burocracia, el voluntarismo; la liberación de las fuerzas productivas y las relaciones de poder que deben primar en una sociedad como la nuestra...."con todos y para el bien de todos".......

  • Jose dijo:

    Sigo mucho a iramis,ojala y pudiese tener mas participacion en la vida politica del pais,yo creo q si se lo propone lo lograria, su discurso es excelente!felicidades!

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Iramís Rosique Cárdenas

Especialista de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, miembro del Consejo Editorial de La Tizza y de la Asociación Hermanos Saíz.

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