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El peor momento de mi vida, lo juro

Foto: Facebook de Edrián García Morales.

El dolor articular se hizo intenso y casi de inmediato, comenzó la abundante secreción nasal; síntomas suficientemente sospechosos para disparar las alarmas de Edrián García Morales, intendente de la ciudad de Matanzas.

Resuelto de cuál podría ser el desenlace, se presentó ante las autoridades sanitarias en medio de la conmoción que le agarrotaba: compañeros de trabajo podrían estar contagiados y también su familia; los suegros con los que convive y, peor aún, sus dos pequeños hijos, su niña de tres años y el varón de apenas uno.

Tras la entrevista epidemiológica y gracias a su entrenada memoria, refirió 87 contactos. Sin embargo, en ese momento no pudo ser identificada la fuente de infección, para agregar una adicional nota de angustia a su estancia en el hospital militar Mario Muñoz.

Hoy tras más de una decena de días en zozobra y desde su casa donde felizmente se recupera de la COVID-19, confiesa: “El desespero me tomó por asalto porque a pesar de mi juventud y fortaleza física; soy fumador e hipertenso y además, cometí una imprudencia que puso en peligro la vida de no pocas personas”.

“Así, me convertí en el paciente de la sala L cama 27 y comenzó el tratamiento que, subrayo, es fuerte. Durante casi 72 horas mantuve fiebre alta, dolores, falta de aire y, realmente, uno se deprime aunque reconozca que la atención es magnífica, pero siempre te preocupa cómo el organismo responderá al virus, cómo están tus hijos y esposa, y hasta se pierde el apetito, a pesar de que sirven muy buena comida y soy goloso”.

Nunca estuve ingresado por tanto tiempo, fueron más de 12 días. En la sala fuimos testigos de pacientes que tuvieron que ser remitidos con urgencia a la unidad de cuidados intensivos y también, desafortunadamente; enterarnos del fallecimiento de un enfermo”.

—Una confesión, ¿es cierto que uno en este caso llega a sentirse culpable?

Sí, es cierto y lo peor es que, llegado el momento de aparecer los síntomas, ya uno no puede hacer nada. Yo juraría que cumplí el protocolo, referí 87 contactos y ninguno fue positivo, pero lo cierto es que me contagié.

—A usted le realizan el PCR y aguarda en casa el resultado, práctica que ya cambió, puesto que hoy todos los pacientes con síntomas sospechosos son aislados. ¿Cómo se las arregló?

Extremamos todas las medidas, me aislé en una habitación, dormía con nasobuco y todas las pertenencias; incluso las de alimentación, vestimenta y ropa de cama se desinfectaban continuamente, y lo peor es que te martilla la incertidumbre de estar enfermo y arrastrar con uno a 89 personas.

Cuando me comunicaron que era positivo y lo hicieron de una forma muy profesional y hasta cariñosa, me desesperé y sentí asombro porque la vida demostró sin lugar a dudas que, a pesar de que suponía que había cumplido estrictamente el protocolo de bioseguridad, algo falló.

—¿Será Edrián el mismo de antes?
Sí, pero mucho más precavido, este ha sido el peor momento de mi vida y curiosamente, me ofreció la oportunidad de agradecer y valorar el regalo que es la vida y asimilar, como nunca antes, la responsabilidad de cuidar a los que me rodean. Ha sido una gran enseñanza y lo reitero: fue el peor momento de mi vida, lo juro.