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Crear y construir ¿van de la mano?

Imagen: KMCallava / Revista Alma Mater.

Un amigo arquitecto comentaba, a raíz de la situación epidemiológica actual, que su profesión, como algunos oficios, no cree en desastres, epidemias ni en guerras.

“En los países siempre construyen. La gente siempre construye. Buscan un espacio confortable para vivir y muchas veces, si pueden, contratan los servicios de un proyecto de arquitectura y construcción”.

Ahí lo dejamos. En la idea de que, quien se gradúa de Arquitectura, esté vinculado al Estado o no, “no se muere de hambre”. Sin embargo, para mi amigo, como para el resto, las ansias profesionales van más allá de saciar las necesidades básicas. Implican crecimiento, creatividad, motivación, retos. Y eso, precisamente, es lo que quiso saber Alma Mater.

¿Cuáles son sus expectativas en cuanto a la profesión? ¿Qué realidades viven cuando trabajan? ¿Acceden a todas las oportunidades que soñaron?

Para Ramón Ramírez Li, arquitecto y Máster en Conservación, co-director de Nivel 4 Estudio, las metas las impone cada persona. “En cualquier profesión el límite de las posibilidades de desarrollo lo pone el mismo profesional. Eso no te lo da ningún puesto laboral ni ninguna ubicación, depende de tus aspiraciones y tu proyecto de vida”.

Así piensa quien, después de una década de graduado, ha vivido experiencias laborales disímiles. Sin embargo, para la comunidad estudiantil de este perfil, las aspiraciones oscilan en niveles diferentes, pero también llevan la impronta personal.

Eduardo Antonio Rodríguez García, estudiante de quinto año en la Universidad de Camagüey ansía adquirir más conocimientos, sobre todo vinculados con la práctica.

Sueña con “contribuir a resolver problemas sociales actuales y crecer profesionalmente”.

Ginet María Guerrero Porras, de cuarto año de la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae), está motivada a “hacer algo por mejorar la visión de las mentes cerradas en este ámbito”.

“Hay mucho por investigar y soluciones innovadoras por aportar en este mundo de la arquitectura adaptado a nuestra realidad, pero todo depende de la voluntad de quien comienza. ¿Que existen limitaciones a nivel de país en el sector de la construcción? Es verdad y no es secreto para nadie. Pero esto, por lo menos a mí, me incentiva”, reafirma Guerrero Porras.

En tanto, para Diego Moro, recién graduado en el curso anterior, las perspectivas aún están frescas y radican en desarrollar las habilidades técnicas y sociales elementales, para tener la suficiente competencia laboral demandada por cada encargo.

Para Rosamalia Feria Ramírez, de quinto año en Camagüey, el panorama pinta distinto. Comenta que tiene expectativas divididas: “lo que creo que podría esperar y lo que me gustaría esperar”.

“Creo que, como profesional, me espera la vida del trabajador común. Jornadas laborales sentada en una oficina o con suerte, a pie de obra, donde estoy segura que podré aprender más. Creo asimismo que seré consumida por la monotonía, que para mí no es más que no tener la posibilidad de probarme a mí misma, porque seguramente trabajaré en proyectos que, o no serán míos o estarán llenos de límites creativos.

“Lo que me disgusta cuando pienso en mi futuro al terminar la Universidad es carecer de la oportunidad de crear, pensar, y buscar soluciones con el diseño de un lugar, de satisfacer necesidades sociales y fundamentalmente de dejar volar la creatividad”.

La carrera de Arquitectura se estudia en Cuba en cuatro universidades: la Cujae en La Habana; la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas; la “Ignacio Agramonte”, de Camagüey; y la de Oriente, en Santiago de Cuba.

Sobre este particular, el ingeniero Antonio Caparó Marichal, especialista superior para el desarrollo estratégico y coordinador para los vínculos con las universidades del Ministerio de la Construcción (MICONS) expone que quienes terminan la carrera de Arquitectura pueden ejercer y desarrollar la profesión en las empresas de proyectos, encargadas de la concepción y el diseño de las obras a construir (edificios, entornos urbanos, instalaciones hoteleras, industriales, de salud, escolares, centros culturales o deportivos…); las empresas contratistas, las cuales realizan la gestión y el control técnico-financiero para un proyecto inversionista-constructivo; y las empresas constructoras, encargadas de acometer la ejecución de los diferentes tipos de obras de arquitectura, industriales, viales, hidráulicas, urbanísticas…, hasta su terminación total y puesta en marcha.

“La ubicación del grupo recién graduado está determinada por la demanda de los diferentes tipos de empresas. Hay quienes inician, por ejemplo, en los principales polos constructivos del país: la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, el centro turístico en La Habana, Varadero, la Cayería Norte, Trinidad y Guardalavaca.

“El MICONS tiene como objetivo que aquellas personas que comienzan en la arquitectura, lo hagan a pie de obra, para que conozcan y se familiaricen con el proceso constructivo”.

¿Podrán cumplir todas sus expectativas?¿Qué posibilidades les esperan a quienes terminan Arquitectura en estos tiempos? ¿Van de la mano las oportunidades creativas con las de materializar los proyectos?

Según explica Luis Alberto Rueda Guzmán, decano de la Facultad de Arquitectura de la Cujae desde 2012, y presidente de la Comisión Nacional de la carrera en el país, las posibilidades para ejercer hoy son superiores a las que existían hace 25 años.

“El contexto económico y social en la actualidad es más favorable, y demanda la activa participación de los arquitectos para acometer, de conjunto con otros actores, los proyectos e inversiones que se necesitan para mejorar y desarrollar la infraestructura de nuestras ciudades, así como las condiciones de vida de la población. Quienes se gradúan pueden planear, diseñar, comunicar, construir, demoler, conservar, mantener y participar en el proceso de impartición de la docencia; es decir, su contribución puede ser variada e importante para el desarrollo económico del país”, advierte Rueda Guzmán.

Es tan favorable, que no solo existen oportunidades en el ámbito estatal, sino que muchas personas egresadas de este perfil pueden ejercer, legalmente, desde espacios por cuenta propia. No obstante, la satisfacción profesional (lo indicamos antes) resuena desde muchísimos puntos como: la individualidad, con sus aspiraciones y sus realidades; el contexto estudiantil, familiar y laboral; las notas y las herramientas de cada quien; la creatividad; el acceso a oportunidades, la apropiación de los saberes…

Pedro Dariel Rodríguez Díaz, arquitecto y Máster en Vivienda Social, co-director de Nivel 4 Estudio, plantea que desde el Servicio Social hay ocasión para el vínculo con una iniciativa que posibilite ampliar el espectro. No obstante, recomienda sacar provecho a cada reto o espacio de ubicación.

“Aunque no te guste lo que haces, el adiestramiento es una escuela. Por ejemplo: “Me gusta proyectar, pero estoy haciendo proyectos de inversiones”. Ahí tienes un nicho de aprendizajes, puedes incursionar en esa rama y aprender; a la par, entonces, buscar en un emprendimiento los elementos afines contigo”, argumenta Rodríguez Díaz.

Si hace unos años las únicas opciones para personas egresadas de Arquitectura eran la academia y la producción, hoy existen disímiles puertas de trabajo asociadas a empresas de proyectos, empresas constructoras y trabajo por cuenta propia.

En la apertura al trabajo por cuenta propia la figura de arquitecto o arquitecta no está reconocida. No obstante, existen licencias de trabajo no estatal que, combinadas, tributan a lo que haría una persona de esta especialidad. Y mediante la modalidad de coworking pueden asumir proyectos que contengan decoración y diseño de interiores y su construcción.

Eso sí, para cada posibilidad es en extremo importante tener un arraigo fuerte y sólido con las competencias aprendidas, y aprehendidas, durante el periodo universitario. “La academia lleva el peso fundamental de tu formación como profesional”, explica Ramón Ramírez Li.

“Es una pena que algunas juventudes recién graduadas no valoren a la academia como deberían”, acota su colega Pedro Dariel Rodríguez Díaz. “Es muy común escuchar: “No me enseñaron nada”, “no aprendí nada”, inconscientemente lo tienes en la sangre y cuando llega el momento sabes lo que tienes que aplicar. Por supuesto, la vida entera es retroalimentación, debes estudiar, superarte; siempre habrá nuevas tecnologías, nuevos materiales, nuevos sistemas constructivos, y con eso hay que estar al día. Eso depende de ti y no de la academia”.

Entre los elementos fundamentales para desarrollar en la vida laboral de la Arquitectura, Naira Paisán Moreira, de la Oficina de Patrimonio de la Universidad de Oriente, destaca también el trabajo en equipo.

“Cuando empiezas la carrera piensas que con saber dibujar es suficiente. Sin embargo, hay otros conocimientos y técnicas imprescindibles. Entre estos, los valores éticos y morales que garantizan luego un exitoso desempeño profesional”, expresa Paisán.

Marcados por su propia subjetividad encontramos otros criterios de quienes aún no han “chocado la bola” en el ámbito laboral. Son las opiniones de Rosamalia Feria Ramírez, de Camagüey, y de Agnes Gorris y Melanie Manso, de 4to en la Cujae. Si bien diversas, enriquecen lo que esperan o necesitan complementar las y los estudiantes de este perfil.

Mientras Rosamalia argumenta que todas las herramientas de la carrera permiten el desarrollo tanto en el mercado estatal como en el privado, Agnes piensa que debería hacerse más énfasis en el tema de los presupuestos y cómo valorar las tarifas para el ejercicio de la profesión en ambientes fuera del marco estatal.

Para Melanie, en tanto, “sales sin saber cómo enfrentarte a un proyecto no estatal”. Y para ella habría muchos beneficios si algunas prácticas laborales fueran también en conjunto con iniciativas privadas.

¿Cuáles son los pro y los contra del espacio estatal y el no estatal? ¿Qué buscar en uno y otro lado? ¿En uno y otro mercado van de la mano la creación y la construcción?

Sobre las iniciativas privadas Lohania Cruz González, subdirectora técnica productiva de la Empresa de Proyectos de Arquitectura y Urbanismo RESTAURA, advierte primero, que en Cuba la actividad profesional referida a este empeño, no está autorizada.

“Por un lado están quienes defienden y protegen la empresa estatal. Argumentos como que autorizar al arquitecto al trabajo privado profesional, sería como autorizar a un médico a tener clínicas privadas y eso va en contra de la esencia de nuestro socialismo. Por otra parte, están quienes abogan porque sean autorizados los estudios de arquitectura. Este debate hoy está sobre la mesa de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba. En cualquier caso, es esencial buscar los mecanismos para garantizar proyectos con calidad y buena resolución”, refiere Cruz González.

Precisamente, el Grupo Cubano de Estudios de Arquitectura, (GECA), con presencia activa en las redes sociales, tiene como misión visibilizar la arquitectura contemporánea cubana como movimiento cultural. En sus publicaciones digitales comparten el trabajo de variadas iniciativas asociadas a esta disciplina que, en todo el país, desarrollan una labor en el sector no estatal.

En octubre pasado GECA circuló una propuesta de ley con las aspiraciones en cuanto a la condición legal y el papel en la sociedad de la comunidad de arquitectos independientes.

En esta declaración, el grupo de profesionales no solo plantea sus obligaciones o deberes en el ámbito estético o artístico de proyectos constructivos, sino que demandan protagonismo en cada uno de estos emprendimientos. Y es aquí donde están las principales limitaciones de quienes optan por el trabajo por cuenta propia desde la arquitectura.

“Trabajar para el Estado siempre ha supuesto una seguridad salarial y eso pesa mucho. Tienes garantizada una remuneración a tu esfuerzo como trabajador. En el sector no estatal hay más inseguridad, depende de lo que produzcas, de lo que trabajes. Pasas a ser el productor directo de tus beneficios monetarios” aclara Ramón, de Nivel 4.

“La diferencia más marcada entre uno y otro radica en que los profesionales del sector estatal pueden acceder a proyectos como hoteles, escuelas, hospitales, centros de elaboración, industrias, grandes proyectos, mientras que sus colegas del sector privado no”, apunta Ramírez Li.

Ante esta demanda, GECA sugiere en su proclama establecer el “Colegio de Arquitectos de Cuba” que vele por proyectos rentables y respetuosos con el medio ambiente.

De esta manera, señalan, habría una supervisión técnica, legal y económica que no solo brinde reconocimiento a la figura del profesional de la arquitectura, sino que también le proteja ante la intromisión e importación de proyectos elaborados en el extranjero y las deficiencias técnico-artísticas de los diseños.

Según el documento, este Colegio mantendría una relación de colaboración y conciliación estrecha con la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) y con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Asimismo, lanzaría a concurso las propuestas de trabajo y seleccionaría las más eficientes desde el punto de vista energético, que mejor se adapten al cambio climático y a las condiciones ambientales de la Isla, sin especificar de qué ámbito vienen.

“La decisión en este caso debería ser de un jurado multidisciplinario, una entidad superior capacitada con profesionales que definan cuál es el proyecto escogido de acuerdo a sus necesidades, objetivos, imagen, aportes”, esclarece Pedro Rodríguez, con vista a eliminar esta diferencia de accesos entre ambos sectores.

Según Luis Alberto Rueda Guzmán, profesor titular del departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la Cujae y decano de esta facultad: “La satisfacción profesional en su sentido más amplio puede ser alcanzada sin importar el sector donde se ejerza, ya que es un fenómeno multifactorial y su éxito depende de factores objetivos pero subjetivos también.

Por solo citar un ejemplo, te puedes encontrar con alguien realizado profesionalmente en una empresa estatal porque tuvo la oportunidad de participar en un importante proyecto y las soluciones que aportó le demandaron un crecimiento como profesional, pero en contraposición recibe una remuneración salarial inferior a lo que debiera ser; y otro caso de alguien ejerciendo como trabajador por cuenta propia desde otra especialidad donde la motivación principal se condicione por la ganancia económica. El escenario ideal sería alcanzar ambas satisfacciones desde donde se labore, aunque no siempre es posible. Esto es un problema asociado no solo al contexto cubano ni a la profesión, es recurrente encontrarlo en muchos países y otras especialidades”.

De acuerdo con datos ofrecidos por las personas entrevistadas, el espacio cuentapropista accede sobre todo a la vivienda, la construcción o remodelación de bares, cafeterías, y otros proyectos de menor escala. Aunque, según comentaron la mayoría de profesionales interpelados por esta publicación, existe un porciento alto de que las obras proyectadas lleguen a un feliz término, meta que desde la contratación estatal se logra mucho menos.

“No podemos perder de vista que estamos transitando por momentos de crisis”, argumenta Lohania Cruz González, de RESTAURA. “Existen dificultades en la industria de materiales de la construcción y donde el ingenio ocupa un lugar esencial para dar soluciones novedosas y sostenibles. La liquidez financiera para las inversiones se centra más en resolver problemas de la vivienda, reforzar la industria y algunos sectores priorizados para el crecimiento económico del país. Hoy en Cuba quien trabaja en esta rama tiene posibilidades en el desarrollo hotelero, donde hay recursos suficientes para obtener buenos resultados de proyectos y calidad en los materiales que se emplean”, concluye.

Mas, no solo las cuestiones financieras o de ingenio representan las limitantes. Hay otras variables que deben actuar en sintonía para que el ejercicio de la profesión se articule con la sociedad como debe.

“En ese sentido, se requiere mejorar el reconocimiento social de arquitectos y arquitectas nacionales como agentes transformadores de la sociedad, el protagonismo de la organización gremial que nos representa y su vínculo con los Organismos de la Administración Central del Estado con que se relaciona. El país y nuestras ciudades cuentan con personas comprometidas con el desarrollo de la nación”, dice Luis Alberto Rueda Guzmán.

Observa, además, que es posible encontrar ambos puntos: quien no obtiene un salario estatal adecuado con su labor, pero se siente realizado profesionalmente; y quien, desde otra actividad o un proyecto menor, alcanza la remuneración que espera y le satisface.

“El escenario ideal — comenta Rueda — sería alcanzar ambas satisfacciones desde cualquier lugar donde se labore; lamentablemente no siempre es posible”.

De momento, la única certeza es que, si quienes estudian o acaban de terminar la carrera de Arquitectura asumen su empeño con “todas las de la ley” (desde lo estatal o lo no estatal), estarán, al menos, transformando su realidad inmediata con obras de alto valor estético y funcional. Y eso, sí va de la mano.