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Aleida Guevara: “El Che vuelve otra vez, con la adarga al brazo” (+Fotos y video)

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Aleida Guevara de niña junto al líder de la Revolución Cubana Fidel Castro. Foto: Cortesía de la entrevistada

Cuando tenía cuatro años vio, en la penumbra de la habitación de mamá, a papá acariciando la cabeza de Ernesto, como si con ello le diera el adiós al más pequeño de los hijos. A un mes de cumplir los cinco, escuchó a Fidel Castro en la televisión y allí, mientras él leía una carta de despedida, descubrió a su madre en llantos. Con seis años, Aleida Guevara supo que “papi”, como le dice al Che, había muerto. Octubre es, definitivamente, un mes triste.

Lleva sus mismos ojos y a veces la sonrisa la delata más que los apellidos, aunque Guevara sea Guevara y venga del mismísimo cono sur, de la raíz de un continente.

A los sesenta años de edad, Aleida –médico, pediatra e hija del Che– cuenta que heredó del comandante guerrillero el amor por la fotografía y aclara, levantando el índice, que su hermano Camilo es mejor fotógrafo que ella. Como le llamaba su padre, Aliucha siente orgullo de su insularidad, de un país que Ernesto Guevara amó como el suyo, donde hizo una Revolución y una familia. De aquí tendría que partir el comandante, dejando a sus seres queridos, porque “otras tierras del mundo reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos”.

–Este 3 de octubre se cumplen 55 años de la carta de despedida del Che. ¿Qué sintió la primera vez que la leyó, sobre todo cuando él dice “Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea”?

La primera vez que la oí era muy pequeña y me impactó porque vi a mi mamá también en la televisión con mi tío Fidel que estaba leyendo esa carta. Yo no entendía bien de qué iba la cosa, pero mi mamá lloraba. Ella siempre nos educó en la idea de que podíamos ser hijos de un hombre muy especial, pero no por ello debíamos recibir nada especial. La Revolución nos daría lo necesario para desarrollarnos como seres humanos y punto. A mí me han preguntado en Argentina y varios lugares “qué me dejó mi papá” y me dan ataques de risa porque él no tenía nada material que dejar, solo su ejemplo.

–En un momento en la carta de despedida a Fidel, el Che afirma: “Me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios”. ¿Cuán parecidos y, a la vez, diferentes, eran Ernesto Guevara y el Comandante en Jefe?

Desde el punto de vista humano se parecen mucho. El Che aprende a respetar a Fidel como un verdadero jefe militar, sobre todo, en el período de la cárcel en México. A todos les dan la libertad menos a mi papá y otro compañero porque los tildan de comunistas y prosoviéticos. Fidel me hace esa anécdota años más tarde: “Fui a discutir con tu papá a la cárcel porque yo les había advertido que no dijeran su condición política, pero allí me di cuenta que el Che no sabía mentir, ni aunque le fuera la vida en eso”. El Comandante podía haberse ido en el yate Granma sin él, y no lo hizo. Logró que le dieran la libertad a papi y salieron juntos hacia Cuba.

El Che y Fidel, junto a la pequeña Aleida. Foto: Cortesía de la entrevistada.

–La carta está escrita como si el Che supiera que era probable no volver nunca más…

Todos los guerrilleros tienen que preparar ese terreno y crear conciencia de que puede pasar. Las balas no tienen nombre. Él lo dice en la carta: que la verdad los golpeó a todos porque en una Revolución verdadera, o se triunfa o se muere. No hay de otra. Su sueño fue una América libre, independiente, unida, como una sola nación.

–Cuando el Che sale de Cuba, usted apenas tenía 4 años y medio. ¿Qué imagen junto a su padre recuerda, tiene intacta en la memoria?

Dos imágenes. Una es en el cuarto de mi mamá. Ella tiene a mi hermano Ernesto, recién nacido, apoyado en su hombro y mi papá está detrás, vestido de militar, con una mano muy grande tocando la cabecita del bebé. Lo está haciendo con tanta ternura que ese momento quedó grabado para siempre en mí. En aquel instante él tuvo que haber pensado muchas cosas: “¿este pequeño niño me reconocerá algún día?, ¿entenderá por qué yo no estaré a su lado cuando crezca?...” En esos pensamientos quizás radica la grandeza de mi papá. No todos los seres humanos tenemos esa fuerza y hay que respetarlo siempre.

El Che en familia. Foto: Cortesía de la entrevistada.

“Y la otra imagen es cuando él se transforma en Ramón y nos recibe. Mi mamá nos lleva a ver a un amigo de mi papá, al ‘viejo Ramón’, en una casa de seguridad en Pinar del Río. Cuando vamos a cenar él se sirve el vino tinto solo, pero papi normalmente lo tomaba con agua. Ahí salté como un resorte y le dije: ‘tú no eres amigo de mi papá’ y le expliqué que papi tomaba el vino tinto con agua. Fui a la punta de la mesa donde él estaba sentado y le eché el agua a su copa porque ‘así es como era rico’. Dice mami que el hombre estaba emocionado con eso.

“Después seguimos jugando los cuatro hermanos y yo me resbalé, y me di un golpe en la cabeza con una mesa de mármol. Entonces ‘el viejo Ramón’ me tomó en sus brazos, me palpó inmediatamente, y yo sentí algo que no era lo normal para mí: ¿un hombre extraño, que me protegiera así? Luego hablé con mi mamá porque tenía que decirle un secretico y a plena voz le dije: ‘mamá, yo pienso que este hombre está enamorado de mí’.

“Mucho tiempo después mi mamá me dijo que aquel hombre era mi papá, pero se tenía que mantener en secreto todavía. Crecí con la sensación de que mi papá me amaba, no eran solo papeles, cartas, eran gestos, sentimientos, porque un niño no miente. Cuando un niño siente esas cosas es de verdad”.

–Usted cuenta en el documental Ausencia presente que el Che la besaba muy fuerte…

Papi me apretaba mientras me daba besos y eso hacía que yo despertara. Le cogí un poco de miedo a la oscuridad porque yo miraba a un tipo que casi no veía, en la noche y dándome esos apretones… En uno de sus viajes mami le dice que en un libro hay un cuento de un leoncito que acompaña a un niño con miedo hasta que el pequeño toma fuerzas y el león se va porque el niño pierde el temor. Ella le explica que yo he recibido muy bien esa lectura. Así que uno de los pocos gastos de mi papá es comprarme un león de peluche.

–Era un hombre austero…

¿Mi papá? Tremendamente. Y con mucha razón. Él salía en nombre de un pueblo que no tenía, como decimos nosotros, ni dónde amarrar la chiva. ¿Cómo iba a gastar dinero en nosotros? No era lógico eso, pero además, tampoco tenía tiempo. Viajaba con los minutos contados y participaba en una actividad tras otra. Ir a una tienda a comprarnos algo resultaba imposible. Sin embargo, papi me compra el leoncito y fue extraordinario para mí porque me acompañaba siempre mi peluche y le fui perdiendo el miedo a la oscuridad. Y ya en sus últimos viajes me trae una muñeca.

El Che junto a su familia. foto: Cortesía de la entrevistada.

–En la carta de despedida a sus hijos, el Che les dice: “Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”. ¿La ha llevado Aleida Guevara consigo?

La mayoría de los cubanos la hemos llevado con uno. A estas alturas me duele un poco que nuestros médicos no hablen de él porque las generaciones de galenos cubanos nos hemos educado con el ejemplo del Che. Es el primer médico revolucionario. Cuando yo estaba estudiando el último año de Medicina, Fidel nos reúne y plantea que Nicaragua necesitaba médicos, recién había triunfado la Revolución Sandinista, y nos pregunta cuántos queríamos hacer el internado internacionalista. Para allá fuimos un montón de muchachos entre 22 o 23 añitos.

“Después comienza la amenaza contra ese país y Fidel decide sacar de allí a todas las mujeres. Eso lo discutimos en un momento porque yo sentía que le estaba fallando a mis compañeros. Todos estábamos juntos. ¿Por qué nos vamos a salir? No me parecía justo. Recuerdo que le dije: ‘Tío, no me hagas daño. Yo me considero tu hija, y cuando los generales mandan a sus tropas los primeros deben ser los hijos de ellos’. Entonces, en las pocas cosas que Fidel me escribió me dijo: ‘Yo nunca te podré hacer daño. No pienses eso. Solamente es para protegerlas’. Después me voy a Moa, en Holguín”.

–De Managua a Moa…

Tremendo cambio. En aquel momento Moa era una de las ciudades más ricas de Cuba desde el punto de vista industrial, pero más pobres en cuanto a estructura social. Aquello parecía un oeste estadounidense. Tuve varios enfrentamientos en Moa porque, por desgracia, nosotros como seres humanos tendemos a acomodarnos, a veces en un puesto determinado, a solamente recibir los beneficios, pero no dar los sacrificios que conlleva un puesto público en este país. Y esas cosas las viví allí, y me costaron mis lágrimas. Pero es mi país, y no me quedo callada ante nada.

“Luego de un año regreso a La Habana y llega el pedido de misiones nuevamente. Fui al Ministerio de Salud Pública, me presenté como médico del hospital ‘Pedro Borrás’ y me dicen que era Angola a donde debía ir. Ahí dije: ‘Ño, acabo de salir de Nicaragua en guerra y me toca Angola, ¡en guerrra!’. Pero acepté. Recuerdo que me iba un 6 de octubre, oye esto: ¡6 de octubre! Cuando llegué a la casa a mi mamá casi le dan convulsiones ese día. Se encerró a llorar. Pero ella me había enseñado a ser socialmente útil.

Angola: “Los dos años más duros de mi vida” 

“Estuve trabajando con niños tuberculosos. Me acuerdo de Celson. Nunca lo voy a olvidar. Él me esperaba en la puerta de la sala de tuberculosis y yo me lo amarraba con el paño a la espalda y le daba una vuelta por el perímetro del hospital. Celson era feliz con eso. Recuerdo que el director del centro, un pichón de portugués, me dijo insultado que yo me estaba burlando. Le contesté: ‘Usted está equivocado. Mírele la cara a ese niño. ¿No lo ve feliz? Para mí eso es lo más importante y lo que necesito para enfrentar un día en este hospital: la sonrisa de Celson. No me lo puede quitar’.

Celson, uno de los niños tuberculosos que Aleida atendió en Angola. Foto: Cortesía de la entrevistada

“Recuerdo a otro niño que dormía en un portal desnudo debajo de unos periódicos con los cuales se tapaba. Ese día me tocaba la guardia en el edificio, y el jefe nuestro pateó un bulto de papeles y de allí salió el niño. Se levantó, dobló los periódicos y se los puso debajo del brazo. Mira, muchacho, todavía yo no puedo hablar de eso. Fue un dolor tan grande, que subí y me quité el pulóver verde olivo que tenía puesto y estaba caliente. Bajé, lo llamé y se lo puse. Aquel pequeñito me miró y me dijo ‘papá’.

“Traté de ayudarlo, lo llevaba a los refugios, pero él se escapaba nuevamente. Hasta que ya no volvió más. Por eso pienso que no es posible que algunas personas no sientan el privilegio enorme que tenemos de ser cubanos y mantener una sociedad donde la vida del ser humano tiene más importancia que cualquier dinero del mundo. Eso es lo más hermoso que nos han dejado los hombres como el Che”.

Aleida durante sus dos años de misión en África. Foto : Cortesía de la entrevistada

–¿Qué le encantaría al Che de la Cuba de hoy? ¿Qué le enfadaría?

Estaría muy orgulloso de los médicos cubanos. A pesar de todos los problemas económicos que hemos tenido, no hemos perdido la cualidad más hermosa de un revolucionario como él decía en la carta: “sentir la injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”. Los galenos nuestros lo hacen todos los días con la brigada Henry Reeve, por ejemplo, o con la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).

“Por otro lado, el Che siempre fue un hombre muy crítico, por tanto, nos haría muchísimos señalamientos de la Cuba actual, sobre todo respecto a los cuentapropistas. Él nunca lo entendería. De ninguna manera. Eso, a la larga, es un pequeño cáncer dentro de nuestra sociedad, porque la gente empieza a pensar solamente en su bolsillo. Pero a veces hay que tomar decisiones que, si bien no siempre son las correctas, son las que tenemos a nuestro alcance. Y hay que aprender a caminar con ellas”.

–Y a usted, ¿no le molesta que en ocasiones se utilicen las ideas del Che con oportunismo? 

Que las pongan como slogan y no las sientan, y no las vivan, claro que me molesta. Lo bueno es que por lo menos las digan.

–Pero las dicen a veces sin conciencia…

Pero la escucha el que la tiene. Quizás quien la utiliza lo hizo para terminar un discurso bonito, pero el que sí tiene conciencia la oye y sabe que no se está practicando como debe ser. Oportunistas podemos tener en todas partes y hay que rescatar muchos valores que se han perdido en los períodos especiales vividos.

–¿En qué momentos usted se ha dicho “si mi padre estuviera aquí”?

¡Un montón de veces! Cuando yo traje al mundo a mi hija mayor y estaba abriendo los ojos tras la anestesia por la cesárea, vi a dos hombres al lado mío: eran Ramiro Valdés y Oscar Fernández Mel. “¿Ustedes qué hacen aquí?”, les digo, y me responden: “Como no está tu papá, estamos nosotros”. ¡Único! Y claro que lo extraño. Me gustaría haber visto a papi con sus nietos en las rodillas, hablando con ellos y enseñándoles mucho más de lo que pueda enseñarle yo a mis hijas. Esas cosas te pasan como un flash en la cabeza.

Momentos del nacimiento de la hija mayor de Aleida Guevara. Foto: Cortesía de la entrevistada.

–En uno de sus discursos, el Che expresa que la meta de las nuevas generaciones es que lo olviden a él y al Comandante en Jefe. Pero quizás en eso se equivocó. ¿Qué cree usted?

Eso fue en uno de los últimos discursos que él hizo a los jóvenes del Ministerio de Industrias, en el cual les dice que la meta de ellos algún día es olvidarlo a Fidel, a él... Al principio cuando yo lo leí dije “¿pero está loco mi papá?”. Pero él lo decía en el sentido de que, cuando nosotros superáramos todo lo que ellos nos predicaron con su ejemplo, entonces no sería necesario tenerlos tan presente. Y eso es lo que nos está diciendo: la meta es superarlos y ser mejores seres humanos que ellos. Pero todavía no hemos sido capaces.

–¿Cuál ha sido la mayor afrenta que usted ha vivido de la gente hacia el Che?

Cuando ves gente que no son capaces de movilizarse por un niño que está muriendo, por ejemplo. Mi papá dijo que la vida de un solo niño valía más que todo el oro de la tierra. Y es lo que yo siento también como médico y ser humano. Ver alguien que no muestre indignación por ver morir a un pequeño me golpea mucho.

–¿Y la mayor gratitud?

Yo trabajo con el Movimiento Sin Tierra, en Brasil. Y ellos practican al Che todos los días. Cuando tú ves a hombres y mujeres, en ocasiones con un nivel cultural que no es alto, pero capaces de sentir a ese hombre y de llevarlo a la práctica, entonces tú dices “se está multiplicando”. El Che vuelve otra vez, con la adarga al brazo. Qué decirte de los médicos cubanos que fueron a combatir el ébola sin saber bien lo que iban a enfrentar, arriesgando sus vidas… Ahí está el Che. Como hija lo agradezco mucho. Es ver a tu papá otra vez. En el combate. 

Durante la entrevista. Foto: Jorge Luis Coll/ Cubadebate

Aleida Guevara en la actualidad tiene 60 años. Foto: Jorge Luis Col/ Cubadebate.

En video, fragmentos de la entrevista con Aleida Guevara

Se han publicado 44 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • KENCO dijo:

    EXCELENTE ENTREVISTA PARA MI LA MEJOR QUE SE A PUBLICADO EN CUBADEBATE NO EXSISTEN PALABRAS PARA DESCRIBIR LA ESTATURA Y LA VALENTIA QUE TUVO ESTE GRAN HOMBRE YO CREO QUE COMO EL CHE GUEVARA NO NACE , NO A NACIDO , Y NO VOLVERA A NACER NUNCA MAS NADIE COMO EL

  • Michel dijo:

    Buena entrevista. Habla desde el corazón. Me gustó eso que donde que las nuevas generaciones deben olvidar a Fidel y a el y también la parte donde se reconoce las ideas comunistas de fidel antes de volver de México a cuba

  • Celia Beatriz Fernandez dijo:

    Aleida, los que sentimos a tu padre como nuestro te admiramos y respetamos muchísimo estoy segura q tu papá está orgulloso de ti y cada uno de uds. Gracias por acercarnos a su ejemplo.

  • Mileidi dijo:

    El Che es un hombre que no ha muerto y su entrega es eterna sobre todo para los agradecidos de su sacrificio. Muchas gracias aleida por acercarlo a nosotros.

  • Erb dijo:

    Excelente entrevista. Viva el Che, ejemplo y orgullo del pueblo!!!

  • Armando Enrique dijo:

    Aleida, vuestro hermano Camilo y yo fuimos compañeros de estudio en primaria Ciudad Escolar Libertad. Nací y me crie en el municipio playa algo cerca de vuestra casa. Recuerdo que en muchas ocasiones recibí el aventón del transporte que llevaba a tú hermano para llegar a la escuela. Saludos a todos

  • Lorenzo Mireanda camejo dijo:

    Excelente testimonio de aleida,debía proyectarse en la tv,quizás un documental,en un programa de mucha tela audiencia como pasaje a lo desconocido, aleida tiene muchas vivencias,recuerdos fotos de momentos históricos y personales inéditos que muchos no conocemos a pesar de ser adeptos a la legendaria historia del CHE

  • Aleida,Camagüey dijo:

    Desde pequeña siempre me ha gustado leer cuanto artículo, libro,etc habla del Che, la carta del Che a sus hijos con apenas 6 años me la sabía de memoria, siempre he pensado que fue un hombre íntegro de palabra y acción. Su hija Aleida es su vivo ejemplo, muy linda entrevista me ha permitido conocer algo más de él y ver esas fotos me ha encantado y emocionado.

  • Ana Cristina Tablada dijo:

    Interesante entrevista, me gustan todos los relatos relacionados con la vida del Ché y su familia.Durante el 30 Aniversariode su desaparición física , a través de los periódicos Juventud Rebelde y Adelante, pudimos conocer muchas anécdotas, de parte de sus cros de lucha y familiares, así como de su estancia en el Congo, Checoslovaquia, su entrenamiento en Pinar del Río, antes de salir para Bolivia. Tengo como reliquia el libro Evocación en su primera edición escrito por Aleida March, todo un acercamiento al hombre
    de carne y hueso, al esposo padre, compañero de lucha y he leído varios relatos de Ulises Estrada, los que te impregnan de su sensibilidad, arrojo, intrepidez, coincido con Aleidita en lo referente a que entre los médicos no se habla mucho de el. Gracias Aleida, por acercarnos un poco más a tu padre. Soy de tu generación y pienso que el no pudo alcanzar nuestra edad. El nació en el mismo año de mi madre y fue tan cubano como todos los cubanos que hoy le admiramos. Gracias a Andy Jorge Blanco.

  • Yailén Suárez Avila dijo:

    Es una hermosa entrevista, conmueve profundamente. Che Guevara sigue presente y es ejemplo e inspiración. Con él es el camino Hasta la Victoria siempre.

  • odalys dijo:

    siempre he sido admiradora del che, y he estudiado mucho su vida y su obra, sus opiniones politicas y sobre economia, y pienso que los cuentapropistas no atraerian, en la Cuba de hoy; la mayor atencion del ché, si seria un ferviente critico del atraso en la mecanizacion de la agricultura como fuente de alimentos del pueblo y la ejemplaridad de los cuadros, de verdad creo tendria poco tiempo para analizar a los cuentapropistas, pero siendo un marxista como era, se daria cuenta que en este periodo, donde el estado no puede satisfacer las necesidades del pueblo y tiene que concentrarse en los medios fundamentales de produccion, los cuentapropistas hacen mucha falta. les recomiendo leer el articulo de un economista cubano Bombas de tiempo Millonarias y mas que el articulo un comentario en ese articulo del economista Oscar fernadez Estrada y entonces se dara cuenta cuantas cosas tendria que hacer el CHE

  • Rafael Eddy Velarde Alvarado dijo:

    Hola Aleida, a tus 60 años, te doy un abrazo a la distancia. Cuando tenías 7 años estuve en la Plaza de la Revolución. Una noche, mientras Fidel daba la triste noticia, cerca de un millón de gente adolorida, vimos culminar ese discurso con la voz quebrada. Sin haberlo pensado, y tal vea sin darnos cuenta, nos tomábamos todos de las manos, las levantábamos y estábamos, de pie, erguidos, con un hondo dolor en el alma, entonando La Internacional. Sabes, tu Cuba, mi Cuba, avanzaban, Argelia se había independizado, una dictadura militar gobernaba Bolivia, Estados Unidos había invadido República Dominicana, el pueblo vietnamita, con el tío Ho a la cabeza, daban una lección al mundo, una vez más, indicando que el imperialismo sí puede ser enfrentado y vencido. En Perú se agitaban las oleadas estudiantiles y obreras, estaba en camino la reconstitución de la CGTP, la poderosa Federación de Pescadores del Perú incursionaba en la escena nacional tomando varios puertos del país, en el parlamento nacional la alianza del otrora nacionalista partido aprista con sus exverdugos odriístas, en la coalición apra-uno, le hacían la vida imposible al gobierno reformista burgués de Belaunde y le censuraba ministro tras ministro. Belaunde había devaluado un 27% la moneda peruana frente al dolar. En fin, hay mucho que quisiera contarte. Nuevamente un abrazo a la distancia. Usa la mascarilla y cuídate.

  • Orlando dijo:

    Sabias palabras de la Dra. Guevara.

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Andy Jorge Blanco

Andy Jorge Blanco

Periodista de Cubadebate. Licenciado en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en 2020. Trabajó como redactor multimedia de Telesur (2019-2020). En twitter: @ajblancocu

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