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Madre, doctora… valiente

Después del trabajo: un cake y el abrazo doble más fuerte del año. Así había sido trece veces sin falta desde que nacieron los jimaguas. Pero esta vez la doctora María Caridad Guerreiro Núñez, especialista de primer grado en Pediatría del Hospital Dr. Luis Días Soto (el Naval capitalino), aunque salga de guardia no regresará con los mellizos.

Las felicitaciones, por supuesto, llegarán a colmar su mente de alegrías y recuerdos; como cada conversación -incluso esta- que tiene a través de una pantalla. Le pasa desde el 15 de abril, cuando se unió al equipo de más de 210 trabajadores que enfrentan la Covid-19 en el Hospital Naval.

¿Se vale hacerme llorar?– escribe ante mis preguntas que no buscan sus lágrimas, sino despertar en ella el orgullo por el esfuerzo cotidiano.

En el hospital, junto a los niños ingresados como positivos al nuevo coronavirus, no ha tenido tiempo de pensar en eso; pero ¿cómo será este segundo domingo de mayo?

_ Una pregunta casi imperdonable –responde– me hiciste extrañar lo que no podré hacer.

Entonces me comenta que esperará el día de las madres despierta y rodeada de niños. Desde luego desearía amanecer junto a los suyos; aunque a estos pequeños, de tantas noches en vilo, casi los siente como tal.

_ Los jimaguas quieren venir en el carro a pararse por la calle lateral del hospital y yo estaré en el quinto piso… Ya les dije que no. De lo que no estoy segura es si soportaré no abrazarlos ese día...

Sobre las medidas de aislamiento habla con rigor. No obstante, la voz es igual de dulce en cualquier circunstancia. El más severo regaño lo aplaca con la mirada tierna y el rostro sereno, ahora oculto bajo las gafas de plástico o el nasobuco del traje de protección.

Sin embargo, los niños han desarrollado un arte para percibir las emociones de Mary a pesar de esas barreras. Logran captar la escondida sonrisa en sus ojos café cuando achinan. Entonces saben que su doctora no tiene miedo -aunque lo tenga-, que los cuida y que es tiempo de ser tan valientes como ella.

Me cuenta de un niño que llegó con su hermanita a hacerse los análisis de la Covid-19. Ella dio negativo. Él fue positivo y debió permanecer en el Naval.

_Cuando se lo dije lloraba y lloraba. Solo atiné a preguntarle: “Eh! Pero y eso?!... ¿No ves que aquí todos los niños están muy bien?” El día que le dimos el alta, me lo recordó: “Doctora, es verdad que todos los niños están aquí bien”.

Por instantes como aquel, Maria Caridad festeja con cada niño que da negativo o sale de alta. Los nombres quedan guardados en su memoria. Mas sin dudas, lo mejor es hacer una foto con el móvil –ya casi sin espacio- del momento en que los chicos vuelven a sus casas recuperados, y piden “un recuerdo con la seño”.

Con esas experiencias, Maria Caridad no mira la situación con la perspectiva de otros médicos en el mundo. Orgullosa afirma:

“Trabajamos en una sala de niños positivos. Ellos están bien, sin complicaciones”.
De cualquier forma en estos días intenta no conversar sobre la celebración. Cuando entra a la sala pregunta: “¿Y la novia qué dice?” –jaranea mientras indaga sobre cómo se sienten- “Las novias curan la Covid”– entonces algunos niños se ponen coloraaado y otros muy risueños. Hay quien ya no la deja ni preguntar. Apenas llega, le informan: “Doctora, (y con los pulgares arriba terminan la frase) las novias bien”.
_ A lo mejor si todos tienen una lágrima escondida como yo por la distancia, llorarían. Olvidarían la alegría de la recuperación.

_ Y la mejoría de los chicos es un gran regalo para este segundo domingo de mayo…

_ Claro, es un regalo dividido entre muchos a partes iguales– dice al referirse no solo al equipo del Naval y a los niños; sino a todas las trabajadoras que llevan días lejos de sus hijos o nietos para disminuir el impacto de la Covid-19.

Por eso pide, a las madres aún más, que cumplan con las medidas de distanciamiento social y al evitar grandes festejos protejan a sus familias e incluso, se cuiden ellas mismas.

_ Así nosotras, que velamos por sus hijos, podremos abrazar a los nuestros aunque no sea este domingo.

Ahora alguien podría acaso decir que para malograr festividades vino también esta pandemia. En cambio, Maria Caridad no persigue la rutina de una fecha marcada en el calendario. Hasta el 15 de mayo no comenzará su aislamiento protocolar para volver a casa. Mientras, de seguro los jimaguas seguirán planificando sorpresas digitales. El día de las madres será en junio; cuando esta doctora después del trabajo –tal vez sin cake- recibirá el abrazo doble más fuerte del año.

Junto a otras madres doctoras, María Caridad (en el extremo derecho) atiende a niños enfermos de la Covid-19.

(Colaboración del blog Horizontes)