Amor y redención para una poeta eterna

No conocí a «La Loynaz» personalmente. Mi corta edad al momento de su desaparición física lo habría hecho imposible. Sin embargo, hoy la siento tan mía como fue de María del Carmen, sobrina y amiga que la acompañó hasta el último de sus instantes; de su hermana Flor y del propio Aldo Martínez Malo, su albacea literario.