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El diario de René: Y comienza el caso de la defensa

IX

Donde, terminado el caso de la Fiscalía, la defensa intenta demostrar que no se probaron los cargos de conspiración para cometer asesinato y conspiración para cometer espionaje

Y comienza el caso de la defensa.

Lo inicia Paul, a las 9:00 a.m., presentando ante la jueza a su eficiente investigadora Lisa y solicitando que se le permitiera hacerlo frente al jurado, lo que fue aprobado por la señora Lenard.

Tras discutir algunos temas logísticos relacionados con las deposiciones tomadas a los testigos en Cuba, todo quedó listo para comenzar la comparecencia de la defensa con el primer testigo de descargo, el almirante retirado de la Marina de Guerra norteamericana, Eugene Carroll.

Paul dice que el señor Carroll viene en un doble papel: como testigo, alrededor del tema de Hermanos al Rescate, y como experto que será examinado por el señor Norris. Dicho esto, se decide que todos los abogados de la defensa hagan su examinación al señor Carroll para que después la Fiscalía acometa la contraexaminación.

A las 9:15 comienza Paul sus preguntas al testigo. El almirante Carroll es vicepresidente del Centro para Información de Defensa, una entidad privada que reúne a altos oficiales en retiro y se ocupa de estudiar y dar consultoría en asuntos militares y de defensa. El oficial se inició en el ejército norteamericano como piloto naval en el año 43, y subió la escala de graduaciones durante una carrera de 37 años, en la que llegó a ser comandante del portaviones Nimitz. Comenzó a ir a Cuba en el año 1987 y regresó en los años 92, 93 y 96, como parte de sus estudios de las doctrinas militares cubanas y por el interés de buscar cooperación y mejores relaciones. Este último viaje de 1996 lo llevó a la Isla a principios de año, donde se reunió con miembros del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Paul quiere ir al meollo del testimonio, pero comienzan las objeciones cuando pregunta al testigo si se tocaron otros temas además de los asuntos que lo habían llevado a Cuba. Ante la segunda objeción de Heck Miller, la jueza llama a un side bar y le propina el primer soplamocos a la fiscal: ¡Objeción denegada!

—¿Quiénes participaron en su reunión con el Estado Mayor de las FAR? –pregunta el abogado.

—Por nuestra parte participaron el general Atkeson, el exembajador Robert White y un servidor, entre otros. Por la parte cubana participó el general Ulises Rosales del Toro, quien fungía como Jefe del Estado Mayor General de las FAR, y otros altos oficiales de distintas ramas militares.

—¿Cómo se discutió el tópico de las violaciones del espacio aéreo de Cuba?

—El general de aviación Arnaldo Tamayo tomó la palabra para informarnos sobre las violaciones del espacio aéreo cubano que habían estado ocurriendo durante varios años sin respuesta positiva de los Estados Unidos. Nos dijo que eran una humillación para las Fuerzas Armadas, que luego los violadores venían a alardear a Miami y que Cuba tenía los medios para detener de una vez y por todas las violaciones. El general nos preguntó sobre las consecuencias de un derribo de estos aviones si volvían a entrar en aguas cubanas.

—¿Y cuál fue su respuesta?

—Les dijimos que eso sería un desastre en el terreno de las relaciones públicas.

El almirante añade que, una vez llegados a Washington, se reunieron con varias entidades gubernamentales norteamericanas para informarles sobre esta conversación. Les explicaron que los cubanos habían sido bastante claros y todo daba a entender que se trataba de una advertencia. El oficial identifica al Departamento de Estado y a la Inteligencia militar del Departamento de Defensa como las entidades a las que se dirigió, para finalizar diciendo que sus avisos no fueron tomados en cuenta.

A las 9:15 Norris toma el podio para calificar a Carroll como experto. Bajo la guía del abogado, el almirante se refiere a su conocimiento de las actividades militares, tanto norteamericanas como cubanas, y a su trayectoria en las Fuerzas Armadas como comandante de unidades navales. Explica que, tras su retiro en 1980, ha continuado estudiando los temas militares, incluyendo tácticas y armas, como parte de las actividades del Centro de Información de Defensa, por lo que adquirió conocimientos sobre los armamentos de Cuba y, en algún grado, sobre sus tácticas. Durante su estancia en la Isla en el año 1987, le mostraron centros de entrenamiento, así como armamentos, y le explicaron la concepción de la guerra de todo el pueblo en que se basa la filosofía militar cubana. En el año 1992 observó las tácticas de guerrilla empleadas por Cuba, muchas de ellas aprendidas de los vietnamitas, y tuvo oportunidad de reunirse con Fidel Castro. Norris le pregunta si está familiarizado con sistemas de armamento de Cuba y los Estados Unidos y, ante la respuesta afirmativa, lo propone como experto en el tema, lo cual provoca la objeción de la Fiscalía y un side bar.

Al regresar del side bar, Philip me informa que ya la jueza ha aprobado al señor Carroll como experto, pero le ha tirado un huesito a Buckner para que lo roa durante unos minutos, permitiéndole al inquieto fiscal interrogar al experto sobre algunas duditas que le quedan. Buckner establece que Carroll se retiró en 1980, luego se remonta atrás y le pregunta si combatió en la Segunda Guerra Mundial. El almirante explica que cuando se graduó ya la conflagración estaba en sus etapas finales, que su primera experiencia de combate fue en Corea, pasó después al Comando del Atlántico y seguidamente a Washington, bajo el general Alexander Haigh. Aquí Buckner comete la primera de sus pifias del día cuando quiere convertir en tonto al almirante:

—¿Entonces usted sostuvo discusiones y vio demostraciones de las Fuerzas Armadas en Cuba? –pregunta el Heckmillercito–. ¿Su conocimiento del arte militar cubano se basa en esas discusiones y demostraciones?

El viejito lo miró así como tú miras a un niñito que se roba un chocolatico prohibido y lo esconde en el bolsillo de atrás cuando tú llegas, y se cree que te ha engañado y tú te haces el bobo porque al fin y al cabo es un niño, y lo dejas y lo miras así, asimismo como el viejito miró a Buckner:

—No –respondió, ahorrándose el mi’jito–. Nuestro centro estudia los reportes del Pentágono sobre las Fuerzas Armadas de Cuba, intercambia información con otros centros similares, participa en conferencias, analiza otros estudios especializados y publicaciones [y etc., etc., etc.].

Así se va Buckner con su bolsillito trasero embarrado del chocolate que se le derritió, y el testigo se queda como experto.

A las 9:50 el testigo presenta su testimonio como experto, bajo la tutela de Norris: Ha visto parte del equipo militar cubano. Ha visto los túneles de defensa donde se almacena parte de ese equipo que se conserva en buen estado. El material bélico no es demasiado moderno, y cita tanques T-55, Mig-21 y unos pocos Mig-29, entre otros. Respecto a la disposición combativa, aunque los equipos se ven bien conservados, él no está seguro de las capacidades de desplegarlos en tiempo para su uso. Las Fuerzas Armadas están volcadas al esfuerzo de producir para el país y aseguran incluso que cubren el veinte por ciento de las necesidades alimenticias de Cuba. La prod...

—¡Objeción! ¡Irrelevante! –salta Buckner.

Y cuando la jueza va a responder, se defiende Carroll:

—¡Eso sí es relevante porque...

La jueza le pide al almirante que espere a que ella determine sobre la objeción para continuar y, de paso, la rechaza.

El almirante sigue explicando que las Fuerzas Armadas de Cuba se terminaron reduciendo a 107 000 hombres, muchos de los cuales participan hasta en la construcción de hoteles, lo cual, agregado a su explicación anterior relativa a la producción agropecuaria, influye en la preparación combativa. El abogado le pregunta por la publicación especializada Jane’s que, según el testigo, brinda información muy actualizada sobre los medios navales del orbe; y a pesar de las objeciones inútiles de la Fiscalía, se refiere a otras fuentes de información militar como el Centro de Estudios Estratégicos del Pentágono y las audiencias congresionales. Abundando en este último punto, alude al testimonio reciente de altos oficiales militares en el sentido de que Cuba no es una amenaza convencional para los Estados Unidos, aunque tiene cierta capacidad de guerra asimétrica.

—Un estudio similar fue rechazado en el año 1997 porque no gustó a algunos políticos, pero permaneció igual –dice el almirante.

Y Norris pregunta:

—¿Cómo ven los cubanos a las Fuerzas Armadas norteamericanas?

—Ellos nos ven como el único enemigo potencial, y toda su filosofía militar se basa en defenderse de una ocupación por nuestra parte. Ellos creen sinceramente en la posibilidad de una invasión norteamericana, y aunque nosotros les hemos explicado que nuestro país no tiene excusas para hacerlo, la respuesta de ellos es muy simple. Dicen que nosotros pudimos inventar la excusa para invadir a Granada y a Panamá.

El militar se refiere entonces a la guerra de todo el pueblo como la teoría defensiva de la Isla, y explica que Cuba no consideraba realista pensar en poder evitar la toma de la Isla por parte del gigante norteño, pero contaba con que, una vez ocupada Cuba, se convirtiría en una sangría que haría impopular la aventura en los Estados Unidos. Luego explica que los militares cubanos consiguen su información de todas las fuentes públicas disponibles, que la información militar actualmente es ampliamente accesible, que una movilización de tropas contra Cuba sería de conocimiento público, y que la Isla no disponía de satélites.

Con respecto a Boca Chica, la define como una base de entrenamiento en tácticas militares, cuyo conocimiento no es de utilidad para Cuba debido a que este país está consciente de que no puede enfrentarse en combate aéreo con la aviación naval norteamericana:

—Cuba sabe que sus pocos aviones no podrían combatir en condiciones de igualdad con una fuerza aérea tan superior como la nuestra.

El militar habla por último del Comando Sur para explicar que, efectivamente, asumió a Cuba como parte de su área de responsabilidad, y entre sus misiones están los planes de contingencia respecto a la Isla. Señala también que los planes militares son secretos y como tales son mantenidos en dependencia de los procedimientos, el lugar y las características de los materiales. Ante la pregunta de si los civiles tendrían acceso a tales planes, la Fiscalía objeta y termina la examinación de Norris.

A las 10:49, Jack asume la palabra para su examinación directa en representación de Guerrero.

Jack repasa con el experto algunas de las discusiones y observaciones que el militar ha hecho sobre el ejército cubano. Tuvo bastante acceso a los establecimientos militares de Cuba y amplias discusiones con sus oficiales. Los cubanos no consideran otra amenaza potencial que no sea el ejército norteamericano. No tienen una marina de guerra considerable, para un militar norteamericano. No tienen submarinos. Su presupuesto militar rondaba por esa época los setecientos cincuenta millones de dólares.

—Menos de lo que gastan los Estados Unidos en un día en su presupuesto militar –acota Carroll.

Sus preparativos para un ataque consisten en ocultar su equipamiento de los posibles ataques aéreos, para preservarlo y sacarlo a combatir en el momento oportuno:

—El ejército de Cuba es como el puerco espín –dice con acierto el almirante–. Si no lo atacas no te hace nada. Pero si lo haces te puede hacer bastante daño.

A las preguntas del abogado, explica que Cuba no puede hacer nada para evitar un ataque masivo de la aviación estadounidense, por la capacidad de esta para contrarrestar los radares de la Isla.

Con respecto a lo secreto que es, supuestamente, el entrenamiento en la base de Boca Chica, explica que nada en el aire es secreto como tampoco lo son las frecuencias alternas de la aviación militar ni las que pueden ser usadas por un remolque que haga las veces de una caseta de control de aterrizaje en una práctica:

—Nada de esto puede hacer algún daño a los Estados Unidos –concluye el almirante Eugene Carroll.

Son las 11:00 a. m. y toca el turno al fiscal David Buckner para el contraexamen. Le pregunta al testigo si alguna vez el agente del FBI Al Alonzo lo había llamado por teléfono para que testificara. El militar responde que no recordaba, y entonces Buckner da un paso hacia su segunda pifia del día, al amonestar al testigo con severidad:

—¿Entonces su testimonio ante este jurado es que el agente Alonzo no lo llamó como testigo?

—No –le responde, repitiendo su mirada al niño del chocolate escondido–, mi testimonio es que no recuerdo esa llamada.

Respecto a las violaciones del espacio aéreo, el fiscal le pregunta al señor Carroll si se debían a un grupo particular y este identifica a Hermanos al Rescate. Entonces el fiscal señala que los avisos de los militares cubanos se referían solo a aguas territoriales y pregunta al militar si se pueden derribar objetivos en aguas internacionales:

—Depende –explica Carroll–. Hay una expresión que se conoce como “persecución en caliente”, según la cual se puede hacer en aguas internacionales.

—¿Se puede salir a buscar a los aviones civiles en aguas internacionales? –pregunta Buckner, y obtiene una respuesta negativa del militar, quien luego admite que Cuba no le preguntó por otras opciones con respecto a las violaciones de su espacio aéreo.

A continuación el contrainterrogatorio se vuelve turbio, pues el fiscal pregunta al señor Carroll si ellos tomaron un video de la advertencia del general Tamayo y, ante su respuesta afirmativa, le pregunta si le daría el video a la Fiscalía. Paul objeta y tras serle concedida la objeción por la jueza, Buckner ensaya un numerito para impresionar al jurado:

—Señora jueza. Nosotros tenemos derecho a ese material. Se trata de un material Jenks.

Paul se para como un resorte y se le ve la indignación en el rostro:

—¡Su Señoría! ¡Esta no es una audiencia de evidencia!

La señora Lenard se dirige al fiscal con expresión severa.

—Señor Buckner, usted sabe que este no es el lugar para esta discusión.

En el receso me enteré del porqué de la indignación de McKenna. ¡Resulta que él ya había ofrecido el video a la Fiscalía y esta lo había considerado irrelevante! Este individuo está montando un número teatral ante el jurado para hacerle creer que la defensa le niega la evidencia.

Pero Buckner no se detiene y aún le queda por completar su segunda pifia del día, que comenzó cuando quiso poner al militar entre la espada y la pared con la supuesta llamada telefónica del agente Al Alonzo. Pregunta admonitorio al almirante:

—¿Usted se ha opuesto a la expansión de la OTAN en Europa Oriental?

Esta vez mira al niño como si se hubiera sentado sobre el chocolatico que tenía en su bolsillo trasero:

—Sí. Me parece un error y creo que es una decisión hegemonista –dice con seguridad y sin titubeos.

Y el señor Buckner sigue al ataque:

—¿No es verdad que usted achacó el accidente del submarino ruso Kursk a los barcos de la OTAN?

Esta vez el fiscal parece jugar con la mentira y el señor niega participar de tal idea. Entonces Buckner presenta un papel a McKenna con la intención de usarlo como material de veto a la veracidad del testigo. Paul observa el papel y pide sin titubeos un side bar.

De regreso me informa Philip que el papel que quería presentar Buckner tiene tanto valor como el que hay en el baño de la sala para otros menesteres y la jueza se lo ha dicho. Aparentemente la segunda pifia de este chico consiste en imitar el éxito de Paul, cuando ha podido limpiar el piso con tipos como Arnaldo Iglesias y Guillermo Lares. El problema radica en que no se ha dado cuenta de estar tratando con una persona que está muy por encima de él, en la moral, y que ha dedicado la mitad de su vida a su país. Aparentemente la sagüesera les ha calentado la cabeza a estos fiscales y no entienden que este almirante retirado considere que lo mejor para su país es llevarse bien con el mundo y no seguir derramando sangre por ahí.

No pudiendo atacar al hombre, Buckner comienza a generalizar, lo que parece ser la segunda línea de defensa de los fiscales cuando no tienen qué preguntar a un testigo:

—¿Usted fue a Cuba por primera vez en el año 87, cuando los cubanos eran todavía amigos de los soviéticos? ¿Vio la planta nuclear de Juraguá? ¿Ellos fueron quienes le dijeron lo de la guerra de todo el pueblo? ¿Si usted les preguntara algo más, ellos se lo dirían? ¿Se reunió con la gente de la Dirección de Inteligencia? ¿Con la gente de Inteligencia militar? ¿Trabajó en Contrainteligencia?

Cuando Paul decide objetar la secuencia, Lenard lo sostiene con alivio. Por su parte el testigo ha dado a estas preguntas las respuestas obvias con una sonrisa condescendiente, ante el carácter idiota que ha tomado el interrogatorio.

Buckner regresa a la realidad del juicio, y tras hacer que el testigo repita que Cuba ve a los Estados Unidos como una amenaza, le pregunta si la estrategia defensiva de la Isla consiste en prevenir una invasión:

—Ellos no pueden hacer nada para prevenirla –repite el testigo por enésima vez–. Su estrategia consiste en hacerla dolorosa para nosotros.

El fiscal entonces pregunta si la preservación del armamento por Cuba es necesaria y si conocer las debilidades del ejército norteamericano es útil para la Isla, pero el almirante le responde que Cuba no puede hacer nada respecto a las supuestas debilidades que pudiera descubrir en el ejército norteamericano.

O este caso es muy malo o el fiscal Buckner es un escapista. Se sale del meollo y nuevamente comienza otra cantinela:

—Pero ellos tienen Mig-29, ¿no? Y el 24 de febrero despegaron, ¿no? Y no se cayeron, ¿no? Y volaron, ¿no? Y funcionaron, ¿no?

Y tenían cohetes, ¿no? Y funcionaron, ¿no?, explotaron, ¿no? Y...

Ya la jueza lo está mirando nuevamente como a un bicho raro y Paul lo tira a mondongo. Pero esta vez, se le acaban los “y”, decide él mismo pasar la página…

La siguiente caricatura de Many te muestra una visión del interrogatorio de este personaje de pacotilla al almirante Carroll.

Mientras, el fiscal se lanza a especular sobre qué podría pasar en caso de invasión a Cuba:

—Ellos pueden esconder esos Mig-29 que tienen en las pistas ahora, ¿no es cierto?

—Sí –responde Carroll con una sonrisa–, mientras son fotografiados por los satélites americanos.

Buckner se lanza a especular nuevamente con un supuesto comercio de información que involucraría a Cuba con la base de Lourdes. Cuba le vende información de la base a la mitad del mundo y se la alquila a la otra mitad... Y para complicarse lo que le queda del día y también del día siguiente, no se le ocurre al fiscal otra cosa que lanzarse de cabeza al tema vedado de Fort Bragg y la presencia de Fernando en el área. Utiliza esta vez una afirmación del testigo ante Norris, cuando dijo que la CNN estaba a la caza de noticias frente a dicha instalación y no dejaría pasar el menor movimiento de tropas en la misma:

—Usted habló de la presencia de CNN y otras cadenas de televisión en Fort Bragg, ¿no es cierto? ¿Usted conoce el área de Fort Bragg? ¿Conoce los pueblos de la zona?

Joaquín salta como un resorte para objetar y es sostenido por la jueza. Más adelante Buckner se arrepentiría de su atrevimiento. Me voy dando cuenta de que Heck Miller y Kastrenakes, ambos ya vapuleados debido a sus faltas de ética y sus desatinos en el juicio, han delegado en este sujeto el trabajo sucio.

El fiscal se refiere a Boca Chica y al Comando Sur y recalca sus misiones respecto a Cuba, tratando de entrar en cosas específicas que ni el almirante conoce y supongo que él tampoco. Se vuelve a tocar el tema de las “ciudadelas” o locales secretos abiertos, donde al parecer se maneja cierta información secreta en áreas amplias; y el militar vuelve a explicar que solo durante el trabajo dichos materiales permanecen en las mesas. Tras preguntar por quinta vez y responder el testigo que los planes de Estados Unidos son de poco interés para Cuba, el fiscal le pregunta si no serán de interés para otros, lo que motiva una objeción y un side bar, en el que la jueza le hace mover los remos a Buckner para pescar en otro lado.

El chico vuelve entonces a un asunto más a tenor con el caso, y se refiere al interés que, según la evidencia, ha mostrado Cuba por la presencia del Batallón 224 de Inteligencia radial, que con sus aviones electrónicos se dedica a estudiar las posiciones de los radares cubanos; según parece Cuba busca la manera de apagarlos cuando merodean aviones en el área. El fiscal pregunta a Carroll si esto ayudaría a Cuba, y al fin logra una respuesta afirmativa en relación con la evidencia del caso.

El fiscal pregunta si conoce los datos del Mig-29.

—Algunos.

—¿Y el empuje de los motores del avión?

—¿El empuje de los motores? –dice el testigo con su sonrisa condescendiente–. Hombre, no. Si yo no conocía ni el de mi avión. Eso es irrelevante para el piloto –completa el almirante, provocando sonrisas en la sala.

Por vigesimaquinta vez Buckner pregunta si la información militar serviría a Cuba.

—No para realizar una defensa.

—¿Usted sabe si ellos mandarían un agente a los Estados Unidos?

—¡Objeción!

—Sostenida.

—¿Usted fue comandante del portaviones Midway?

—Sí.

—¿Y qué hubiera hecho si le informaran que tenía un espía a bordo?

—¡Objeción! —Sostenida.

El fiscal lanza una última incursión en el campo de la especulación:

—¿Una infiltración de pequeños grupos de personas no sería un peligro para el país?

—¡Objeción!

—Sostenida.

Para terminar, Buckner le pregunta si para la táctica de la guerra de todo el pueblo no sería bueno para Cuba conocer los planes de despliegue norteamericanos. El almirante responde que esto es irrelevante porque la táctica de resistencia cubana se deriva del análisis de los hechos según van ocurriendo. Y así termina el contrainterrogatorio de Buckner a Eugene Carroll.

A las 12:00 Paul toma el podio por solo cinco minutos. Retoma el tema del encuentro con los generales cubanos, pregunta si estos se refirieron a otras opciones con respecto a las violaciones de su espacio aéreo:

—Ellos sencillamente estaban molestos por la repetición de dichas violaciones y la falta de respuesta norteamericana. Dijeron claramente que tenían los medios para ponerles fin de una vez.

—¿Usted sabe si la Dirección de Inteligencia controla los Mig en Cuba? —No –responde el almirante sonriendo.

Y Paul termina con una última pregunta:

—¿Usted ha recibido algún pago por haber venido a testificar hoy aquí?

—No –responde firme el almirante Carroll–. Yo dejé bien claro que me negaba a ser un testigo pagado por nadie, y si me ofrecían dinero no vendría a testificar.

A las 12:05 Norris emplea solo tres minutos para que el militar repita que, aun en las ciudadelas o locales secretos abiertos, los documentos solo pueden estar sobre las mesas cuando se trabaja con ellos, y que incluso así únicamente pueden ser examinados por quienes tengan necesidad de conocer su contenido.

A las 12:08 Jack sube al podio y retoma el concepto de la guerra de todo el pueblo para repetir que el conocimiento de la secuencia operacional de una ocupación no es relevante, dadas las características improvisadas del desarrollo de dicha guerra. Pregunta si un asistente de mecánico puede acceder a esa información, y ante la objeción de la Fiscalía, pregunta entonces si un jardinero tiene acceso a una ciudadela secreta. La respuesta que recibe es negativa. El almirante explica que, aunque el movimiento de tropas puede ser visto en una base como la de Boca Chica, la información relevante, o sea la del momento del ataque, siempre sería muy bien guardada y únicamente podría ser conocida minutos antes de comenzar el conflicto. El señor Carroll señala que él mismo tuvo a Cuba como objetivo durante los años posteriores a la Crisis de Octubre, y se rio de que tanto el Comando Sur como la base de Boca Chica tuvieran interés para Rusia o Chica como para que alguna observación sobre estos lugares pudiera tener algo de valor para ellos.

En cuanto a tropas rusas o chinas en Cuba, dice que en los años 90 debían quedar algunos soldados rusos remanentes de actividades anteriores y ninguno chino. Concluye haciendo una comparación del ejército cubano de los años 80 con el de los 90, este último ya mucho más reducido y con una estrategia basada en la guerra de guerrillas.

A las 12:25 p.m. termina su paso por esta historia el almirante retirado Eugene Carroll, primer testigo de la defensa. El exmilitar no podía haber sido un mejor testigo para comenzar nuestro caso, por sus credenciales, su conocimiento del arte militar y su limpieza. A partir de él Paul empieza a reconstruir las diligencias que Cuba hizo para detener los vuelos ilegales de Hermanos al Rescate; y tanto Norris como Jack comienzan a poner al descubierto los tejes y manejes en que ha caído la Fiscalía para justificar su acusación de espionaje.

Por otra parte, los acusadores hicieron un papelazo en su intento inútil de que el inquisidor Buckner pusiera en la hoguera al veterano militar; y parecen proseguir en sus contrainterrogatorios con la misma técnica que ya les hizo extender este juicio por tanto tiempo: mezclar de vez en cuando algunos elementos de la evidencia con un cúmulo de generalizaciones y propaganda sagüesera destinada a adormecer los sentidos del jurado.

Así que, sin ser espectacular, el testimonio del almirante Eugene Carroll inició el paso favorable a la defensa en este período del juicio. Exactamente lo que se espera de un primer bate.

Después de tomarnos un descanso de veinticinco minutos, subió al estrado de los testigos el señor Thomas Inglima, quien en solo cinco minutos presentó al jurado los documentos relacionados con Hermanos al Rescate que ha acumulado la FAA de Miami, donde el testigo es, precisamente, custodio de récords. Una vez establecidos estos elementos. Paul pide introducir los documentos de la FAA, y Heck Miller solicita interrogar al testigo, a las 12:55 p.m.

Heck objeta que los documentos son en su mayoría generados por la FAA, pero que también hay algunos del gobierno cubano, de otras dependencias oficiales norteamericanas y sobre otros hechos que, aunque relacionados con Hermanos al Rescate, se produjeron después del 24 de febrero del 96. La objeción de la fiscal provoca un side bar, donde la jueza decide que McKenna puede presentar sus documentos, pero con ciertas excepciones que serán discutidas más adelante. No obstante, otro huesito es tirado a Heck Miller y esta puede interrogar al testigo acerca de algunos de los documen tos que ya Paul ha sido autorizado a presentar.

El huesito debe de ser bastante magro, pues la fiscal solo tiene tres minutos para hacer un par de preguntas al testigo; y cuando va a presentarle alguno de los documentos para discutir su contenido, Lenard le da un tirón a la correa, quitándole la comidita de delante:

—Ese documento ya está en evidencia y eso no se va a discutir ahora –le dice la jueza–. Este testigo es solo el custodio de los documentos y para discutir su contenido hay que hacerlo a través de otros testigos.

A la 1:30 la siguiente testigo toma el estrado para declarar.

Cecilia Capestany trabaja para la FAA en Washington, y en el año 95 era el enlace entre esta agencia y el Departamento de Estado. Su responsabilidad era coordinar con las distintas dependencias de la FAA las preocupaciones que la Cancillería enviaba al organismo de aviación. Ella tenía un archivo sobre Cuba, que supongo habrá engordado con las notas relativas a Hermanos al Rescate después que este grupo se dedicó a sus tan peculiares actividades en aguas cubanas.

De manera que Paul aprovecha para repasar con la señora el intercambio de notas en que participó, muchas de las cuales forman parte del voluminoso expediente que el testigo anterior había presentado sobre Basulto y comparsa.

Una nota del 22 de enero del 96 se refiere a discusiones entre el subsecretario de Estado y el secretario de Transporte, Federico Peña. Al parecer el primero estaba presionando para que se hiciera algo contra el grupo, y la señora Capestany mostraba preocupación por lo que pudiera pasar, haciendo referencia a las “intrusiones de la semana pasada” y diciendo que, en el peor de los casos, podría ocurrir un derribo. “En este caso mejor tenemos nuestros patos en línea”, escribió la señora quien, a la pregunta de McKenna sobre qué quiso decir con eso, comienza a ponerse arisca:

—Nada. Solo lo que dice ahí.

Otra nota del día anterior al derribo, lleva el subtítulo de “Urgente” y se refiere al desmantelamiento de Concilio Cubano y a la posibilidad de que Basulto intentara otro de sus numeritos el 24 de febrero. Decía que el Departamento de Estado estaba preocupado y que, esta vez, Cuba podría no mostrar la misma paciencia que en ocasiones anteriores. “El gobierno de Cuba podría no mostrar la misma contención esta vez”, dice la nota. Y cuando Paul le pregunta a la señora qué quiso decir con eso, esta vuelve a meterse en su concha:

—Lo mismo que dice ahí.

Paul le pregunta sobre si su preocupación tiene que ver con las declaraciones públicas del Departamento de Estado, y ella responde que no recuerda. Cuando Paul le lee una de estas declaraciones que se refiere a la posibilidad de un derribo, ella se vuelve a escudar:

—Ese es un documento del Departamento de Estado.

Paul pregunta a la testigo si ella sugirió algún NOTAM o Notificación para Aviadores, en relación con los hechos que se estaban produciendo, y la señora no recuerda. Paul le muestra entonces una carta suya para la FAA de Miami donde, efectivamente, sugiere que se publique la notificación, con motivo de la flotilla de octubre de 1995. Dan la 1:45 p.m. y la señora Capestany deja aliviada el estrado hasta el próximo día.

Pero para nosotros el día no ha terminado. Joaquín no va a dejar pasar la última gracia de Buckner y pone una moción para que se anule el juicio o, de lo contrario, se lea una instrucción al jurado sobre la violación cometida por los fiscales de la orden de la jueza en relación con Fort Bragg. Buckner, por supuesto, se hace el sueco y trata de explicar lo inexplicable, es decir, qué rayos tenía que ver el pueblo junto a Fort Bragg, con la conversación del almirante Carroll en Cuba, el portaviones Nimitz, la guerra de todo el pueblo o las libras de empuje del Mig-29. La jueza deja la decisión para mañana y al fin podemos retirarnos.

El miércoles 7 la sesión abre precisamente con este asunto de Fort Bragg. La jueza ya tiene tomada una decisión, y aunque no cree que proceda la anulación del juicio, bajo el pretexto de que Joaquín evitó que se profundizara en el tema, está de acuerdo con leer al jurado una instrucción para amonestar a la Fiscalía por su proceder incorrecto y lo orienta a desestimar las insinuaciones res pecto a Fort Bragg. Buckner no sabe cómo explicarse y, en medio de un sordo silencio, trata de hallar una excusa para su cita de Fort Bragg, que no aparece. A las 9:25 a.m., después de haberse agotado el tema, se pasa a otro asunto.

El próximo testigo de Paul será un exfuncionario de la FAA en Miami, a quien el abogado quiere calificar como experto, pero Heck Miller pide se le conceda media hora de conversación con el señor antes de que testifique. Paul se encoge de hombros como diciendo “a mí no me importa que la señora hable con quien quiera” y la jueza le da veinte minutos a la fiscal.

Pero ahora Heck dice que también quiere objetar algunos de los documentos que Paul piensa presentar, la jueza entonces extiende el receso en cinco minutos para discutir dichos documentos y “los minutos que sobren los puede utilizar para hablar con su testigo”. A este paso a la Fiscalía le quedarán dieciséis segundos y cuarto para hablar con el experto.

Pero el asunto de Fort Bragg no se ha agotado. Ahora se para Kastrenakes, a quien le habían puesto a enfriar la cara por algunos días, y con aire plañidero implora a la jueza que afloje la instrucción que ha de dar al jurado (“Po’ favó su mecé, por lo que más quiera, nosotros nos portamos mal y prometemos no hacerlo más, pero no nos castigue así tan fuertecito”, podría decir este señor que de su arrogancia al principio del juicio no conserva nada y ahora hasta suena patético).

Joaquín se levanta:

—Su Señoría, uno de los problemas que tenemos en este juicio es que después que usted toma una decisión, tenemos que seguirla discutiendo. Yo he tenido que pararme ante el jurado varias veces para impedir que ellos traigan el tema de Fort Bragg, y ellos lo han hecho con esa intención.

Se puede oír una mosca en la sala cuando la jueza se vira a Kastrenakes y le dice en tono severo:

—Yo me sentí muy molesta cuando ustedes trajeron ayer el tema de Fort Bragg a relucir. Yo había decidido ya dos veces al respecto, y les di todas las oportunidades de traer evidencia que ustedes no presentaron. Buckner fue demasiado lejos, él sabía que se trataba de un área prohibida. Yo fui muy clara, y tengo que dar toda la razón al abogado de la defensa, quien ha tenido que interrumpir la sesión para evitar que un tema ya prohibido se ventilara ante el jurado.

Yo creo que hasta nosotros compartimos la vergüenza por la amonestación de Lenard –aunque no con los fiscales, que no pueden compartir lo que no tienen– y todavía flota el silencio sobre la sala cuando el jurado entra poco antes de las 9:40.

La jueza da la instrucción, que es más o menos así: “Señores y damas del jurado. El gobierno ha traído a colación en varias ocasiones el tema de Fort Bragg y la permanencia de Rubén Campa cerca de la instalación, en contra de las instrucciones de la Corte. Esto es impropio, y les estoy instruyendo a que descarten cualquier insinuación que hayan oído en ese sentido, en este juicio”.

A las 9:40 regresa la señora Capestany para que Paul concluya su examen.

Nuevamente se repasan cartas y correos electrónicos en los que participó la testigo, relacionados con la flotilla de octubre del 95 y los anuncios de posibles incursiones en Cuba. En una carta a la Voz de las Américas la testigo solicita la transcripción de un programa de Radio Martí en el que Basulto alardea de su lanzamiento de volantes el día 13 de enero, dos días antes de la transmisión, y en  el que admite que los acuerdos migratorios detuvieron el flujo de balseros, asume la responsabilidad de sus actividades y expresa:  “Tenemos que mantener en secreto la manera en que hicimos el lanzamiento pues, en otras ocasiones, el gobierno americano ha tratado de tomar medidas contra nosotros y esto es un asunto entre cubanos”. Basulto dice que su objetivo es solidarizarse con la disidencia y que ellos no usan la violencia; añade que si Cuba la usa contra ellos será contra personas desarmadas. De nuevo se niega a dar detalles sobre el área de lanzamiento, aunque dice que apunta a un área tres millas dentro de La Habana. Y sigue alardeando. Dice que Cuba no es invulnerable, que cada persona puede levantarse contra el gobierno. Respecto a la reacción del gobierno norteamericano, suelta un chiste: “Ellos están de vacaciones”. Para finalizar plantea que la posibilidad de continuar con estas actividades siempre está abierta.

A las 10:07 toca el turno a Caroline Heck Miller para contraexa minar a la señora Capestany, quien, ahora nos damos cuenta, es arisca para ambas partes, y tampoco muestra deseos de ayudar a la fiscal. Al parecer algún abogado en Washington le ha dicho que mantenga a ambas partes a raya.

La fiscal trata de hacer ver que la FAA no podía hacer nada para detener a Basulto, después trata de sembrar la confusión utilizando la carta del 22 de enero en que la testigo se refería a violaciones de la semana anterior:

—¿Se menciona a Hermanos al Rescate en la carta?

Capestany lo niega y da lugar al próximo dardo envenenado de Heck:

—¿Usted hubiera puesto en la carta Hermanos al Rescate, de haber sabido que eran ellos?

—Posiblemente –la testigo se encoge de hombros y resulta que Heck ha reasumido la defensa de Basulto.

Miller se refiere a una oración de Capestany en relación con dicho vuelo: “Estos vuelos podrían ser un modo de tantear al gobierno cubano”, y pregunta a la testigo si se trata de hechos o apreciaciones personales. Establece, por supuesto, que se trata de lo último. La fiscal le pregunta si tenía alguna razón para creer que fueran los muchachos de Basulto, y de nuevo la respuesta de Capestany desde su concha:

—No recuerdo ahora.

La señora Heck Miller se dirige a una oración donde se habla de la posibilidad de “detener/evitar” las payasadas de Basulto en aguas cubanas, y trata de ganarse el sueldo de la mañana inquiriendo alrededor de estos términos: “¿Es lo mismo detener que evitar? ¿Evitar es detener? ¿Detener es evitar? ¿Detener es detener y evitar es evitar o evitar es detener y detener es evitar? ¿La rayita entre detener/evitar quiere decir que detener=evitar o que detener≠evitar o podemos decir detitar eviner para decir detener/evitar?

Todos en la sala están ya medio mareados con esta bobería, pero el poder de detener a Heck Miller está en manos de Cecilia, que lo hace de una manera brillante, siempre desde su concha. —Me encantaría tener un diccionario conmigo en este momento, pero no lo tengo.

La sala se cae de la risa y a Heck Miller se le cae la cajetilla contra el podio.

Luego de recuperarse, Heck Miller regresa a la defensa de Basulto. Busca los elementos de las comunicaciones gubernamentales que apuntan a su hipótesis, para establecer que la posibilidad del vuelo del 24 de febrero no es un hecho. Después hace énfasis en un párrafo donde se dice que la FAA no puede evitar las actividades de un individuo que ha puesto a correr a medio gobierno con sus travesuras. Más tarde se interna en las referencias a los avisos de Cuba, para enfatizar que todos se refieren a aguas cubanas; y nuevamente se lanza a la defensa de la FAA diciendo que está tratando de hacer algo pero no puede, porque no se puede hacer nada contra alguien sobre la base de una suposición de lo que vaya a hacer en el futuro. Tras veintinueve minutos de contraexamen de la fiscal, Paul retoma el podio para reexaminar a la señora Capestany.

Paul hace notar que Basulto no dijo a Radio Martí que el lanzamiento de volantes de enero del 96 había sido desde aguas internacionales. Repite la frase de Basulto: “Preferimos mantener en secreto la manera en que lo hicimos, porque hemos tenido problemas con el gobierno antes”. El abogado se propone aclarar la confusión de la fiscal en relación con los vuelos a que se había referido la testigo, en su carta del 22 de enero, al hablar de “las intrusiones de la semana pasada” como tanteos al gobierno cubano; y para eso quiere introducir un documento que mostrará a la testigo. La Fiscalía objeta la presentación del documento, y el jurado es excusado de la sala.

Resulta que el documento es la respuesta de Cuba a la solicitud por el gobierno norteamericano de datos en relación con las violaciones del espacio aéreo, los días 9 y 13 de enero. Cuba le envió copia de los datos de radar, entre otros documentos; pero para la Fiscalía esto no es más que rumores porque viene del gobierno cubano. Para la señora Heck Miller esto no vale, se trata de rumores, no tiene fundamento y, según dice, ni siquiera la FAA confió en este documento. Para finalizar afirma que no es relevante para la reexaminación.

La jueza le recuerda a Heck Miller que ella trajo a colación en su contraexamen el argumento de que Cuba no había respondido a las solicitudes norteamericanas sobre el envío de evidencias de violaciones al espacio aéreo, ahora resulta que, efectivamente, la Isla lo hizo; y la señora Lenard lo encuentra relevante.

Paul, por su parte, cita los reglamentos de evidencia que apoyan la relevancia de la documentación que proviene de un gobierno extranjero:

—¿Cómo pueden ellos pedirle al gobierno cubano que les envíe evidencia y ahora no considerarla admisible? –pregunta Paul.

Lenard hace que las traductoras lean la certificación del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano y el documento es admitido en evidencia.

A las 11.10 a.m. hay un receso, y todavía Heck Miller sigue llorando para que la dejen hablar con el experto de McKenna, el exfuncionario de la FAA. La jueza le da diez minutos, pero, ante las repetidas apelaciones de la fiscal, se la quita de encima concediéndole quince. Parece que el crédito de tiempo de la Fiscalía está sobregirado y se acabaron los préstamos.

Mientras te voy relatando lo anterior, hago un paréntesis para decirte que acabo de emplear otros cuarenta minutos tratando de llamarte inútilmente por teléfono. Supongo que el cambio de número puede tener relación con este problema, y es posible que debamos resignarnos a no hablar por quién sabe qué tiempo. De todas maneras, hay quienes han pasado por momentos peores sin poder saber de sus familias por dos años, así que sabremos sobreponernos a este otro problema y ya le buscaremos una solución.

Todo esto te lo estoy contando hoy domingo 11 de marzo, a las 10:52 a.m. Como verás, sigo luchando a brazo partido por acercar este diario al tiempo real, y sin más dilación continúo.

Regresamos del receso a las 11:48 a.m. Al parecer ya la Fiscalía se entrevistó con el testigo de Paul, ahora discutiremos algunos documentos pendientes de incluir en la evidencia, dadas las objeciones de Heck Miller.

El primer documento es una solicitud escrita por Basulto, para realizar un vuelo en un área no autorizada sobre Miami. Paul quiere demostrar que Basulto sigue las reglas aquí pero no en Cuba. La fiscal, por su parte, cree que el documento es irrelevante. Lenard dice a Paul que lo introduzca cuando comparezca Basulto y no ahora.

El próximo es un documento que demuestra que no se tomó acción sobre Orestes Lorenzo, tras su violación de la soberanía cubana, y Paul quiere demostrar la flojedad del gobierno para con estas violaciones. Pero Heck Miller le adjudica irrelevancia a estos documentos y la jueza le da la razón.

El próximo documento son unas copias de los volantes que lanzó Basulto supuestamente desde aguas internacionales, en enero del 96. Las copias incluyen comentarios de algún funcionario sobre la imposibilidad de que hayan volado tan lejos, y la Fiscalía plantea que “el próximo testigo no es experto en el peso de papeletas”. La jueza admite las copias de los volantes, ya veremos como Paul se las arregla para traer un experto en el peso de papeletas.

El último documento es la orden de emergencia de la FAA para revocar la licencia de Basulto. Paul quiere demostrar que se pudo haber hecho algo, la fiscal plantea irrelevancia porque el documento es posterior al derribo. La jueza acepta el documento.

Así regresamos a la sesión con la señora Capestany, en sus últimos minutos de testimonio. A las 12:05 Paul le muestra los documentos remitidos por Cuba en relación con las violaciones de enero del 96, que incluyen copias de los planes de vuelo tramitados por Hermanos al Rescate para el N108LS y el N2506, copias de los datos de radar de Cuba, comunicaciones con el tráfico aéreo de la Isla a través de un avión de American Airlines y la carta de presentación del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba. El abogado hace que la testigo identifique en cada plan de vuelo de Hermanos al Rescate el propósito, según fue establecido por los pilotos del grupo: “Misión de rescate de balseros”, dice cada plan de vuelo. Para terminar, se presenta la certificación que el Departamento de Estado envió a la FAA para dar fe de sus anuncios públicos de agosto y octubre del 95, así como de enero del 96, en los que advierte sobre el peligro de las violaciones del espacio aéreo cubano.

A las 12:20 ha terminado la señora Capestany y echamos un vistazo a su testimonio, como de costumbre.

Otro tanto para la defensa. Paul está, poco a poco, dando a conocer al mundo la carga que significaron las bufonadas de Hermanos al Rescate, tanto para el gobierno norteamericano como para el de Cuba. Independientemente de que la señora, sin dudas, trató de proteger a la FAA a toda costa, estableció que no todo fue inactividad absoluta por parte del organismo y que, a decir verdad, Basulto se burló de la FAA todo lo que le fue posible. Un buen vistazo inicial, aunque todavía parcial, del conflicto que provocó este irresponsable entre las agencias del gobierno nortemericano.

En cuanto a la Fiscalía, no parece saber si defender al gobierno o a Basulto. Sus contrainterrogatorios están bordeando el vacío y su arma principal sigue siendo la confusión y el agotar al jurado con preguntas irrelevantes que alargan innecesariamente las sesiones. Evidentemente no tienen qué preguntar y saben que no pueden, sencillamente, quedarse callados.

A continuación llega al estrado el señor Charles Smith, quien trabajó cuarenta años en la FAA, hasta julio de 1999, de los cuales veintitrés los dedicó a la oficina de Miami. Fue piloto de combate en la guerra de Corea y controlador de vuelos, pasó luego a trabajar en la FAA, primero en Atlanta, luego en Miami, para completar una carrera de cuarenta y cinco años en la aviación. El señor posee la licencia de Piloto de Línea Aérea en varios tipos de aviones, se retiró con unas diez mil horas de vuelo, y su trabajo en la FAA ha consistido en la implementación de las regulaciones aéreas conocidas como Federal Aviation Regulations (FAR). Paul presenta al señor Smith como especialista en regulaciones aéreas y aviación general, y la fiscal pide interrogarlo.

A las 10:25 la fiscal abre fuego con su primera pregunta:

—¿Usted es abogado?

Recibe la riposta rápido:

—Gracias a Dios, no.

La sala estalla en carcajadas a excepción de la señora Heck Miller, a quien hoy todos los testigos han decidido coger para el trajín. La fiscal argumenta que el trabajo de inspector, que fuera la ocupación del señor Smith en la FAA, no requiere la interpretación de las leyes, y plantea que aunque no objeta la introducción del experto como especialista en aviación general, sí lo hace en lo referente a las regulaciones o FAR. Tras un breve side bar la jueza despacha la objeción, y ya tenemos experto en ambas cosas a las 12:31 p.m.

Lo que sigue a continuación es el recuento del calvario vivido por este hombre que ha dedicado su vida a la seguridad aérea, gracias al señor José Basulto en su afán de protagonismo y su hueca lucha por su particular versión de la democracia en Cuba: la destrucción de la Isla con los norteamericanos de por medio, por supuesto.

El señor Smith conoció a Basulto en julio del 95, a propósito de su anunciado objetivo de entrar a aguas territoriales cubanas con la flotilla. El funcionario citó al personaje a su oficina para advertirle de los peligros de lo que estaba anunciando, y recibió una respuesta que caracterizaría las relaciones entre ambos en adelante: “Señor Smith, yo tengo una misión en mi vida y la voy a cumplir”, recuerda que le dijo Basulto, a propósito de sus advertencias. Luego del testimonio del funcionario, nos preguntamos si esa misión fue el hacerle la vida cuadritos al señor Smith.

El testigo dice que Basulto desgraciadamente no siguió sus consejos. Paul introduce un documento escrito por el coordinador militar del control de tráfico aéreo de Miami, este documento trae adjuntos los volantes a los que este coordinador hizo algunos análisis, los cuales arrojan un resultado contrario a la afirmación de Basulto de que los volantes fueron lanzados sobre aguas internacionales, en enero del 96. La Fiscalía objeta la discusión de los análisis –no olvides que reclama un experto en el peso de papeletas– y el abogado deja el tema, al menos por el momento.

Una nota de agosto del 95 establece que, en relación con otra flotilla anunciada para el 2 de septiembre de ese año, las administraciones aéreas de Cuba y los Estados Unidos tuvieron que reunirse, y se manejaba hasta la variante de cancelar el tráfico aéreo en el corredor Girón que pasa por Cuba. Los planes de vuelo de esa fecha también tienen la anotación “Búsqueda y rescate de balseros”. Ante las objeciones de la Fiscalía, que todavía parece deberse a Basulto, el testigo dice categóricamente que Basulto no fue a buscar balseros ese día. Se repasa con el testigo una cantidad apreciable de documentos de todo tipo y de todas partes. De la FAA para la cancillería, de la cancillería para la FAA, de estos a Basulto, respuestas desafiantes de este último y memorandos internos de la FAA, en los que sobresale una frase escrita por el testigo: “Si Hermanos al Rescate quiere violar la ley, no le importará ningún aviso”.

Siguen más cartas, alarmas, correcorres, avisos, pronunciamientos públicos del gobierno que llaman a la cordura y advierten del peligro, memorandos desde Washington: “Hablen con Basulto”. El testigo comienza a expresar su frustración ante las actividades impunes del adalid de la democracia en Cuba y su falta de respeto por las leyes. Paul introduce la orden de revocación de la licencia de Basulto y el testigo expresa que llegó bastante tarde, que se pudo haber hecho antes y que eso estaba en las manos de la FAA.

Una comunicación desde Washington, el propio día de la flotilla de julio del 95, caracteriza las actividades de esta gente: el director nacional de aviación general escribe a la FAA de Miami que “Un bote de la flotilla fue golpeado por el guardacostas cubano y se está hundiendo. Al menos un avión entró a aguas territoriales cubanas”. Y continúa el señor con estas palabras: “Los aviones están de regreso a Miami, justo para llegar antes del noticiero de las seis de la tarde. Mig y helicópteros estuvieron en el área”.

Sigue otra carta fechada el 23 de agosto del 95. “A la flotilla programada para el 2 de septiembre le está llegando el momento. Recomendamos emitir un aviso a pilotos. Cuba podría cerrar el corredor Girón. Habrá una reunión con el señor Richard Nuccio para analizar la situación”.

Con esta última llamada de alerta, nos dan la 1:45 y se acaba la sesión. El juicio se está poniendo interesante y nos vamos de vuelta al piso satisfechos.

Ya en los noticieros de la noche se nota la alarma; está por supuesto motivada por preocupaciones de otra índole. Los dos canales hispanos, ambos en la nómina del elemento mafioso de Miami, muestran preocupación por lo que el Canal 51 define como “un giro del juicio fuera de su cauce”. Aunque tratan de evadir los detalles, no les queda más remedio que admitir que Basulto está ocupando el banquillo de los acusados.

Se abre la sesión del jueves 8 de marzo, a las 9:07 a.m., con una discusión del video de la flotilla del 13 de julio del 95. Ahora Kastrenakes está volviendo sobre sus pasos para evitar nuevamente que la cinta sea presentada al testigo; y comienza a cuestionar la edición del material, el orden cronológico en que pudo haberse armado, las secuencias, etc. Kastrenakes pide una conversación con los abogados de la estación de televisión para aclarar el punto, dice que si esto se hace ellos lo aprobarían. La jueza está dudosa y plantea que el video ya se autentificó a través del testimonio de Hank Tester. Kastrenakes sigue apelando a la jueza, lagrimillas van, suspiritos vienen, pero el video queda admitido como evidencia. Lenard dice que no hubo ninguna objeción respecto a la edición o la secuencia en su momento, y que si la Fiscalía tiene alguna prueba en contra, la puede presentar en su refutación.

A las 9:23 tenemos nuevamente al señor Charles Smith, víctima de Basulto y su banda, para continuar con el testimonio. Un reporte presentado como evidencia es una evaluación de la FAA sobre Hermanos al Rescate, que plantea algunos problemas de seguridad aérea causantes de incidentes en sus vuelos. Tras una reunión con inspectores que les sugieren una serie de medidas, ellos declinan ponerlas en práctica. En junio de 1995 llenan un plan de vuelo para volar a lo largo de la costa norte de Matanzas y La Habana, pero resulta que van a parar a aguas jurisdiccionales cubanas, ni más ni menos que cerca de Punta de Maisí. De nuevo el plan de vuelo indica “Búsqueda y rescate de balseros”. De nuevo la reunión con Basulto previa a la flotilla de julio, y reportes del incidente hechos por el control de tráfico aéreo de Miami. Una reunión de Richard Nuccio en Miami con el FBI, la policía de Miami, el guardacostas y la escuadra antibombas, entre otros, todo esto provocado por las amenazas de realización de una flotilla, en septiembre del 95. Cancelación de la flotilla por el hundimiento de un barco sobrecargado, en violación de las regulaciones. El reporte reconoce que Basulto no tiene más balseros que buscar y, de paso, contiene un permiso que Basulto llenó en la FAA para actuar como transportador aéreo entre Miami y la base de Guantánamo, durante la estancia de los balseros allí, en los años 94 y 95.

Paul presenta la nota diplomática enviada por Cuba en relación con la violación de noviembre del 94, cuando, tras despegar de la base, Basulto se desvía de su ruta y deja caer volantes sobre el faro de Maisí, vinculando de esta manera la violación de junio del 95 y su interés por la transportación aérea a la instalación militar; todo esto como parte de su nueva afición por la base.

Se presenta otro memorándum de la FAA relativo a la flotilla de julio de 1995, donde se llama al día del hecho el “D day”, comparándola así con el desembarco de Normandía y la invasión por Italia durante la Segunda Guerra Mundial. También una carta del testigo a Basulto, donde le envía adjunta una notificación a pilotos en relación con la planeada flotilla de octubre del 95.

Pregunta McKenna:

—¿Por qué le envió usted esa carta a Basulto?

—Para asegurarme de que estuviera sobre aviso. Yo estaba realmente preocupado.

Otra carta interna del señor Smith alude a las demostraciones callejeras contra la firma de los acuerdos migratorios. “Los cubanos están excitados y tienen control sobre la superestructura de Miami”, opina el autor. La carta también expresa preocupaciones por la flotilla planeada para julio de ese año.

Otro documento del testigo para el coordinador militar en el tráfico aéreo de Miami muestra la misma preocupación: “El vuelo puede ser peligroso” –escribe el funcionario–. “A Basulto no le importan ni las leyes internacionales ni las norteamericanas”. “La respuesta de la FAA ha sido limitada”.

McKenna interrumpe y pregunta el porqué de esta respuesta limitada:

—Es difícil conseguir evidencia del extranjero –responde Smith.

Y Paul sigue la lectura: “Basulto piensa que las leyes no se aplican a él”.

Un documento de la FAA en Washington da fe de una reunión de Nuccio con el Departamento de Estado. “Cuba mostró una contención asombrosa durante la flotilla”, reconoce el documento.

Ante las objeciones de la Fiscalía, el señor Smith discute el concepto del ADIZ, explica que se trata de una parte del sistema defensivo de cualquier país y quien lo penetre debe atenerse a las consecuencias. Paul pregunta al testigo si conoce lo que puede pasar a quien entre al ADIZ de Cuba sin permiso y, ante la respuesta afirmativa, inquiere si algún mapa muestra advertencias al respecto. El testigo va a responder pero un cúmulo de objeciones de la Fiscalía dan lugar a un side bar para los abogados y a un receso para el jurado, cuando son las 10:30 a.m.

Al regreso, a las 10:55, continúa la discusión sobre el ADIZ, con las contundentes respuestas de este hombre dedicado en serio a la seguridad aérea. Un piloto debe cumplir con las regulaciones respecto al ADIZ y mantenerse entre unas tres o cinco millas fuera de ese límite, para garantizar que no está jugando con la posibilidad de irrumpir en el espacio territorial de un país.

Paul pasa a analizar con el testigo las arengas políticas que Basulto ha dedicado a los controladores aéreos de Cuba; y el señor Smith, controlador aéreo él mismo, explica que los discursos políticos están fuera de lugar en la frecuencia de aviación, que las comunicaciones deben ser breves y concisas en función de la seguridad de los vuelos: “El uso desmedido de las frecuencias atenta contra la seguridad porque bloquea al controlador, quien podría necesitar contacto radial con otro avión en una emergencia”.

Respecto al cambio de frecuencia, que parecía tan natural al experto a sueldo de la Fiscalía, explica que un piloto no cambia de frecuencia como lo hace de zapatos: “Solo por orden del controlador puede un piloto cambiar la frecuencia, y no podría hacerlo si la que está en uso está bloqueada por gusto”.

Paul recorre con el experto el uso del transponder y los squak o códigos, para luego pasar al control que pueda ejercer el tráfico aéreo sobre los vuelos visuales, como los de Hermanos al Rescate. Cuando el abogado quiere incursionar en el caso específico del control de tráfico aéreo habanero, se enfrenta a una cortina de objeciones de la Fiscalía: “El señor no es experto en tráfico aéreo cubano..., el señor no es cubano..., el señor no habla español..., el señor no habla cubano..., el señor...”. Paul logra dar vuelta a la cortina y el señor al fin logra establecer lo que sabe, sin necesidad de hablar cubano: “El tráfico aéreo de la Isla no tiene control sobre los aviones de Hermanos al Rescate”.

McKenna quiere saber la opinión del señor acerca de si Basulto se metió en aguas cubanas el 24 de febrero del 96, por su propia iniciativa; pero tras varias objeciones de la Fiscalía y un side bar, la jueza le impide incursionar en el tema por la razón obvia de que se trata de especulaciones. Paul entonces trata de atacar el mismo asunto desde otro ángulo, y aborda al testigo sobre si considera que el N2506 pudo haber entrado inadvertidamente en aguas cubanas.

Tras repasar con él las credenciales de Basulto como aviador, la sofisticación de los equipos de navegación a bordo del N2506, y las posibilidades que este tenía de conocer su posición exacta, trata de hacer la pregunta clave, pero una fiscal frenética lo detiene... ¿o debo decir lo evita?... ¿o lo evita pero no lo detiene?... en fin, que Paul deja el área como está y, de paso, a Heck Miller como toro en el ruedo... resoplando.

Y hablando de ruedo, viene el banderillazo. El señor Smith dice que Basulto conocía los avisos de Cuba previos al 24 de febrero, que conocía de la posibilidad de que se les derribara, y que todo eso lo conocía precisamente por él, Charles Smith. Juntos repasan el video de julio del 95 y el señor Smith pasa revista a las violaciones de Basulto: no debía estar donde estaba; estaba volando a una altura inferior a la establecida en las regulaciones, poniendo en peligro la vida de quienes iban con él y la vida y propiedades de las personas bajo sus alas, siendo mayor en las zonas pobladas el riesgo de bajas en caso de accidente; el vuelo VFR  no estaba controlado en esa área y Basulto corría el riesgo de una colisión aérea con otro avión que pudiera estar ahí sin ser advertido; además, lanzar objetos desde un avión está prohibido tanto en Cuba como en los Estados Unidos, por ser una práctica peligrosa.

A las 11:31 del jueves 8 de febrero la jueza da por terminada la sesión y el señor Smith da por terminado el relato del viacrucis por el que le ha hecho pasar José Basulto con su poco respeto y su irresponsabilidad. Aunque tarde pero seguro, este señor que ha dedicado la vida a la seguridad aérea, ha podido aplicar con todo su peso las regulaciones de aviación al líder intocable de esta mezcla de cosa nostra con patrioterismo que es la mafia anticubana de Miami.

Antes de irnos se aclara que el señor Smith debe atender algunos asuntos que no le permiten acudir a la Corte al día siguiente y será contraexaminado posteriormente. Cuando abandonamos la sala Philip me susurra al oído: “¿Tú vez lo que ha hecho Paul? Eso se llama preparar la escena y ahora hay cola para ver llegar a Basulto. Los alguaciles se están disputando el turno y hasta algunos jueces quieren saber cuándo se producirá su comparecencia”.

Y así termina este jueves 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. La prensa sigue sin saber qué hacer y, aparte de algunos comentarios de alarma, evitan incursionar en los detalles del juicio. Ahora me viene a la mente la fruición con que se metían en la vida privada de Gerardo, discutían los asuntos de Maggie y miraban con una lupa los documentos que la Fiscalía presentó al principio de su caso. Creo que tendré que discrepar de Don Quijote, pues hay ocasiones en que los perros optan por el silencio cuando te ven cabalgando. Después de todo, el ingenioso hidalgo no tuvo que lidiar con la prensa de Miami.