Y venga ahora una anécdota deliciosa. Ya se dijo que la Quinta de los Molinos debÃa servir también de residencia a los Gobernadores que cesaban en el cargo y esperaban su retorno a la PenÃnsula. Cuando Federico Roncali, conde de Alcoy, se hizo cargo del gobierno (1848) para suceder a Leopoldo OâDonnell, el Conde de Lucena le jugó una mala pasada.
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