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El Guaje Villa

“Siempre me he dicho que prefiero yo dejar el fútbol antes de que el fútbol me deje a mí”, anunció David Villa minutos después de decir adiós durante esta última semana. Foto: Getty.

Picardía de niño y talante de hombre. Hizo cuanto le vino en gana y cuando le vino en gana. Es, de hecho, uno de esos prodigios cuyas piernas tienen la habilidad ingénita de domar la pelota como si fuera una marioneta. Nació en un
pequeño pueblo de Asturias, cinceló su talento en la vieja escuela de Mareo y tan significativa fue su huella que, entre miles de guajes nacidos allí, para el mundo entero El Guaje responde al nombre de David Villa. Anduvo sobre mares y continentes derramando tropelías sobre las canchas. Y amó al fútbol con la vehemencia con que aman los padres a sus hijos.

Fue en un partido de la década pasada, cuya fecha no consigo recordar con exactitud, cuando distinguí por primera vez un profundo matiz exótico en las cualidades futbolísticas de Villa. Este tipo es un genio, pensé en aquel entonces, y nunca una primera impresión me generó, almanaque mediante, una sensación de acierto como aquella provocada por el devaneo entre el balón y las piernas del delantero. Acaso en Zaragoza, donde las gradas de La Romareda entonaron decenas de veces aquel “Illa, Illa, Illa, Villa maravilla”, o con la camiseta de la Roja, resultó sencillo descubrir un aura muy especial en su fútbol.

Luego, cual orfebre obseso en sus propósitos, pulimentó casi de manera furtiva, día tras día, su habilidad para marcar goles. Y allá donde fue, nadie pudo nunca apuntarle con el dedo de la crítica. Ni siquiera en el Camp Nou o el Calderón, dos plazas donde solo premian el esfuerzo y fustigan la mediocridad y la indolencia. Guardó en su pecho la estrella de campeón mundial y continuó su camino. Sin estridencias. Sin alardes. Sin hinchar su espíritu de loas. La grandeza de un jugador también rebasa las fronteras de la cancha.

En su vitrina reposan trofeos de todo tipo. Trofeos para el recuerdo y trofeos que son florituras. Los consiguió con sudor y, aunque parezca esto un argumento de telenovela barata, antes del éxito debió transitar por veredas rocosas. Como cuando un profesor del colegio le dijo: “David, dedícate a estudiar, porque del fútbol no vas a vivir”, o los seis meses enyesado cuando, con cuatro años, su fémur de la pierna derecha quedó destrozado. En aquel entonces, cuentan, aprendió a manejar el balón con la zurda.

“Siempre me he dicho que prefiero yo dejar el fútbol antes de que el fútbol me deje a mí”, anunció David Villa minutos después de decir adiós durante esta última semana. ¿Pero cómo diablos haremos ahora para disfrutar de aquel chiquillo de 1,75 metros burlando a los defensas grandotes del rival?

Te equivocas, Guaje. El fútbol nunca deja a sus leyendas. Confieso que, si quedé atado a los encantos de este deporte, fue David Villa uno de los culpables. Lo siento hoy en el banquillo de los acusados y le pido, casi le ruego, que no asuma su defensa legal con la pelota en los pies. Una simple jugadita podría destrozar mi denuncia y llevarme del banquillo inculpador a la esquina de los arteros ladrones, a ver si algún día, en medio de mis desmanes, logro arrancarle uno de aquellos goles de antaño.

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Nota:

Escribir de fútbol en estos tiempos puede ser cualquier cosa menos un acto esnobista. Sin embargo, la pasión nos puede a algunos frustrados con el balón en los pies y empujados a anotar los goles con letras. Con esta crónica a David Villa nace la columna “Al contragolpe”, que tendrá su espacio cada lunes en Cubadebate y que, como anuncia su nombre, estará siempre a la espera del suceso para salir a la contra con crónicas y comentarios.

A partir de la próxima semana, publicaremos los resultados de las principales ligas del fútbol europeo. Les invitamos a unirse a este rincón de la cancha y esperamos, desde ya, sus criterios y sugerencias. La retroalimentación será la fuente nutricia de nuestros textos.

La frase:

“Vine, vi y conquisté. Gracias, LA Galaxy, por hacerme sentir vivo otra vez. Para los aficionados de LA Galaxy: querían a Zlatan, les di a Zlatan. De nada. La historia continúa… Ahora, vuelvan a ver béisbol”. (Zlatan Ibrahimovic, tras anunciar su marcha de LA Galaxy, de la MLS)