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Corina Mestre: “Me gustan los personajes que hagan pensar”

Corina Mestre: “La televisión es un medio importante, pero hay que ganarse el derecho a estar en ella y no perder el rumbo”. Foto: Portal de la Televisión Cubana.

El rostro de Corina Mestre es muy conocido por la familia cubana. Siendo una adolescente participó en el espacio Joven joven, donde interpretaba un papel en una obra del grupo de teatro aficionado Olga Alonso, que lidera el instructor de arte Humberto Rodríguez.

En la pequeña pantalla, ha dado vida a personajes de una gran fortaleza y otros de una ternura infinita. Desde la década de los ochenta tuvo la posibilidad de participar en el espacio Teatro en televisión, en el cual se estrenaron varias obras del español Federico García Lorca. En la recordada serie de aventuras Los papaloteros, encarnó a una vieja burguesa muy mala. En 1992, fue parte del elenco de la telenovela Pasión y prejuicio.

“A mí me gustan los personajes que dejen algo en la gente, que les digan algo y los hagan pensar; quizá así se reconozcan en lo que ven y traten de cambiar”, confiesa la actriz.

En la televisión todavía se recuerda a esa madre fuerte de La casa de Bernarda Alba, la puesta de Belkis Vega sobre la pieza lorquiana. “Tengo excelentes recuerdos de esa obra. Vengo de Teatro Estudio, donde Lorca era una presencia permanente y habíamos hecho Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa. Hacía muchos años Berta Martínez no montaba La casa de Bernarda Alba cuando Belkis me llamó para trabajar en su versión televisiva.

“A mí el personaje que me gusta es Poncia, la criada que dice todas las verdades, pero me interesó Bernarda, sobre todo por la tesis que tenía Belkis. Ella quería demostrar que cuando el poder se transmite en condiciones no deseadas siempre pasa a las peores manos y por eso la que dice los textos finales de la obra en esta versión televisiva es Martirio, la más retorcida de las hermanas.

“Para mí dejó una huella y creo que fue una excelente puesta por parte de Belkis, que sabe dirigir muy bien a los actores. Eso ha quedado como ejemplo de un personaje de mucha fuerza. Opino que en la televisión se puede hacer arte, aunque las personas piensen que solo es una industria para el entretenimiento”.

En los últimos años, Corina ha estado muy vinculada a la enseñanza artística. Hoy, muchos jóvenes graduados o todavía estudiantes de la academia tienen la posibilidad de llegar a la televisión. La maestra no muestra reparos en brindarles un consejo oportuno a las nuevas generaciones de actores y actrices cubanos.

“De algún modo, una gran parte de esos jóvenes han pasado por nuestras escuelas porque, por suerte, tenemos un sistema de enseñanza como no existe en otros países, lo que los lleva a acercarse a la profesión de una manera mucho más profunda, mucho más seria, no solo por intuición o espontaneidad.

“El actor debe actuar en todos los medios: radio, televisión, teatro y cine, pero, lamentablemente, quien no sale en la televisión cubana no existe. Así le pasa a mucha gente con una carrera fuerte, de muchos años, en el teatro, que es la madre de todas las artes. Creo que la televisión es un medio importante, pero hay que ganarse el derecho a estar en ella y no perder el rumbo”.

Otra faceta por la que se conoce a Corina es la declamación. La hemos visto en actos políticos y culturales recitando poemas con el corazón encendido.

“Comencé a recitar a los cinco años en actos celebrados en Ciudad Libertad. La poesía para mí es como un dios. No se puede vivir sin ella. Es lo mismo que estar actuando. Creo que hace muchísima falta, porque escuchar poemas es una práctica que en los años ochenta era bastante popular y poco a poco ha ido mermando. Es imprescindible que la gente escuche y lea poesía. Es por eso que lo voy a seguir diciendo mientras viva”.

En el reciente congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Corina fue elegida como vicepresidenta de la Uneac: “Esa responsabilidad me resta tiempo para la enseñanza, que es la esencia de mi vida en este momento: dejar un legado para el futuro. Aunque la gente no se dé cuenta, es una manera de trascender cuando una ve a sus estudiantes trabajando. Para mí es más importante que actuar yo misma.

“Se trata de multiplicar todo lo que invirtieron en mí para que estudiara, aprendiera y fuera lo que soy hoy. Sigo el precepto martiano de que uno viene a la tierra a que se le eduque, y después está obligado a contribuir a la educación de los demás.

“Lo que estoy haciendo en la Uneac también es importante. Estamos en un proceso de refundarla, de tratar de llevarla a estos tiempos y buscar otros niveles de jerarquía. Eso es lo que pretende la nueva presidencia de la organización, que tiene a Miguel Barnet como presidente de honor”.

Corina celebró su cumpleaños 65 el pasado 12 de octubre, una jornada en la que le tocó trabajar en la emisora Habana Radio, donde actúa en varios programas radiales.

Por estos días, multiplica las horas para participar en la grabación de la tercera temporada de la serie De amores y esperanzas, que dirige Raquel González. Allí le da vida a Rosa. “Es una gran mujer. La madre cubana es como la gallina de todos los pollos. Es un personaje muy especial porque no tiene nada y lo da todo. Esa es la esencia de Rosa y así somos los cubanos. Además, ella se comporta normalmente, como debiera hacerlo toda la gente que trabaja directamente con público cuando recibe a alguien en una oficina.

“Me ha ilusionada mucho hacer ese personaje sin mimetizar patrones actuales de la sociedad que son negativos. La mirada de esta serie está encaminada a la recuperación de valores que se han perdido. Creo que en alguna manera lo hemos logrado. También me siento feliz porque era un sueño que durante años estuvimos acariciando: hacer esta obra donde se tocan los problemas de la sociedad cubana actual pero vistos desde otra manera, alejada de la chabacanería y la vulgaridad”, concluye la actriz.

(Tomado de Portal de la Televisión Cubana)