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El arte que soy (+ Video)

Johanna Echeverría lleva 13 años como Instructora de Arte. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Cuando a Johanna Echeverría del Toro se le pregunta por una canción que identifica sus 13 años como Instructora de arte, no duda en señalar a un clásico de la música cubana como No ha sido fácil. Apasionada por lo que hace y luchadora ante cada adversidad del destino, sabe muy bien cuánto aporta la cultura a la espiritualidad del ser humano.

A sus 31 años, Johanna es tan pequeña que cualquiera le supondría una edad menor. Habla tan bajo que pocos la imaginan cantando guitarra en mano. Mira tan profundo que, si no fuera por los espejuelos oscuros y el cuidado al andar, casi nadie notara su falta de visión. Pero esta muchacha ha vivido más de tres décadas, es especialista en música y a los pocos días de nacida sus padres descubrieron que una complicación médica dañó para siempre sus ojos.

Desde entonces su vida transcurre entre sombras, pero aun así ella prefiere encontrar la luz. “Cuando eres ciega descubres cómo utilizar mejor tus otros sentidos. El oído y el tacto se agudizan, pero también aprendes a valorar a las personas más por el carácter, por sus sentimientos. La espiritualidad gana protagonismo en tu vida”.

Quizás esa fue la razón para que en noveno grado decidiera presentarse a la convocatoria para ingresar a la Escuela de Instructores de Arte de Villa Clara, un centro con apenas dos años de creado y que todavía no graduaba a su primer curso.

“Siempre me gustó la música, pero nunca aprendí. Entonces llegar a la escuela no solo significó la oportunidad para seguir estudiando y luego trabajar, sino también el momento ideal para hacer algo que me emocionaba”.

Para Johanna no resultó un proyecto sencillo. Todavía recuerda cuán difícil fue superar el primer semestre sin un profesor capaz de utilizar el braille para enseñarla. “Por supuesto que no podía seguir el ritmo de los otros alumnos, e incluso algunos no me comprendían, pero con empeño todo se logra. Por suerte en la segunda mitad del curso llegó un maestro que sí dominaba la técnica y todo mejoró”.

Tres años después, vino la entrega de títulos y ella salió entre las más destacadas. Pasó el verano y en septiembre comenzó a trabajar con niños en una de las escuelas primarias de Santa Clara. Desde entonces nunca ha dejado de hacerlo.

“Ellos son fascinantes. Tienen una mente muy fresca, una mayor capacidad de aprendizaje y siempre están abiertos a aprender. Cantar con un grupo de niños, ver siempre su visión positiva de la vida, renueva las energías. Mientras les enseño, descubro también cosas nuevas de cada canción, de cada acorde. Y eso es maravilloso”.

Con el logo de la Brigada José Martí de Instructores de Arte justo sobre el corazón, Johanna confiesa que su mayor orgullo radica en comprobar cómo sus alumnos la recuerdan. Incluso los primeros ya estudian en la universidad, pero cuando la ven ella sigue siendo la misma profe delgada y tímida que llegó al aula con su guitarra y su voz.

“Descubrir cómo un niño puede cambiar su actitud gracias al arte es una satisfacción. Encontrar a una familia contenta porque su hijo es una mejor persona por lo que uno le enseña llena el alma. El arte cultiva la belleza y la sensibilidad humana, pero también el compañerismo y la solidaridad. Eso siempre es premisa en mis clases”.

Tras 15 años de uno de los proyectos más bellos de la Revolución Cubana, Johanna Echeverría se reconoce como la misma muchacha nerviosa que con 18 años se paró por vez primera frente a un aula. Pero también sabe cuánto ha cambiado desde entonces. Creció ella como profesora, como mujer y como artista. Creció también la brigada y se volvió indispensable para una Isla que nunca ha dejado de soñar.

Sin el arte quizás Cuba no hubiera podido subsistir duros momentos de su historia. El arte ayuda a canalizar nuestra fuerza, todo lo que somos como nación, y convertirlo en algo lindo, en la creación de cosas útiles. Allí también están mi manos y las de los miembros de la Brigada José Martí, en ese aporte para construir un país también desde la sensibilidad y la belleza”.

En video, Johanna cuenta su historia

El arte que soy

Cuando a Johanna Echeverría se le pregunta por una canción que identifique sus 13 años como Instructora de arte, no duda en señalar a un clásico como "No ha sido fácil". Apasionada por lo que hace, ella sabe muy bien cuánto aporta la cultura a la espiritualidad del ser humano. Nuestro periodista Yunier Sifonte nos trae su historia. #CubaEsCultura

Publicado por Telecubanacán en Viernes, 18 de octubre de 2019