Todos los que estábamos ahí lloramos, reímos, saltamos, gritamos eufóricos. Habíamos logrado vencer a la nada, a la tristeza, al odio y por un momento también a tu enfermedad. Sentíamos que nadie podía con nosotros porque éramos garantía de vida, de alegría, de amor, dignidad y soberanía. Y luego el panorama estaba claro: el nombre de mi niña sería Manuela VICTORIA.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo