
Inauguración de los Juegos Panamericanos en Caracas, 1983.
Los Juegos Panamericanos de Caracas 1983 formaron parte del programa
oficial por el Bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar. Un conflicto
entre el Comité Organizador y las autoridades gubernamentales por el
manejo de los fondos económicos asignados y el atraso en las obras
previstas puso en tensión la celebración de la novena edición, salvada con
trabajo duro y transparencia antes de las fechas límites que exigía la
ODEPA.
El anuncio de que se ampliarían los controles antidopajes a partir de la
contratación de los servicios de un prestigioso laboratorio espantó a más
de una trentena de participantes ya inscritos aduciendo “situaciones
personales”.
La mayoría de ese grupo, temeroso quizás de ser descubierto
en los exámenes, pertenecía al equipo de atletismo de Estados Unidos.
Lo cierto es que al término de la lid, 17 nombres de nueve países dieron
positivo al uso de sustancias prohibidas, entre ellos pesistas de Cuba,
Canadá, Argentina, Colombia y Puerto Rico, quienes debieron devolver sus
medallas y esperar por una sanción de su respectiva Federación
Internacional.
Para algunos medios de la época se trató de un extremismo,
para la mayoría se intentaba un primer y necesario paso para acabar con
las trampas y la corrupción.
Pocos recuerdan que entre las figuras destacadas de esos Juegos estuvo el
baloncestista estadounidense Michael Jordan. Con solo 19 años, el
desconocido larguilucho era la estrella máxima de la Universidad de
Carolina del Norte y en la capital venezolana impresionó por sus
habilidades técnicas. Terminó de líder anotador del torneo y guió a su selección octavo título en nueves presentaciones.

Michael Jordan, considerado por la mayoría de aficionados y especialistas como el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.
Fue la primera competencia internacional de quien se convertiría poco
tiempo después en doble titular olímpico y alcanzaría seis anillos de
campeón de la NBA con los Chicago Bulls.
Al más grande jugador de este deporte en el mundo lo secundaron en aquel equipo varios nombres que también se convirtieron en estrellas universales: Sam Perkins, Wayman Tisdale, Michael Cage, Mark Price y Chris Mullin.
Pero en medio de todo eso, Cuba volvió a iluminar la lid multideportiva con sus mejores representantes y su tercera cosecha dorada más abultada (80) hasta nuestros días, solo superada por las 140 de La Habana 1991 y las 112 de Mar del Plata 1995. De ellos, el 10% lo aportaron los boxeadores con otra faena impresionante, pues discutieron finales en 10 de las 12 divisiones programadas.
Dos doblones de oro también asombraron a la historia. El conseguido por
Luis Mariano Delís en disco y bala, lo cual solo había ocurrido una vez en
1951 con el norteño James Fuchs; y el rubricado por el luchador Cándido
Mesa (120 kg), único que ha podido ganar en una misma edición los dos
estilos, libre y grecorromana. Sobre los colchones los nuestros sacaron 16
diademas, una cifra a la que nunca más han podido acercarse.

Luis Mariano Delis, atleta de la especialidad de lanzamiento del disco, primer medallista olímpico y mundial de esta disciplina en Cuba.
Notable volvió a ser el tributo de los gimnastas con 11 primeros lugares,
seis de ellos al pecho de Casimiro Suárez y dos para la belleza acrobática
de Orisel Martínez, quien de paso se convirtió en la primera y única
latinoamericana que ha podido erigirse en campeona del all around en
estas citas panamericanas, pues estadounidenses y canadienses no han
cedidos nunca más.
Los forzudos con 16 máximos gallardetes, la esgrima liderada por la
floretista Margarita Rodríguez, el judo con un trío de monarcas y los
cuartos títulos consecutivos de la selección femenina de voleibol y del
equipo de béisbol completaron un botín al que se sumaron además el
remo (2) y el atletismo con 12 veces entonado nuestro himno nacional en
el estadio olímpico de Caracas, donde debutaron entre otros, el
formidable vallista Roger Kingdom.
A la mascota oficial de los Juegos, un león llamado Santiaguito, se le vio
llorar en la clausura. La capital venezolana había vencido el empeño, pero
sobre todo su pueblo. El cielo del 29 de agosto de 1983 también lloró y no
faltó quien escribiera que se trataba de la añoranza a los deportistas que
se iban, como si no quisiera despedirlos y supiera que más nunca volvería
a ser testigo excepcional de 16 días gloriosos para el deporte americano.
PARTICIPACIÓN CUBANA:
Atletas: 410 (310 hombres y 100 mujeres)
Lugar: 2do
Medallas: 174 (80-49-45)
