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Apuntes del cartulario: Vicepresidentes

Antiguo Palacio Presidencial. Foto: Archivo.

En Cuba, antes de 1959, cuando se hablaba de la segunda posición de la república se aludía a la alcaldía de La Habana y no a la vicepresidencia de la nación. El mayor capitalino, por estar donde estaba, sus influencias y poder de decisiones y, sobre todo, por el presupuesto que manejaba, era más importante que el vicepresidente. Los atributos de este, según la Constitución de 1901, eran los de presidir el Senado, aunque no tenía derecho a voto más que en caso de empate, y sustituir temporal o definitivamente al presidente.

Cuando en 1928 Machado hizo reformar la carta magna vigente, el cargo de vice desapareció de un  plumazo y se traspasó al secretario de Estado la responsabilidad de sustituir de manera interina al primer magistrado.  La Constitución de 1940 restableció el cargo, pero no por ello le otorgó más funciones.

Si en la Isla hubo 19 mandatarios, alguno de los cuales -Grau, Batista- ocuparon la presidencia en más de una ocasión, y otros -Estrada Palma, Menocal, Machado- lo fueron por más de un periodo consecutivo, los vice suman solo doce. Machado, que hizo abolir el cargo, gobernó sin sustituto durante su segundo mandato.  Tampoco lo tuvieron Herrera, Céspedes, Grau, Hevia, Márquez Sterling, Mendieta, Barnet y Andrés Domingo, que ocuparon provisionalmente la primera  magistratura.  No lo tuvo Batista entre 1952 y cuando decidió convocar a elecciones en 1954, a las que concurrió a la postre como candidato único, dejó en su puesto a Andrés Domingo, secretario de la presidencia y su hombre de confianza.

De esos doce vicepresidentes, solo uno -Laredo Bru- llegó a presidente por sustitución, tras el juicio político que destituyó a Miguel Mariano Gómez en 1936. Zayas, que fue vicepresidente con José Miguel Gómez (1909-1913), alcanzó la presidencia, por cuatro años, en 1921. El resto se quedó ahí, en su oscura posición.

Entre los vicepresidentes cubanos hubo un suicida como Luis Estévez y Romero, segundo de Estrada Palma en parte de su primer periodo, y una figura egregia como el filósofo Enrique José Varona, que ocupó la vicepresidencia en el primer mandato de Menocal. Domingo Méndez Capote, Emilio Núñez y Francisco Carrillo, vicepresidentes con Estrada Palma, Menocal y Zayas, respectivamente, provenían de las filas del Ejército Libertador, donde alcanzaron las estrellas de general. Carlos de la Rosa, vicepresidente con Machado, logró solo un modesto grado militar durante la independencia, y Laredo Bru la terminó como coronel.  Médico –ginecólogo- fue Gustavo Cuervo Rubio, segundo de Batista entre 1940 y 1944. Abogados fueron  Estévez y Zayas, y Raúl de Cárdenas, Alonso Pujol y Rafael Guas Inclán; vicepresidentes, esos tres últimos, con Grau, Prío y Batista. Varona, una de las grandes figuras de la intelectualidad cubana, no hizo estudios superiores. Estévez y Zayas, aunque no fueron a la manigua, tuvieron una participación destacada en las filas independentistas.

De ellos, nacieron en Matanzas Estévez, Méndez Capote, Emilio Núñez y Carlos de la Rosa. Varona era camagüeyano, y Carrillo y Laredo villareños.  Cuervo Rubio nació en Pinar del Río, y en La Habana Raúl de Cárdenas, Zayas, Alonso Pujol y Guas Inclán.

Luis Estévez, inconforme con la política reeleccionista de Estrada Palma, renunció a su investidura en 1905. Se suicidó en París de un pistoletazo, el 3 de febrero de 1909, ante la tumba de su esposa, Marta Abreu, fallecida justamente un mes antes. Se decía que Luis Estévez fue vicepresidente de la república y vicepresidente de su casa. Varona murió en 1933, meses después de la caída de la dictadura de Machado, a la que tanto combatió.  Cuervo Rubio murió en Miami, en un asilo de ancianos.

Sobre Raúl de Cárdenas hay una anécdota curiosa. En los años setenta se preparaba una nueva edición de la Enciclopedia Británica y sus editores debían actualizar datos de varias figuras cubanas. Enviaron sus intereses a Cuba y en La Habana investigadores del Instituto de Literatura y Lingüística recibieron la encomienda de aportar la información requerida.

A uno de ellos, Ricardo Hernández Otero, le tocó la ficha de Raúl de Cárdenas, y como poco se sabía acerca de su vida luego de 1959, Otero recurrió a la guía telefónica y para su sorpresa encontró que aparecía su nombre. Marcó entonces el número indicado y preguntó si era la casa de Raúl de Cárdenas.  Como la respuesta fue afirmativa, se identificó, explicó el propósito de su llamada y empezó a preguntar. Todo muy bien hasta que inquirió sobre la fecha de la muerte del personaje. ¿Muerte, cómo que muerte?, respondió alguien del otro lado y añadió enseguida: Yo soy Raúl de Cárdenas. Fallecería en su casa de la Avenida de los Presidentes en 1980.

Guas Inclán era un chambelonero de rompe y rasga y un jugador empedernido, capaz de ganar o perder miles de pesos en una noche de casino. Es, se dice, el hombre que más duelos despidió en Cuba antes de 1959. Alonso Pujol se las traía y se llevaba lo que podía. Tenía fama de ser un genio en aquella política, y debió serlo de veras, porque militando siempre en partidos minoritarios se las arreglaba para llegar invariablemente a senador.

La Habana a inicios de los años 30. Foto: Archivo.