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El espía alemán

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Heinz August Kuning pocas horas antes de ser fusilado, en un calabozo de la prisión del Castillo del Príncipe. Foto: Revista Carteles

Cuando  vio acercarse a los que lo conducirían al paredón de fusilamiento, en los fosos del Castillo del Príncipe, Heinz August Kunning se puso de pie y pidió a su oponente que accediera a dejar tabla aquella partida de ajedrez que la fuerza de las circunstancias le impediría concluir y, sereno, caminó hacia su destino para situarse en posición de firme ante la escuadra de fusileros que acabaría con su vida.

Miró a los soldados y luego su mirada, totalmente inexpresiva, se posó en el oficial que estaba al frente de la tropa y que le daría el tiro de gracia. No pronunció una sola palabra ni pareció inmutarse al escuchar las voces de mando, como si durante los últimos años de su existencia hubiera estado preparándose para un final así. Era el 10 de noviembre de 1942. Días después, el supervisor militar de la Cárcel de La Habana, mientras refería los detalles del suceso, dijo al poeta José Lezama Lima, entonces secretario del Consejo Superior de la Defensa Social, con sede en la misma prisión: "Aquel hombre daba muestra de una marcialidad tremenda y a mí, que mandaba el pelotón, me temblaban las piernas".

Cuba entró en la Segunda Guerra Mundial el 9 de diciembre de 1941, pero ya para esa fecha Kunning estaba en La Habana haciendo de las suyas. Tenía entonces unos 30 años de edad. Fotos que se conservan lo muestran como un hombre ligeramente grueso, de perfil afilado y una cabellera abundante de esas que parecen brotar desde la frente misma.

Los que lo conocieron lo recuerdan como una persona fría y de pocas palabras, pero amable, bien vestido y de buenos modales. Dominaba el inglés y el español y había sido entrenado cuidadosamente para su tarea, que antes cumplió con éxito en otros países. Desde aquí debía informar al alto mando berlinés sobre la entrada y salida de buques mercantes y de guerra; reportaría asimismo sobre la economía y la situación política y social del país y comunicaría las direcciones particulares de las figuras principales del gobierno.

Para su labor de inteligencia, Kunning disponía de un potente aparato de radio que le permitía recibir y transmitir mensajes, una antena de doble línea y dos manipuladores telegráficos, y como también pasaría información por la vía epistolar, se valdría de tinta simpática invisible. Parece ser que él fue el jefe, o al menos el centro, de la red de espías nazis en la Isla. Muchas de las informaciones que allegó y transmitió le cayeron en las manos con una facilidad pasmosa. Se las suministraban marineros, prostitutas y  obreros portuarios a los que, entre trago y trago, se las arreglaba para tirarles de la lengua.

Si en el mar estuvo lo más notable de la participación cubana en la Segunda Guerra Mundial, en el mar Cuba sufrió también las mayores pérdidas. La información suministrada por Kunning desde una casa de huéspedes de la calle Teniente Rey, en  La Habana dio por resultado el hundimiento de varios de nuestros barcos con la muerte consiguiente de decenas de marineros y la destrucción de casi la totalidad de la flota mercante cubana.

Pero no operaría impunemente el espía por mucho tiempo. Los servicios de contrainteligencia norteamericano y británico establecieron en las Bermudas una oficina que filtraba la correspondencia que salía desde América hacia otros continentes. Una carta impuesta en La Habana y dirigida a un connotado falangista español llamó la atención de agentes de esa entidad. Abrieron el sobre y el análisis del papel reveló un mensaje en clave escrito con tinta invisible. Fue entonces que a la sede del Servicio de Investigaciones de Actividades Enemigas (SIAE) sito en la calle Sarabia, en el Cerro, y bajo la dirección del capitán Mariano Faget, llegaron oficiales norteamericanos y británicos que revisaban la correspondencia en busca de mensajes para el enemigo.

Un avión equipado para detectar ondas radiales en clave y precisar con mayor o menor exactitud su procedencia, comenzó a sobrevolar La Habana hasta que se concluyó que la señal se emitía en una zona comprendida entre Belascoaín y los muelles.

La contrainteligencia cubana hacía lo suyo y trataba de identificar a todas las personas que en dicha área recibían dinero del exterior. Fue así que el cabo Pedro Luis Gutiérrez, un comunista infiltrado en el SIAE, encontró en la sucursal del Banco de Boston, en Cuatro Caminos, una tarjeta firmada que daba cuenta de un dinero recibido. Se fue con ella al Ministerio de Comunicaciones en el convento de San Francisco, donde también radicaba el Correo Central, y se la mostró a todos los carteros con la esperanza de que alguno recordara la rúbrica.

El cartero José Francisco Rojo recordó que aquella firma correspondía a uno de los inquilinos de la casa de huéspedes de la calle Teniente Rey, a quien enviaban dinero de manera habitual. El cabo Gutiérrez pidió a Rojo que le entregara una carta certificada a fin de contrastar la firma del recibo de entrega con la de la tarjeta.

Coincidían y con esa certeza lo detuvo. Heinz August Kunning reconoció su culpabilidad. El 19 de septiembre de 1942 el Tribunal de Urgencia de La Habana lo sentenció a muerte. Fue inhumado en la necrópolis de Colón bajo un nombre supuesto y  sus restos se repatriaron a Alemania en 1953.

Fuerte custodia policial para acompañar a Kunning en la Audiencia de La Habana, mientras se desarrolla el juicio en la Sala Quinta del Tribunal de Urgencia. Foto: Bohemia

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  • max lussón dijo:

    "U-boats del III Reich en Cuba", es una obra que incursiona en los múltiples acontecimientos en los que se vio envuelta Cuba durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, con especial énfasis en los aspectos de la lucha de esa pequeña nación contra la presencia de los servicios de inteligencia del eje Roma-Berlín-Tokio, así como los esfuerzos de sus cuerpos de seguridad encaminados a frenar y desarticular la labor de organizaciones como la Falange Española Filial de la República de Cuba y otros importantes grupos pro nazi. En esta obra están presentes los episodios del hundimiento de mercantes cubanos por la acción de los submarinos alemanes que incursionaban las aguas del Caribe, y por primeras vez ven la luz informaciones relativas al apoyo brindado a los u-boats alemanes desde territorio cubano. También están presentes en esta obra, algunas de las victorias alcanzadas por Cuba, como la respuesta de su pequeña Marina de Guerra, la que logró hundir con sus diminutas embarcaciones caza submarinos a uno de los poderosos u-boats alemanes; igualmente, se muestra con gran detalle los principales aspectos que rodearon el descubrimiento, captura y enjuiciamiento del espía alemán Heinz August Kuning (Luni), así como los hechos posteriores, hasta el momento mismo de la ejecución de su sentencia a muerte por fusilamiento. A pesar de tratarse de una obra de no ficción, el lenguaje utilizado a lo largo de la narración facilita su lectura para la generalidad de los lectores. Sin lugar a dudas, la temática en sí misma, su tratamiento y el lenguaje utilizado hacen que mantengamos vivo nuestro interés hasta consumir su última página.

    Titulo: "U-boats del III Reich en Cuba"
    Autor: Maximino Gómez A.
    Tapa blanda: 139 páginas
    Editor: Independently published (7 de abril de 2018)
    Idioma: Español
    ISBN-10: 1980774056
    ISBN-13: 978-1980774051
    Disponible en Amazon

  • max lussón dijo:

    Más información sobre la participación de Cuba en la Segunda Guerra Mundial, la podemos encontrar en la obra: "Cuba en la Segunda Guerra Mundial: el Incidente 3208"

    La bibliografía sobre la participación cubana en la Segunda Guerra Mundial es prácticamente inexistente, todo se resume a pequeños artículos periodísticos, en muchos casos de escaso valor por su información histórica; en otros casos, los más amplios y sólidos, constituyen trabajos relacionados fundamentalmente con la economía cubana durante los años de conflicto, principalmente azucarera, que si bien incursionan con profundidad en algunos aspectos cardinales, en líneas generales están dirigidos fundamentalmente a “probar” la dependencia económica cubana a favor de los Estados Unidos. Este vacío bibliográfico ha de salvarse, la participación cubana en la Segunda Guerra Mundial revistió una enorme importancia, tanto económica como estratégicamente, convirtiéndose esta nación, en uno de los principales aliados del continente americano en la lucha contra el eje Roma-Berlín-Tokio.
    “Cuba en la Segunda Guerra Mundial: El Incidente 3208”, constituye una aproximación al estudio e investigación de la participación de la pequeña nación caribeña, en el conflicto más grande que ha conocido la historia de la humanidad. A través de sus páginas se muestra el papel de la joven República en el esfuerzo bélico, con el suministro incesante y creciente de materias primas con destino a la industria de armamentos y de productos esenciales para sustento de las tropas que permanecían en los distintos frentes de batalla, incluyendo la lejana Unión Soviética. Así mismo, se destaca en esta obra, la importante contribución cubana en la lucha contra la quinta columna, en la desarticulación de las múltiples redes de inteligencia enemigas, alemanas, italianas y japonesas que operaban en varias ciudades de la Isla y el no menos importante papel de su pequeña marina de guerra junto a la de Estados Unidos, en el enfrentamiento a las incursiones de los u-boats alemanes en aguas americanas, patrullando y protegiendo convoyes, así como persiguiendo y hostigando las unidades submarinas enemigas en sus aguas. Pero además, el suelo cubano sirvió de base para los escuadrones de lucha antisubmarina que operaban en el Caribe y Golfo de México; todo estos elemento han sido analizados en el contexto histórico de la época en que tuvo lugar dicho conflicto. A lo largo de la narración, el lector descubrirá aspectos totalmente desconocidos o poco conocidos hasta ahora de la participación cubana en el conflicto bélico, e incluso, podrá entrar en contacto con informaciones y asombrosas revelaciones que se brindan por primera vez, como la descripción en detalles de algunas de las operaciones de auxilio realizadas desde territorio cubano a los submarinos nazis que operaban en aguas de la Isla, prestando ayuda sanitaria, avituallamiento etc. todo descrito a través de documentos de época y el testimonio personal de los participantes en dichas operaciones, revelándose otros datos importantes de dichas operaciones de los u-boats en aguas cubanas, obtenidas a través obtenido mediante entrevistas, como las realizadas por el autor al Comandante de submarinos, Alfred Eick quien prestara servicios a bordo del U-176, el mismo submarino que en mayo del 1943 fuera hundido por una embarcación de la Armada cubana, o la realizada a Oswal Kulik quien fuera Jefe de Comunicaciones del "Aviso Grille", yate personal de Adolf Hitler. Así mismo se publica íntegramente el Informe, entonces "muy secreto", del US Navy relacionado con la participación cubana en el hundimiento de submarinos conocido como "Incidente 3208" y se revelan importantes datos sobre la colaboración del Escuadrón V/S 62 estacionado en Cayo Francés. Todas estas informaciones ven la luz por primera vez y no podrá obtenerla el lector en ninguna otra bibliografía existente en el mundo.
    Cuba no fue un oasis de recreo y prostíbulo para las tropas norteamericanas durante la Segunda Guerra Mundial; eso es falso y los hechos puntuales al respecto han sido magnificados por razones puramente ideológicas. Cuba cumplió con honor, dignidad y eficacia su papel como miembros de las fuerzas aliadas durante todo el conflicto bélico.

    Detalles de la obra:
    Autor: Maximino Gómez Álvarez (historiador naval)
    Tapa blanda: 238 páginas
    Editor: Ediciones AIDHNC, Madrid. 2018.
    Idioma: Español
    Disponible en Amazon
    ISBN-13: 978-1980507109
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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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