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Cuando la niebla se vuelve tóxica y letal: El caso de Londres de 1952

Río Támesis, Londres, 1952. Foto: Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images.

Gran Bretaña ha sido afectada durante mucho tiempo por nieblas, pero estas se tornaron mucho más peligrosas después del inicio de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII. Las fábricas arrojaban gases y enormes cantidades de partículas a la atmósfera, que en sí mismas podían ser venenosas. Sin embargo, los contaminantes en el aire podrían actuar además como catalizadores de la niebla, ya que el agua se adhiere a las partículas diminutas para crear el esmog o neblumo.

Algunos de los químicos que se mezclan con el agua y el aire llegan a convertirse en ácido, causando problemas respiratorios, irritaciones en la piel, e incluso corrosión en las edificaciones. El esmog se puede identificar fácilmente por su mal olor y su color amarillo sucio o marrón, características diferentes a las de la niebla que observamos en las áreas rurales.

Hay informes de esmog espeso, con olor a alquitrán de hulla, que cubrió Londres en diciembre de 1813. Durante varios días, la gente afirmó que no se podía ver de un lado de la calle al otro. Un fenómeno similar en diciembre de 1873 provocó que la tasa de mortalidad en dicha ciudad aumentara en un 40 por ciento por encima de lo normal. También se produjeron incrementos notables en la tasa de mortalidad después de los esmogs de enero de 1880, febrero de 1882, diciembre de 1891, diciembre de 1892 y noviembre de 1948. El área más afectada de Londres era generalmente el East End, donde la densidad de fábricas y viviendas era mayor que casi en cualquier otro lugar de la capital.

El Gran Esmog

Esta foto fue tomada a las 2:00 p. m. del 6 de diciembre de 1952 en Ludgate Circus, Londres/BT.

Detalla la Met Office –el Servicio Meteorológico del Reino Unido– que el clima en noviembre y principios de diciembre de 1952 había sido muy frío en Londres, con fuertes nevadas en toda la región. Para mantenerse calientes, los habitantes de esa ciudad quemaban grandes cantidades de carbón en sus hogares.

Ahora bien, en condiciones normales, el humo sube a la atmósfera y se dispersa, pero en aquellos días influía un anticiclón (sistema de altas presiones) y creaba una inversión de temperatura, es decir, el aire cerca del suelo era más frío y denso que el que estaba más arriba. El humo caliente que salía de las chimeneas de las casas y las fábricas no ascendía prácticamente, y por ende se estancaba, así como la contaminación que los vientos del este habían traído de las zonas industriales del continente.

El 5 de diciembre el cielo estaba despejado, los vientos eran débiles y el aire adyacente al suelo estaba húmedo. Las condiciones eran ideales para la formación de una niebla de radiación. La ausencia de nubosidad condujo a una pérdida neta de radiación de onda larga y el suelo se enfrió. El aire húmedo en contacto con este igualmente se enfrió y ocurrió la condensación. El viento muy suave agitó el aire saturado hacia arriba y creó una capa de niebla de 100 a 200 metros de espesor.

Se liberaron enormes cantidades de impurezas a la atmósfera durante el periodo de la niebla. Cada día se emitieron los siguientes contaminantes: 1 000 toneladas de humo, 2 000 de dióxido de carbono, 140 de ácido clorhídrico y 14 de compuestos de flúor. Al mismo tiempo, y quizás lo más peligroso, 370 toneladas de dióxido de azufre se convirtieron en 800 toneladas de ácido sulfúrico.

Una tragedia

El extraordinario esmog paralizó la transportación pública, excepto el sistema de trenes subterráneos, y el servicio de ambulancia se detuvo. Era tan denso que hasta se filtró en interiores, lo que provocó la cancelación o el abandono de conciertos y las proyecciones de películas a medida que la visibilidad disminuía en grandes espacios cerrados, y los escenarios y las pantallas eran más difíciles de ver desde los asientos. Los eventos deportivos a cielo abierto también fueron cancelados.

Salir al aire libre fue una cuestión de arrastrar los pies para detectar obstáculos, como los bordillos de carretera. Esto empeoró en la noche, cuando las lámparas, equipadas en ese momento con bombillas incandescentes, no daban luz penetrante en el pavimento para que los peatones vieran sus pies.

En las semanas que siguieron, las estadísticas compiladas por los servicios médicos indicaron que el neblumo había matado a 4 000 personas. En febrero de 1953, un político del Partido Laborista británico llamado Marcus Lipton sugirió en la Cámara de los Comunes que la niebla tóxica había causado 6 000 muertes y que otras 25 000 personas habían reclamado beneficios de enfermedad en Londres.

El Manchester Guardian dio a conocer que el número de muertes luego del smog fue superior al registrado durante la peor semana de la epidemia de cólera de 1866.

Investigaciones más recientes sugieren que la cifra de fallecidos fue considerablemente mayor que las estimaciones contemporáneas, alrededor de 12 000.

Según Christopher Klein, quien escribe para el sitio web de History Channel, los efectos del esmog no se limitaron a las personas: las aves perdidas en la niebla chocaban contra los edificios. Once novillas llevadas a Earls Court para el famoso Smithfield Show se ahogaron, y los criadores diseñaron máscaras de gas improvisadas para su ganado empapando sacos de grano en whisky.

Reacciones

Klein recuerda que, inicialmente, el gobierno británico tardó en actuar durante El Gran Esmog. Después de todo, la niebla intensa era un hecho común en Londres y, de acuerdo a la mayoría de los informes, no había una sensación inmediata de urgencia ante el referido evento.

No obstante, tras una investigación gubernamental, el Parlamento aprobó la Ley de Aire Limpio de 1956, que restringió la quema de carbón en áreas urbanas y autorizó a los consejos locales a establecer zonas libres de humo. Los propietarios de viviendas recibieron subvenciones para relegar el carbón y emplear sistemas de calefacción alternativos.

La transición del carbón como principal fuente de calefacción de la ciudad hacia el gas, el petróleo y la electricidad tomó años, y durante ese tiempo ocurrieron esmogs mortíferos periódicamente, como el que mató a unas 750 personas en 1962. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo la magnitud del acaecido en 1952.

Una muy espesa niebla se observó en Londres el 2 de enero de 1954. En la foto: el portero del Arsenal Jack Kelsey/PA Images.

Nota:
La niebla de radiación tiene lugar cuando el suelo pierde calor a través de la emisión de radiación infrarroja en una noche despejada o con escasa nubosidad (las nubes evitan que el calor escape al espacio). Así, el suelo se enfría y el aire próximo a él también. El vapor de agua contenido en el aire se condensa en forma de gotas diminutas en suspensión que reducen la visibilidad horizontal a menos de un kilómetro.