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¿Cómo se engendró el monstruo Bolsonaro?

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El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro durante la campaña. Foto: Nelson Almeida/ AFP.

Algo cambió el domingo en la política latinoamericana. La foto asusta: casi 50 millones de brasileños y brasileñas votaron por un proyecto abiertamente fascista. El 46% del electorado del país más grande de la región (y el quinto del mundo) eligió a un candidato que reivindica la tortura y hace apología de la dictadura, que despliega una retórica de odio, machista, racista y homofóbica descomunal y que promete armar a la población y privatizar las empresas estatales. De yapa, su hijo se convirtió en el diputado más votado de la historia brasileña.

El refortalecimiento de la derecha pura y dura ya se venía acentuando con los Macri, Piñera, el propio Temer, Mario Abdo, Iván Duque y varios más. Pero la irrupción de una ultraderecha troglodita que logra conquistar una enorme base social -un experimento que se instaló en EEUU con Trump y que se extiende en Europa- es un emergente novedoso en América Latina que nos alborota los diagnósticos. Y enciende todas las alarmas.

Brasil quedó al borde del abismo. Y más allá de las urgencias de cara a la segunda vuelta, toca desentrañar la película completa ante el retorno del oscurantismo. ¿Cómo se gestó este fenómeno político, sociológico y hasta religioso llamado Jair Messias Bolsonaro?

El triunfo de la “antipolítica”, o la política del odio

Simpatizantes Jair Bolsonaron celebran triunfo parcial en Río de Janeiro, Brasil. Foto: Fernando Maia/ EFE.

Para comprender este tsunami político es necesaria una mirada retrospectiva de largo aliento. O al menos de mediano. Un país cuya independencia fue proclamada por un príncipe portugués, que no vivió procesos revolucionarios, cuya última dictadura duró 21 años y tuvo una salida bastante consensuada, parió una sociedad históricamente despolitizada. Pero este sentimiento “antipolítica” se repotenció en los últimos años, estimulado por la operación Lava Jato y los grandes medios. Tras el golpe institucional que destituyó a Dilma en 2016 y la paupérrima gestión de Michel Temer, quedó en evidencia la putrefacción del sistema político y se impuso un sentido común de rechazo a la clase dirigente. De hecho, los principales castigados de la elección del domingo fueron los dos principales partidos del establishment: el PSDB, cuyo candidato Geraldo Alckmin no llegó al 5%, y el MDB de Temer que postuló a Henrique Meirelles y obtuvo un magro 1,2%.

Pero este proceso tuvo como condimento central una fuerte campaña de satanización mediática y judicial contra el PT, que permitió asociar la epidemia de corrupción unilateralmente a esa fuerza política y justificar socialmente la irregular prisión y proscripción de Lula.

En ese marco emerge este ignoto ex militar desbocado que logra capitalizar la implosión de los partidos de derecha y centro-derecha, la consolidación de ese fuerte sentimiento anti-PT y la aguda crisis económica que potenció el hastío. Como la política aborrece el vacío, Bolsonaro aparece como el candidato antisistema –pese a que hace 28 años ejerce como diputado- que promete resolver esta crisis multidimensional a fuerza de mano dura y prédica mesiánica. Y de ser un legislador marginal, que ganó fama cuando juró por el militar que torturó a Dilma, se convirtió en el efecto más siniestro de esta democracia agonizante.

El fundamentalismo religioso

Bolsonaro recibe gran apoyo de instituciones religiosas. Foto: Carl de Souza/ AFP.

No se pueden entender esos 50 millones de votos sin la militancia activa que desplegó la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios. La fuerza evangélica neopentecostal -que juega cada vez más en el terreno político en toda la región- ataca en tres frentes simultáneos: en el Congreso, donde “la bancada de la Biblia” controla la quinta parte de la Cámara de Diputados; en la prensa masiva con su multimedio Record, el segundo del país achicándole distancias a la Rede Globo; y en las barriadas populares, donde tiene una penetración territorial que no logra ningún partido.

Quizá parte del ascenso abrupto de Bolsonaro se explique por el despliegue de miles de pastores haciendo campaña furiosa por el ex militar en los días previos a la votación.

Las otras tres patas de la mesa

Los partidarios de Jair Bolsonaro sostienen una figura gigante que representa al candidato de Bolsonaro para la vicepresidencia, Hamilton Mourao, en la noche electoral. Foto: Ueslei Marcelino/ Reuters.

Otro factor clave en la construcción de consenso alrededor de Bolsonaro fueron los grandes medios, que terminaron aceptando al mal menor ante la irreversible polarización con el PT y el fracaso de los candidatos del orden. Las fake news antipetistas se multiplicaron en las últimas semanas e hicieron estragos en las redes sociales. Algo similar pasó con el poder empresarial y financiero, que también cerró filas con Bolsonaro. No es para menos: su gurú económico es Paulo Guedes, un Chicago boy que asegura un rumbo ultraliberal.

Por último, el creciente poderío del llamado “Partido Militar”, que este domingo cuadruplicó su presencia al ritmo de la debacle de la política tradicional. Además de Bolsonaro y su compañero de fórmula, el inefable general Hamilton Mourão, al menos 70 candidatos militares fueron electos y tres disputarán gobernaciones estadales en segunda vuelta.

Los límites del progresismo

Una mujer se toma un selfie junto a un cartel de rechazo a Bolsonaro, el 29 de septiembre en São Paulo. Foto: Nacho Doce/ Reuters.

También al PT se merece reflexionar sobre su responsabilidad en la despolitización de la sociedad brasileña y en la creación del Frankenstein Bolsonaro. Durante 12 años faltó audacia para avanzar en transformaciones raizales, como hubiera sido la tan reclamada reforma política o una ley que limitara la concentración mediática. Y sobre todo, no se profundizó en el empoderamiento popular y la formación político-ideológica, facilitando el terreno para la diseminación de valores retrógrados y autoritarios.

Y una vez fuera del Palacio de Planalto, el progresismo brasileño se conformó en dar la pelea casi exclusivamente en el andamiaje institucional. Salvo la gimnasia de movilización permanente de los movimientos populares, la estrategia petista quedó atrapada en la telaraña de un sistema democrático controlado por el golpista entramado mediático, religioso, militar y financiero.

Tal vez en la respuesta callejera de las mujeres brasileñas y su poderosa consigna #EleNão se puedan encontrar algunas pistas de cómo enfrentar a los profetas del odio y su monstruo Bolsonaro.

(Tomado de Rebelión)

Se han publicado 53 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Arey dijo:

    Pienso que lo que ha sucedido en EEUU y principalmente en Europa y América Latina es que los pueblos se cansaron de los políticos de izquierda que decían gobernar para el pueblo, pero al mismo tiempo crecía la corrupción en sus gobiernos sin ningún tipo de solución satisfactoria, más bien todo lo contrario, se aprovechaban de la situación y por detrás recibían sus cuantiosas "comisiones" de dinero negro beneficiándose de contratos fraudulentos con empresas que trabajaban para el sector público. En general, los pueblos nunca se equivocan y penalizan la hipocresía de los gobiernos que bajo la fachada de progresistas terminan traicionándolos

  • MGQ dijo:

    Millones de votos para Bolsonaro, ¿alguien obligó a los votantes a actuar así?¿por qué lo hacen?¿Lula le hubiese ganado?¿los brasileños están locos o eso es lo que quieren?

  • Manuel Ernesto dijo:

    Hay muchos comentarios interansantes, pero a mi modo de ver la izquierda latinoamericana y no solo la brasileña, esta recogiendo sus propios errores, cada dia tenemos que repasar el inmenso caudal de Fidel en el terreno ideologico, cuando dijo ... en el mundo hay que sembrar mas conciencia que trigo a pesar del hambre que hay, porque sembrando conciencia es la unica forma que tendremos trigo. desafortunadamente los gobiernos progresistas crearon muchas oportunidades en el plano economico y tal ves social, pero no sembraron ideas tan necesarias como la
    comida. Como es posible, se preguntan muchos, que esos 30 millones de personas que salieron de la pobreza y la miseria en Brasil ahora permitan que Lula sea perseguido, detenido y condenado, que saquen de la presidencia a Dilma y no pasa nada, salvo algunas manifestaciones que no cumplen con el objetivo de volver a Brasil al orden constitucional; que un simulador y traidorsillo como Lenin Moreno desmonte los logros alcanzados en Ecuador con la Revolucion Ciudadana y no pasa nada, hasta con referendo y todo y se pierde. Los gobiernos progresistas y/o de izquierdas no pueden seguir haciendo politica bajo las reglas del juego de las oligarquias proimperialistas y tener el coraje suficiente de cambiar las estructuras establecidas y gobernar de forma que puedan estan preparados para enfrentar las arremetidas de esos grupos neoliberales y sobre todo sembrar la conciencia necesaria en ese electorado que al final son los que nunca tuvieron nada.

    • Andrés dijo:

      De acuerdo contigo al 200% Manuel.

  • G.Esteban Ramirez dijo:

    Una simple ecuacion: impunidad de los "pequeños" hechos delictivos + corrupcion = debacle e implosion.
    Remember la URSS.

  • LEONARDO dijo:

    ESTA NOTICIO COMENTARIO SE VA A PODRIR SI LA SIGUEN DEJANDOEN 1RA PLANA. HASTA CUANDO VAN A MANTENER ESTO? POR ESO ES Q BAJAN SUS VISITANTES AL SITIO. NO SE DAN CUENTA DE ESO?

  • omar dijo:

    Me parece que las fuerzas de izquierda o progresistas siguen siendo muy ingenuas y no miden en toda su real fuerza a la derecha.Al parecer siguen guiándose por encuestas que no son más que cortinas de humo para que estén confiados y al final no es real el apoyo.Ya se vio en Argentina y ahora Macri los está ahogando, así le pasará a los brasileños. Además está claro que la izquierda pierde mucho tiempo culpando a otras fuerzas internas y externas y ven los problemas de sus partidos.

  • Antonio dijo:

    Si los resultados del Brasil no se toman en serio y se rectifica la política de izquierdas. El fascismo de Hitler será un santo comparado con lo que puede pasar. Algo en la izquierda no se hace bien y no solo el BRASIL, TAMBIEN ESTAN LOS ACUERDOS FIRMADOS en vuestro país de las FARC, que ahora solo mueren los luchadores y solo de un bando. Espero que tomen nota RS una yamads de atención, a los dirigentes que se llaman de izquierdas

    • danais brown potrille dijo:

      Interesantes ltodos los comentarios, muchos acertados y otros no tanto a mi entender, pero coincido plenamente con el de manuel Alejandro, hoy Brasi vive uno de los momentos mas complejos de la historia, la derecha, la ultraderecha, cenntro derecha o como se le llame, ha sido mas inteligente, los tanques pensantes ya no son patrimonio de los EEUU, en cualquier pais de estos hay asesores que guian el rumbo de un candidato, porque tienen paciencia, estudian los fenomenos sociales, saben cual es el momento para actuar y donde poner el dedo, todo lo contrario, el movimiento de izquierda en America latina mas que fuerza le ha faltado tacto, los ejemplos estan, las bibliografias de esos ejemplos estan, pero hay que enseñar a nuestra gente a pensar, a formar ideologia sobre la base de una conciencia politica social fuerte, sabemos que esto lleva años, porque no solo de pan vive el hombre.

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Gerardo Szalkowicz

Periodista. Editor de Nodal. Colabora en diversos medios como Tiempo Argentino, TeleSUR, Rebelión, ALAI y otros. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo” por Radionauta FM. Coordinador, junto a Pablo Solana, del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”.

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