
"Hemos bautizado con ese simpático nombre a las punzantes apariciones de la añoranza". Foto tomada de La Mente es Maravillosa.
Durante mi primera Escuela al Campo, trepado sobre la parte alta de una litera y con la escasa luz de un candil, vi como el gordito Aramis – alias "Mantequita" – irumpía en un callado sollozo, azotado por las inclemencias de "EL GORRIÓN", sufría una crisis melancólica, mientras la emoción del llanto le impedía masticar los turrones de coco que la madre le acomodó en el fondo de su maletica de madera asegurada con un candado de tubos.
Sucede que hemos bautizado con ese simpático nombre a las punzantes apariciones de la añoranza y en el caso de este adiposo compañero de albergue, el asunto se convirtió en una verdadera bandada del citado pajarito, porque desde aquel día no hubo forma de espantarlo cuando acudía, cada noche, atormentando al muchacho.
"Echar de menos" es un estado de ánimo que aplasta como una roca; una sensación de la cual nadie escapa a lo largo de la vida. El picoteo del gorrión lo sienten lo mismo los que se van que los que se quedan. Su revoloteo sobre las cabezas angustiadas suele aparecer con más frecuencia en momentos de soledad, en la caída de las tardes o en la quietud de las noches lejanas.
Es como un hechizo o una maldición, el ave puede hacerse presente en cualquier instante atraída por el alpiste delicioso de los recuerdos: una canción, un olor, una vieja foto, un plato, la fecha de un aniversario, son motivos más que suficientes para percibir la presencia gorrionera. La diversidad del pajarillo es asombrosa y se pueden identificar desde el Gorrión Cupido hasta el Gorrión Fronteras.
Mucho se ha pensado en cuanto los remedios ideales para espantar ese bichito, fumigarlo o más bien fumigarse con alcohol es de los más comunes, pero resulta que el animalejo se hace más resistente y más notorio en presencia de la ¨curda¨; irse de parranda se ha intentado con cierto éxito, pero siempre aparece alguna melodía o un paisajito que nos recuerda a los lejanos. Cuando el mal gorrionero es por motivos amorosos tiene consecuencias mayores, es alto consumidor de sados en los celulares y de dinerito para pasajes.
Ahora que tantos cubanos andan por el mundo, el ave de marras cobra mayor notoriedad, porque fuera de la patria el Gorrión se vuelve más fuerte, se te aferra como una plaga voraz y no te abandona más hasta que por la ventanilla del avión que regresa, se divisan los penachos de las palmas y el azul deslumbrante del cielo.
(Tomado de La Bicicleta)