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La Meteorología del pescador

Robiel Jomarrón Landrove, pescador y educador gibareño. Foto: Danier Ernesto González.

Hace varios años Robiel compartía conmigo un espacio de radio dedicado a la gente de mar. Le gustaba abordar el acontecer del tiempo en el territorio y siempre proponía un tema vinculado con la pesca.

Lo busqué por estos días para hablar de meteorología empírica, y tuve suerte. Frente a la bahía de Gibara conversamos acerca de las nubes, las tormentas y el viento en la jerga de los pescadores de la villa, y cómo en la práctica se establecen relaciones entre lo observado y los fenómenos atmosféricos posteriores.

Después de leer la entrevista, estimado lector, te invitamos a sumarte a la columna dejándonos ejemplos de tu localidad costera, un modo interactivo de recordar que se acerca el 23 de marzo, Día Meteorológico Mundial.

- Robiel, ¿qué términos emplean los pescadores gibareños para referirse al estado del tiempo?

Cuando el tiempo está malo porque hay mucho viento del nordeste a causa de las altas presiones, y de momento se produce una relativa calma de unos 40-50 minutos aproximadamente, decimos que hay un "parchazo", que da chance para hacer algún tipo de maniobra.

Le llamamos "turbonadas" a las tempestades de verano que avanzan desde la tierra hacia el mar, y al viento, "brisa". La que viene de tierra es el "terral", apreciable desde las 4:00 a.m. Si ya alcanza los 30 km/h de región nordeste, para nosotros es un "brisote".

El viento del sur-sudeste es "escoba de bahía", y no es bueno, pues los peces se pierden. Con respecto al mar, si vemos que está calmado, no hay olas, se dice que "sanea o está manteca".

- ¿Mar de leva o mar de fondo?

Es lo mismo. Sin embargo, utilizamos el término "resaca". El mar está llano en zonas profundas y viene esa ola, se encrespa y revienta en la costa. Es como "un residuo de una buena borrachera del océano que viene a morir a la orilla".

- ¿Es cierto que al pasar un huracán por los mares al norte de Cuba acá se incrementa la pesca?

Generalmente se incrementa, es algo positivo para el pescador. Los peces huyen, tratan de buscar refugio y se desplazan hacia nuestra zona. Lo mismo ocurre cuando hay eventos meteorológicos de fuerza en el golfo de México; a los dos o tres días vemos una mayor presencia de la aguja, el dorado o el castero.

- Al área de pesquería del Canal Viejo de Bahamas ustedes también le llaman "golfo"...

Y no tiene nada que ver con el de México, pues estamos hablando del océano Atlántico. Sin embargo, aquí le decimos así: "el golfo".

- ¿Con qué frecuencia ves el parte del tiempo?

Todos los días. Por tradición veo el parte nacional, y los pronósticos para la provincia, que son cercanos. Persigo más el que brinda la televisión local de jueves a sábado.

- ¿Cómo se interpretan las señales de la naturaleza?

Si todo el paisaje montañoso es claro, –como decimos, "se ven hasta las vacas comiendo en las lomas"– es señal de buen tiempo.

Si ocurre una tempestad de tierra, al otro día debemos tener calma. Si las nubes grises van acompañadas de nubes blancas y debajo hay auras y rabihorcados, es que traen fresco y viento.

"El tiempo viene por las malas" cuando el aspecto de las montañas es cenizoso. Los "rabo’e gallo" son nubes del atardecer –no en forma de motas, sino planas– que indican que viene brisa. La nubosidad baja de color gris o blanco es también señal de brisa, según de donde venga y a la velocidad que cruza, al igual que un cielo nocturno estrellado.

A las tempestades de tierra los pescadores de Gibara también le llaman "turbonadas". Foto: Danier Ernesto González.

- ¿Te ha sorprendido alguna tormenta en altamar?

Sí, sobre todo en la época de verano. Uno sale a pescar por deseos, para garantizar la comida y obtener alguna solvencia económica. Todo eso tiene sus riesgos. Aunque haya sido pronosticada la tormenta sorprende, no da tiempo.

Primero se siente la brisa. Puede o no llover, pero sí se levantan olas de uno y dos metros de altura, seguidas, que impactan constantemente. El ambiente es oscuro y hay instantes en que perdemos el rumbo. Lo más difícil es cuando hay descargas eléctricas porque les temo al extremo. Además, el bote es el elemento que sobresale y es muy vulnerable a los rayos.

- ¿De qué forma se protegen?

Realmente, la protección es mínima. Nos encorvamos, nos tapamos los oídos para no sentir el trueno, o nos metemos debajo del castillo de la proa. En el mar no hay adónde escapar. Si llueve mucho debemos achicar la embarcación para que no se hunda.

- ¿Cómo se orientan?

De manera general, los pescadores de esta zona que salen en embarcaciones pequeñas no utilizan el compás, más bien se guían por los puntos costeros de referencia y la dirección del oleaje.

Cuando el barco se rompe, para hacer el rescate no se nos preguntan las coordenadas, ya que no usamos GPS, sino a qué distancia aproximada (en millas) estamos de la costa y hacia dónde va la corriente marina.

- He escuchado que deducen si la marea está llena o seca según la posición de la Luna. ¿Cómo lo hacen?

En días claros, cuando vemos que la Luna "comienza a subir" por el este y ya está a un cuarto de la posición del horizonte, la marea empieza a bajar. Si se ve en el centro del firmamento, la marea está bien baja. Siempre ocurre así. Y entonces, mientras la Luna "desciende", la marea sube.

Sol y mar tranquila: buen tiempo para la pesca. Foto: Danier Ernesto González.